Teoría Metafísica de Descartes: El Dualismo de las Sustancias
Res Cogitans (Sustancia Pensante)
La Res Cogitans es una sustancia finita, imperfecta y dotada de razón. Le corresponde el atributo del pensamiento y los modos del entendimiento y de la voluntad.
La duda metódica y universal nos ha llevado a una verdad incuestionable: la existencia de un yo pensante, de una conciencia, de una res cogitans (el alma).
Descartes afirma que puedo dudar de la existencia de mi cuerpo y del mundo que me rodea, porque la información proviene de los sentidos y estos no son fiables, pero no puedo dudar de la existencia de mis pensamientos, de mis ideas, de mi subjetividad. La subjetividad es el conjunto de pensamientos, representaciones, etc., que fluyen en mi yo.
El pensador afirma que no tenemos la seguridad de que estas representaciones subjetivas se correspondan con hechos del exterior. El gran reto que debe superar es encontrar la manera de conocer si las ideas sobre el mundo no son sueños ni ilusiones, es decir, conocer si hay cosas objetivas y cómo son estas cosas.
Las Ideas del Yo Pensante
El yo piensa diferentes ideas, clasificadas según su origen:
- Ideas Adventicias o Adquiridas: Provienen de fuera, de la experiencia sensible, de mi percepción del mundo o de la enseñanza. Pueden resultar erróneas. Ejemplo: la percepción del sol.
- Ideas Facticias o Artificiales: Son inventadas por nosotros mismos. Ejemplo: un centauro.
- Ideas Innatas o Naturales: Emergen de la facultad de pensar. Nuestra mente las capta y ha de aceptarlas sin poder modificar nada (como las ideas de Dios o la libertad). Desde la idea de perfección, Descartes plantea la demostración de la existencia de Dios.
Res Divina (Sustancia Infinita o Dios)
Es una sustancia infinita, perfecta, con una razón perfecta. Le corresponde el atributo de la infinitud y no tiene modo, ya que si lo tuviera, no sería perfecta.
Descartes considera que el yo pensante no es perfecto (la misma duda metódica se ha establecido para corregir sus errores), pero posee la idea de perfección. Si tenemos conciencia de nuestra naturaleza imperfecta es porque sabemos en qué consiste una naturaleza perfecta y nos comparamos con ella.
Esta idea de perfección, innata en nosotros, es la idea de un ser perfecto: es la idea de Dios. Esta idea no puede provenir de nosotros, seres imperfectos; por lo tanto, tiene que haber sido una realidad divina la que la ha hecho surgir en nuestras mentes.
Dios como Garantía del Conocimiento
Del conjunto de ideas que posee el yo pensante sobresale la idea innata de Dios.
La demostración de la existencia de Dios es una pieza fundamental en la metafísica cartesiana. Una vez establecida la existencia de la sustancia perfecta, sabemos que fuera de nuestro yo hay otra realidad. Dios se convierte en garantía de conocimiento, pues un ser perfecto no puede permitir que mis ideas claras y distintas sean un engaño.
En Dios existen las grandes verdades eternamente establecidas por Él; todas las verdades matemáticas que descubrimos están en Dios; las leyes de la naturaleza son decretadas por Dios de la misma manera que un rey decreta leyes en sus reinos.
En sus argumentos a favor de la existencia de Dios, Descartes incorpora el argumento ontológico de San Anselmo. Así como la idea de triángulo es inseparable de sus propiedades (la suma de sus ángulos es igual a 180°), la esencia de Dios es inseparable de su gran propiedad: la existencia.
Res Extensa (Sustancia Extensa o Materia)
La Res Extensa (materia, cuerpo extenso y mundo extenso) es una sustancia finita e imperfecta, caracterizada por poseer cualidades primarias y secundarias.
Le corresponde el atributo de la extensión y los modos del movimiento y la figura que presentan los objetos del mundo material.
Cualidades de la Res Extensa
- Cualidades Primarias: Cuantificables. Todo aquello que se puede medir, como el peso o la altura. Son objetivas.
- Cualidades Secundarias: No cuantificables. Todo aquello que no se puede medir, como los olores o los colores. Son subjetivas.
El Problema de la Conexión Mente-Cuerpo
La duda permite a Descartes afirmar la existencia de una primera sustancia, el yo pensante. A su vez, el yo pensante descubre una segunda sustancia, Dios. Pero, ¿qué ocurre con el mundo exterior y con mi propio cuerpo?
Mi yo tiene plena conciencia de la diferencia entre la idea que posee del yo pensante y la idea que tiene del cuerpo, al que atribuye la propiedad de ser extenso (de ocupar una porción de espacio físico).
Si bien del yo pensante ya no puedo dudar, del cuerpo todavía sí. Pero si yo tengo una idea clara de mi cuerpo y existe un Dios perfecto y veraz, este Dios, que me ha creado racional, no puede permitir que me engañe cuando hago uso de mi razón. Por lo tanto, la materia o res extensa constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana.
Cualquier vida, la de mi propio cuerpo, la de los animales o la de las plantas, no es nada más que un mecanismo, un conjunto de piezas articuladas y extensas que fabrican movimiento. El yo pensante y la materia pertenecen a órdenes diferentes.
Si el yo pensante y la materia son dos sustancias independientes, ¿cómo se explica que mi yo pensante decida ir a dar una vuelta y a continuación mi cuerpo ejecute la decisión? Descartes resolvió estas cuestiones con la siguiente explicación: en medio de nuestro cerebro se encuentra la glándula pineal, y en ella se alojaría el alma, que desde allí se conectaría con el cuerpo para modificar los movimientos de este.
