Introducción: El Crepúsculo de los Ídolos
Nos encontramos ante un fragmento de El crepúsculo de los ídolos, obra en la que Nietzsche critica de forma radical la filosofía y la moral tradicionales por constituir una negación de la vida, afirmando el devenir y el mundo sensible. Los ídolos (los ideales) que se van apagando son todos los absolutos de la metafísica tradicional.
2.1 El Tema del Fragmento y la Crítica a la Razón
El tema del fragmento es significativo dentro de la filosofía del autor. Al establecer que (escribir brevemente la idea del texto), Nietzsche está desarrollando su pensamiento sobre la importancia excesiva que la filosofía ha dado a un determinado uso de la razón. Al buscar conceptos fijos, eternos e inmutables, la razón niega una verdad incontestable de la vida humana: todo cambia. Los sentidos, el cuerpo y las pasiones atestiguan una realidad dinámica en la que encontramos cambio, error, engaño, absurdo y temporalidad. La razón, sin embargo, reniega de esta verdad histórica. La filosofía ha despreciado como engañoso todo lo que no sean verdades absolutas. Esta forma de pensar la realidad es la que muere con la muerte de Dios.
2.2 Contexto Filosófico: Del Nihilismo al Superhombre
Dentro del contexto de la filosofía del autor, el fragmento ocupa un lugar notable. La filosofía de Nietzsche cuestiona radicalmente las bases de la cultura occidental, encarnadas en la religión cristiana, la filosofía de matriz platónica y una moral de esclavos. Las verdades antiguas, así como la correspondiente idea de conocimiento, son producto de un miedo al devenir. Los errores de la filosofía tradicional y la idea clásica del conocimiento son destruidos con la muerte de Dios. El ser humano deja de necesitarlo y Dios muere en la conciencia de los hombres. Este hecho trascendental supone la desaparición de todo absoluto y de toda referencia estable a la hora de afrontar la vida.
Pero el nihilismo pasivo, que incluye un sinsentido absoluto, viene acompañado de un nihilismo activo, por el que el ser humano debe ser el creador de nuevos valores. La muerte de Dios supone, por tanto, el nacimiento del superhombre, que, desembarazado de todo absoluto heredado, comienza a ejercer su voluntad de poder. Este concepto no puede identificarse con un mero deseo de dominación, sino que representa la fuerza vital y creativa que permite afirmar la vida, superar los límites y transformar la realidad. El pensamiento de Nietzsche sobre los errores de la filosofía tradicional apunta, en definitiva, a la idea del eterno retorno, que es una llamada a vivir y pensar de forma que merezca la pena volver a hacerlo.
3. La Verdad en la Historia de la Filosofía: Nietzsche frente a Platón
La filosofía busca la verdad, es decir, que el conocimiento refleje la realidad. Sin embargo, tras la Ilustración se rompe la confianza en la razón para alcanzarla. Así, encontramos diversas posturas:
- Positivismo: Entiende la verdad como lo comprobable.
- Existencialismo: La ve como una verdad subjetiva.
- Marxismo: Como producto de la estructura económica.
- Nihilismo: Niega una verdad absoluta independiente de la vida.
En cambio, la filosofía griega defendía una verdad absoluta, universal, inmutable y eterna. Aunque Parménides y Gorgias adelantaron posiciones más subjetivas, la mayoría de autores como Sócrates, Platón y Aristóteles buscaban una explicación racional y objetiva de la realidad. Esta concepción se convertirá en la visión clásica de la verdad. En Platón, especialmente en La República, la verdad es eterna, única e inmutable. Defiende la verdad como correspondencia entre conocimiento y realidad y distingue dos mundos: el mundo sensible (aparente) y el mundo inteligible de las Ideas, que es el verdadero. En la cima de este mundo está la Idea de Bien, cuyo conocimiento supone alcanzar la verdad absoluta.
Según Nietzsche, esta tradición platónica ha rechazado la vida real con sus contradicciones. De ella derivan una antropología que privilegia el alma sobre el cuerpo y una ética universal basada en la virtud, alejadas de la vida cambiante que Nietzsche defiende. Aun así, ambos autores coinciden en provocar la reflexión en sus lectores.
38. Idiosincrasia de los Filósofos
1.1 La Crítica a la Razón Filosófica
La idea principal del texto es la crítica de Nietzsche a la razón filosófica tradicional. Desde siempre, los filósofos han despreciado el devenir, el cambio y los sentidos, calificando el mundo sensible como mera apariencia frente a un supuesto mundo verdadero. ¿Cuál es la cuestión filosófica fundamental que lleva a Nietzsche a pronunciarse así? A lo largo de la historia de la filosofía, se ha buscado un fundamento absoluto del conocimiento en una realidad eterna e inmutable. Nietzsche rechaza este planteamiento y sostiene que la división entre mundo verdadero y mundo aparente es una construcción metafísica que niega la vida. El autor afirma que solo este mundo cambiante es real y que la razón, al adoptar conceptos universales, inmutables y eternos, ha falseado la realidad.
