El juicio ordinario

1. LA DEFINICIÓN DE METAFÍSICA


La metafísica se ocupa de la realidad, reflexiona sobre todo lo que existe. Esta disciplina filosófica se caracteriza por:

-Ocuparse de los aspectos más generales de la realidad. En lugar de tratar sobre cuestiones concretas, cosa que hacen las ciencias particulares- como la física o la biología-, la metafísica surge de un proceso de abstracción de los aspectos concretos para captar aquello más general.

-Estudiar la realidad, es decir, centrarse en la totalidad de los objetos que existen. Por eso la metafísica se define también como el estudio del ser en tanto que ser.

-Estudiar la realidad con un enfoque diferente al de las ciencias particulares. La metafísica, a diferencia de las ciencias particulares, no recurre ni a la observación ni a la experimentación para fundamentar sus proposiciones, sino que la basa exclusivamente en el razonamiento.


EL VITALISMO DE Nietzsche


Friedrich Nietzsche (1844-1900) es vitalista porque considera que la vida tiene sentido en sí misma. Toda la obra de Nietzsche y su crítica demoledora a la cultura occidental, puede considerarse como un acto de defensa de la vida misma. En el ámbito de la moral, de la filosofía, del lenguaje y de la ciencia, la cultura occidental se muestra dogmática, decadente y enferma, y en ella la racionalidad se ha impuesto sobre el instinto y la vida. La autosatisfacción de Occidente se basa en una ficción que Nietzsche se ha propuesto desenmascarar. Su intención es descubrir las fuerzas contra la vida que impulsan los valores de Occidente.

Según Nietzsche, toda la historia de la filosofía es la historia de un error. Ese error comienza con Sócrates, que impone el pensamiento lógico y racional, y se afianza con platón, que infravalora el mundo sensible- el mundo del devenir- y crea un mundo suprasensible, estático y eterno en el que sitúa el bien en sí. Nietzsche interpreta esta recurso a un mundo más allá del sensible como una negación de la vida.


Incapaces de afrontar la vida, los espíritus débiles inventan lo que Nietzsche denomina la “ilusión del mundo verdadero” y someten a la realidad a las leyes lógicas y a los conceptos. La apariencia, es para Nietzsche, lo único que existe, de manera que los conceptos metafísicos
nos alejan de la auténtica realidad.

Si platón ha situado la realidad en un más allá suprasensible iusorio y ha considerado, en cambio, el “mundo aparente” como una copia sombría, el cristianismo- dice Nietzsche- es un “platonismo para el pueblo”: justifica el sufrimiento y la muerte como consecuencia de una culpa y convierte en pecado todo lo que significa la vida: los sentidos, los instintos, el cuerpo. La salvación consiste, para el cristianismo, en la renuncia de la vida: convierte en valores los sentimientos propios del rebaño, como la obediencia, el sacrificio o la humildad.

El esquema platónico se repite pues en el cristianismo. El sentido de la vida se coloca en un mundo más allá, donde se sitúa la vida verdadera. Pero platonismo y cristianismo no son los únicos grandes dispensadores de sentido: la razón, el progreso, la historia han ocupado el lugar de Dios desde la ilustración, cuando el hombre empieza a liberarse de la religión. En realidad, la necesidad de encontrar un sentido a la existencia es propia del hombre, pero la vida es un azar sin finalidad.


1. LA ESTÉTICA FILOSÓFICA


El término estética aparece por primera vez en la obra “aesthetica” (1750), escrita por el filósofo alemán alexander baumgarten.

La belleza y el arte han sido estudiadas por la filosofía desde sus inicios. Tradicionalmente la belleza ha sido considerado como algo elevado y muy cercano a lo supremo, tanto que su estudio formaba parte de la metafísica. A partir del declive de la metafísica en la época ilustrada, el estudio de la belleza se independizó y se transformó en una disciplina autónoma.

La estética es la parte de la filosofía que estudia lo bello. A ella correponde por tanto establecer una doctrina filosófica sobre la belleza, lo que incluye un estudio de la sensibilidad humana que explique la naturaleza de la experiencia estética.

En la medida en que lo bello es también producido- o reproducido- por el arte, la estética también tendrá como tarea el estudio del arte: el objeto artístico, la producción artística (proceso creativo), los tipos de arte y la recepción de la obra de arte. Al estudiar la belleza, la estética se adentra de un modo u otro en el campo de la metafísica u ontología. Al estudiar el proceso de creación artística y la experiencia estética, la estética se adentra en la psicología y la antropología. Finalmente, cuando el arte expresa determinados contenidos simbólicos o conceptuales, la estética linda con otros campos filosóficos como la ética, la filosofía política o a teología.


