EJ 1 MEDITACIÓN 1: Introducción
El texto pertenece a la Meditación Primera de las Meditaciones metafísicas de René Descartes, publicadas en 1641. El libro consiste en la presentación del sistema metafísico de Descartes en su nivel más detallado y en la ampliación de su sistema filosófico, introducido por primera vez en la cuarta parte de su Discurso del método (1637).
A diferencia del Discurso del método, dirigido a un público amplio, las Meditaciones tienen un carácter estrictamente filosófico y están concebidas como un itinerario reflexivo que el lector debe recorrer paso a paso. Cada meditación presupone la anterior y prepara la siguiente, de modo que el avance del pensamiento se produce de forma progresiva y necesaria.
El fragmento se sitúa en el inicio de este proceso y cumple una función fundamental: establecer, mediante la duda metódica, la necesidad de abandonar provisionalmente todas las creencias admitidas para poder reconstruir el conocimiento sobre fundamentos absolutamente ciertos. El texto responde así al proyecto cartesiano de fundar la metafísica como ciencia rigurosa, superando tanto el dogmatismo escolástico como el escepticismo.
IDEA PRINCIPAL Y PROBLEMA FILOSÓFICO
La idea principal del texto es que, para alcanzar una verdad absolutamente indudable, es necesario aplicar una duda radical a todas nuestras creencias, rechazando provisionalmente todo aquello que pueda ponerse en cuestión.
El problema filosófico fundamental que plantea el texto es el problema del fundamento del conocimiento: ¿es posible encontrar una certeza absoluta sobre la que construir todo el saber?
Descartes advierte que muchas de sus opiniones anteriores podrían ser falsas, y que si los principios en los que se apoyan son inseguros, todo el edificio del conocimiento resulta dudoso. Por ello, decide no aceptar como verdadero nada que no sea completamente evidente e indudable. El objetivo no es caer en el escepticismo, sino hallar un principio firme que sirva de base a la ciencia.
DESARROLLO DE LAS IDEAS Y ARGUMENTOS
El razonamiento cartesiano avanza ampliando progresivamente el alcance de la duda. Se distinguen los siguientes niveles:
1. Duda de los Sentidos
- Descartes cuestiona la fiabilidad de los sentidos, ya que en ocasiones nos engañan.
- Por ello, el conocimiento basado en la experiencia sensible no puede considerarse absolutamente cierto.
2. Argumento del Sueño
- Para superar la objeción de que algunas percepciones inmediatas son indudables, introduce el argumento del sueño.
- Dado que no existen señales totalmente seguras para distinguir el sueño de la vigilia, también la existencia del mundo exterior puede ponerse en duda.
3. Hipótesis del Genio Maligno
- Aunque las verdades matemáticas parecen mantenerse firmes —pues tanto dormido como despierto dos más tres suman cinco—, Descartes radicaliza aún más la duda.
- Plantea la posibilidad de un Dios omnipotente que pudiera haberlo creado de tal modo que se equivoque incluso en los razonamientos más evidentes.
- Esta hipótesis culmina en la figura del genio maligno, que simboliza un engaño universal que afecta no solo a los sentidos y al mundo físico, sino también a la razón y a las matemáticas.
Así, la duda se convierte en metódica y universal.
CONCLUSIÓN
En conclusión, el texto expone el proceso de la duda metódica como paso necesario para fundamentar el conocimiento. Descartes amplía progresivamente el alcance de la duda —desde los sentidos hasta las matemáticas y la razón misma— con el fin de eliminar cualquier creencia insegura. Lejos de conducir al escepticismo, este procedimiento prepara el terreno para el descubrimiento de una verdad absolutamente indudable que servirá de base a todo el saber. Así, la duda no es el punto final de su filosofía, sino el punto de partida para reconstruir el edificio del conocimiento sobre fundamentos firmes.
MEDITACIÓN 2. Introducción
El texto pertenece a la Meditación Segunda de las Meditaciones metafísicas de René Descartes, publicadas en 1641, donde el autor expone de forma sistemática su proyecto metafísico, ya esbozado en el Discurso del método y desarrollado después en los Principios de la filosofía. La obra sigue un itinerario reflexivo progresivo: tras la duda radical de la Primera Meditación, cuyo objetivo era eliminar toda creencia insegura, la Segunda busca hallar una primera verdad absolutamente indudable.
En ella, Descartes descubre que, aunque pueda dudar de todo, no puede dudar de que piensa y, por tanto, existe, estableciendo así al yo pensante como fundamento del conocimiento y afirmando la primacía del espíritu frente al cuerpo.
DESARROLLO DE LAS IDEAS Y ARGUMENTOS
Descartes parte de la duda radical alcanzada en la meditación anterior, suponiendo que todo puede ser falso: el mundo exterior, el cuerpo, los sentidos e incluso las verdades matemáticas.
El Descubrimiento del Cogito
Sin embargo, advierte que hay algo que no puede ponerse en duda: si duda o es engañado, necesariamente existe. La propia actividad de pensar demuestra su existencia. Así formula la primera verdad absolutamente indudable:
«Yo soy, yo existo, al menos mientras pienso»
Esta certeza no depende de los sentidos, sino que es una evidencia inmediata de la razón, clara y distinta, que sirve como punto de apoyo firme para reconstruir el conocimiento.
La Naturaleza del Yo
A partir de ahí, Descartes se pregunta qué es ese “yo” cuya existencia ha quedado demostrada. Rechaza identificarse con el cuerpo, ya que su existencia sigue siendo dudosa, y descarta también las funciones que implican corporeidad, como nutrirse o moverse. Incluso el sentir puede ponerse en cuestión si se entiende como percepción de objetos externos.
Sin embargo, todas esas actividades —dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar o sentir— coinciden en que son modos del pensar. Por ello concluye que su esencia no consiste en ser una cosa material, sino en ser una cosa pensante, estableciendo así la prioridad del espíritu sobre el cuerpo.
Conclusión
En conclusión, el texto expone el descubrimiento del cogito como primera verdad absolutamente indudable tras la aplicación de la duda metódica. Descartes demuestra que incluso bajo la hipótesis del engaño universal es imposible dudar de la propia existencia en cuanto sujeto pensante. A partir de esta certeza, redefine la naturaleza del yo como “cosa que piensa”, estableciendo la primacía del espíritu sobre el cuerpo. Esta verdad se convierte en el fundamento firme sobre el que podrá reconstruirse todo el edificio del conocimiento, iniciando así la superación del escepticismo y el desarrollo del racionalismo cartesiano.
