La coherencia entre los principios del conocimiento, los instrumentos del conocimiento y el resultado de conocimiento del proceso de conocimiento

El texto es un fragmento de una de las principales obras de Descartes, Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias (1637), en ella él mismo explica por qué cree necesario un método sobre el que construir su filosofía.
Este interés, esta necesidad que siente Descartes por elaborar su propio método tiene mucho que ver con problemas biográficos y por ello hay que entenderla en su contexto histórico-cultural y filosófico. En la misma obra a la que pertenece el texto Descartes manifiesta su decepción de la enseñanza recibida y su intención de abandonar completamente ese estudio para dedicarse a buscar otra ciencia en el «gran libro del mundo». Descartes había tenido excelentes profesores y había leído todos los libros que habían caído en sus manos, pese a ello, dice, le embargan las dudas y sólo reconoce su ignorancia. En la filosofía aprendida, basada en comentarios de las obras de Aristóteles, Descartes no encuentra nada que no sea objeto de discusión y disputa. Solo encuentra satisfacción en las matemáticas, por la certeza y evidencia de sus razones. En consecuencia con estos pensamientos, Descartes toma la decisión de dedicarse a viajar, resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mismo o en el gran libro del mundo. Es a partir de este momento en el que Descartes se distancia de las opiniones generalmente admitidas y decide buscar su propio método, ya que incluso los que podrían parecer más seguros como el lógico o el matemático le resultan insatisfactorios. Por ello, en principio marcha hacia Holanda para hacer su instrucción militar bajo la dirección militar de Mauricio de Nassau, príncipe de Orange y director de la Escuela Internacional de Guerra. Un año después, comenzada ya la Guerra de los Treinta Años, en 1619, se enrola en el ejército del duque de Baviera. Es en este período cuando escribe que una noche descubre por intuición «los fundamentos de una ciencia admirable», se trata del descubrimiento de su propio método, con la idea de reconstruir y unificar todas las ciencias. Después de esa visión Descartes decide abandonar el ejército y comienza una época de viajes que durará 9 años, en los que se dedica a liberarse de los errores aprendidos. Al final de este período escribe las «Reglas para la dirección del espíritu» que no terminó y que se publicaron después de su muerte. 


Así, Descartes da el primer paso en su filosofar al distanciarse de los estudios realizados, y lo que caracteriza a Descartes es su ideal de deducir a partir de ciertos principios claros e indudables, un sistema de verdades que proporcionen una información certera de lo que es el mundo. Y también la necesidad de un método concreto para hacer de la Filosofía una ciencia en vez de un campo de discusiones, ya que la variedad de opiniones era para él un espectáculo deprimente, por ello era preciso buscar una Filosofía única y verdadera. Él afirmaba que no se había llegado a esa Filosofía porque no se había utilizado el método adecuado, por lo que él se fija en el modelo matemático, un método basado en la intuición y la deducción. 

Este interés en convertir la Filosofía en una ciencia única y verdadera hay que entenderlo en el contexto histórico del absolutismo y el triunfo de la ciencia moderna cuyas bases las pusieron Kepler, Copérnico y Galileo; los descubrimientos científicos habían sido fruto de la razón, y las matemáticas y у los principios matemáticos serán la base para todo pensar científico y filosófico, serán el modelo de saber.

 Descartes vive en la Francia absolutista; la mentalidad absolutista consagra el despotismo y el servilismo como formas básicas del comportamiento humano: el rey, el señor, pueden ejercer el derecho sobre cualquier subordinado; esta mentalidad hace que se crean los mejores, los únicos. Imbuido también por esta forma de pensar, Descartes pretendía fundar un saber absoluto, una filosofía única, de valor universal y universalmente aceptada. Por otro lado, el ideal de la ciencia moderna es el de un sistema deductivo en el que las leyes se deducen a partir de ciertos principios y conceptos primeros; el problema fundamental consiste en determinar de dónde provienen esas ideas y principios a partir de los cuales se deducen los teoremas, la ciencia.

 La respuesta del Empirismo es que esos principios provienen de la experiencia sensible, de la información que nos proporcionan los sentidos; el Racionalismo, en cambio, mantiene que el origen se halla en el entendimiento que los posee en sí mismo y por sí mismo.


Según el Racionalismo los sentidos nos proporcionan información acerca del universo, pero esa información es confusa y a menudo incierta, por ello los elementos últimos de los que ha de partir el conocimiento científico, las ideas claras y precisas, no proceden de la experiencia sino del entendimiento. Esta teoría racionalista acerca del origen de las ideas se denomina innatismo, ya que sostiene que hay ideas innatas, connaturales al entendimiento, que no son generalizaciones a partir de la experiencia sensible. Así, se puede afirmar que las carácterísticas del Racionalismo son la confianza total en el conocimiento racional, la minusvaloración del conocimiento sensible, la afirmación de la existencia de ideas innatas y de la necesidad de una ciencia universal y necesaria como las matemáticas, y la racionalidad del mundo. 

