Filosofía

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EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO
Para Aristóteles, nuestro conocimiento empieza por los sentidos (sensibilidad). Se conoce través de un proceso de inducción, de lo particular a lo universal, que comienza con la sensibilidad que percibe a los seres. A través de la imaginación se genera la imagen mental y ésta es recogida por el entendimiento que hace el proceso de abstracción. Éste se divide en dos: el entendimiento agente (que es universal) y que nos permite abstraer la esencia de los seres; y, el entendimiento paciente (individual) que retiene las abstracciones posibilitando los juicios. El proceso de abstracción avanza desde los sentidos al concepto universal y en él desempeña un papel decisivo la imaginación, sobre la que operan el intelecto paciente, que tiene la posibilidad de conocer las formas, y el intelecto agente, que las separa de la materia. Éste último constituye la parte más perfecta y divina del hombre, porque su capacidad para conocer las formas lo hace separado, eterno e inmortal. Aristóteles, además, fue el creador de la Lógica. La lógica aristotélica pretende ser un método para que la argumentación sea rigurosa y coherente, preocupándose no tanto del contenido de los argumentos como de la validez de su estructura. Analizará la forma de las
argumentaciones buscando cuáles son las correctas –modos del silogismo válidos- y cuáles las incorrectas –falacias-.


EL PROBLEMA DEL SER HUMANO: ANTROPOLOGÍA
Siguiendo su teoría hilemórfica afirmará que el cuerpo (la Materia) y el alma (la Forma) forman
una única sustancia natural (primera o individual) y su uníón es esencial. El alma es el
principio de vida y es mortal (aunque el entendimiento agente sea inmortal, pero no personal).
El alma humana tiene tres funciones: la facultad vegetativa o nutritiva es la capacidad para
alimentarse y desarrollarse y es propia de todos los seres vivos; la facultad sensitiva que
permite la sensibilidad, siendo propia de todos los animales; y la facultad intelectiva exclusiva
de los seres racionales y que posibilita el pensamiento. La intelección es considerada como
la superior de las funciones humanas, la más carácterística y esencial pues es la que le
distingue de los demás seres.
Como cualquier otra sustancia, el hombre se compone de forma (alma) y materia (cuerpo). Como
forma y materia van siempre unidas, alma y cuerpo son inseparables, por lo que Aristóteles niega que
el alma humana se inmortal. El alma racional, específica del hombre, es capaz de adquirir la ciencia;
un conocimiento basado en conceptos universales, abstrayendo las formas y separándolas de la
materia a la que están unidas.


EL PROBLEMA DE LA MORAL: ÉTICA
Para Aristóteles, la moral sigue un esquema teleológico, pues los seres tienden a un fin que
en los seres humanos es la felicidad y, por ello, su ética se denomina Eudemonismo.
Según Aristóteles, la felicidad consiste en desarrollar y cumplir lo propio de cada ser de
acuerdo a su esencia. Esto en los seres humanos es la actividad intelectual, la vida
contemplativa, pues la facultad intelectiva es lo carácterístico del ser humano, que lleva al
conocimiento de los seres y especialmente del ser supremo, el motor inmóvil. Por ello, lo
fundamental será perfeccionar esta carácterística racional y con ella las virtudes dianoéticas
o intelectuales, que son aquellas que perfeccionan el entendimiento: la sabiduría o la
contemplación, la reflexión, la prudencia,… Pero el hombre no es sólo una sustancia con entendimiento, sino que al tener necesidades
corporales y sociales le resulta imposible conseguir la plena felicidad (que sería estar permanentemente pensando y es sólo propia de Dios). Así, la felicidad humana es limitada.Precisamente, para cumplir estas necesidades sociales están las virtudes éticas o prácticas, las más humanas (frente a las dianoéticas que serían «divinas») y que organizan nuestras
vidas de forma que podamos dedicarnos a lo que nos es propio (el desarrollo de la facultad
intelectiva). La virtud ética se define en Aristóteles como un hábito (disposición adquirida por la práctica
frecuente) de determinar con prudencia (utilizando la facultad intelectiva o entendimiento) el
término medio entre dos extremos viciosos (uno por defecto y otro por exceso) de forma
personal. El término medio es personal, no universal.
La ética aristotélica es eudemonista; es decir, se trata de una ética de la felicidad, bien supremo que
Aristóteles no entiende como idea separada, al estilo de Platón, sino como un bien accesible a la
actividad práctica del hombre.
El ejercicio de la contemplación permite al hombre alcanzar las virtudes intelectuales, pero como es
también un ser corporal, no puede dedicarse siempre a la contemplación; por eso la felicidad requiere
también un disfrute moderado de bienes externos, como la salud, el bienestar, los amigos,,, sin los
cuales ninguna vida puede se enteramente feliz.
Junto a las virtudes intelectuales están las virtudes éticas (valentía, templanza, justicia…) que son
aquellas que dependen del carácter del sujeto. La virtud ética es una disposición o modo de ser
consistente en el hábito de adoptar el término medio entre dos extremos viciosos, uno por exceso y
otro por defecto.
Esto significa que no somos virtuosos o viciosos por naturaleza, ni tampoco adquirimos la virtud a
través del conocimiento, sino que la virtud y el vicio se consiguen ejercitándose en ellos.
Que la virtud sea cierto término medio no la identifica con la mediocridad, sino que por su valor
intrínseco, la virtud constituye un extremo de perfección y la mayor excelencia a la que puede aspirar
el hombre.
La ética aristotélica culmina en la política, que es la ciencia práctica más importante, porque no busca
el bien o la felicidad de un individuo, sino el bien colectivo, en el marco del Estado.


EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD: POLÍTICA
El hombre es un ser social por naturaleza, un zoon politikon, y en su esencia se encuentra
implícita su sociabilidad; ya que posee el logos que le permite comunicarse racionalmente con
los demás seres racionales.
La sociedad, pues, no es producto de la convencíón sino que entra dentro del esquema
teleológico siendo el fin último de todo el proceso de uníón social, la polis.
La felicidad humana sólo se puede conseguir, así, dentro de una sociedad cuyas leyes
posibiliten el desarrollo de las virtudes prácticas en todos los ciudadanos. Por esto el
legislador o el político debe ser alguien que no sólo tenga conocimientos teóricos, sino que
debe haberse habituado a la aplicación práctica de su intelecto, ser prudente.
La Justicia social se da cuando el gobierno no busca intereses particulares y posibilita la
realización de la virtud en todos los ciudadanos.
Aristóteles distingue tres formas justas de gobierno, frente a sus respectivas corrupciones: la
Monarquía, el gobierno de uno solo, su corrupción es la Tiranía; la Aristocracia, el gobierno
de los mejores, frente a Oligarquía; y la Democracia, considerada la mejor por Aristóteles, es
el gobierno del pueblo, su corrupción es la Demagogia.
Aristóteles mantiene un organicismo social: el Estado es anterior, por naturaleza, a los individuos, a
las familias y a las aldeas que lo forman y el hombre puede definirse como un animal político, puesto
que carece de sentido fuera del todo social, de la ciudad-estado de la que forma parte.
El Estado posee prioridad, porque únicamente él es autárquico y se basta a sí mismo. Es en él donde
el hombre puede alcanzar su perfección, ya que solo el Estado le permite, mediante la educación,
actualizar todas las potencialidades inherentes a su naturaleza, tanto intelectuales como morales.


