Hilemorfismo, tipos de alma y eudemonismo (Aristóteles)

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EL PROBLEMA DE LA REALIDAD EN ARISTÓTELES Con su teoría de las ideas, Platón divide la realidad en dos, por un lado un mundo sensible y cambiante que debe su ser a haber sido producido teniendo como modelo las ideas y un mundo inteligible e inmutable que es la auténtica realidad, aunque su realidad no sea de carácter físico. EL SER Y LA SUSTANCIA Podemos decir de todas las cosas que son, pero no lo decimos de la misma manera; no decimos de un hombre que es del mismo modo que decimos que es alto o inteligente. Podemos concebir un hombre que está sentado pero no es posible concebir el estar sentado como una realidad por sí misma. Todos esos modos deben darse en una realidad concreta. Esta realidad concreta es la sustancia.
Por lo tanto, sustancia es lo que existe por sí mismo y no necesita de otra cosa para existir. Por tanto, la sustancia no se puede predicar (decir) de ningún sujeto, sino que es el sujeto de toda predicación (de todo decir). Si decimos, por ejemplo, Juan está sentado, Juan sería la sustancia y estar sentado un accidente de esta sustancia. Aristóteles distingue entre sustancia primera y sustancia segunda. Lo que verdaderamente es, son las cosas individuales y concretas; este hombre llamado Juan, esta mesa que está en la clase, ese árbol que plantó mi abuelo; es decir, el auténtico ser son las cosas que responden a un nombre propio. La sustancia segunda hace referencia al género y a la especie (Juan es un hombre, la esencia de hombre). En general se usa el término sustancia para referirnos a la sustancia primera, ya que para Aristóteles lo realmente existente son los seres concretos e individuales. La sustancia segunda es un concepto derivado de la sustancia primera. La sustancia es el ser en sentido primero y no la idea extramental al modo platónico. La realidad propiamente dicha es este mundo sensible en el que hay cosas singulares: las sustancias. La idea platónica solo es un concepto mental aplicable a cada una de esas realidades concretas. LA TEORÍA HILEMÓRFICA Para Aristóteles, las sustancias están compuestas de “materia” (hylé) y “forma” (morphé). La forma, es lo que las cosas son, ser hombre, ser árbol, y la materia es lo que hace que ese hombre o ese árbol sean éste y no cualquier otro, es decir la materia individualiza a la forma. La materia es por tanto principio de individuación, en cuanto que la materia “hace” el individuo (este hombre, este caballo, esta mesa, etc.) … La forma es principio de especiación, en cuanto que la forma “hace” la especie (Hombre, Caballo, Mesa, etc.) … La materia es singular, la forma es universal. Al mismo tiempo, Aristóteles, concibe la sustancia como algo dinámico y que está sometida a cambios. La forma está en acto, esto significa que la forma que se haya en todas las cosas determina el tipo de actividades que estas cosas pueden tener; la forma “hombre” determina el conjunto de las actividades y 2 cambios que puede tener o le pueden ocurrir a un hombre, como ser músico, hablar una lengua, resolver un problema matemático. Al mismo tiempo la materia está en potencia, es donde aguardan las posibilidades que pueden ser actualizadas; todos los hombres podríamos llegar a ser músicos pero no todos llegan a serlo. El cambio es por tanto el paso de la potencia al acto: cuando un hombre concreto, que puede llegar a ser musico porque así lo determina la forma hombre, llega efectivamente a serlo. Posibilidad y definición del movimiento
Aristóteles defina a la naturaleza (Physis) como principio interno de movimiento, en oposición a Tekné – las cosas en cuanto son construídas mediante una técnica -; a la ciencia que estudia los seres naturales le corresponde estudiar el movimiento. Esta ciencia es la física. Para Parménides, todo movimiento o cambio real era imposible, ya que equivaldría el tránsito de no-ser a ser o de ser a no-ser. El movimiento o cambio es imposible en el primer caso, pero no en el segundo. Y como lo que no es, pero puede ser, se halla en potencia (la semilla es un árbol en potencia), y aquello que es actualmente se halla en acto (el árbol es árbol en acto, actualmente, efectivamente), Aristóteles explica y define el movimiento como el paso o tránsito de la potencia al acto, como “el acto de lo que está en potencia en cuanto tal”. Clases de movimiento Una vez garantizada la posibilidad del conocimiento, del cambio en general, Aristóteles procede a su clasificación, distinguiendo: 1. El cambio sustancial, cuyo resultado es la generación de una sustancia nueva o la destrucción de una sustancia ya existente. Si hablamos con precisión, diremos que no todo cambio es movimiento: el cambio sustancial no lo es. Elementos que intervienen en el movimiento En todo tipo de cambio –sea el que sea, sustancial o accidental- siempre podemos encontrar: 1 Algo que permanece a través del cambio (precisamente lo que cambia). 2 Algo que desaparece. 3 Tratándose del movimiento o cambio accidental (como es el caso del ejemplo anterior), lo que permanece a través del cambio no plante problema alguno: son las sustancias naturales que, como decíamos anteriormente, sufren modificaciones no esenciales, perdiendo ciertos caracteres accidentales para adquirir otros que no tenían. Pero ¿cuál es el sustrato?, ¿Qué es lo que permanece en los cambios sustanciales? No las sustancias, desde luego, ya que el cambio sustancial es su generación y su destrucción. Esta materia es, de suyo, indeterminada: no tiene, por sí determinación alguna, no es ningún ser en particular, y precisamente porque no es (en acto) ningún ser en particular, y precisamente, puede ser (es en potencia) cualquier ente o sustancia natural. La materia es, pues, potencia. En el cambio sustancial, la materia última se actualiza adquiriendo estructuras y formas distintas, y según la forma que adquiera en cada caso, se generarán distintas especies de sustancias. Las cuatro causas La teoría aristotélica según la cual las sustancias naturales son compuestos de materia y forma, como hemos dicho antes, suele denominarse hilemorfismo. La materia y la forma son causas de las sustancias naturales, causas intrínsecas. A ellas Aristóteles añade, como causas extrínsecas, la causa eficiente o agente, productora del movimiento, y la causa final o fin, el cual se orienta el movimiento o proceso. Aristóteles diferencia entre Physis y Tekné, son por Physis todos los cambios que tienen origen en las sustancias naturales debidos a su principio interno de movimiento; son por Tekné, los cambios ocurridos en los objetos construidos, no naturales, que deben su movimiento a un agente exterior como un artesano. Pongamos como ejemplo de cambio por Tekné la fabricación de una estatua y veamos las cuatro causas que lo explican: 1 Causa material: la materia de la estatua, sea barro o mármol. 4 Causa final: ser expuesta en la plaza pública. Para Aristóteles la causa final es esencial para explicar los cambios en general. En los procesos naturales, por Physis, la causa eficiente, la forma y el fin coinciden. Puesto que la naturaleza es principio y causa de las actividades intrínsecas al ser natural, hemos de concluir que la actividad reproductiva tiene como principio, como causa, la naturaleza: 1 La causa eficiente o agente de la reproducción es, pues, la naturaleza o forma presente en el progenitor. Si se trata del nacimiento de un hombre, su causa eficiente es otro hombre. En el caso citado, la forma humana es adquirida por el nuevo nacido. 3 Por último, la causa final o fin es la actualización misma de la forma de tal modo que la especie se perpetúe. En este caso la causa final es la perpetuación de la especie humana. LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO 1. LA REVALUACIÓN DEL CONOCIMIENTO SENSIBLE Para Platón el conocimiento consistía básicamente en un proceso de recuerdo. Aristóteles, en cambio, no acepta la existencia de un conocimiento de las ideas antes de nacer. En un símil muy ilustrativo habla del alma como si fuera una “tablilla de cera” (Del Alma), es decir, como una hoja en blanco donde no hay nada escrito. En este aspecto, los sentidos se revalúan, pero, al mismo tiempo hay que afirmar que el conocimiento sensible no es suficiente. Este concepto universal es una realidad mental. Explicamos a continuación este proceso. La mente humana, como decíamos, es inicialmente, una tabula rasa, es decir, no hay en ella nada a priori; ni ideas innatas ni capacidad de recordar cosa alguna (como afirmaba Platón). Esta unificación produce una imagen en la mente gracias a la facultad de la imaginación y de la memoria; esta imagen es particular, ya que se refiere a una cosa concreta; por ejemplo, la imagen de este perro que percibo ahora. Sobre esta imagen actúa el entendimiento agente. Ya no tendríamos la imagen de “este perro” sino el concepto “perro” tomado como género y aplicable a todos los perros posibles. Dios COMO MOTOR INMÓVIL Como hemos visto, Aristóteles define el movimiento como paso de la potencia al acto. Ahora bien, la potencia es algo meramente pasivo, de ahí que para que algo pase de potencia a acto tiene que ser movido por algo ya en acto. Este primer motor tendrá que ser, a su vez, Acto Puro, carente de toda potencialidad y carente de materia, ya que la materia es siempre potencia de