Modernidad europea y filosofía moderna: Renacimiento, metafísica, racionalismo y capitalismo

El nacimiento de la modernidad europea

La modernidad europea surge entre los siglos XV y XVI con el Renacimiento, un movimiento cultural, artístico y filosófico que recupera la Antigüedad clásica y rompe con la visión medieval del mundo. Frente al teocentrismo medieval, se impone una concepción antropocéntrica que sitúa al ser humano, su razón y su libertad en el centro del pensamiento. Este cambio estuvo favorecido por diversas crisis medievales, como la peste, la pérdida de autoridad de la Iglesia y el agotamiento del sistema feudal.

Contexto social y tecnológico

En el ámbito social, el desarrollo de las ciudades y del comercio impulsó el ascenso de la burguesía, debilitando las estructuras feudales. La invención de la imprenta permitió la difusión masiva del conocimiento y favoreció la alfabetización. En el plano religioso, la Reforma protestante, iniciada por Martín Lutero en 1517, cuestionó la autoridad papal y defendió la salvación por la fe, la libre interpretación de la Biblia y la crítica a la jerarquía eclesiástica, provocando la división religiosa de Europa.

Humanismo y revolución científica

El humanismo renacentista exaltó la dignidad del ser humano y su capacidad para construir su propio destino. Autores como:

  • Pico della Mirandola
  • Erasmo de Róterdam
  • Tomás Moro
  • Maquiavelo

expresaron esta nueva mentalidad. Paralelamente, la revolución científica, con figuras como Copérnico, Galileo y Kepler, transformó la concepción del universo mediante el heliocentrismo y el uso del método experimental. Todo ello sentó las bases del pensamiento moderno, caracterizado por la confianza en la razón, la ciencia y la autonomía humana.

El debate metafísico moderno y la teoría de las sustancias

El debate metafísico moderno surge como respuesta al dualismo cartesiano. Descartes distinguió tres sustancias: Dios como sustancia infinita, el alma como sustancia pensante y el cuerpo como sustancia extensa. Esta separación radical entre mente y cuerpo planteó el problema de la interacción entre ambas sustancias.

Principales posiciones

Malebranche, desde el ocasionalismo, sostuvo que no existe causalidad directa entre alma y cuerpo, sino que Dios es la única causa verdadera de todo lo que ocurre. Spinoza, en cambio, rechazó el dualismo y defendió un monismo panteísta, afirmando que solo existe una sustancia —Dios o la Naturaleza— de la que pensamiento y extensión son atributos. Leibniz propuso la teoría de las mónadas, sustancias simples y espirituales coordinadas por una armonía preestablecida por Dios, sin interacción causal directa.

Paralelamente, se desarrolló el materialismo moderno, desde Hobbes hasta la Ilustración, que redujo la realidad a materia y movimiento, negando la existencia de sustancias espirituales independientes. Esta corriente reforzó una visión mecanicista y científica del mundo, contribuyendo al proceso de secularización y a la consolidación de la ciencia moderna.

Racionalismo y empirismo: Descartes y Hume

En la Edad Moderna, el problema del conocimiento se convierte en el eje central de la filosofía. Surgen así dos grandes corrientes: el racionalismo, representado por René Descartes, y el empirismo, cuyo máximo exponente es David Hume. Ambas corrientes, desarrolladas entre los siglos XVII y XVIII, comparten el rechazo a la fe como criterio principal y defienden la razón como herramienta esencial para alcanzar el conocimiento, aunque difieren radicalmente en su origen y límites.

Racionalismo

El racionalismo, inspirado en el idealismo de Platón, sostiene que la razón es la única fuente válida para acceder a la verdad. Descartes inicia su filosofía con la duda metódica, buscando una certeza absoluta que encuentra en «pienso, luego existo». A partir de esta sustancia pensante, deduce la existencia de Dios y del mundo físico. Defiende la existencia de ideas innatas, claras y distintas, considerando que el conocimiento es a priori e ilimitado. Para evitar el error, propone un método matemático-deductivo y una concepción mecanicista del universo, donde el ser humano es un dualismo entre cuerpo (res extensa) y alma (res cogitans).

Empirismo

El empirismo, en cambio, se inspira en Aristóteles por lo sensible y afirma que todo conocimiento procede de la experiencia sensorial. Para Hume, la mente es una tabula rasa que se llena mediante la observación. Niega las ideas innatas, sosteniendo que el conocimiento es siempre a posteriori y, por tanto, limitado por lo que captan los sentidos. Mientras Descartes busca certezas, Hume cuestiona incluso el principio de causalidad, afirmando que solo conocemos hábitos mentales y no leyes absolutas. Así, el conocimiento es solo probable. Esta corriente impulsó el método experimental y nuevos planteamientos en filosofía política, estableciendo que no se puede ir más allá de lo que la experiencia permite comprobar.

Utilitarismo, liberalismo político y sociedad capitalista

El capitalismo es un sistema económico y político que se ha desarrollado históricamente desde la Edad Moderna hasta la actualidad. Según Geoffrey Ingham, se basa en tres pilares fundamentales: la creación de dinero mediante el crédito bancario, el intercambio en mercados y la producción privada de bienes. Este sistema promueve el crecimiento continuo, la búsqueda del beneficio y una organización social basada en la competitividad. Su desarrollo ha estado estrechamente ligado a la alianza entre el Estado y el poder económico, ya que el Estado garantiza el orden y los capitalistas aportan recursos económicos.

Liberalismo político

El liberalismo político, surgido en el siglo XVII, defiende la primacía del individuo sobre la sociedad. Frente a la visión aristotélica, sostiene que la sociabilidad no es natural, sino fruto de intereses individuales. Sus principios fundamentales son la propiedad privada, la competitividad, la neutralidad del Estado y la limitación del poder político. Es una ideología laica, experimental y con una visión pesimista del ser humano, al que concibe como egoísta e individualista.

Utilitarismo

El utilitarismo, desarrollado por Jeremy Bentham y John Stuart Mill, propone evaluar la moralidad de las acciones según sus consecuencias. El criterio ético es la maximización de la felicidad del mayor número de personas. Bentham defendió una medición cuantitativa del placer y el dolor, mientras que Mill introdujo una distinción entre placeres inferiores y superiores, otorgando mayor valor a los intelectuales y morales. De esta corriente surge el utilitarismo político, que evalúa las decisiones del poder según su utilidad social.

Críticas y alternativas

Adam Smith integra liberalismo y utilitarismo al sostener que la búsqueda del interés individual contribuye al bienestar general mediante la «mano invisible» del mercado, que se autorregula sin intervención estatal. Sin embargo, esta visión ha sido criticada por presentar al ser humano como esencialmente competitivo y egoísta. Autores como Kropotkin, Edward O. Wilson y Joxe Azurmendi defienden que la cooperación y la solidaridad son rasgos naturales fundamentales del ser humano, esenciales para la evolución y el desarrollo social, y no simples construcciones culturales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *