Fundamentos de la Ética Aristotélica: El Camino hacia la Eudemonía y la Virtud

La Ética como Saber Práctico

La ética es el saber práctico que se ocupa de la virtud y la felicidad. Aristóteles distinguió tres tipos de saberes:

  • Saber teórico: Tiene por objeto la contemplación de la verdad y cuyas principales ramas son la Matemática, la Física y la Metafísica.
  • Saber productivo: Se ocupa de hacer o producir cosas, presente en los saberes artísticos y técnicos.
  • Saber práctico: Se ocupa de la acción humana considerada en sí misma. A este saber pertenecen la Ética y la Política.

La Visión Teleológica y la Búsqueda de la Felicidad

De acuerdo con su visión teleológica de la realidad, Aristóteles señala que los actos humanos tienden a un fin, un bien. Hay fines que son buenos porque se dirigen a otros fines; son medios. Pero Aristóteles piensa que todos los fines no pueden ser meros medios, que debe haber alguno que sea un fin en sí mismo, del que no tenga sentido preguntarse: ¿para qué? Algo a lo que aspiramos: la felicidad. Por tanto, lo ético, lo bueno para el hombre, es perseguir la felicidad (eudaimonía). Esta es su teoría ética eudemonista.

Antropología y el Desarrollo de las Potencialidades

Ahora bien, ¿cómo se alcanza la felicidad? La idea que tiene de la felicidad se basa en su metafísica y en su antropología. El hombre es un compuesto hilemórfico de materia (cuerpo) y forma (alma). Está sometido al movimiento. La felicidad es el pleno desarrollo de las potencialidades naturales propias del humano. Para Aristóteles, el hombre es un animal racional que tiene un deseo natural de saber. En la vida feliz, el hombre desarrollará el conocimiento y la racionalidad. Reconoce, sin embargo, que es imprescindible la satisfacción de otras necesidades.

La Razón y las Facultades del Conocimiento

La razón se puede ocupar de dos tipos de objetos diferentes, pudiendo tener dos usos:

  1. Razonamiento científico: Podemos conocer lo necesario y, así, tenemos la facultad de realizar razonamientos científicos.
  2. Razonamiento deliberativo: Podemos razonar acerca de lo que puede ser de otra manera, pensar cómo producir las cosas y cómo actuar en la vida.

Si realizamos bien ambas, nos acercaremos a la felicidad. A esto nos ayudan las virtudes. Cuando desarrollamos bien una capacidad natural, alcanzamos una virtud. Tener una virtud es tener la disposición de hacer algo de forma excelente. Tener virtudes contribuye a ser más feliz. Estas no son innatas; las aprendemos gracias a la repetición, a la costumbre y al esfuerzo, siendo el hábito de realizar una acción de forma excelente. Para que logre la felicidad, la acción virtuosa ha de manifestarse durante una vida entera y no solo en breves períodos.

Clasificación de las Virtudes

Para ser feliz se necesita tener virtudes intelectuales o dianoéticas y desarrollar virtudes éticas:

A. Virtudes Dianoéticas

La facultad de razonamiento abstracto o científico se desarrolla cuando tenemos:

  • Intelecto: Es la virtud de ver, de forma intuitiva e inmediata, ciertas verdades universales, después de haber experimentado cierto número de casos particulares.
  • Ciencia: Es ser capaz de conocer lo universal y necesario mediante inducciones y deducciones (demostraciones). Es enseñable y aprendible, pues:
    • La ciencia se hace sobre lo que no cambia. La forma y la materia constituyen todas las sustancias del mundo sensible. Por tanto, se puede hacer ciencia sobre lo contingente, porque en ella hay algo universal: la forma.
    • La ciencia demuestra lo que afirma.
  • Sabiduría teórica: Consiste en disfrutar de las dos virtudes anteriores. Se ocupa de los objetos más nobles, cuyo conocimiento forma parte de la vida ideal del humano.

B. La Facultad de Deliberar

La facultad de deliberar se puede aplicar a dos tipos de cosas:

  • Podemos deliberar sobre lo que debemos hacer cuando queremos producir bien algo, cuando nuestras acciones tienen un resultado que va más allá, diferente de la actividad misma, que permanece una vez esta ha acabado.
  • Podemos deliberar sobre cómo comportarnos y actuar bien cuando la acción que llevamos a cabo es considerada en sí misma, como un fin.

La Prudencia y la Acción Virtuosa

La acción buena es siempre, para Aristóteles, un término medio óptimo averiguado mediante un cálculo de las consecuencias. Solo se alcanzará la virtud cuando se convierte en hábito. La prudencia no puede deliberar sobre lo imposible, ni sobre lo necesario. Tampoco aplica reglas fijas. La prudencia no es una ciencia, pues no delibera sobre lo necesario, sino sobre lo que depende de nosotros y de las circunstancias de la acción. Por eso no es universalizable. Se ocupa en saber cómo debo actuar para alcanzar la felicidad.

