El Pensamiento de René Descartes: Racionalismo, Método y Metafísica

1. El problema de la realidad y el conocimiento

1.1. Teoría del conocimiento

El racionalismo se basa en la tesis de que el criterio de certeza procede de la razón, que es la única que nos puede proporcionar conocimientos seguros y ciertos. El racionalismo se caracteriza por la defensa de las ideas innatas como fuente de conocimiento seguro. Por eso, las matemáticas son el referente para todo racionalista, ya que valoran la intuición intelectual de ideas y principios evidentes a partir de los cuales comienza la deducción del saber. Si la razón es única, el saber tiene que ser único, y debe haber un único método para alcanzar la sabiduría; concibe la idea de un saber o de una ciencia universal: mathesis universalis.

Dos son, a juicio de Descartes, los modos de conocimiento:

  • Mediante la intuición: captamos (de manera clara y distinta) los conceptos simples que surgen de la razón misma (todos estamos de acuerdo, sin necesidad de acudir a la experiencia, en que los solteros son los no casados).
  • La deducción: aquí entra en juego una serie sucesiva de intuiciones apoyadas por la memoria.

En el Discurso del método nos encontramos con cuatro reglas básicas:

  1. 1ª regla: la evidencia. En la que no se puede admitir nada que sea dudoso o confuso.
  2. 2ª regla: el análisis. A través de la intuición accedemos a las ideas simples; las ideas complejas, que no son tan evidentes, hay que descomponerlas para así ser captadas por la intuición.
  3. 3ª regla: la síntesis. Una vez que hemos descompuesto las ideas complejas en partes simples para que sean objeto de intuición, debemos volver a recomponerlas por medio de la síntesis.
  4. 4ª regla: la enumeración y la revisión. El análisis se comprueba con la enumeración, y la síntesis con la revisión.

Descartes no entiende la duda como los escépticos (como el final del conocimiento y, por tanto, la imposibilidad de que haya un conocimiento verdadero). Su duda es provisional (duda metódica) y tendrá un objetivo muy claro: encontrar una verdad absolutamente indudable desde la que empezar a reescribir la filosofía.

Descartes comienza las Meditaciones metafísicas planteando la situación en la que él se encuentra, de escepticismo y confusión, por lo que se propone averiguar si efectivamente hay algo verdadero en el mundo. Para ello, se propone aplicar la duda como método, de modo que considerará falso todo aquello en lo que se encuentre el menor motivo de duda.

Principales motivos de duda:

  1. Desconfianza en los sentidos: el ser humano acude a los sentidos a la hora de elaborar sus conocimientos, pero, a veces, las percepciones sensitivas fallan.
  2. Distinción entre la vigilia y el sueño: ¿cómo podemos distinguir entre la vigilia y el sueño? Por eso debemos poner entre paréntesis no solo los datos que nos transmiten los sentidos, sino también los propios pensamientos.
  3. Hipótesis del “Dios engañador”: plantea la posibilidad de que el mismo Dios que nos ha creado nos haya podido crear de tal manera que cuando deducimos que 2+2=4…
  4. El “genio maligno”: plantea Descartes una opción, en la que no se tenga en cuenta el criterio anterior, que es la de que exista un “genio maligno” que esté interviniendo siempre en nuestras operaciones mentales de tal forma que haga que confundamos constantemente lo verdadero con lo falso.

“COGITO ERGO SUM” (PIENSO, LUEGO EXISTO). Es la primera verdad de la que puedo estar seguro, de la que puedo decir que es evidente. Expresa el modo en que mi propia existencia se me presenta de forma determinada: mi naturaleza, mi esencia tiene que ser el pensar; el hombre es un ser pensante.

Tenemos que seguir avanzando deductivamente en el análisis de esa mente que piensa: la res cogitans. Descartes distingue tres tipos de ideas:

  1. Ideas adventicias: son las que proceden del exterior.
  2. Ideas facticias: son las que yo mismo produzco.
  3. Ideas innatas: Descartes utiliza dos de esas ideas, la de infinito y la de perfección. A partir de ellas demuestra Descartes la existencia de Dios.

Dios se convierte en la garantía de que tanto mi percepción de la realidad como mis ideas no son erróneas. Como resultado de la deducción, puedo estar seguro de la existencia de tres sustancias:

  • Una res infinita (Dios), que es la causa última de las otras dos sustancias.
  • La res extensa, es decir, el mundo y las realidades corpóreas.
  • La res cogitans, la sustancia pensante de carácter no corpóreo.

1.2. Metafísica

Descartes continúa empleando el término escolástico de sustancia, que se define como “lo que no necesita de nada más que de ella misma para existir”. A partir de esta definición, la conclusión lógica es que solo Dios es sustancia.

Hay dos clases de sustancias:

  • La sustancia infinita (Dios): la que se ajusta a la definición y es la garantía de todo el sistema cartesiano.
  • La sustancia finita (almas y cuerpos): que no necesitan de nada para existir, salvo de Dios. De aquí que el sistema de Descartes sea dualista.

La sustancia pensante: el ser humano es esencialmente su mente, que es de lo único de lo que estamos seguros. El pensamiento es su alma.