Son estas carácterísticas las que se pueden apreciar en el texto propuesto, en el que Descartes expone por qué reduce las reglas del método sólo a cuatro. El método según Descartes es un conjunto de reglas ciertas y fáciles gracias a las cuales todos los que las observen no tomarán como cierto lo falso, y alcanzarán sin esfuerzos inútiles el conocimiento verdadero de todo aquello de que son capaces. Con esto Descartes pretende que las reglas sean sencillas y fáciles para que todo el mundo pueda entenderlas y llevarlas a la práctica. Por esto, aunque las reglas variaron, en el libro «Reglas para la dirección del espíritu» ideó 36 reglas, posteriormente en el «Discurso del Método» las reduce a cuatro que considera suficientes. Con las dos primeras (evidencia y análisis) pretendíó llegar a las intuiciones de lo simple, las ideas claras y distintas. En las reglas tercera y cuarta (síntesis y enumeración) enlazó las intuiciones a través de la deducción, para pasar de una verdad evidente a otra hasta alcanzar la que se pretende demostrar. 

La primera regla, la evidencia, consiste en no aceptar como verdadero nada que no se sepa con evidencia que lo es, es decir, lo que aparezca de forma clara y distinta, con estos términos Descartes está haciendo referencia a la intuición, el único modo de conocimiento que nos proporciona conocimientos claros y distintos, evidentes por sí mismos. Realmente todo el método cartesiano se reduce a esta primera regla, ya que para Descartes es necesario lograr una evidencia en la verdad primera de donde se deduzcan las demás. 


La segunda regla es el análisis que consiste en dividir las cuestiones en tantas partes como nos sea posible. Solo las ideas simples son evidentes, por ello hay que reducir las ideas compuestas, confusas, a ideas simples, claras. 

La tercera regla es la síntesis, es la reconstrucción deductiva de lo complejo a partir de lo simple, es la recomposición del conocimiento a base de ideas simples e intuitivas, parciales, cuyo resultado será una intuición evidente y libre de errores.

 Por último, la cuarta regla del método es la enumeración que consiste en revisar, comprobar todo el proceso para no omitir nada y obtener una intuición general y una evidencia simultánea en su conjunto. 

El objetivo de Descartes era aumentar el conocimiento y evitar el error, es decir, acceder a nuevas verdades, para ello construyó este método basado en una base firme, la razón, como única vía de acceso al conocimiento.

 Descartes se cuestiónó de qué manera conoce la razón y concluyó que hay dos modos fundamentales de conocimiento: la intuición y la deducción. 

 La intuición consiste en la captación de las verdades simples que emanan de la propia razón. Es un al captar las verdades, lo hace sin posibilidad de duda o error. Es un conocimiento instinto natural que, inmediato.

 La deducción es el proceso mental en el que, a partir de las intuiciones simples, se accede a lo complejo. Las intuiciones simples se conectan entre sí por medio de la deducción.

Una posición filosófica opuesta al Racionalismo es el Empirismo, esta corriente mantiene la tesis principal de que la experiencia es la única fuente del conocimiento, frente al Racionalismo para el que esa fuente es la razón. Esta divergencia se manifiesta en las teorías sobre el origen y los límites del conocimiento y el modelo de ciencia de ambos movimientos. En cuanto al origen del conocimiento el Empirismo defiende que todo conocimiento surge de la experiencia externa o interna, por ello rechaza la teoría del innatismo defendida por el Racionalismo; sin embargo, ambas corrientes ponen el origen del conocimiento en la conciencia, ya sea una conciencia cargada de ideas o vacía de contenidos.


En relación a los límites del conocimiento, para los empiristas el conocimiento no trasciende los límites de la experiencia, el criterio de verdad es la verificación empírica; la reflexión filosófica no puede traspasar los límites que impone la experiencia, por ello el problema de la existencia de Dios no tiene especial importancia en el Empirismo. El Racionalismo sostiene, como se refleja en el texto, que el criterio de verdad es la claridad y distinción con que las ideas se muestran a la mente o conciencia. En cuanto al modelo ideal de ciencia, las ciencias experimentales (química, medicina, etc.) basadas en la experiencia sensible son las que poseen para el Empirismo un grado de cientificidad más elevado; para el Racionalismo, en cambio, son las matemáticas y el método deductivo los que ocupan el primer lugar.

Esta oposición casi irreconciliable entre racionalistas y empiristas acerca del conocimiento se salva con Kant quien realiza una síntesis aceptando la importancia del sujeto pero también la de la experiencia

A Descartes se le considera el fundador de la filosofía moderna ya que él es el máximo representante y el origen de toda la corriente racionalista. Su filosofía representa también el primer momento de la filosofía idealista, y hay que reconocer la importancia que tiene este filósofo en el planteamiento del problema del conocimiento ya que ésta es la primera vez en la historia del pensamiento en que se considera la cuestión del conocimiento como previa a cualquier otro análisis de la realidad, será a partir del Racionalismo cuando este problema del conocimiento se convierta en una carácterística fundamental de la Edad Moderna.

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