La Certeza Cartesiana: El Cogito, el Dualismo y la Naturaleza del Yo Pensante

El Fundamento de la Certeza en la Filosofía Cartesiana

El objetivo central de este documento es la examinación de las distintas acciones atribuidas al alma y ejecutadas por el cuerpo, conforme a la metodología de René Descartes. Se descartan acciones que, como andar, nutrirse o sentir, precisan de la existencia de un cuerpo físico. Solo **pensar** es propio del yo de manera evidente.

La Certeza Indudable: Pensamiento y Existencia

La relación entre pensamiento y existencia constituye una certeza indudable, de tal forma que el pensamiento sostiene la evidencia de existir, porque la existencia es lo que sostiene el pensamiento. La cuestión fundamental a la que el texto responde es la búsqueda cartesiana de la certeza. Descartes aspira a desarrollar una filosofía que solo admita aquello que se percibe de forma clara y distinta.

La máxima «Pienso, luego existo» (*cogito ergo sum*) responde rigurosamente a los requerimientos de su sistema. De ese yo, Descartes solo puede predicar ahora que es un **algo pensante**.

El Dualismo y la Desestimación de las Acciones Corporales

Descartes es declaradamente **dualista**, por lo que trata el alma (*res cogitans*) como una realidad propia, distinta del cuerpo (*res extensa*). Nuestro autor había analizado varias acciones que tradicionalmente se atribuían al alma, ya que el cuerpo es considerado una máquina inerte. Sin embargo, al aplicar la duda metódica, se identificó que las siguientes acciones precisan de la existencia de un cuerpo:

  • Andar
  • Nutrirse
  • Sentir (incluso dejando al margen la posibilidad de creer sentir en sueños)

Estas tres acciones no pueden atribuirse al yo existente (el yo producto del *cogito ergo sum*), único resultado del que Descartes puede estar cierto.

El Pensamiento como Única Propiedad del Yo

Cosa diferente ocurre con **pensar**. El pensamiento es propio del yo y no depende del cuerpo. Si la existencia es deducible del pensar, solo es posible hablar de existencia en tanto que el yo piensa. Descartes remite al primer precepto del método, según el cual solo debe aceptarse aquello que se presente como cierto:

«No admito ahora nada que no sea necesariamente verdadero: así, pues, hablando con precisión, no soy más que una **cosa que piensa**.»

Analizadas las acciones del alma, solo el pensamiento resulta propio del yo, por lo que pensar supone existir. Preguntado por qué es aquello que existe, concluye que lo que existe es algo que piensa. Se pregunta entonces si es posible ir más lejos respecto a qué soy. Queda descartado que sea un cuerpo o cualquier cosa imaginable. A lo más que se puede llegar es a afirmar que soy algo. La primera regla del método le permite descartar ideas sobre qué es, pero mantiene la certeza de que es.

La Duda Metódica Aplicada a la Naturaleza del Cuerpo

A continuación, se aborda la comprensión del cuerpo a partir de las ideas habituales sobre este. El autor parte de ciertas acciones que se atribuyen al cuerpo para avanzar una definición. Sin embargo, todo lo que cree saber del cuerpo debe seguir siendo objeto de duda, pues puede atribuirse al engaño de un **genio maligno**.

El Propósito Cartesiano: Construir un Conocimiento Cierto

Descartes pretende construir un conocimiento tan cierto en filosofía como el que desarrollan la física y las matemáticas, donde se produce un conocimiento acumulativo que lleva a una superación continua. Habiendo logrado un primer conocimiento cierto como es el «cogito ergo sum», Descartes pretende aumentar ese cuerpo de certezas analizando si podemos hablar de tener un cuerpo.

Queda como recurso analizar las ideas que de uno mismo tenemos y que sentimos como propias o connaturales. Esas ideas fueron antes descartadas como ciertas porque eran objeto de duda. Descartes dará paso ahora a examinar lo que comúnmente pensamos sobre el alma y sobre el cuerpo.

La Concepción Mecanicista del Cuerpo

Descartes comienza su examen fijándose en el cuerpo, al que identifica con una máquina:

«Me fijaba, primero, en que yo tenía un rostro, manos, brazos y toda esa máquina de huesos y carne, tal y como aparece en un cadáver, a la que designaba con el nombre de cuerpo.»

Esta perspectiva permite hablar de una dualidad en el ser humano de cuerpo y alma, propia del **mecanicismo**. La enumeración de las partes del cuerpo y la mención al cadáver plantean un acercamiento al cuerpo desde fuera, como si de un observador externo se tratara.

Atributos Tradicionales del Alma y el Cuerpo

Tras eso, Descartes reparaba en que se nutría, andaba, sentía y pensaba, y refería todas esas acciones al alma; pero no se detenía a pensar en qué era ese alma, que imaginaba como algo sutil y etéreo. En lo tocante al cuerpo, no dudaba de su naturaleza y lo definía como aquello que:

  1. Tiene figura.
  2. Ocupa espacio.
  3. Puede percibirse por los sentidos.
  4. Puede moverse (aunque no por sí mismo).

Descartes señala que moverse, sentir y pensar no son facultades propias del cuerpo, aunque se hallen en algunos cuerpos. En el fondo, juega con la idea de un alma dentro de un cuerpo. La duda lo lleva incluso a poner en cuestión su propio cuerpo.

La Hipótesis del Genio Maligno y la Persistencia de la Duda

Al introducir la hipótesis del **genio maligno**, Descartes revisa todos los atributos que había atribuido al cuerpo y concluye que no puede tener certeza de ninguno de ellos, por lo que no pueden aceptarse como válidos conforme a su método. La duda sobre la existencia del cuerpo persiste, mientras que la certeza del yo pensante se mantiene inalterable.

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