La crítica de Hume a la causalidad
La crítica más influyente de Hume es al principio de la causalidad, pilar de la ciencia moderna. Para el filósofo, la causalidad no procede de una percepción, sino solo de la costumbre de ver dos eventos repetirse juntos en el tiempo.
Según Hume, cuando vemos que sucede A y después B (por ejemplo, bolas de billar) estamos observando una conjunción: nunca vemos una causa, nunca percibimos la conexión necesaria entre causa y efecto; solo observamos una conjunción o sucesión constante entre dos fenómenos (A seguido de B) y la expectativa de que B siga a A. Este es un hábito psicológico: la mente espera que B ocurra cuando aparece A. No percibimos ni podemos demostrar una «fuerza» ni una «necesidad» que haga que B deba seguir a A.
La causalidad no está en los hechos: la pone nuestra mente. Es un sentimiento, una relación que construimos mentalmente cuando vemos repetidas veces que sucede A e inmediatamente después B. Por tanto, la causalidad no existe como entidad independiente; es una creencia basada en la experiencia.
La causalidad se reduce a una forma de asociación de ideas basada, en primer lugar, en el hábito psicológico o costumbre de ver sucederse dos fenómenos siempre en el mismo orden; y, en segundo lugar, en la creencia de que esa misma asociación de fenómenos volverá a repetirse necesariamente. Como dirá Hume: «no podemos afirmar con toda certeza del mundo que el sol vaya a salir mañana».
Resumen de los puntos clave sobre causalidad
- Observamos conjunciones constantes entre eventos, no relaciones necesarias.
- La expectativa de que un fenómeno siga a otro es un hábito de la mente.
- La causalidad es una creencia fundada en la experiencia, no una percepción directa.
La sustancia y el yo
Hume niega que podamos afirmar la existencia de lo que llamamos sustancia, es decir, una realidad distinta de las impresiones. El concepto de sustancia es un concepto vacío, una invención que no se corresponde con ninguna impresión sensible.
Respecto a la sustancia extensa o material, solo tenemos impresiones particulares de olor, color, figura… pero no contamos con ninguna impresión de la entidad subyacente. Se trata de una creación de nuestra imaginación que agrupa por costumbre, bajo un mismo nombre, diversas impresiones puntuales. No obstante, es una invención o creencia extremadamente útil para nuestra supervivencia.
De modo semejante, Hume niega la sustancia pensante porque no hay impresión unitaria de identidad personal: lo que llamamos «yo» es solo un conjunto de percepciones cambiantes conectadas por la memoria y la imaginación (teoría del haz de percepciones). Con ello cuestiona radicalmente el cogito cartesiano: no hay un sujeto pensante permanente; solo un flujo de contenidos. Toda idea de sustancia es una creencia fruto de nuestra imaginación que da continuidad y permanencia a aquello que no la tiene.
Dios, la sustancia infinita y la religión según Hume
También niega la idea de sustancia infinita porque no hay impresión que la legitime, y concluye que no existe ningún tipo de conocimiento teológico ni metafísico de Dios. No obstante, Hume reconoce que la religión y la creencia en la existencia de Dios son naturales y necesarias entre los hombres.
Descartes, mente y cuerpo: relectura contemporánea
Descartes distinguía entre la mente y el cuerpo como dos sustancias diferentes. Esta idea todavía influye en cómo entendemos la ciencia como estudio de lo material y lo medible. La inteligencia artificial cuestiona esta separación al mostrar que máquinas materiales pueden realizar tareas propias del pensamiento. Esto reabre el debate sobre qué es la mente y cómo funciona el conocimiento.
Empirismo y conocimiento en la era digital
El debate actual sobre la validez del conocimiento sensible tiene su origen en el empirismo de Hume, quien sostuvo que todo conocimiento procede de los sentidos. Sin embargo, Hume mostró que la experiencia no garantiza certezas absolutas, como en la relación causa-efecto. Hoy, en una era de información digital y percepciones mediadas por la tecnología, esta desconfianza se acentúa. Sigue vigente la pregunta de si lo que percibimos es una base fiable para el conocimiento.
Filosofía política: Hobbes, Locke y Rousseau en la actualidad
Desde Hobbes, el origen del Estado se vincula hoy al debate sobre seguridad y estabilidad política. En la Europa actual, el miedo al terrorismo, las guerras cercanas o las crisis migratorias refuerzan la idea de un Estado fuerte. Muchos gobiernos justifican el aumento del control y la vigilancia en nombre de la protección colectiva. Esto reactualiza la pregunta hobbesiana sobre cuánta libertad estamos dispuestos a ceder por seguridad.
Locke y los derechos individuales
La teoría de Locke se refleja en los debates actuales sobre derechos individuales y límites del poder estatal en Europa. Cuestiones como la protección de la propiedad, la privacidad digital o la libertad de expresión muestran la vigencia del liberalismo político. Cuando los gobiernos restringen derechos, surge la crítica lockeana. Así, el consentimiento y el control democrático siguen siendo centrales.
Rousseau y la crisis de representación
Rousseau conecta con los debates actuales sobre la crisis de representación política en Europa. El aumento de la abstención y el descontento social cuestionan si los Estados expresan realmente la voluntad general. Movimientos sociales y demandas de mayor participación reflejan esta preocupación. El problema sigue siendo cómo lograr un Estado que represente al pueblo y no solo a las élites.
Reiteración del debate hobbesiano y lockeano
Desde Hobbes, el origen del Estado se vincula hoy al debate sobre seguridad y estabilidad política. En la Europa actual, el miedo al terrorismo, las guerras cercanas o las crisis migratorias refuerzan la idea de un Estado fuerte. Muchos gobiernos justifican el aumento del control y la vigilancia en nombre de la protección colectiva. Esto reactualiza la pregunta hobbesiana sobre cuánta libertad estamos dispuestos a ceder por seguridad.
La teoría de Locke se refleja en los debates actuales sobre derechos individuales y límites del poder estatal en Europa. Cuestiones como la protección de la propiedad, la privacidad digital o la libertad de expresión muestran la vigencia del liberalismo político. Cuando los gobiernos restringen derechos, surge la crítica lockeana. Así, el consentimiento y el control democrático siguen siendo centrales.
Conclusión sintética
El legado de Hume en epistemología y el de Hobbes, Locke y Rousseau en teoría política siguen siendo herramientas incisivas para interpretar los desafíos contemporáneos: desde la fiabilidad de la percepción en la era digital hasta las tensiones entre seguridad y libertad en sociedades democráticas.
