Virtudes eticas humanas

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11.- LA ÉTICA

La Ética de Aristóteles es  eudemonista, pues persigue la  felicidad (=eçdaimon’a=eudaimonía; procede de eç- “buen”, y da’mwn, “demonio o potencia divina que  gobierna al hombre”, por tanto la eudaimonía consiste en tener un “buen dios o buen ánimo”). Y  el camino para alcanzarla pasa necesariamente por la virtud (=ªret¿=areté, es decir, excelencia  en la forma de ser).

◆ La Felicidad:

Igual que los seres naturales se mueven siempre por algún fin (télos), que no es  otro que la actualización de las formas potenciales que existen en su interior, así las  acciones humanas tienen como finalidad la consecución de algo que se considera bueno  y deseable. Ahora bien, si tenemos en cuenta que los fines que persiguen nuestros actos  se subordinan unos a otros, es decir, que algunos se buscan porque traen como  consecuencia otros que son los que verdaderamente buscamos, entonces hemos de  admitir que ha de haber un fin último o bien más excelente que es buscado por sí mismo  y nunca como medio para llegar a otro. Ese  fin último de nuestras acciones es la  felicidad, auténtico “norte” de los actos humanos. Sin embargo, reina un gran  desacuerdo sobre qué sea la felicidad y cuáles han de ser los medios para conseguirla:  unos ponen la felicidad en el placer (son los hedonistas), otros en la fama, otros en la  abundancia de riquezas, otros en la salud corporal, etc.  

Según Aristóteles, para determinar en  qué consiste la felicidad propiamente  humana, es necesario saber primero cuál es la esencia del hombre, pues sólo aquellas  acciones encaminadas al perfeccionamiento de ésta pueden proporcionar al hombre una  verdadera y permanente, no transitoria, felicidad. Y lo que hace al hombre ser hombre,  es su entendimiento, inteligencia o alma racional, de ahí que sea la actividad racional

(=la  qewr’a=theoría), es decir, el ejercicio de su entendimiento encaminado a conocer/contemplar la verdad, lo que le ha de procurar una auténtica y humana felicidad. La  feliz vida del sabio está hecha de serenidad ya que no se afana por un fin externo cuyo  alcance es siempre problemático, sino que su fin se encuentra en la misma actividad de  su inteligencia . La  vida teorética es, por tanto, una vida superior a la humana: el  hombre sólo la vive en cuanto posee en sí algo de divino: la inteligencia (nous).  Sin embargo, Aristóteles no es un idealista como Platón, sino un realista, por  eso afirma que para ser feliz, para poder ejercitar el etendimiento en la contemplación racional y libre de la naturaleza (en la theoría), son necesarios ciertos bienes materiales  externos, como una casa confortable, un número suficiente de libros y esclavos, una  situación afectiva resuelta, ciertas riquezas (pero no excesivas, porque quitarían  libertad), una serie de amigos, etc.

Resumiendo, LA FELICIDAD:

-Es el bien supremo o fin último de todas nuestras acciones.

-Es autosuficiente, es decir, se desea por sí misma y nunca en orden a otras cosas.

-No es para el hombre solitario, sino para el ciudadano, es decir, para quien vive  en  pólis, pues sólo en ella puede el hombre desarrollar/ejercitar su  lógos, su  entendimiento, a través del diálogo.

-Es una actividad del alma racional que se basta a sí misma, pues no necesita de  ningún bien externo (actividad, pues, contemplativa=theoría).

-Va unida a la posesión de ciertos bienes materiales externos.

-No es propia de esclavos, ni de animales, pues requiere una vida libre y racional.

-Y va unida necesariamente a la virtud.

◆ Las virtudes:

Son el camino a seguir para alcanzar la felicidad. Vivir conforme a la virtud  significa que la actividad de la razón o entendimiento dirige habitualmente (pues “una  golondrina no hace verano”) nuestra conducta.  Para Aristóteles, hay dos tipos de  virtudes: éticas y dianoéticas.

◗ Virtudes éticas: consisten en la actividad racional en cuanto se dirige a dominar a las partes no racionales del alma (la vegetativa y la sensitiva); tal dominio se  alcanza cuando se posee, dice Aristóteles,  “el hábito de elegir el justo medio (mesóthj=mesótes)  adecuado a uno”, justo medio que se halla siempre entre dos  extremos igualmente viciosos, bien por exceso o bien por defecto. Así, por ejemplo, la  virtud de la  valentía se halla entre la  temeridad y la cobardía, la virtud de la  generosidad, entre la prodigalidad y la  tacañería, etc.


◗ Virtudes dianoéticas: consisten en la  actividad racional en cuanto se dirige al ejercicio  más teórico de la inteligencia, es decir, en cuanto se dirige a conseguir  Epistéme  (Ciencia),  Sophía (Sabiduría) y Phrónesis (Prudencia). Esta última (la Prudencia) constituye el núcleo de  la ética de Aristóteles: se alcanza cuando el  entendimiento es capaz de manera habitual de  decidir, de acuerdo con la recta razón, qué acción es el justo medio  (mesóthj=mesótes)  adecuado a uno para su  bien vivir (=felicidad). Por esto, la Prudencia es la virtud  dianoética/intelectual de donde manan, en última instancia, todas las virtudes éticas, como la  valentía, la generosidad, la templanza, la amistad, etc.

 Resumiendo,  LA PRUDENCIA: es un  hábito (por tanto, adquirido con la  experiencia, “necesita una vida  entera”, dice Aristóteles) de  elegir con  entendimiento (actividad pues del alma racional, actividad teórica, aunque  referida a la práctica) la acción que es el justo medio adecuado a cada uno (un   justo medio no abstracto, sino concreto, referido al individuo en particular, pues  la misma acción que es en un caso particular un exceso, puede ser en otro caso  un defecto o el justo medio).

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