San agustín

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PROBLEMA DE Dios


 El tema que más ocupa a San Agustín es  Dios. Su filosofía es predominantemente una teología, siendo Dios no sólo la verdad a la que aspira el conocimiento sino el fin al que tiende la vida del hombre, que encuentra su razón de ser en la beatitud. San Agustín encuentra a Dios en el interior del hombre, a donde acostumbra a dirigirnos para encontrar en nosotros la verdad. Es precisamente por ese camino por el que vamos a encontrar la que suele considerar con propiedad la demostración de la existencia de Dios a partir de las ideas o verdades eternas: el fundamento de tales verdades inmutables no puede estar en las cosas creadas, que son cambiantes, sino que ha de estar en un ser inmutable y eterno, en Dios.
Agustín utiliza otros caminos para mostrar a Dios: el orden y la belleza del mundo, y en el “consentimiento universal”, es decir, en el hecho de que todos los pueblos y todos los hombres creen en un Dios que es “autor del mundo”, incluso si son politeístas, buscando colmar el anhelo de verdad que hay en el hombre. 
Respecto a la creación, es el resultado de un acto libre de Dios. Rechaza la visión griega que consideraba la materia como eterna, afirmando la verdad de un acto creador por parte de Dios. Agustín  entiende el mundo como creación de Dios. Este concepto de “creación”es un concepto puramente religioso que el origen del ser, de lo que existe, a partir de la nada. La creación es entendida como un acto libre de Dios. Las esencias de todas las cosas creadas se encontraban en la mente de Dios como modelos de las cosas, tanto de las creadas en el momento original como de las que irían apareciendo .


Los seres materiales se componen de materia y forma, pero no todos han sido creados en acto desde el principio del mundo. En el momento de la creación Dios depositó en la materia una especie de semillas que, dadas las circunstancias necesarias, germinarían, dando lugar a la aparición de nuevos seres que se irían desarrollando con posterioridad al momento de la creación.


EL CONOCIMIENTO


  Aunque sin llegar a elaborar una teoría del conocimiento San Agustín se ocupará de establecer las condiciones en las que se puede dar el acceso a la verdad, según el ideal cristiano de la búsqueda de Cristo. Distinguirá varios tipos de conocimiento:
el conocimiento sensible es el grado más bajo de conocimiento aunque realizado por el alma, los sentidos son sus instrumentos; este tipo de conocimiento sólo genera en mí opinión, doxa, conocimiento sometido a modificación,al depender del objeto (mudable) y de los sentidos (los instrumentos) cualquier deficiencia en ellos se transmitirá al conocimiento que tiene el alma de lo sensible.
El conocimiento racional, en su actividad inferior, se dirige al conocimiento de lo que hay de universal y necesario en la realidad temporal, y es el tipo de conocimiento que podemos llamar ciencia.Ese tipo de conocimiento depende del alma, pero se produce a raíz del «contacto» con la realidad sensible, siendo ésta la ocasión que permite que la razón origine tales conocimientos universales. En su actividad superior, es llamado por San Agustín sabiduría; es el auténtico conocimiento filosófico: el conocimiento de las verdades universales y necesarias, las ideas, siguiendo a Platón. Hay, pues, una gradación del conocimiento, desde los niveles más bajos, sensibles, hasta el nivel más elevado,  la idea: «Las ideas son formas esencias permanentes de las cosas, que no han sido formadas sino que, existiendo eternamente y de manera inmutable, se hallan contenidas en la inteligencia divina». Dios dado su alejamiento de lo sensible, realidad en la que se encuentra el hombre, las ideas sólo se pueden conocer mediante una especial iluminación que Dios concede al alma, a la actividad superior de la razón.


