Platón y Aristóteles: biografías, doctrina política y la justicia en la República

Contexto: Platón

Platón (427–347 a. C.), cuyo nombre de nacimiento era Aristocles, fue uno de los filósofos más influyentes de la historia occidental y fundador de la Academia de Atenas, considerada la primera institución de educación superior en el mundo occidental. Proveniente de una familia aristocrática ateniense, recibió una esmerada formación en matemáticas, música, poesía y gimnasia; su vida dio un giro decisivo al conocer a Sócrates, con quien estudió durante ocho años hasta la ejecución de éste en 399 a. C., un evento que marcó profundamente su pensamiento y orientación filosófica.

Tras la muerte de su maestro, Platón viajó por Megara, Egipto, Creta y las colonias de la Magna Grecia, entrando en contacto con diversas tradiciones intelectuales, especialmente con los pitagóricos, cuya influencia se refleja en su interés por las matemáticas y la inmortalidad del alma. De regreso a Atenas en 387 a. C., fundó la Academia, donde enseñó durante casi cuarenta años y escribió sus célebres diálogos, obras literarias y filosóficas que plasman su doctrina mediante conversaciones protagonizadas muchas veces por Sócrates.

Su obra evolucionó a lo largo de tres o cuatro períodos, abarcando temas como la ética, la política, la teoría del conocimiento y la metafísica, siendo especialmente famosa su teoría de las Ideas o Formas. Intentó aplicar sus ideales políticos en Siracusa, aunque sin éxito, al no lograr convertir a los tiranos en «reyes filósofos». Platón murió en Atenas, probablemente en 347 a. C., el mismo día de su cumpleaños, y fue enterrado en el jardín de la Academia. Su legado no solo sentó las bases de la filosofía occidental, sino que también influyó decisivamente en el desarrollo del pensamiento cristiano, medieval e incluso moderno.

Contexto: Aristóteles

Aristóteles (384–322 a. C.), conocido como «el estagirita» por haber nacido en Estagira, en la región de Macedonia, pertenecía a una familia de médicos vinculada a la corte real, lo que despertó desde muy joven su interés por el estudio de la naturaleza y la observación empírica. A los dieciocho años se trasladó a Atenas para completar su formación filosófica en la Academia de Platón, donde permaneció durante aproximadamente veinte años y asimiló gran parte del pensamiento platónico, aunque más tarde desarrollaría una filosofía propia.

Tras la muerte de Platón, Aristóteles abandonó Atenas y pasó un tiempo en Asia Menor, en la corte de un antiguo compañero, donde se dedicó al estudio y contrajo matrimonio. Posteriormente, Filipo II de Macedonia lo llamó para que se encargara de la educación de su hijo Alejandro, quien más tarde sería conocido como Alejandro Magno. Una vez que Alejandro accedió al trono, Aristóteles regresó a Atenas y fundó su propia escuela, el Liceo, un importante centro de investigación y enseñanza que puede considerarse una de las primeras universidades del mundo occidental.

Allí desarrolló una intensa labor intelectual en campos como la lógica, la ética, la política, la física y la metafísica. Tras la muerte prematura de Alejandro, el clima antimacedonio de Atenas llevó a Aristóteles a exiliarse acusado de ateísmo; se refugió en Calcis, donde murió en el año 322 a. C. Su obra ejerció una influencia decisiva en la filosofía medieval y posterior, especialmente gracias a las traducciones realizadas por pensadores judíos y musulmanes. Entre sus principales obras destacan Física, Metafísica, Política, Ética y el Organon.

Platón — República, Libro IV (432b–435c)

Tema central

La justicia como la virtud que articula un estado justo y excelente.

Nos encontramos con un texto en el que Platón trata uno de los temas más importantes de su pensamiento político: la justicia como la virtud que articula un estado justo y excelente. Efectivamente, comienza hablándonos de la justicia, afirmando que es la cualidad necesaria para alcanzar un estado justo o excelente; tal como escribe en el primer párrafo: “para que el estado alcance la excelencia… la justicia”.

A continuación, el texto describe qué es la justicia en un estado y se centra en la idea de que ésta consiste en que cada parte del estado cumpla con su función. Para Platón, el estado tiene tres clases sociales —la clase de los productores, la de los guerreros y la de los gobernantes—, aunque no lo menciona expresamente en el texto. Cada una de esas clases sociales debe ejercer una función, que Platón llama virtud; en este contexto, virtud y función son sinónimos. Platón afirma que cuando cada clase social cumple con su función, alcanzamos una sociedad o estado justo. Por eso afirma: “la justicia consiste en hacer lo que es propio de cada uno sin dispersarse en muchas tareas”, y la misma idea la encontramos en el siguiente párrafo: “la justicia ha de consistir en hacer lo que le corresponde a cada uno del modo adecuado”.

Virtudes y funciones

Las afirmaciones que vienen a continuación abundan en los mismos planteamientos. Platón afirma que la justicia no solo es necesaria para alcanzar un estado excelente, sino que además es la base de las cualidades del estado que tienen que poner en práctica cada clase social:

  • Los productores: moderación.
  • Los guerreros: valentía.
  • Los gobernantes: sabiduría.

En el penúltimo párrafo, el más largo del texto, Platón pone en relación la función de la justicia con las otras tres virtudes y afirma que es la justicia la que articula y da sentido a esas tres otras virtudes: la moderación, la valentía y la sabiduría.

Crítica de formas de gobierno

A continuación, vuelve a insistir en la misma idea de que la virtud principal para alcanzar la excelencia en un estado es la justicia, criticando indirectamente formas de gobierno que a Platón no le parecen apropiadas. Realiza una crítica encubierta a la democracia (“coincidencia de opinión entre gobernantes y gobernados”), a la timocracia y a la tiranía (“la existencia de una inteligencia vigilante en los gobernantes”), rechazando aquellas cualidades del estado en las que haya “una coincidencia de opinión entre gobernantes y gobernados” y también aquella otra en la que “los militares… una opinión pautada acerca de lo que debe tenerse o no”.

En este sentido, Platón sostiene que el estado bueno al máximo consiste en que cada uno haga solo lo suyo.

La analogía entre el estado y el alma

El texto finaliza con que Platón establece una analogía entre el estado y el alma individual, afirmando que ambos comparten una misma estructura tripartita. Cada clase del estado y cada parte del alma ejercen una virtud específica y correlativa. La justicia surge cuando cada parte cumple correctamente su función, tanto en el individuo como en el estado.

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