La necesaria correspondencia entre las fuerzas productivas y el carácter de las relaciones sociales de producción

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1871-1900. La época del materialismo


Hacia 1900 el ferrocarril había cuadruplicado su red en el trascurso de una generación con el fin de unir las grandes zonas continentales con los numerosos puertos, en los que atracaban los buques de vapor.

Critica al capital


En la segunda mitad del S. XIX el capitalismo se ha establecido en Occidente y sus consecuencias ya son evidentes.
Marx necesita suponer un concepto determinado de naturaleza humana que le sirva de criterio para realizar una crítica a todo orden social que no lo respete. Para ello utilizará elementos tanto de la filosofía, como de la teoría económica, para recalcar su carácter contradictorio y nefasto para el ser humano. Recoge de Rousseau la defensa de la igualdad, y de una naturaleza humana común, y la visión de las desigualdades como producto del desarrollo histórico. De Hegel, la conciencia alienada y su falta de libertad, y la necesidad de un Estado acorde a esa libertad. De Feuerbach, la noción del ser humano como material, con deseos y necesidades, y la alienación, como la separación de sus cualidades, pero Marx va más allá. La alienación es la escisión del hombre con respecto al fruto de su trabajo. Una cuarta influencia es el socialismo francés del que toma la idea de lucha de clases, la constatación de la opresión y miseria del proletariado. Para que la crítica fuera lo más científica posible, retoma los estudios de los economistas ingleses y se enfrenta a ellos: Adam Smith afirma que el mercado se regula por sí mismo sin necesidad de ninguna intervención estatal. Según Marx, este análisis y estudio sobre el intercambio de mercancías y sus leyes enmascara la realidad social, considera el modo de producción burgués como necesario y acorde a la naturaleza humana, y a la mercancía, el comercio, y el capital, como propiedades naturales de la sociedad humana y no reconoce que esas relaciones sociales son producto de un proceso histórico, y por ello, pueden cambiar.
El punto de partida, ha de ser la realidad empírica. El ser humano es material, es un ser vivo con necesidades naturales que ha de satisfacer y para ello ha de realizar una actividad, y así, entra en una relación con la naturaleza -de donde obtiene los medios, y da lugar a las Fuerzas productivas (todo aquello que interviene en la obtención del producto) y con otros hombres, que le ayudan a ello y así se generan las Relaciones de producción, establecidas entre las personas para obtener esos productos. En esa actividad y relación, transforma la naturaleza, la historia y se transforma a si mismo. Las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, forman la infraestructura económica, mientras que el sistema de creencias y normas que existe en la sociedad será su superestructura. Tanto infraestructura como la superestructura, constituye el modo de producción. Las ideas dominantes en cada época son la expresión de las relaciones materiales dominantes. Por ello, las teorías no pueden ser eliminadas con la crítica, sino por medio de la praxis revolucionaria. La historia viene determinada por las formas concretas de producción, consumo y propiedad, por lo que es posible distinguir varios modos de producción (asíático, antiguo, y feudal) antes de llegar a la producción propia del capitalismo. Pero, una fase previa, es la del comunismo primitivo. Para Marx, en esta fase preclasista, el hombre, al trabajar, crea nuevas condiciones de vida, las cuales, a su vez, lo transforman. Aquí el hombre se posee a sí mismo y también al objeto de su labor. La división del trabajo es producto de la división natural de las tareas impuesta por las diferencias de género y edad. El hombre es al principio un ser comunitario; pero la individualización, relacionada con una división del trabajo cada vez más especializada, hace que el hombre progresivamente desarrolle menos rasgos de su naturaleza genérica, y por ello la desigualdad se incrementa. A su vez, la propiedad privada no deriva de un estado de naturaleza, como pretendía Locke, sino que es el resultado de un desarrollo social posterior.  El sistema capitalista es un sistema lleno de contradicciones. Sus relaciones de mercado dependen de la expropiación de una masa de trabajadores. La fuerza de trabajo de estos es también una mercancía y su valor viene determinado. En su caso se trata de la cantidad necesaria para poder subsistir y reproducirse. Todo lo que produce el trabajador, por encima de lo que necesita, es plusvalía, la fuente de la ganancia. Si el capitalista entregara al obrero lo que realmente vale su trabajo, no obtendría ningún margen de ganancia. Así, el trabajo mismo se convierte en mercancía. Por ello, el capitalismo tiende hacia la concentración del capital en un conjunto cada vez más estrecho, a través de la competencia y la anarquía de la producción, que da lugar a superproducción, crisis periódicas, despidos, disminución de salarios, con lo que es de nuevo rentable invertir, las empresas fuertes absorben a las débiles, una minoría se enriquece más frente a la pauperización creciente del proletariado. Pero no se trata sólo de pobreza, el sistema capitalista, en lugar de fomentar el desarrollo pleno de las facultades humanas, las alienan. El trabajador queda sometido al proceso de oferta y demanda, ya que es el propietario, el que dispone del control de producción y de sus beneficios. La propia actividad productiva es alineada, no permite que el trabajador desarrolle sus mejores capacidades, y en lugar de dominar sobre su naturaleza ha de someterse a las necesidades de ésta. Por ello, el trabajador se aliena también de los demás hombres, pues no se presenta como ser humano sino como trabajador, como mercancía, y por último, se aliena de la naturaleza, pues para poder saciarlas sus necesidades, ha de someterse al propietario.
Puesto que la infraestructura se refleja en la superestructura, la desigualdad económica se refleja en desigualdad política. Sólo los grandes poderes económicos tienen influencia directa en las decisiones del Estado y privilegios en sus leyes y en la aplicación de éstas. En la alienación política, se produce una escisión entre el hombre y su capacidad de decidir bajo que leyes quiere regir su vida en comunidad, y es el Estado el que actúa de mediador. Mediante la alienación religiosa se produce una escisión entre el hombre y la posibilidad de ser feliz en su vida presente. Existe además, la alienación especulativa, en la que la escisión se produce entre el ser humano y su pensamiento, actuando como mediador la cultura oficial vigente. Sin embargo, la alienación no se limita sólo al obrero, también el capitalista está subordinado al capital, también la propiedad privada y las leyes de mercado le dominan. Pero la pauperización del proletariado y la alienación pueden forzarle a tomar conciencia de clase y posibilidades revolucionarias. El socialismo, primer objetivo de la revolución, debe comenzar con la toma del poder político y por medio de la revolución violenta, aumentar la capacidad de las fuerzas productivas que permitirán la eliminación del trabajo enajenado. La abolición de la división del trabajo conllevará la abolición de la alienación, y no sólo en la base económica sino en toda la sociedad. En esa época futura los hombres trabajarán libremente, para realizarse a sí mismos y alcanzar el desarrollo pleno.  La influencia del pensamiento de Marx influye en las revoluciones comunistas posteriores. Sin embargo, sus predicciones erraron en muchos aspectos. En Occidente, donde el poder de la ideología burguesa se ha impuesto; el tiempo libre ha sido acaparado por los medios de comunicación de masas, y la educación pública no fomenta el desarrollo de las capacidades intelectuales o creativas.

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