Filosofía Contemporánea: Friedrich Nietzsche
Crítica a la tradición judeo-cristiana y al platonismo. Dionisos o la aceptación de la vida.
Para Nietzsche, dos actitudes son posibles frente a la vida. La primera, de renuncia y fuga, conduce al ascetismo (Schopenhauer), y es, según Nietzsche, la actitud propia de la moral cristiana y de la espiritualidad común. La segunda es la de aceptación de la vida tal como es y conduce a la exaltación de la vida y a la superación del hombre (Nietzsche).
Dionisos (dios de la embriaguez y de la alegría) abandona todo intento de fuga frente a la vida, según Nietzsche; renueva profundamente la tabla de los valores morales. Nietzsche cree que todos los valores fundados en la renuncia de la vida sitúan al hombre por debajo de sí mismo; son, por tanto, indignos de él. Para Nietzsche, es virtud toda pasión que dice «sí» a la vida y al mundo.
Nietzsche plantea crudamente el dilema entre la moral tradicional (cristiana, platónica) y la que él defiende. El carácter romántico de Nietzsche se evidencia en esta valoración de la vida como infinita y divina. Pero quienes tienen un empobrecimiento de vida (cristianos) piden a la filosofía la calma o la embriaguez; a esto se dirige lo que Nietzsche llama el romanticismo filosófico de Schopenhauer y de Wagner. En los males y horrores de la vida, Dionisos no descubre un límite insuperable que encierre al hombre, sino más bien una señal de riqueza superior a todo límite. Por eso, Dionisos rechaza y aleja la idea de la muerte.
Todos los hombres se imaginan que el futuro lo es todo. Sin embargo, la muerte y el silencio de la muerte son las únicas certezas que todos tenemos en común. Nietzsche aparta y anula esta fraternidad, rechazando la idea de la muerte; rechaza así la finitud humana. El objeto de la crítica nietzscheana trajo consigo la negación total de la «verdad» del ser. Por ello, Nietzsche presenta su propia ontología.
Crítica de la Metafísica
La metafísica tradicional se asienta en un error: la creencia en la antítesis de los valores. El filósofo inventa un mundo distinto de este. La ontología tradicional es estática, considera el ser como algo fijo. Lo que el hombre conoce del ser es mera apariencia. El filósofo dogmático se dedica a buscar por encima del movimiento del mundo.
Esta separación entre ser real y aparente es un juicio negativo sobre la vida, porque da más importancia al mundo de las Ideas. El devenir constante del ser está creando y destruyendo el único mundo existente. Nietzsche emparentó la división del mundo en real y aparente con la moral contranatural. Tesis sobre la falsa concepción tradicional del ser:
- 1. Nietzsche se refiere a las categorías a través de las cuales la razón humana cree conocer el ser. Necesitamos las categorías de la razón para hacer frente al devenir constante del ser.
- 2. El mundo verdadero se construye en oposición al mundo aparente de los sentidos, siempre cambiante. Pero esta contraposición es una ontología basada en la creencia de que el devenir del ser es un error, donde el ser ha sido «cosificado» mediante los conceptos.
- 3. El problema de fondo es el nihilismo. Inventar otro mundo que sea mejor que este es una actitud de resentimiento hacia la vida.
- 4. El platonismo y el kantismo son síntomas de la voluntad de poder. Las categorías con las que tratamos de conocer el ser son ficciones convencionales con fines de designación. Por eso los filósofos se han dedicado hasta ahora a «momificar» el devenir del ser.
Según Nietzsche, la ontología platónica ha puesto los medios adecuados para que el espíritu acaricie la idea de un orden moral sobrenatural; se hace al hombre dependiente de Dios, la razón, la ciencia o la historia.
Crítica a la Epistemología
Según Nietzsche, la génesis de las categorías es el mayor obstáculo para la interpretación de la realidad como devenir. La creencia en la verdad objetiva es la última transformación del ideal ascético.
Realidad y concepto
Toda palabra se convierte en concepto desde el momento en que deja de servir para la vivencia original a la que debe su origen. Se pretende que el concepto sirva para expresar y significar una multiplicidad de cosas. Se niega todo tipo de proceso lógico en la formación de los conceptos para que el ser humano pueda hacer frente al devenir. Nietzsche duda que los conceptos aprehendan la verdadera realidad del ser, que es devenir y cambio. Sólo es posible un comportamiento «estético».
