Heráclito y la estructura del Logos
Heráclito propuso descubrir la estructura oculta, subyacente y sustente, de acuerdo con la cual acontecían los fenómenos y a la que llamó logos. Para Heráclito, descubrir el logos era equivalente a descubrir la verdadera naturaleza. Esta estructura interna del acontecer de las cosas, por el que acontecen y se dan a los sentidos, apareciendo y desapareciendo, puede aprenderse no solo a partir de los escritos de Heráclito, sino en la misma experiencia cotidiana del mundo.
Heráclito nos presenta el logos operando desde múltiples dimensiones: lógica, ontológica, epistemológica y ética. En todas ellas, el logos opera mediante opuestos. Heráclito utiliza el fuego para caracterizar el cambio: a través de su transformación mantiene una unidad que hace del mundo cambiante algo más que un proceso al azar (plantea el fuego como arjé: un elemento en cambio constante con el cual se pueden transformar otros elementos).
Teoría de los opuestos: cada ser, objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. De esto se deduce que nada existe en estado puro ni en absoluta quietud, sino en una continua transformación.
Parménides y el camino de la verdad
Parménides plantea los únicos caminos de investigación que cabe concebir: el primero, el camino de la verdad (el que es y no es posible que no sea); el segundo, el camino de la opinión mortal (el que no es y es preciso que no sea). Además, de lo que «es» no puede decirse que «llegó a ser», pues esto implicaría que en algún momento «no fue», introduciéndose en «lo que es» la posibilidad del «no ser». Por tanto, lo que es, es siempre y en todo momento. Se da con esto un giro radical a las filosofías de origen milesio que defendían la existencia de un principio que servía de origen.
Sócrates y la mayéutica
Sócrates parte siempre del reconocimiento de su ignorancia («solo sé que no sé nada») para luego aplicar el método de la mayéutica: preguntar al interlocutor para, primero, anular sus opiniones infundadas y, después, obligándolo a reflexionar racionalmente, hacer posible que llegue él mismo a la verdad.
Consiste en conducir la conversación de modo que pueda aflorar la verdad del interior de cada uno, donde estaba latente. Esta verdad no es relativa, sino común y en sí misma. Se trata de buscar la definición (la esencia) de lo que se está considerando.
Defendió el intelectualismo moral: lo bueno moralmente es aquello que nos lleva a la felicidad y nadie hace algo conscientemente que le vaya a hacer infeliz. Por tanto, el sabio siempre hará el bien, mientras que quien obra mal lo hará por ignorancia.
Ética: De Kant a Scheler
La ética formal de Kant
Para Kant, las normas morales son universales, ya que se fundamentan en la razón. Kant habla de imperativos categóricos, los cuales obligan de una forma universal e incondicionada; es decir, mandan sin condiciones y sin prometer nada a cambio. Son las únicas verdaderas normas morales porque son desinteresadas.
La formulación principal del imperativo categórico es: hacer lo que cualquier otro hombre decidiría en nuestro lugar. Kant critica las éticas materiales (que identifican el bien con un contenido concreto como la felicidad o el placer) porque se basan en la experiencia y en intereses particulares. Por el contrario, la ética formal kantiana propone una ética basada exclusivamente en la razón.
La crítica kantiana a las éticas materiales es doble:
- La voluntad sería heterónoma y no autónoma; los seres humanos seríamos incapaces de darnos nuestros propios fines.
- Solo consideran como deberes morales aquellos que ayudan a alcanzar un fin o bien previamente dado.
La ética de los valores de Scheler
La ética de Scheler es una ética material que pretende tener validez formal y universal. Frente a Kant, propone una ética con contenido, llamando a estos contenidos a priori: los valores.
Los valores son intemporales y absolutamente válidos, rechazando todo relativismo moral. Están ordenados jerárquicamente:
- Los valores sensibles.
- Los valores vitales y los espirituales.
- El valor de lo religioso.
Los valores son a priori de lo emotivo, no de lo racional como en Kant.
Pensamiento político: Hobbes y Rousseau
El contractualismo de Hobbes
Para Hobbes, la sociedad surge de un contrato o pacto entre individuos. Su teoría se desarrolla así:
- El hombre por naturaleza es hedonista y egoísta.
- Para satisfacer el placer es necesario el poder. Todos los hombres son iguales antes del pacto, lo que genera desconfianza.
- Esta desconfianza conduce a la “guerra de todos contra todos”.
- El contrato social es fruto de un pacto donde los hombres renuncian a la libertad ilimitada del Estado de Naturaleza.
- El encargado de administrar esta renuncia es el Leviatán (el Estado), que ostenta todo el poder.
La seguridad es el eje central del contractualismo de Hobbes.
La visión de Rousseau
Rousseau, como pensador ilustrado, destaca:
- La suficiencia de la razón: la sociedad transforma nuestra naturaleza buena en egoísta, pero la razón puede solucionar este problema.
- La importancia de la libertad: propone un sistema político que concilie la “voluntad general” y las libertades individuales.
Rousseau tiene una concepción positiva de la política: el Contrato Social intenta construir un espacio de convivencia donde el egoísmo se disuelva en un proyecto comunitario para el bien común.
