Evolución del Pensamiento Filosófico: De la Escolástica de Santo Tomás al Empirismo de Hume

David Hume: El Empirismo y la Crítica de la Metafísica

Hume distingue dos modos de conocimiento racional.

Por un lado, las cuestiones de hecho o razonamientos a posteriori, que tratan sobre la realidad y se forman a partir de las impresiones. Establecen relaciones contingentes, no universales ni necesarias, ya que sus proposiciones son sintéticas: el predicado no está contenido en el sujeto y aportan nueva información sobre la realidad. Su verdad se descubre a posteriori, recurriendo a la experiencia, y se basan en el principio de copia. Es el conocimiento propio de las ciencias empíricas.

Por otro lado, las relaciones entre ideas o razonamientos a priori, que no tratan sobre la realidad sino sobre la estructura del razonamiento, como la lógica y las matemáticas. Se basan en los principios de asociación de ideas y establecen conexiones universales y necesarias, ya que sus proposiciones son analíticas: el predicado está implícito en el sujeto. Su verdad se conoce a priori, es independiente de los hechos y su negación implica contradicción, basándose en el principio de no contradicción.

Crítica del Principio de Causalidad

Hume realiza una crítica del principio de causalidad, según el cual todo acontecimiento tiene una causa que lo determina necesariamente. Aunque tenemos impresiones de la causa y del efecto, no tenemos ninguna impresión de la conexión necesaria entre ambos. Por ello, la causalidad no puede conocerse como una cuestión de hecho. Tampoco es una relación de ideas, ya que no hay contradicción lógica en negar que un efecto siga a una causa.

La conexión causa-efecto surge del hábito o la costumbre, de haber observado repetidamente que ciertos hechos aparecen conjuntados. Nuestra creencia en que el futuro será como el pasado no es conocimiento, sino creencia basada en la costumbre. Las consecuencias son:

  • No son posibles las predicciones científicas necesarias.
  • Las leyes científicas no son universales sino probables.
  • Las ciencias empíricas solo alcanzan una verdad probable, no absoluta.

Consecuencias Escépticas y Crítica de la Sustancia

De esta teoría del conocimiento se derivan consecuencias escépticas. Solo conocemos nuestras percepciones, por lo que no podemos asegurar con certeza la existencia de un mundo exterior, aunque la viveza de las impresiones nos lleve a creer en él. No puede establecerse una verdad absoluta sobre la realidad y las ciencias se basan en la creencia de que la naturaleza se comporta de forma uniforme. Este escepticismo nos libra del dogmatismo y nos impide abordar nociones como sustancia, yo y Dios.

Hume critica la idea de sustancia, ya que no existe ninguna impresión de sensación que se corresponda con ella: solo percibimos accidentes, no una sustancia que permanezca idéntica. La idea de sustancia surge del hábito de percibir accidentes que aparecen siempre juntos, siendo solo una colección de ideas simples. También critica la idea de alma o sustancia pensante, pues no existe una impresión constante del yo; lo que llamamos identidad personal es solo una sucesión de percepciones unidas por la memoria. Respecto al mundo exterior, sostiene que estamos encerrados en nuestras percepciones y no podemos ir más allá de ellas, por lo que no podemos afirmar la existencia de una sustancia extensa independiente.

Finalmente, critica la idea de Dios, ya que no tenemos impresión alguna de Él y los argumentos que pretenden demostrar su existencia se basan en el principio de causalidad y en analogías poco fundamentadas. Por ello, lo más sensato es suspender el juicio y mantenerse escéptico, sin afirmar ni negar su existencia.

René Descartes: El Método y la Búsqueda de la Certeza

El Método Matemático y la Duda Metódica

Descartes se plantea la necesidad de encontrar una certeza absoluta, ya que existe una gran disparidad de opiniones y resulta difícil distinguir el verdadero conocimiento de la simple creencia. Frente a Aristóteles, Descartes afirma que debe existir un único método válido para todas las ciencias, y toma como modelo el método matemático. Las matemáticas ofrecen conocimiento seguro porque se basan en dos operaciones fundamentales: la intuición, mediante la cual la razón capta ideas simples de forma clara y distinta, y la deducción, que permite establecer conexiones necesarias.

Descartes compara el conocimiento con un árbol cuyas raíces son la metafísica, el tronco la física y las ramas las demás ciencias. El método cartesiano se formula en cuatro reglas:

  1. Evidencia: no aceptar nada que no sea claro y distinto.
  2. Análisis: dividir los problemas en partes simples.
  3. Síntesis: reconstruir el conocimiento desde lo simple a lo complejo.
  4. Enumeración y comprobación: revisar todo el proceso.