Realidad y lenguaje
Nietzsche duda de la formalización apriórica del lenguaje y se pregunta si no estaremos siendo «engañados» por el mismo.
La Crítica de las Ciencias Positivas
Nietzsche critica la ciencia positiva porque es una matematización de lo real. Establece una relación cuantitativa con las cosas que anula las diferencias entre ellas. Nietzsche ataca una metodología determinada de la ciencia. Este método se relaciona con la metafísica tradicional porque se inspira en la lógica, reductora de las diferencias.
La crítica a la ciencia y a su idea del progreso tiene dos vertientes:
- a) Ciencia y moral: La ciencia no conoce nada que explique al ser humano: es este quien explica a aquellas. La ciencia está muy lejos de poder hacer juicios valorativos sobre la vida.
- b) Ciencia y estado: La ciencia se ha convertido en nodriza al servicio de unos intereses creados.
Nihilismo, Voluntad de Poder y Superhombre
El nihilismo y sus formas
El nihilismo es un movimiento histórico de la cultura occidental. Se trata de la esencia de todo un destino: el de los pueblos occidentales. La meditación sobre el nihilismo toma como objeto lo sucedido con la verdad del mundo suprasensible. La frase «Dios ha muerto», acuñada por Nietzsche, significa que nos hemos quedado sin sentido que darle a esta vida. Pensar a fondo la esencia del nihilismo es repensar hasta sus últimas consecuencias la propia metafísica.
El nihilismo posee dos caras: una negativa, que explica la crítica destructiva de la tradición occidental; y otra positiva, que supone el reconocimiento de las condiciones que han llevado a Occidente a ser nihilista. Lo que ha muerto es el dios de los metafísicos, el dios monoteísta. Para Nietzsche, el monoteísmo de la razón obliga a descartar otras razones.
Voluntad de Poder
Para Nietzsche, la realidad tiene un carácter móvil, dinámico y cambiante; la realidad es perspectiva. También la realidad vital es devenir y perspectiva. Es imposible llevar a cabo una comprensión fija y definitiva de la realidad porque el intelecto humano tiene que servirse de sus propias formas de comprensión e interpretación. Según Nietzsche, hay una estrecha correlación entre la realidad y la vida, es decir, entre ontología y antropología.
Interpretación de la realidad
Múltiple es la realidad del mundo y múltiple es el ser humano, porque este posee una pluralidad de impulsos e instintos. Esta multiplicidad se convierte en «apariencia». La concepción del ser como devenir apunta a este doble sentido: al ser como movimiento permanente y al ser como resultado de un proceso eterno.
La ontología nietzscheana combate la ontología estática. Se enfrentan dos tipos de argumentos: por un lado, los de la metafísica dogmática; y por otro, los de Nietzsche, que son «irracionales». Razón que pretendía fundamentar en una determinada metafísica hacia el llamado «mundo aparente».
La nueva idea de verdad
El ser determinado por la lógica humana es solamente apariencia (una apariencia necesaria esencialmente). La verdad es únicamente la consolidación de una perspectiva, una apariencia que se ha impuesto a través de la costumbre, pero que no por ello deja de ser un error. Este es el sentido esencial de la radicalidad del pensamiento nietzscheano, que él denomina voluntad de poder. La voluntad de poder es voluntad de apariencia. Pero esta voluntad es más profunda que la voluntad de verdad, porque conoce la realidad auténtica del ser.
La nueva idea del lenguaje
Contra la petrificación que sufre el devenir, se exalta el poder de la imaginación metafórica que posee el ser humano. La metáfora es una verdadera perspectiva, porque con ella se logra una integración de diversidades. La ontología nietzscheana diferencia al metafísico dogmático. Unicidad y pluralidad son las actitudes respectivas de estas dos clases de metafísicos. En definitiva, el lenguaje sobre la realidad no puede ser el de la lógica, el de las matemáticas, el de la moral o el de la religión, porque estas son sólo ficciones de la razón.
