La coherencia entre los principios del conocimiento, los instrumentos del conocimiento y el resultado de conocimiento del proceso de conocimiento

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Ilusión trascendental

Kant hace referencia a este término en la “Dialéctica Trascendental” , donde critica a la metafísica como ciencia. Para Kant, la Ilusión Trascendental es el error en que cae la Metafísica al no basarse en los juicios sintéticos a priori , y lo que la hace llegar a principios racionales contrapuestos entre sí y concluir en razonamientos erróneos acerca de la forma de adquirir el conocimiento.
Esta ilusión se produce porque la Metafísica desea alcanzar principios supremos que no tengan que ser comprobados por la experiencia , por lo que no solo se guía por las formas puras de la razón, sin atender a las formas a priori de la sensibilidad, ni a las categorías del entendimiento. Es decir, la Metafísica se extralimita, por eso cae en argumentos circulares y contradictorios entre sí. Para evitar este error, Kant propone que la Metafísica debe buscar el conocimiento fijándose en el fenómeno, y no en el noúmeno, así no admitirá lo que no se pueda comprobar por la experiencia, ni concluirá en principios incorrectos. En la dialéctica trascendental, Kant habla de ilusiones que nos entretienen en la búsqueda de un conocimiento que al fin y al cabo escapa de la entendimiento. Concluye que hay tres ideas trascendentales: Alma, Dios y Mundo y que al no poseer intuición ninguna de estas realidades, se trata de ideas trascendentales que no nos ofrecerán ningún conocimiento. Son conceptos puros, sin ningún contenido, que sólo sirven para unificar los conocimientos del entendimiento, pero que no nos proporcionan ellos mismos conocimiento alguno. El problema de esos tres conceptos es que son entes que no recaen ni guardan relación con la experiencia y por tanto no son válidos para la ciencia.
La “revolución copernicana” es una metáfora con la que se alude al cambio radical que supone la filosofía de Kant respecto a la filosofía tradicional. Este cambio que Kant lleva a cabo es similar al que realizó Copérnico en el Siglo XVI: comprendíó que no se podía entender el movimiento de los cuerpos celestes  con la tesis según la cual la Tierra está en el centro del Universo y el Sol y los demás objetos celestes giran a su alrededor, de esta manera, supo que para entender el movimiento de los objetos celestes era necesario situar al Sol en el centro y suponiendo que era la Tierra la que gira a su alrededor. Kant considerará que en filosofía es preciso una revolución semejante a la copernicana. La filosofía anterior a Kant supónía que en la experiencia de conocimiento el sujeto que conoce es pasivo, pues es el objeto conocido el que influye en el sujeto. Así, el objeto es independiente del resto de cosas y del sujeto. Con esta explicación podemos entender el conocimiento empírico, pero no el conocimiento a priori pues lo extraordinario de este último es que con él podemos saber algo de las cosas antes de experimentarlas, es decir, no es necesario contrastarlas con la experiencia.


Libertad

Para Kant, la razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues solo es capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, mundo en el que todo está sometido a la ley de causalidad y, por lo tanto, en el que todo ocurre por necesidad natural. Sin embargo, desde la perspectiva de la razón práctica, y si queremos entender la experiencia moral, cabe la defensa de la existencia de la libertad: si en sus acciones las personas están determinadas por causas naturales, es decir, si carecen de libertad, no podemos atribuirles responsabilidad, ni es posible la conducta moral; de este modo, la libertad es la a condición de la posibilidad de la moralidad, a la vez que la moralidad es la que nos muestra o da noticia de la libertad. Por lo tanto, Kant entenderá la libertad como la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que las naturales, esto es, según leyes que son dadas por su propia razón; libertad equivale a autonomía de la voluntad. La libertad es una carácterística moral del ser humano, ligada a su racionalidad. Es la capacidad de elección moral capaz de imponer una norma por encima de las propias afecciones, inclinaciones o deseos. Así, convertida en clave de la ética, la libertad es uno de los mayores atributos del ser humano y uno de los postulados de la razón práctica: o damos por hecho que existe esta libertad, o la ética no es posible, pues nos encontraríamos de un modo u otro ante teorías deterministas del comportamiento humano. Si no existe esta posibilidad de elección, no hay autonomía ni ética posible.

IMPERATIVO:


Kant en su obra Crítica a la razón práctica se pregunta cuáles son las condiciones que hacen posible el comportamiento moral, sin poner en duda la existencia de este. Además, en esta obra parte de un hecho: la existencia de la moral universal. Esta ley moral de Kant posee un carácter de imperativo categórico. Se entiende por imperativo categórico al acto que se lleva a cabo por el hecho de ser considerado necesario, sin que existan más motivos para ser llevado a cabo. De manera el imperativo es un fin en sí mismo y no un medio para lograr un resultado determinado. Por ejemplo, generalmente podemos decir “debo decir la verdad”, “ el ser humano debe ser solidario”, “ debo ayudar a otro cuando lo está pasando mal” o “hay que respetar a los demás”. El imperativo categórico no tiene por qué tener un sentido aditivo, sino que también puede ser restrictivo. Es decir, también puede basarse en no hacer algo o dejar de hacerlo. El imperativo categórico es un constructo racional que pretende tratar la humanidad como fin y no como medio para alcanzar algo: “Obra de tal manera que trates siempre a la humanidad, tanto en tu persona como en la de los demás, como fin y nunca como mero medio”, asegura Kant en una de sus formulaciones. Posee, por tanto, un valor universal. La noción de imperativo categórico se basa principalmente en el hecho de hacer algo por el hecho de hacerlo, siendo el acto en sí mismo un fin y sin que medien condiciones. Sin embargo, la mayor parte de nuestras acciones están motivadas por aspectos diferentes al propio hecho de hacerlas. Por ejemplo, estudiamos para aprobar un examen o hacemos ejercicio para relajarnos u obtener una buena forma física.
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