Para encontrar una primera verdad indudable, introduce la duda metódica. Duda de los sentidos, del razonamiento, plantea la hipótesis del sueño y, finalmente, la del genio maligno. Sin embargo, al dudar descubre una verdad imposible de negar: cogito ergo sum (pienso, luego existo), que se convierte en el fundamento del conocimiento.

La Realidad y la Existencia de Dios

El conocimiento se da a través de ideas, que pueden ser adventicias, facticias o innatas. Solo las ideas innatas proporcionan conocimiento verdadero. Descartes inicia así el subjetivismo moderno. La realidad se estructura en tres sustancias:

  • Res cogitans: sustancia pensante.
  • Res infinita: Dios.
  • Res extensa: el mundo material.

Descartes necesita demostrar la existencia de Dios para huir del solipsismo y garantizar que no existe un genio maligno. Descubre la idea de infinito como una idea innata, ya que un ser finito no puede crear por sí mismo la idea de un ser infinito. Demuestra su existencia mediante:

  • El argumento ontológico: la existencia es una perfección intrínseca al concepto de un ser perfecto.
  • El argumento causal: la causa de la idea de un ser infinito debe ser Dios mismo.

Dios, al ser bueno y veraz, se convierte en el garante del conocimiento: las ideas claras y distintas son verdaderas porque Dios no nos induce al error.

El Ser Humano: Dualismo Antropológico

Descartes concibe al ser humano como un compuesto de dos sustancias independientes: el alma (sustancia pensante) y el cuerpo (sustancia extensa). El alma es autónoma e inmortal. Para salvaguardar la libertad frente al mecanicismo del mundo material, Descartes separa el alma de la materia. La libertad consiste en el dominio racional de los deseos y pasiones. Sitúa la conexión entre ambas sustancias en la glándula pineal, aunque reconoce la dificultad de explicar cómo se comunican dos naturalezas tan distintas.

Nicolás Maquiavelo: El Realismo Político Moderno

Maquiavelo es el principal representante del realismo político y fundador de la ciencia política moderna. Su objetivo es estudiar la política tal como es en la realidad, rompiendo con la tradición medieval que la subordinaba a la moral. Propone una política autónoma, separada de la ética tradicional.

El ser humano es considerado egoísta, ambicioso e inconstante. El fin principal de la política es conservar el poder y garantizar la estabilidad del Estado. El gobernante debe actuar con virtud política, apoyada en la prudencia para anticiparse a los problemas y en la astucia para mantener el poder. Maquiavelo defiende que, aunque la república es la mejor forma de gobierno, en situaciones de crisis es necesario un gobernante fuerte para evitar el caos y la corrupción.

Santo Tomás de Aquino: Fe, Razón y Ética

1. El problema de Dios: Las cinco vías

Santo Tomás de Aquino sostiene que la existencia de Dios puede demostrarse racionalmente mediante las cinco vías, basadas en la experiencia sensible:

  1. Vía del movimiento: debe existir un primer motor inmóvil.
  2. Vía de la causalidad eficiente: debe existir una causa primera no causada.
  3. Vía de la contingencia: debe existir un ser necesario que fundamente a los seres contingentes.
  4. Vía de los grados de perfección: debe existir un ser máximamente perfecto.
  5. Vía del orden del mundo: el universo indica la existencia de una inteligencia ordenadora.

Dios es concebido como ser necesario, eterno e infinito, creador de toda la realidad.

5. El problema de la moral

La ética de Santo Tomás es teleológica: el fin último es la felicidad, que consiste en la contemplación de Dios. La moral se fundamenta en la ley natural, que es la participación de la ley eterna en la razón humana. Existen cuatro tipos de leyes:

  • Ley eterna: razón divina que gobierna el universo.
  • Ley natural: accesible a la razón humana.
  • Ley humana: normas creadas por los hombres.
  • Ley divina: revelada por Dios.

Las virtudes se dividen en cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y teologales (fe, esperanza y caridad).

6. El problema de la política

El ser humano es social por naturaleza. El fin de la política es el bien común. Defiende la monarquía moderada como la mejor forma de gobierno, siempre que no derive en tiranía. La ley política debe estar subordinada a la ley natural, ya que ninguna ley injusta es verdaderamente ley.

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