Ateísmo y Transmutación de los Valores
La afirmación del pluralismo manifiesta el radical ateísmo de Nietzsche. El ser como la voluntad de poder se autoafirma en su propia producción (Dios ha muerto). Aún son posibles nuevos valores. Se define así un devenir creativo de las fuerzas, un triunfo de la afirmación de la vida, de esta vida terrenal, múltiple y en constante movimiento, un triunfo de la voluntad de poder.
Esta transmutación de los valores sólo es posible tras haber asumido y superado el nihilismo. El nihilismo consideraba que el devenir debía ser absorbido por el ser. Sin embargo, la transmutación de todos los valores eleva lo múltiple y el constante devenir. Y esa afirmación nos desvela la alegría como único móvil principal de la filosofía: fortalecer la alegría hacia la vida.
El Superhombre
La doctrina del superhombre no es para Nietzsche la conformidad con el hombre. Dice Zaratustra que el hombre es un puente entre la bestia y el superhombre, quien encarna la voluntad de poder. Lo que no vive no puede querer, pero lo que vive desea algo más que la vida. El hombre debe ser superado: lo cual quiere decir que todos los valores de la moral corriente deben ser transmutados. Debe librarse de las ataduras habituales de la vida y renunciar a todo lo que los otros alaban. Su máxima es: «llega a ser lo que eres», buscando la diferenciación de los demás y la excepcionalidad.
La libertad interior propia del superhombre es una riqueza de posibilidades diversas; él quiere dominarlas y poseerlas todas. De aquí nace la renuncia a la certeza, ya que esta limita opciones. El superhombre es el filósofo del futuro, que no sólo comprende, sino que transforma y domina la realidad, soportando la verdad cruda y aceptando la vida tal como es. Actúa por encima de los hombres, de las costumbres, de las leyes y de las apreciaciones tradicionales.
La nueva meditación sobre el ser ha sido producida por la voluntad de poder, que exalta la creatividad del ser humano y afirma la vida terrenal. Esta afirmación es eterna y por eso la voluntad de poder alcanza su más alto grado de reflexión en el eterno retorno: hay que amar la vida de forma que se quiera volver a vivirla una y otra vez. Esto permite al ser humano ir superándose continuamente. La gran política, según Nietzsche, es preparar al hombre para superarse a sí mismo, superando una moral contranatural impuesta por la sociedad, en un proceso de adiestramiento, no de domesticación.
Las tres metamorfosis del espíritu
El primer discurso de Zaratustra expone tres metamorfosis del espíritu: el camello, el león y el niño.
- El camello: Simboliza a los que se contentan con obedecer ciegamente a los valores que se presentan como creencias.
- El león: El camello se transforma en león, el gran negador de los valores tradicionales y la moral establecida.
- El niño: Pero también el león tiene que transformarse en niño, superar su autosuficiencia para poder vivir libre de prejuicios y crear una nueva tabla de valores.
Este proceso de transformación es necesario para recuperar los instintos vitales del ser humano, que ha sido domesticado por el cristianismo, y devolverle su esencia existencial basada en la voluntad de poder y la superación constante.
El hombre superior
El hombre superior hace caso omiso de los prejuicios de la gente; no cree en la «igualdad», que, afirma, sólo es una trampa de los débiles de espíritu, de los cristianos y de los socialistas. El hombre superior dice sí a las jerarquías y a la diferencia entre los hombres. Hay que tener una sana desconfianza de todo lo que viene del rebaño social y también de los «doctos», que odian al hombre superior porque odian la vida. Vive más allá del adoctrinamiento y ama al ser humano por su potencial de superación, considerando la vida un experimento constante.
El hombre superior se ríe de los valores del mundo suprasensible; sabe que él mismo los ha creado. Por ello –dice Nietzsche– el hombre superior es un niño que juega con la vida y un gran bailarín que hace del juego un riesgo permanente; se pasea por la cuerda floja del devenir. La moral del hombre superior tiene dos peligros:
- a) En un nivel formal, que sus criterios son básicamente de orden estético.
- b) En otro nivel, que Nietzsche veía cierta belleza en «los furores de la bestia germánica».
2º Bachillerato. Historia de la Filosofía. Cuadernillo Preparación PEVAU. Página 19.