EL PROBLEMA DE Dios Y LA REALIDAD: METAFÍSICA Y TEOLOGÍA
San Agustín defiende el Creacionismo: el mundo y el tiempo han sido creados por Dios desde la nada.
Esta creación se explica a partir de la TEORÍA DEL EJEMPLARISMO: Dios ha realizado en la materia los
seres concretos a partir de aquellas ideas eternas que están en su mente divina (los arquetipos).
Además, Dios depositó en la materia los gérmenes de todos los seres futuros para que fueran
apareciendo progresivamente en el tiempo. No todos los seres existen desde el principio. Todo ser creado se constituye pues de materia (que puede ser corpórea o espiritual) y forma (la esencia
que le hace ser lo que es).
Esta creación no es abandonada por Dios una vez creada, sino que Dios la cuida y gobierna y para ello
ha concebido un plan para el mundo y éste plan se expresa en la ley eterna. Por ello, le surge a S.
Agustín el problema del mal, pues si el mal existiera sería algo creado por Dios siendo así él mismo
malo. La solución, para San Agustín, es considerar que todo lo creado por Dios es bueno, siendo el mal
o la imperfección no algo real, sino carencia de ser o perfección. Además, el mal sólo lo es en tanto
individual y concreto pero no para la totalidad de la creación, en donde siempre resulta de él un bien
mayor. Explicará así igualmente el mal moral humano que es fruto de un bien mayor: LA LIBERTAD.
Si bien para S. Agustín la existencia de Dios está clara, intentará hacer una demostración de la misma.
Admitirá varios argumentos como la propia grandeza de la creación, (la realidad es demasiado
compleja para no haber sido creada por una inteligencia) o el argumento del consenso (la mayoría de
los hombres creen en Dios). Pero el argumento preferido por San Agustín es el derivado del carácter
eterno e inmutable de ciertas ideas que tenemos en nuestra alma, que contrasta con la naturaleza
humana, mutable y finita, y por lo tanto tienen que tener como causa un ser eterno e inmutable: Dios.
A Éste se le conoce imperfectamente a través de las huellas que ha dejado en las criaturas


TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
Nuestra búsqueda de la verdad se encuentra impulsada por EL AMOR, pero no por el amor egoísta, fruto del
deseo desordenado, sino por el amor espiritual u ordenado (caridad), que busca elevarse hasta la verdad única,
inmutable y eterna.
La teoría agustiniana del conocimiento procede de lo exterior a lo interior, y de lo interior a lo superior.
Parte del conocimiento sensible, que por su variabilidad no garantiza ninguna certeza, y desemboca en el
escepticismo, a no ser que se encuentre alguna verdad indubitable. Anticipándose a Descartes, considera que esa
verdad indudable es la certeza interior que proporciona la autoconciencia: si el sujeto se engaña al razonar, es
evidente que piensa; y si piensa, sin duda existe. Por consiguiente, ES EN EL INTERIOR DEL HOMBRE DONDE
HABITA LA VERDAD. El conocimiento de las verdades eternas, no puede alcanzarlas el hombre por sí solo, sino
apoyado en una acción directa ejercida por Dios sobre su mente. TEORÍA DE LA ILUMINACIÓN.
El conocimiento sensible, de los sentidos, que genera doxa (opinión), conocimiento cambiante. El
conocimiento racional inferior, ciencia, donde con el razonamiento se conoce lo universal y necesario
relativo a las cosas temporales. Por último, el conocimiento racional superior, filosofía o sabiduría, que
posibilita el conocimiento de verdades eternas, inmutables, universales y necesarias que fundamentan
nuestros juicios. Según la Teoría de la Iluminación, estas verdades eternas no pueden ser desarrolladas a
través de los sentidos sino que se deben buscar en la intimidad de la conciencia, en el alma, donde Dios
las ha puesto, y por tanto, el hombre debe descubrirlas en su interior. La verdad, no está en la realidad
sino en el alma y se conoce a través de una iluminación divina.
RAZÓN Y FE
El ser humano anhela alcanzar la felicidad y el goce del bien supremo, que San Agustín identifica con Dios.
El disfrute de la felicidad requiere conocer la verdad, y ésta puede buscarse por dos caminos:
Por la razón ( filosofía ).
Por la fe ( religión ).
Para San Agustín no hay una rivalidad entre Razón y Fe, sino que ambas deben ayudarse mutuamente. La fe no es
algo irracional sino que fe y razón van juntas y se complementan. La razón nos permite entender los contenidos
de la fe: “Entiende para creer; cree para entender”, es una máxima de San Agustín.

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