ANTROPOLOGÍA


  El ser humano es un compuesto de cuerpo (materia) y alma (forma). Aunque considera a ambos como sustancias,entiende que la realidad más importante es el alma, dentro de la más estricta tradición platónica, concibiendo el cuerpo como un mero instrumento a su servicio. El alma es una sustancia simple e indivisible. Asume todas las funciones cognoscitivas de las que la más importante será la realizada por la razón superior, tiene como objeto la sabiduría. Además de las funciones propias de la inteligencia le corresponden también las de la memoria y la voluntad. Estas tres funciones son las que reflejan más claramente que el ser humano ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios”, tal y como lo afirma la fe cristiana. El alma es inmortal, pero no es eterna. Argumentos para defender la inmortalidad proceden del platonismo:siendo el alma de naturaleza simple no puede descomponerse, por lo que ha de ser indestructible, inmortal. Por lo que respecta a la explicación de su origen San Agustín oscila entre dos posiciones: el creacionismo y el generacionismo. Según la primera Dios crearía el alma con ocasión de cada nuevo nacimiento de un ser humano. Según la segunda teoría el alma se transmitiría de padres a hijos al ser generada por los padres, igual que el cuerpo. Agustín se inclinará más por esta segunda, le permite explicar mejor el pecado original.El mal moral tiene su origen en la libertad del hombre, en la capacidad de elección. Esta libertad entendida como libre albedrío ( capacidad de elegir entre bien y mal, prefiriendo el bien) queda corrompida por el pecado original. Aunque le ha separado al hombre de Dios, no le ha privado de su deseo de volver a él; pero el hombre es incapaz por sí solo de realizar este deseo.


Ética


 La ética agustiniana, inspirada directamente por los ideales morales del cristianismo, aceptará elementos procedentes del platonismo y del estoicismo. Así, compartirá con ellos la conquista de la felicidad como el objetivo o fin último de la conducta humana; este fin será inalcanzable en esta vida, dado el carácter trascendente de la naturaleza humana, dotada de un alma inmortal,sólo podrá ser alcanzado en la otra vida. Una clara similitud con el platonismo, mediante la asociación de la idea de Bien con la de Dios, pero prevalece la inspiración cristiana al considerar que la felicidad consistiría en la visión beatífica de Dios, de la que gozarían los bienaventurados en el cielo, tras la práctica de la virtud. Es necesaria la gracia de Dios para poder alcanzar tal objetivo, lo que hace imposible considerar la salvación como el simple efecto de la práctica de la virtud, y planteará no pocos problemas teológicos, recurrentes a lo largo de la historia del cristianismo.Respecto al problema de la existencia del mal en el mundo (si Dios es la suma Bondad ¿por qué lo permite?) San Agustín el mal no es una forma de ser, sino su privación; no es algo positivo, sino negativo: carencia de ser, no-ser. Todo lo creado es bueno, ya que el ser y el bien se identifican; y Dios no puede ser bueno, y al mismo tiempo el creador del mal. El mal moral tiene su origen no en Dios sino en la libertad del hombre, en la capacidad de elección. Esta libertad entendida como libre albedrío queda corrompida  por la presencia del pecado original. Aunque el pecado original ha separado al hombre de Dios, no le ha privado de su deseo de volver a él; pero el hombre es incapaz por sí solo  El hombre necesita de la gracia de Dios que le impulsa a realizar el bien.   frase de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.


POLÍTICA Y SOCIEDAD


En cuanto a la sociedad y la política, San Agustín expone sus reflexiones en “La ciudad de Dios”, obra escrita a raíz de la caída de Roma enpaganos habían culpado a los cristianos de tal desastre, argumentando que el abandono de los dioses tradicionales en favor del cristianismo, convertido desde hacía tiempo en la religión del Imperio, había sido la causa de la pérdida del poder de Roma y de su posterior destrucción. En esa obra San Agustín ensaya una explicación histórica para tales hechos partiendo de la concepción de la historia como el resultado de la lucha de dos ciudades, la del Bien y el mal.
La ciudad de Dios la componen cuantos siguen su palabra, los creyentes; la terrenal, los que no creen. Esa lucha continuará hasta el final de los tiempos, en que la ciudad de Dios triunfará sobre la terrenal, apoyándose San Agustín en los textos sagrados del Apocalipsis para defender su postura.San Agustín aceptará que la sociedad es necesaria al individuo, aunque no sea un bien perfecto; sus instituciones, como la familia, se derivan de la naturaleza humana, siguiendo la teoría de la sociabilidad natural de Aristóteles, y el poder de los gobernantes procede directamente de Dios.
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