A este respecto, no es de extrañar que algunas ideologías políticas se hayan sentido tan seducidas por tales planteamientos. Además, la moral del superhombre descuida la preocupación por las reglas que permiten la supervivencia de la comunidad y que aseguran la coexistencia de los individuos.
Introducción al «Crepúsculo de los ídolos»
Durante el año 1888, muy poco tiempo antes del colapso que sufre en enero de 1889 en Turín y que lo dejará incapacitado hasta su muerte, Nietzsche termina nada menos que seis libros. Uno de ellos es Crepúsculo de los ídolos o Cómo se filosofa con el martillo. Es una obra breve, a la vez jovial y enérgica, plena de sutilezas y también de groserías.
El martillo no funciona, como generalmente se cree, como una herramienta para romper; es un arma que tiene el psicólogo para auscultar lo que no se escucha fácilmente. Nietzsche quiere cerciorarse de si algunos ídolos, algunas verdades, algunos viejos y nuevos ideales suenan o no a hueco. Hay que endurecerse para poder probar lo que se presenta como «verdadero»; quizás el mundo se encuentre patas arriba. Por esa prueba pasarán la filosofía clásica, la moral reinante y la vida moderna.
Friedrich Nietzsche afirmaba a sus amigos que esta obra era un «resumen de su heterodoxia filosófica esencial». Efectivamente, permite pasar no solamente por los temas centrales de su pensamiento, sino también por todo su arco estilístico: aforismos breves y punzantes, pequeños ensayos y fábulas. Es como si Nietzsche hubiera podido pulir buena parte de su obra para presentarla aquí en algunos esbozos rápidos pero firmes. La síntesis que logra en su crítica a la metafísica es uno de los momentos más altos de este libro-herramienta. Quien lo lee puede que aprenda a abrir, al fin, sus oídos.
Tras la publicación de Más allá del bien y del mal en 1886, y mientras corregía las pruebas de La genealogía de la moral a finales del verano de 1887, Nietzsche tomó la decisión de «no imprimir ninguna cosa más durante una serie de años». Pensaba dedicarse a elaborar su proyectada obra La voluntad de poder, a dar, por fin, una exposición detallada de su filosofía. A Nietzsche le quedaba, en aquel momento, poco más de un año de vida lúcida.
Sin embargo, pese a sus propósitos, en este último año Nietzsche dio a la imprenta o dejó preparadas para su impresión nada menos que seis obras, a saber: El caso Wagner, Crepúsculo de los Ídolos, El Anticristo, Ecce homo, Ditirambos de Dioniso y Nietzsche contra Wagner. El afán de publicar obras adquiere en los últimos meses de lucidez de Nietzsche tal precipitación, tal urgencia, que el espectador atento queda angustiado. ¿Qué había ocurrido en la vida y en el pensamiento de Nietzsche para que apareciese ese giro tan radical? En el silencio que Nietzsche se había autoimpuesto, ¿qué representan esos gritos que son los libros mencionados? Como veremos: la autodestrucción de sus planes literarios.
Introducción a «La gaya ciencia o La ciencia jovial»
Es una de las obras de Nietzsche, escrita en 1882. Con ella se cierra el periodo «negativo» (de destrucción de la metafísica cristiana) y se abre el periodo afirmativo (de construcción de nuevos valores). Fue seguido de una segunda edición, que salió a luz después de la finalización de Así habló Zaratustra y Más allá del bien y el mal, en 1886. Esta incluye un quinto libro y un apéndice de canciones. Nietzsche señaló que era «el más personal de todos [sus] libros», y contiene el mayor número de poemas en cualquiera de sus obras.
Título: El título utiliza la locución gai saber y esta deriva de antiguos vocablos griegos, lo que hacía referencia a todas las habilidades técnicas necesarias para crear poesía; es decir, así como Gea (Tierra Madre) crea vida, lo poético crea un Arte.
Temática: Para Nietzsche, el cristianismo inventó un mundo inexistente, alejado del contacto con el mundo real. Definía el cristianismo como una filosofía vulgar para personas débiles y esclavos que no dejan que las personas sean libres. En esta obra deja en claro la muerte de una verdad ordenadora, además de una serie de sentencias sobre el hombre y su psicología.
