La posibilidad de la metafísica como ciencia: condiciones del conocimiento científico

A- La posibilidad de la metafísica como ciencia. Las condiciones del conocimiento científico

Kant quiso encontrar una nueva fundamentación a la metafísica: se ha pretendido, dogmáticamente (mediante el uso de la pura razón) elaborar sistemas filosóficos, pero todos han fracasado, pues no han conseguido ni progreso ni acuerdo entre los investigadores; mientras la lógica, las matemáticas, la física, y las ciencias naturales han ido encontrando el camino seguro de la ciencia (es el llamado «problema crítico»). Creyó necesario para la filosofía y para los intereses y fines últimos del hombre una Crítica de la propia Razón sobre sí misma, sobre su alcance y sus límites. Urge plantearse pues el problema de si es posible la Metafísica como ciencia. La tarea crítica consistirá en aclarar los principios y límites de la Razón; con ello, Kant espera obtener dos ventajas: evitar nuevos fracasos mostrando la incapacidad humana para alcanzar un conocimiento metafísico por el sólo uso de la razón, y poner a buen recaudo el ámbito de lo cognoscible científicamente. Se tratará, por lo tanto, de una investigación crítica de la facultad de razonar: no un estudio psicológico que remita a las condiciones concretas, empíricas, de dicha facultad, sino un estudio de las condiciones a priori, es decir, trascendentales. Para ello debemos investigar antes cómo es posible la ciencia, averiguar las condiciones que la hacen posible, para ver si la Metafísica se ajusta o no a ellas. «No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia», nos dice Kant en el primer párrafo de la introducción de la «Crítica de la razón pura», y añade, en el segundo párrafo: «pero, aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia». A diferencia de lo que habían afirmado los racionalistas y los empiristas, para quienes había sólo una fuente del conocimiento válido, la razón para unos, y la experiencia para los otros, para Kant habrá dos fuentes del conocimiento: una, la sensibilidad, que suministrará la materia del conocimiento procedente de la experiencia; y otra, el entendimiento, que suministrará la forma del conocimiento, y que será independiente de la experiencia.

B- El análisis de las condiciones trascendentales del conocimiento

1. Las formas a priori de la Sensibilidad (estética trascendental)

La Sensibilidad es la capacidad o facultad de las sensaciones, su análisis deberá determinar las condiciones transcendentales (universales y necesarias) que permiten el conocimiento sensible, paso previo para todo conocimiento. Kant distingue dos momentos en la percepción: la materia y la forma:

  • El efecto de los objetos en la sensibilidad son las sensaciones, que son, pues, dadas a posteriori y constituyen, según Kant, la materia del conocimiento.
  • Pero las sensaciones se presentan ordenadas en ciertas relaciones; eso que hace que las sensaciones aparezcan ordenadas en ciertas relaciones es la forma. La forma está ya a priori en el sujeto, como forma de la sensibilidad.

La síntesis (unión) de sensaciones o datos empíricos, como materia, y la forma a priori es el fenómeno (como la percepción del choque de dos bolas de billar sobre el tapete): la representación consciente de un hecho en la mente. Las formas puras a priori de la sensibilidad son el espacio y el tiempo. Espacio y tiempo son las condiciones de posibilidad de toda experiencia porque no es posible ninguna experiencia que no esté bajo esas relaciones. Ahora bien (y esto es muy importante), espacio y tiempo no son, según Kant, propiedades objetivas de las cosas mismas, sino modos en como nuestra mente ordena los datos sensoriales.

2. Las categorías del entendimiento (analítica trascendental)

La sensibilidad realiza las primeras síntesis al unificar las sensaciones en el tiempo y el espacio, pero percibir tal multiplicidad (colores, formas, sonidos…) no es, sin más, comprender los fenómenos. Comprender lo percibido es la función propia del Entendimiento: éste refiere los fenómenos a conceptos y los une en juicios (tales como “existe una relación directa entre la velocidad y la masa de los móviles”) que amplían nuestro conocimiento, es el caso de los juicios universales o leyes, denominados por Kant juicios sintéticos a priori. ¿Cómo es posible esto? Gracias a las formas puras a priori del entendimiento: formas lógicas de unificar fenómenos, denominadas categorías. Las categorías no son conceptos empíricos, aquellos que se refieren a un contenido determinado («inercia”, “velocidad”, “masa”…), sino que se trata de conceptos puros: formas universales en como nuestro entendimiento organiza el material empírico suministrado por la sensibilidad.

3. La Razón y la Metafísica (dialéctica trascendental)

Ocurre que somos capaces de pensar cosas que, sin embargo, no parecen presentarse a nuestra experiencia. Eso es debido a otra facultad de nuestra mente: la Razón, que es capaz de formar ideas generales con las que formamos juicios que tienen toda la apariencia de transmitir un conocimiento válido. Pero ¿es así? Veamos algún ejemplo de estos juicios generales:

Tesis: el mundo no es eterno y tuvo consiguientemente un principio en el tiempo.

Antítesis: el mundo es eterno y ha existido desde siempre.

Lo que sostiene Kant es que ambos razonamientos pueden argumentarse con la misma validez lógica, aunque ninguna de ellas puede demostrarse experimentalmente.

Esto es así porque la Razón produce contradicciones y cae en errores lógicos cuando se impulsa más allá de la experiencia, produciendo antinomias: es una contradicción sin solución, en la cual una afirmación y su negación pueden argumentarse con la misma corrección lógica, pero ¿cuál daríamos por verdadera?

Cuando la Razón se mantiene en los límites de la experiencia, su uso es correcto y no da lugar a contradicciones; la ciencia avanza precisamente a partir de esa tendencia de la Razón; pero esa tendencia lleva inevitablemente a traspasar los límites de la experiencia empírica en busca de lo incondicionado, así:

  • todos los fenómenos físicos se pretenden unificar y explicar por medio de la idea general de Mundo;
  • todos los fenómenos psíquicos por medio de la idea general de Alma;
  • y, finalmente, unos fenómenos y otros se intentan explicar y unificar por medio de la idea general de una causa suprema de ambos tipos de fenómenos, físicos y psíquicos: Dios.

Estas tres ideas generales son, pues, tres ideas puras de la Razón; ideas que no tienen una referencia objetiva, no podemos conocer los objetos a los que se refieren. Es decir, no aportan conocimiento válido alguno, y, por tanto, la Metafísica como disciplina científica es imposible.

Sin embargo, alguna función importante han de tener esas ideas si tan persistentemente aparecen en nuestras investigaciones. En efecto, no aportan conocimiento, pero tienen una función regulativa: unifican los conocimientos; señalan, negativamente, los límites que el conocimiento no puede traspasar; y positivamente impulsan al ser humano a seguir investigando, tratando de encontrar una mayor unificación y coherencia entre todos sus conocimientos.

CONCLUSIONES

  1. Nuestro conocimiento de la realidad resulta de la cooperación entre la sensibilidad y el entendimiento: la sensibilidad nos da fenómenos, el entendimiento los piensa. Ahora bien, de ello se desprende que el conocimiento válido tiene un límite muy claro: sólo podemos conocer con seguridad (es decir, científicamente) lo que puede caer bajo nuestra capacidad sensible, debidamente ordenado por la mente. No todo lo que podamos pensar puede denominarse propiamente conocimiento.
  2. Realmente, el conocimiento no es un mero reflejo de la realidad, más bien es una construcción que hace nuestra mente, aunque, desde luego, no subjetiva, en la medida en que las facultades de nuestra mente son comunes a todo ser humano.

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