El Nacimiento de la Modernidad Europea
El nacimiento de la modernidad europea se inicia con el Renacimiento, movimiento cultural que recupera la Antigüedad clásica y sitúa al ser humano en el centro (antropocentrismo), sustituyendo el teocentrismo medieval. Impulsado por la superación de crisis como la Peste Negra y el declive feudal, favoreció el ascenso de la burguesía y la consolidación del individuo. La imprenta de Gutenberg permitió una amplia difusión del saber. El Humanismo exaltó la dignidad humana con autores como Pico della Mirandola y Erasmo de Rotterdam, mientras Nicolás Maquiavelo renovó la teoría política.
La Reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en 1517, defendió la salvación por la fe y debilitó la autoridad eclesiástica, contribuyendo a la secularización.
La Revolución Científica sustituyó el geocentrismo por el heliocentrismo con Nicolás Copérnico y Galileo Galilei, consolidando el método basado en la observación y la experimentación. Finalmente, Auguste Comte formuló el positivismo, que afirmó la ciencia como único conocimiento válido.
Racionalismo y Empirismo: Epistemología Moderna
Entre los siglos XVII y XVIII, el racionalismo y el empirismo se consolidaron como las principales corrientes de la epistemología moderna; ambas abandonan la fe como criterio y defienden la razón, centradas en explicar el origen y la validez del conocimiento.
- El racionalismo: Se inspira en Platón y está representado por René Descartes. Sostiene que la razón es la fuente fundamental del saber. Para alcanzar una verdad absolutamente segura, Descartes propone la duda metódica, que conduce al principio indudable del “Cogito, ergo sum”. Defiende la existencia de ideas innatas y un conocimiento a priori, independiente de la experiencia. Su método es matemático y deductivo, y concibe la realidad dividida en res cogitans (alma), res extensa (cuerpo) y res infinita (Dios), estableciendo un dualismo radical.
- El empirismo: Se inspira en Aristóteles y fue desarrollado por David Hume y John Locke. Afirma que todo conocimiento proviene de la experiencia sensible. La mente es una tabula rasa y no existen ideas innatas. El conocimiento es a posteriori, limitado por la experiencia y basado en la probabilidad, ya que niega la existencia de una causalidad necesaria absoluta.
El Debate Metafísico Moderno
El debate metafísico moderno surge como respuesta al dualismo de René Descartes, quien distingue tres sustancias: Dios (res infinita), el alma (res cogitans) y el cuerpo (res extensa). El alma es pensamiento libre e indivisible; el cuerpo es materia extensa y determinada por leyes mecánicas. El problema central es explicar su interacción, que Descartes sitúa en la glándula pineal, solución considerada insuficiente.
Para resolver este dilema, surgieron diversas propuestas:
- Nicolas Malebranche: Propone el ocasionalismo, donde no existe causalidad directa entre alma y cuerpo, sino que Dios (todo lo hace Dios) actúa como única causa verdadera.
- Baruch Spinoza: Defiende un monismo panteísta, afirmando que solo hay una sustancia, “Dios o la Naturaleza”, con los atributos de pensamiento y extensión.
- Gottfried Wilhelm Leibniz: Sostiene un monismo espiritualista basado en mónadas coordinadas por una armonía preestablecida divina.
Origen y Fundamento de la Sociedad y el Poder
La cuestión del origen y fundamento de la sociedad y el poder evoluciona desde una concepción teológica medieval hacia una visión moderna y secular. En la política medieval, el poder tenía fundamento divino: existía una unión entre Iglesia y Estado, y la ley se entendía como expresión de la voluntad de Dios. La sociabilidad era considerada natural y el derecho natural tenía un carácter trascendental.
Guillermo de Ockham y Marsilio de Padua
La crisis de la Escolástica en el siglo XIV, impulsada por Guillermo de Ockham, favoreció la separación entre fe y razón. Marsilio de Padua avanzó hacia una concepción laica del poder político, defendiendo la autonomía del Estado frente a la Iglesia y sentando las bases del pensamiento político moderno.
Nicolás Maquiavelo
Nicolás Maquiavelo rompe definitivamente con la política teocrática. Defiende el realismo político y la autonomía de la política respecto a la moral cristiana. Su visión antropológica es pesimista: el ser humano es egoísta y voluble. Por ello, el príncipe debe apoyarse más en el miedo que en el amor para mantener el orden y la unidad del Estado.
Thomas Hobbes
Thomas Hobbes formula el contractualismo desde una visión pesimista. En el estado de naturaleza hay una guerra de todos contra todos. Para garantizar la seguridad, los individuos ceden todos sus derechos a un soberano absoluto (Leviatán).
John Locke
John Locke ofrece una visión más optimista. El Estado surge para proteger derechos naturales (vida, libertad y propiedad). Defiende una monarquía parlamentaria, la división de poderes y el derecho de resistencia.
Jean-Jacques Rousseau
Jean-Jacques Rousseau sostiene que el hombre es bueno por naturaleza y que la sociedad lo corrompe. El contrato social debe expresar la voluntad general, fundamento de una democracia directa y la soberanía popular.
En conjunto, estos autores establecen las bases del Estado moderno y de las democracias liberales.
Utilitarismo, Liberalismo y Capitalismo Moderno
El utilitarismo y el liberalismo político constituyen las bases ideológicas fundamentales del capitalismo moderno. El capitalismo es un sistema económico dinámico, en constante evolución desde la expansión comercial de la Edad Moderna hasta el neoliberalismo contemporáneo. Se caracteriza por la producción privada de bienes, el intercambio en mercados y la creación de dinero mediante crédito bancario. Su objetivo central es el crecimiento continuo y la obtención de ganancias, apoyado en una alianza entre el Estado y el poder económico: el primero garantiza protección y estabilidad jurídica, mientras el segundo aporta recursos y dinamismo productivo.
El liberalismo político, desarrollado en Gran Bretaña en el siglo XVII, afirma la primacía del individuo sobre la sociedad. Defiende la propiedad privada, la competitividad y la neutralidad del Estado, considerando que la sociabilidad es resultado de intereses individuales más que de una inclinación natural. Esta visión antropológica, de carácter más bien pesimista, entiende al ser humano como motivado principalmente por el interés propio.
El utilitarismo, formulado por Jeremy Bentham y perfeccionado por John Stuart Mill, propone que la moralidad y la política deben orientarse a maximizar la felicidad del mayor número. Este principio se adapta al capitalismo al priorizar la utilidad y el crecimiento económico como indicadores de bienestar colectivo.
Por su parte, Adam Smith defendió que la búsqueda del interés individual favorece indirectamente el bien común mediante la “mano invisible” del mercado.
Sin embargo, autores como Joxe Azurmendi, Peter Kropotkin y Edward O. Wilson critican esta visión, subrayando que la cooperación, y no solo la competencia, ha sido clave en la evolución y el desarrollo social humano.
