Introducción
René Descartes es considerado el máximo exponente del racionalismo moderno. Su intención es hallar un conocimiento absolutamente firme, similar al de las matemáticas, que permita dejar atrás la crisis intelectual heredada de la Edad Media. Para ello propone un método basado exclusivamente en la razón y comienza cuestionando todo lo que cree saber mediante la duda metódica, con el fin de descubrir una primera verdad indudable desde la cual reconstruir el saber.
La duda metódica
La duda cartesiana es metódica porque sirve como instrumento para alcanzar la certeza, no como un fin en sí misma. No es escéptica, ya que no pretende permanecer en la duda, sino superarla. Es voluntaria, porque el sujeto decide conscientemente aplicarla, y ficticia, ya que se apoya en hipótesis imaginarias. Además, es hiperbólica, porque exagera los motivos para dudar, y teorética, ya que solo afecta al conocimiento teórico y no a la vida cotidiana. También es universal y metafísica, puesto que cuestiona incluso los fundamentos más profundos del conocimiento. Esta situación genera una gran inseguridad, cercana al nihilismo entendido como ausencia de certezas; sin embargo, a diferencia de Nietzsche, Descartes utiliza esta duda como un paso previo para alcanzar la verdad.
Grados de duda
Descartes establece varios grados de duda:
- Desconfianza de los sentidos: los sentidos en ocasiones nos engañan.
- Argumento del sueño: se pone en cuestión la razón, dado que no siempre es posible distinguir con seguridad si estamos soñando o despiertos.
- Hipótesis del genio maligno: llega a dudar incluso de las matemáticas mediante la idea de un ser que podría inducirnos al error incluso en las verdades que parecen más evidentes.
El cogito
Frente a esta duda radical, Descartes descubre una verdad absolutamente indiscutible: “pienso, luego existo”. Aunque un genio maligno intentara engañarme, no podría negar que estoy pensando y, por tanto, que existo como ser pensante. Esta certeza no se obtiene mediante un razonamiento, sino por una intuición intelectual clara y distinta. Así, el sujeto se define como res cogitans, es decir, como una realidad pensante que duda, afirma, niega, imagina y desea.
Las ideas
A partir del cogito, Descartes examina el contenido de la mente y diferencia tres tipos de ideas:
- Adventicias: que parecen proceder del exterior y cuya verdad depende de su correspondencia con la realidad.
- Ficticias: creadas por la imaginación y consideradas falsas.
- Innatas: propias de la razón. Entre estas últimas destaca la idea de Dios, concebida como la idea de un ser infinito y perfecto.
Entre estas últimas ideas destaca la idea de Dios, concebida como la idea de un ser infinito y perfecto. En este punto se aprecia la influencia de Platón, especialmente en la distinción entre la realidad objetiva de las ideas y la realidad formal.
Dios y la garantía de la verdad
Descartes presenta varias pruebas racionales para demostrar la existencia de Dios. Retoma el argumento ontológico de San Anselmo, según el cual, si concebimos a Dios como un ser absolutamente perfecto, su existencia debe formar parte de su esencia. También analiza el origen de la idea de Dios y, aplicando el principio de causalidad, concluye que la idea de un ser infinito no puede proceder de un ser finito como el ser humano, sino solo de Dios. Además, parte de la propia imperfección del yo que duda, el cual, sin embargo, posee la idea de perfección, lo que confirma que esta no puede tener un origen humano.
Dado que Dios es perfecto, no puede ser engañador, ya que el engaño implica imperfección. Por ello, el error humano no se debe a Dios, sino al uso inadecuado del libre albedrío. El entendimiento humano es limitado, mientras que la voluntad es ilimitada, ya que puede afirmar más de lo que el entendimiento conoce con claridad. El error se evitaría si el ser humano siguiera correctamente el método cartesiano, basado en la evidencia, el análisis, la síntesis y la enumeración.
Dualismo mente-cuerpo
Para Descartes, el ser humano está compuesto por dos sustancias distintas: el alma, que es pensamiento y no material, independiente del cuerpo; y el cuerpo, que es una sustancia material regida por leyes mecánicas. Aunque no comparten naturaleza, Descartes explica su relación mediante la glándula pineal. En definitiva, el ser humano queda definido como un yo pensante.
Legado
Con Descartes se inicia la filosofía moderna, centrada en el sujeto y en la razón. Su proyecto racionalista busca un fundamento sólido para el conocimiento, superando el escepticismo gracias al cogito y garantizando la verdad mediante la existencia de Dios. Su pensamiento influirá profundamente en la filosofía posterior y planteará cuestiones clave como la certeza, el error, la relación entre mente y cuerpo y el papel de la razón.