1.2 El Odio a la Historia y la Creación de Conceptos
Según Nietzsche, todos los filósofos odian la historia; odian la idea de que las cosas cambian y prefieren «momificar» la realidad. Los filósofos consideran que es un honor contemplar la realidad desde la eternidad, como si fuera a durar siempre y bajo la misma forma. Hoy podríamos decir que preferimos una fotografía de la realidad, sabiendo que en una imagen el tiempo se ha congelado y no es posible el cambio.
¿Cómo hacen esto los filósofos? Creando conceptos. Estos conceptos se convierten en «muñecos vacíos de vida» que pueden manejarse al antojo de los filósofos. Si además estos conceptos se convierten en ídolos a los que adorar, entonces se vuelven peligrosos: han sacrificado la vida y la han reemplazado por un concepto. Así, por ejemplo, hablamos de la Vida, en general, sin matices ni contradicciones, o hablamos de la Verdad, sin lo propio de la vida que incluye el engaño o el error. Nietzsche tiene en mente toda la filosofía occidental que, desde Platón, quiere dar una explicación inmutable de la realidad, un cristianismo que se olvida de esta vida para hablar de la vida eterna y una moral que define lo bueno y lo malo sin género de dudas.
39. Los Sentidos y la Metafísica
1.1 El Rechazo del Mundo Sensible
La idea principal del texto es que los filósofos han culpado a los sentidos, al cuerpo y al cambio de engañar al ser humano cuando no han podido encontrar una realidad fija y eterna. Nietzsche critica que, por este motivo, se haya rechazado el mundo sensible, la historia y la vida, considerándolos mera apariencia. La cuestión filosófica fundamental tras esta crítica es si la metafísica ha servido para conocer la realidad o si ha inventado conceptos como ser, verdad o Dios que falsean el mundo.
1.2 La Culpabilización de la Sensibilidad
Nietzsche constata que la filosofía no ha conseguido ofrecer un sistema fijo, definitivo y omniabarcante. Este hecho hace que los filósofos se pregunten por el obstáculo que les impide alcanzar un conocimiento absoluto. Y encuentran a un culpable: la sensibilidad. Los sentidos, la ventana que tenemos para encontrar el mundo, se convierten en culpables de no ver la verdad. Como los sentidos nos muestran el cambio, nos ocultan la verdad inmutable. Estos filósofos no se plantean que quizás ese mundo eterno no exista o que el conocimiento humano no sea capaz de alcanzarlo.
Moraleja: Deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia (Historie), de la mentira. Nuestro autor expone la determinación que asumen los filósofos: abandonar los sentidos, que asocian con el cambio, el engaño y la mentira. La historia que, por definición, es dinámica, debe quedar a un lado. Todo el dinamismo de la vida debe excluirse de la filosofía.
40. Heráclito: El Filósofo del Devenir
1.1 El Reconocimiento de Heráclito
La idea principal del texto es que Nietzsche reconoce en Heráclito al único filósofo antiguo que comprendió que la realidad es cambio y devenir, y no un ser fijo e inmutable. Aunque Heráclito también criticó a los sentidos, Nietzsche sostiene que estos no mienten, sino que es la razón la que falsea su testimonio al introducir conceptos como unidad, sustancia o duración.
1.2 La Inversión del Platonismo
Nietzsche afirma que tanto Heráclito como los demás filósofos criticaron los sentidos. Sin embargo, esa crítica viene de posiciones completamente opuestas. Los otros filósofos rechazan los sentidos porque muestran cosas cambiantes; Heráclito los critica porque los sentidos a veces parecen mostrar que las cosas duran o permanecen iguales. Nietzsche concluye recuperando la valía de Heráclito. El mundo de las ideas es un mundo mentiroso y el mundo verdadero es el que aparece ante nuestros ojos. Nietzsche le ha dado la vuelta al símil de la línea y, por tanto, a la ontología platónica. No existe un mundo verdadero detrás del mundo sensible. El único mundo verdadero es este, el que vemos y vivimos.
41. Los Instrumentos del Conocimiento
1.1 Defensa del Cuerpo y los Sentidos
La idea principal del texto es la defensa que hace Nietzsche de los sentidos y el cuerpo como la única vía válida para conocer la realidad, y su crítica a la desconfianza tradicional hacia ellos. Nietzsche sostiene que la ciencia avanza cuando acepta el testimonio de los sentidos y que el error no está en la experiencia sensible, sino en la razón cuando se separa de la vida.
2.2 La Nariz como Órgano de Conocimiento
Con un estilo irónico, Nietzsche alaba la nariz como un órgano más preciso que cualquier instrumento humano. Reivindica los sentidos para ponernos en contacto con el mundo. Finalmente, declara que obviar los sentidos nos lleva a un conocimiento que no es, etimológicamente, ciencia. ¿Qué encontramos en estos pseudoconocimientos? La filosofía, la teología y la psicología. Nietzsche no las califica como inservibles, pero les niega el estatus de verdadero conocimiento. Esta afirmación se extiende a las ciencias formales, como las matemáticas o la lógica, donde la realidad no está presente, pues se reducen a signos. En conclusión, la razón no puede conducirnos por sí sola a la verdad del mundo. Lo real se conoce con el cuerpo.