2. LA EXPERIENCIA ESTÉTICA


La experiencia estética implica, en principio, una forma de experiencia sensorial. Ver un cuadro, escuchar una canción, etc.

Sin embargo, tal experiencia estética tiene un fuerte componente emocional, que puede ir desde el mero agrado hasta el entusiasmo o incluso el éxtasis.

La experiencia estética aporta el material imprescindible para el juicio estético, que permite juzgar sobre la belleza de un objeto. Este juicio puede considerarse objetivo, si se cree que la belleza reside en la cosa, o subjetivo, si se considera que la belleza depende del sujeto que la aprecia.


PLATÓN: LA BELLEZA COMO ArmónÍA


La belleza es un concepto de extrema importancia en la filosofía platónica. Es una idea, es decir, una realidad trascendente y eterna, situada en un mundo inmaterial e inteligible, muy cerca de la realidad suprema: el bien. Platón concibe la belleza como armónía: orden y proporción de las partes que forman un todo. Además, la belleza es la expresión sensible del bien, y su virtud consiste en manifestar esa realidad suprema y atraernos hacia ella.

Al ser una idea, la belleza es una realidad originaria de la cual todo lo bello del mundo sensible es un mero reflejo; las cosas mundanas participan de ella, pero de modo imperfecto y pasajero. Finalmente, todo lo que es bello se deteriora y perece, pero la belleza misma es eterna.

ARISTÓTELES: EL ARTE COMO IMITACIÓN CREATIVA


Al igual que platón, Aristóteles es uno de los autores de la antigüedad que ha ejercido una mayor influencia en la estética posterior.

Aristóteles también considera que la labor del artista se caracteriza por la mímesis: el arte imita a la naturaleza. Ahora bien, esa imitación no tiene el carácter peyorativo que encontrábamos en platón. Antes bien, la imitación es una tendencia natural humana, de la cual proceden tanto el arte figurativo como la poesía.

Pero la imitación del artista no es una mera reproducción mecánica, sino la imitación de una acción, como ocurre en la tragedia, donde el poeta realiza una imitación del ser humano y de su vida.


LA EXPERIENCIA DE LA BELLEZA EN Hume


Como principal representante del Empirismo, el escocés David Hume enfoca el problema de la belleza desde el punto de vista de la experiencia. Lo bello produce placer y lo feo provoca dolor, malestar e inquietud.

Gracias al gusto o a la sensación captamos el placer que inevitablemente se encuentra unido a la belleza, y el dolor que acompaña a la deformidad.

EL JUICIO ESTÉTICO EN Kant


En su crítica de la razón pura, Immanuel Kant realiza un análisis de los juicios del entendimiento. En su crítica de la razón práctica, un análisis de los juicios morales. Será en la crítica del juicio donde se ocupe del análisis de los juicios estéticos. Estos juicios solo pueden basar en el sentimiento subjetivo y no en ninguna pretensión de objetividad.

No obstante, aunque el juicio estético es subjetivo, Kant piensa que mantiene una pretensión de universalidad. Así, cuando decimos que una obra es bella partimos de nuestra propia sensación, pero nos gustaría que los demás estuvieran de acuerdo con nuestro juicio.


Nietzsche: EL ARTE, UN IMPULSO PARA VIVIR


La visión sobre el arte de Friedrich Nietzsche (1844-1900) fue evolucionando a lo largo de su vida. En su primera obra importante, el nacimiento de la tragedia, el filósofo alemán pensaba que el arte podía elevarse a una realidad diferente. Las tragedias griegas o las óperas de Wagner representaban un modo de arte total, que combinaba las tendencias racionales (lo apolíneo) con las tendencias más pasionales (lo dionisíaco del ser humano).

Sin embargo, en su filosofía posterior Nietzsche niega que exista un mundo superior al que pueda llevarnos el arte. No hay mundos superiores ni inferiores, como no hay vida superior ni inferior. Solo hay un mundo y una vida, la que vivimos, la que tenemos que aceptar. Por tanto, el único fin del arte “el gran estimulante para vivir”, es animarnos a vivir nuestra vida, a afirmarla y aceptarla pese a su carga de fracasos y sufrimientos. El arte debe liberarse de toda esclavitud moralizante y toda pretensión didáctica, para dar paso a la libre fuerza creativa del ser humano, capaz de moldear un mundo de valores elevados en el que merezca la pena vivir.

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