La sustancia extensa: tenemos acceso a ella a través de los sentidos, gracias a la garantía de un Dios que no engaña. Las cualidades de la materia son la extensión (atributo), el movimiento y la figura (modos). El resto de cualidades son subjetivas (colores, olores, sonidos…). Descartes piensa que la materia es continua (niega la existencia de los átomos y del vacío). Dios ha creado la materia y la conserva, impulsando el movimiento en forma de torbellino. Esta concepción mecanicista de la naturaleza tuvo muy poca vigencia, ya que fue sustituida por la física de Newton.

Descartes dice que a cada sustancia le corresponde un atributo.

2. Antropología

El ser humano es esencialmente su mente, su pensamiento. El pensamiento es el alma, una sustancia espiritual cuyo único atributo es el pensamiento (juzgar, razonar, querer, imaginar, sentir: todas son formas del pensar).

El cuerpo es extensión, que es su único atributo. La concepción del hombre será dualista. Tampoco se ve cómo el puro pensamiento y la pura extensión podrían estar unidos y en interrelación: este es el problema de la comunicación de las sustancias.

El cuerpo humano (como todos los cuerpos) está sujeto al mecanicismo de la materia, gobernada por leyes físicas que la hacen predecible y, por tanto, controlable. Aunque estas dos sustancias están aparentemente separadas, Descartes mantiene que el alma está unida a todo el cuerpo, aunque luego la localiza en la glándula pineal (hipófisis).

Otro problema es la interacción entre las sustancias: ¿cómo es posible que cuando mi cuerpo se ve afectado (por ejemplo, sufro una quemadura) el alma sienta dolor, y viceversa? Descartes tiene claro que es el alma quien siente, no el cuerpo, y las sensaciones son solo ideas confusas.

El dualismo de Descartes tiene también repercusiones a la hora de explicar que el ser humano es libre. El cuerpo se rige por las leyes naturales, que son mecánicas; el alma es libre y controla las acciones del cuerpo.

CUERPO

ALMA

Res extensa

Res cogitans

Exterior

Interior

Material

Espiritual

Situado en el espacio y el tiempo

Situado en el tiempo, pero no en el espacio

3. La existencia de Dios

La demostración de la existencia de Dios en el sistema cartesiano se produce a partir de los contenidos mentales. Esto nos conduce a afirmar que uno de esos contenidos mentales es la idea de perfección. Ahora bien, no está claro el origen de esa idea:

  • No proviene del exterior.
  • Tampoco puede provenir de un ser imperfecto como es el hombre.
  • Tiene que tener su origen en un ser perfecto como la propia idea de perfección.

Cuando hablamos de ideas como perfección o infinitud, estamos hablando de ideas innatas. Esta demostración nos recuerda al argumento ontológico de San Anselmo que Descartes incluye en el Discurso del método:

  1. Dios es el ser más perfecto que puede pensarse.
  2. La inexistencia es una carencia, un defecto.
  3. Si Dios no existiese, tendría un defecto, una carencia, y ya no sería perfecto.

Santo Tomás critica este argumento y también lo hará Kant. Junto a esta demostración, Descartes incluye también la prueba cosmológica, que nos remite al Dios creador, tal y como aparecía en la teología de Tomás de Aquino.

El papel de Dios en el sistema cartesiano es primordial. Dios funciona, así, como un puente entre el yo y el mundo, como una garantía de que si yo observo con rigor, obtengo una visión certera del mismo. Dios es la garantía del sistema cartesiano.

4. La ética cartesiana

Descartes afirma que el fin del hombre es la consecución de la felicidad. Pero se trata de una moral provisional, ya que la moral definitiva solo puede ser obtenida como fruto último del sistema filosófico (Descartes morirá sin realizar esta empresa). A cualquier persona le bastará para vivir felizmente con las siguientes máximas:

  1. Es necesario tener una actitud de cautela y prudencia, muy acorde con el espíritu de su epistemología.
  2. La segunda máxima propone actuar decididamente una vez tomada la decisión de hacerlo.
  3. La tercera está inspirada en la moral estoica.
  4. Escoger la mejor de las ocupaciones posibles. Descartes encuentra que la que él ha elegido —cultivar la razón— es la mejor de todas.

En resumen, la ética cartesiana apunta a la moderación. También se aprecia una tendencia intelectualista: el mal es fruto de la ignorancia, tal y como afirmaba Sócrates. También encontramos en Descartes influencias estoicas al hablar del control de los propios deseos. Entiende la felicidad como tranquilidad de espíritu y considera que es posible alcanzarla en esta vida, sin esperar a la contemplación divina. Es una ética natural, no trascendente.

Conclusión

El universo cartesiano se caracteriza por su dualismo: cuerpo-extensión y alma-pensamiento. Rompe con la visión del cosmos jerárquica y vertical de Aristóteles, caracterizada por la continuidad de las “formas”. Descartes lleva hasta el extremo la dualidad cuerpo-alma y espíritu-materia.

Por otro lado, los presupuestos filosóficos cartesianos son cuestionables:

  1. Es criticable que el yo cogitante sea el principio de la filosofía.
  2. Es falso que el hombre se reduzca a razón e inválido el criterio de certeza por ser subjetivo, además de ser circular (Dios justifica las ideas, y las ideas justifican la existencia de Dios).
  3. El problema de la comunicación de las sustancias.
  4. La creencia en la univocidad del ser, del ente; es decir, la creencia en el principio de unidad de la realidad.

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