algo. De entre los tipos de causas que hemos enumerado, Dios sería la causa final respecto al movimiento del mundo. Precisamente porque es así, el movimiento es paso de la potencia al acto, por lo que podría decirse que todo movimiento tiene como finalidad ideal el ser acto y nada más que acto; pues en ser acto radica la perfección de cada cosa. La metafísica la entiende Aristóteles como, por un lado, teología (estudio de la realidad separada e inmóvil, Dios) y como ontología, en cuanto ésta se muesta como ciencia primera que estudia los primeros principios de la realidad y del conocimiento, y como ciencia del ser en cuanto ser. • La ciencia primera: tiene por contenido el áxioma primero, que es el principio de no contradición: “Es imposible que, al mismo tiempo y bajo una misma relación se dé y no se dé en un mismo sujeto un mismo atributo”. Este principio es no hipotético pero indemostrable a la vez. Al estudiar lo real en su totalidad, Aristóteles muestra, como hemos visto, que la realidad básica es la sustancia individual, puesto que los accidentes son de las sustancias y no existen aparte o independientemente de ellas. A su vez y ya en el ámbito de las sustancias, la ontología aristotélica descubre una gradación de formas, que culmina en la forma primera e inmaterial. LAS SUSTANCIAS VIVIENTES Y EL ALMA Aristóteles concibe el alma fundamentalmente como principio vital, como principio de la vida. En su explicación del alma, Aristóteles recurre a los conceptos fundamentales de su sistema, definíéndola como forma y como acto. El alma es la forma del cuerpo (que es materia) y es el acto, la actualización de un organismo: un organismo posee potencialmente vida, es viviente en potencia: el alma actualiza esta potencialidad haciendo que el organismo viva, que sea viviente de hecho. El alma, dice literalmente Aristóteles, es “el acto primero de un cuerpo natural organizado” (Acerca del alma). 6 En la medida en que el alma es actualización y forma de un cuerpo potencialmente vivo, la uníón del alma y el cuerpo se explica sin especiales dificultades. No se trata, como afirmaba Platón, de una uníón accidental y antinatural, sino de una uníón natural y esencial, ya que el alma (forma) y el cuerpo (materia) constituyen juntos una única sustancia: el viviente. Además del alma corruptible, que es forma y acto del cuerpo, Aristóteles admite la presencia en el hombre de un entendimiento incorruptible, inmortal. Este entendimiento no es personal, sino que es el mismo para todos los hombres, para toda la especie humana y Aristóteles lo llama, en su teoría del conocimiento, entendimiento agente. LAS CAPACIDADES DEL ALMA El alma, como hemos visto, no es cuerpo, ni se da sin un cuerpo, en contra de la concepción platónica de la inmortalidad del alma y de su existencia extracorpórea. El alma comprende una serie de capacidades, y los seres vivos tienen distintas capacidades, puesto que Aristóteles concibe a todo lo vivo como poseedor de alma. Es el alma vegetativa. Es el alma racional. FELICIDAD Y VIRTUD 1. La actividad más propia y natural del ser humano, es, según Aristóteles, la actividad contemplativa, es decir, la actividad intelectual. Hacer de la naturaleza un espectáculo para la contemplación teórica. El ser humano no puede, por tanto, alcanzar plenamente esta felicidad absoluta propia de Dios, sino que ha de contentarse con una felicidad limitada. Platón, como vimos, concedía a la prudencia un lugar preeminente en su doctrina de las virtudes, considerándola la virtud propia de la razón, es decir, de la parte superior del alma. Este término medio, en fin, debe ser racionalmente establecido. Las distintas virtudes constituyen, pues, un término medio razonable entre dos posiciones extremas, excesiva la una y defectuosa la otra: así el valor es algo intermedio entre la temeridad alocada y la cobardía; la moderación constituye el término medio entre el desenfreno y un rigorismo excesivamente represivo o insensible al placer. EL BIEN HUMANO: ÉTICA Y POLÍTICA En Aristóteles, como en general en el pensamiento griego, hay una conexión entre ética y política, e incluso una identificación. En efecto, afirmar que es hombre es por naturaleza social equivale a decir que es ser humano tiende por naturaleza a la vida en comunidad. Solo en el Estado, como decíamos, el hombre puede alcanzar su perfección y vivir una vida plenamente humana. Aristóteles distingue tres tipos de constitución, tres clases de regíMenes políticos, atendiendo al número de ciudadanos que gobiernan: la monarquía (cuando es uno el que gobierna), la aristocracia (gobierno de los mejores) y la democracia �


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