Aristóteles habla de una sabiduría práctica. Así, la felicidad se alcanza con el desarrollo total de nuestra razón, logrando la sabiduría teórica y práctica. Las virtudes éticas consisten en elegir o llevar a cabo aquello que nuestra inteligencia nos indica como correcto. Define la virtud moral o ética como “una disposición a elegir». Es algo que depende del carácter o capacidad para actuar. Las virtudes éticas nos permiten llevar a la práctica lo que, a nivel teórico, la prudencia nos dice que debemos hacer. Entre ellas, la más importante sería la justicia, que puede ser legal o universal, distributiva y conmutativa.

Enumeración de las Virtudes Intelectuales y Estudio de la Ciencia

El tema de este texto es el estudio de los distintos aspectos de una virtud intelectual: la ciencia. Aristóteles establece de forma indirecta que tenemos cinco virtudes intelectuales: el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría y el intelecto. El objeto de la ciencia es lo necesario, siendo este eterno. Además, dice que toda ciencia se puede enseñar y que todo objeto de conocimiento se puede aprender. Las enseñanzas parten de lo que se conoce por inducción y por deducción. La inducción es principio de lo universal, mientras que la deducción parte de ello y, por lo tanto, puede partir de la inducción. Así, la ciencia es demostrativa. Conociendo lo que sucede y por qué sucede, conocemos científicamente.

Este es un texto explicativo en el que Aristóteles comienza nombrando las virtudes intelectuales para, a continuación, caracterizar la ciencia, acabando con su definición.

El Arte como Virtud Intelectual

El tema de este texto es el estudio de los distintos aspectos de una virtud intelectual: el arte. Aristóteles, de forma indirecta, dicta que lo que se produce y lo que se hace se incluyen en lo que puede ser de otra manera (lo no necesario) y son distintos entre sí. El arte tiene que ver con la producción. Practicar un arte es considerar cómo puede producirse algo cuyo principio está en el productor. La falta de arte es un modo de ser productivo acompañado de razón falsa; así, concluye que el arte es un modo de producir dirigido bien por la razón.

Este es un texto explicativo en el que Aristóteles comienza diferenciando entre acción y producción para, a continuación, caracterizar el arte, la virtud de la acción, y acaba con su definición.

Lo Necesario y la Ciencia

Lo contingente es aquello que puede ser de otra manera (puede ser o no ser). Entre lo contingente encontramos las acciones y lo que puede ser producido por el ser humano. De esto se ocupa la racionalidad práctica. Lo necesario, por el contrario, es aquello que es así y no puede ser de otra forma, y es objeto de la racionalidad teórica.

Para Aristóteles, la ciencia (episteme) es una virtud propia del razonamiento teórico o científico que se ocupa de lo necesario (como las verdades matemáticas). Asimismo, es un saber universal, ya que se ocupa de la esencia y naturaleza de los objetos particulares de una misma clase; intenta conocer las causas de lo que sucede; es enseñable, puede ser aprendido y es demostrativo, pues parte de premisas en las que se basa la conclusión. Así, la ciencia es una de las virtudes intelectuales y un saber que aporta un conocimiento racional y universal que se ocupa de las cosas necesarias.

La Producción y la Acción: Praxis y Poiesis

En el libro VI de la Ética Nicomáquea, Aristóteles diferencia la praxis y la poiesis, de las que se ocupa la racionalidad práctica:

  • La praxis: Es el tipo de acción que tiene como fin a la propia acción.
  • La poiesis: Es la acción que tiene siempre un fin externo a la propia acción, el producto que justifica la acción.

Ambas se ocupan de lo que puede ser de otra manera y cuyo principio está en quien lo produce (lo contingente). Para cada uso de la razón deliberativa distingue una virtud intelectual. La virtud que se ocupa de la praxis será la prudencia (saber práctico). La virtud encargada de la poiesis será el saber técnico o productivo. El arte es una virtud que se ocupa de saber cómo producir algo contingente y se acompaña de razón verdadera, en la que el objeto producido es distinto de quien lo produce.

La acción no es distinta al humano que actúa. Por lo que la prudencia permite deliberar correctamente sobre las acciones que dependen del ser humano consideradas como fin en sí mismas; es saber lo que más nos conviene para alcanzar la felicidad. La técnica se centra en la producción de objetos particulares, mientras que la prudencia se ocupa de la totalidad de la vida y del bien del ser humano, del conjunto de acciones que realizamos y que recaen sobre uno mismo.

Prudencia y Moderación

Es fundamental destacar la importancia de la prudencia y la moderación como virtudes esenciales. La prudencia guía la deliberación sobre acciones éticas y políticas, conduciendo a la virtud y la felicidad a través de la repetición de actos éticamente buenos. Aristóteles sugiere que la acción éticamente correcta es un término medio adaptable a las circunstancias, no regido por reglas fijas.

La moderación implica actuar con equilibrio en relación con los placeres corporales, siguiendo la guía de la prudencia. Ambas virtudes trabajan en conjunto para controlar los impulsos del deseo irracional en el ser humano, particularmente en la sensibilidad del alma. En resumen, prudencia y moderación son clave para alcanzar la virtud, la felicidad y el control de los impulsos.

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