La Búsqueda de la Certeza y la Naturaleza del Yo
La idea principal es el estudio de distintas acciones que inspira el alma y ejecuta el cuerpo. Se descartan acciones como andar, nutrirse o sentir, que precisan de la existencia de un cuerpo. Solo pensar es propio del yo de manera evidente. La relación entre pensamiento y existencia es una certeza indudable, de tal forma que el pensamiento sostiene la evidencia de existir, porque la existencia es lo que sostiene el pensamiento.
El Método Cartesiano y el Cogito
La cuestión fundamental es la búsqueda cartesiana de la certeza. Descartes quiere desarrollar una filosofía que solo admite lo que percibe de forma clara y distinta. El pienso, luego existo responde rigurosamente a los requerimientos de su sistema. De ese yo, Descartes solo puede predicar ahora que es un algo pensante.
Dualismo: Alma frente a Cuerpo
Descartes es declaradamente dualista, por lo que trata el alma como una realidad propia, distinta del cuerpo. Nuestro autor había estudiado varias acciones: andar, nutrirse, sentir y pensar. Tales acciones fueron atribuidas al alma, ya que el cuerpo es una máquina inerte. Al hablar de andar y nutrirse, identifica que dichas acciones precisan de la existencia de un cuerpo. Si nos detenemos en sentir, dejando al margen que uno puede creer sentir en sueños, también esta acción requiere un cuerpo. Estas tres acciones no pueden atribuirse al yo existente (el yo producto del cogito ergo sum), único resultado del que Descartes puede estar cierto.
La Res Cogitans
Cosa diferente ocurre con pensar. El pensamiento es propio del yo y no depende del cuerpo. Si la existencia es deducible del pensar, solo es posible hablar de existencia en tanto que el yo piensa. «No admito ahora nada que no sea necesariamente verdadero: así, pues, hablando con precisión, no soy más que una cosa que piensa».
Descartes remite al primer precepto del método, según el cual solo debe aceptarse aquello que se presente como cierto. Estudiadas las acciones del alma, solo el pensamiento resulta propio del yo, por lo que pensar supone existir. Preguntado por qué es aquello que existe, concluye que lo que existe es algo que piensa.
Se pregunta entonces si es posible ir más lejos respecto a qué soy. Queda descartado que sea un cuerpo o cualquier cosa imaginable. A lo más que se puede llegar es a afirmar que soy algo. La primera regla del método le permite descartar ideas sobre qué es, pero mantiene la certeza de que es.
El Alcance del Pensamiento y las Facultades del Yo
La idea principal es que el yo pensante descubre que el pensamiento abarca acciones como dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar y sentir. Estas actividades pertenecen a su naturaleza porque son inseparables del pensamiento, incluso si las percepciones externas fueran falsas. Al reflexionar sobre sus atributos, Descartes concluye que empieza a conocerse con mayor claridad y distinción como un ser esencialmente pensante.
La Construcción del Conocimiento
En cuanto a la cuestión filosófica, Descartes quiere desarrollar una filosofía que solo admite lo que percibe de forma clara y distinta. El pienso, luego existo responde rigurosamente a los requerimientos de su sistema. De ese yo, Descartes solo puede predicar ahora que es un algo pensante. El descubrimiento del yo como res cogitans inaugura un sistema de conocimiento que pretende construirse de forma acumulativa, al estilo de las ciencias y las matemáticas.
Modalidades del Pensamiento
Descartes vuelve a reflexionar sobre el único conocimiento del que tiene certeza en este momento de las Meditaciones. Ha podido concluir que es una cosa que piensa, puesto que dudar es el inicio de su viaje filosófico y una forma de pensamiento. Cualquier modalidad del pensamiento le permite llegar a la verdad de que es algo que piensa: afirmar, negar, querer o imaginar son formas de pensamiento.
Resulta llamativo que Descartes hable de sentidos y órganos del cuerpo cuando todavía no puede afirmar que posee un cuerpo. Sin embargo, el yo se experimenta como un yo sintiente. Sentir es una forma de pensamiento y, aunque no pueda afirmarse que exista algo distinto del yo que origine ese sentimiento, el sentir es motivo para afirmar la propia existencia: siento, luego existo.
La Superación de la Duda Metódica
Descartes retoma dos recursos de la duda extrema: la posibilidad de que todo sea un sueño y la hipótesis del genio maligno. Aun aceptando ambas, es evidente que debe existir un yo que duerme o que es engañado. Nada hay más cierto que la propia existencia.
No puede separarse del yo ninguna de las actividades del pensamiento, como la duda, el entendimiento o el deseo. El pensamiento abarca todas las actividades mentales, sean racionales, emocionales o imaginativas. También la imaginación forma parte del pensamiento, aunque lo imaginado no sea verdadero.
Del mismo modo, sentir es pensar: aunque las apariencias sean falsas o producto del sueño, es indudable que parece ver, oír o sentir calor, y eso es propiamente sentir. Así, el recorrido por las distintas formas del pensamiento refuerza la certeza de que el yo existe como algo pensante. Lo que existe es un yo pensante.
