Metafísica
El Cogito: lo que Descartes defiende aquí es que, a pesar de que la moral provisional se basaba en meras posibilidades —en seguir opiniones que sabemos muy inciertas como si fueran indudables—, para fundar la filosofía hay que basarse en evidencias absolutas escogiendo el camino de la duda: dudar de todo para ver si queda algo que resista a toda duda, es decir, algo cierto. Utiliza la duda para buscar la verdad. La duda, para él, no es la postura mental definitiva, ya que parte de la confianza en la posibilidad de alcanzar la verdad; por ello su duda es metódica. El criterio de la duda se aplica a todas las creencias, especialmente a las que parecen más sólidas y evidentes, pues si es posible dudar de ellas deben dejarse de lado como fundamento de la metafísica.
Es posible dudar de la información dada por los sentidos, ya que si los sentidos nos engañan a veces se podría suponer que nos engañan siempre o con frecuencia; además, es posible dudar incluso de la realidad del mundo que nos rodea e incluso de verdades como las matemáticas.
La duda parece haber eliminado todas las creencias, pero del interior mismo del acto de dudar surge un resto indubitable: algo que resiste toda duda. Aquí hay una verdad absoluta, que es la existencia del propio sujeto que duda y piensa. Además, mi existencia como sujeto que piensa está exenta de todo error y duda posible, ya que Descartes expresa en «Pienso, luego existo» que será el primer principio de toda evidencia filosófica.
Interpretación histórica del Cogito
En la interpretación del Cogito se destaca que el precedente histórico es San Agustín y que Descartes ha hecho valer el cogito como principio que hace problemática cualquier otra realidad y permite justificarla mediante la duda. A veces se expresa, interpretativamente, como «pienso, no dudo; luego existo», entendiendo que para Descartes el pensamiento es todo aquello que ocurre en nosotros y que todo pensamiento goza de un carácter evidente frente a la duda. Esto implica una postura subjetivista que defiende que la evidencia se da sólo en el interior del sujeto y que lo único evidente es el acto de pensar. El significado que da Descartes al cogito es que parte de su propia interioridad y, a partir de ahí, llega a la existencia: en el pienso, luego soy se intuye que el yo existe como sustancia cuya esencia es pensar.
Ideas
El principio del cogito no encierra al hombre en la interioridad de su yo; es, en cierto sentido, un principio de apertura hacia el mundo que está más allá del yo. Además, mi existencia es la de un ser que piensa y que tiene ideas. Descartes utiliza el término idea para indicar cualquier objeto del pensamiento en general, tratado como esencia.
De la naturaleza de las ideas, Descartes distingue dos características: las ideas en cuanto que son actos mentales (poseen la misma realidad) y las ideas en cuanto que poseen un contenido objetivo (su realidad es diversa). El cogito da la seguridad de que las ideas existen en mi pensamiento como actos del mismo, ya que forman parte de mí como sujeto pensante. Distingue tres tipos de ideas:
- Adventicias: aquellas que parecen provenir de nuestra experiencia externa.
- Facticias: aquellas que la mente construye a partir de otras ideas.
- Innatas: aquellas que el pensamiento posee en sí mismo.
Sin embargo, ni las ideas adventicias ni las facticias pueden servirnos de punto de partida para demostrar la existencia de la realidad extramental, ya que (1) las adventicias provienen del exterior y (2) las facticias son cuestionables en su validez al ser construidas por el pensamiento.
Existencia de Dios y del mundo
Descartes descubre la idea de infinito, la asocia con Dios y prueba la existencia de Dios mediante tres argumentos principales:
- Argumento basado en la causalidad aplicada a la idea de Dios: parte de la realidad objetiva de las ideas, que como realidad objetiva requieren una causa real; luego la idea de un ser infinito exige una causa infinita, y por tanto ha sido causada en mí por un ser infinito que existe. Descartes no parte de las cosas sensibles para llegar a la causa primera, sino de la idea de Dios.
- Argumento de la contingencia: yo soy finito e imperfecto, como lo demuestra el hecho de que puedo dudar; si yo fuese la causa de mí mismo me habría dado las perfecciones que concibo y que están contenidas en la idea de Dios. Al ser evidente que no me he creado a mí mismo, debo haber sido creado por un ser que posee todas las perfecciones; por tanto, Dios existe.
- Argumento ontológico (de San Anselmo): no es posible concebir a Dios como no existente porque Dios es un ser perfecto y, como existir es una perfección, Dios existe.
Dudar y reconocerse imperfecto es humano, ya que el hombre se relaciona necesariamente con la idea de la perfección y, por tanto, con la causa de esa idea, que es Dios. Reconocida la existencia de Dios, Descartes sostiene que se demuestra también la existencia del mundo.
