filozofiia

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Parte 1: El camello

Y mi fortaleza se regocije Nietzsche habla sobre como el valor del camella reside en su fortaleza así cuanta más carga lleve sobre su lomo más valorado será. Lo mismo sucede con el hombre que cuanta mayor pena soporte y a pesar de ella siga avanzando más a

aplaudido será 

Sufrir hambre en el alma por amor


..En esta expresión Nietzsche habla sobre cómo el hombre masa no tiene acceso su fuente, es decir, a la verdad que se encuentra dentro de

sí y a la que denomina «impulso vital» sino que le han contado que la verdad es algo externo y superior a lo que no tiene acceso, así el camello que no encuentra su fuente muere de sed también lo hace el hombre alejado de la verdad.

Resumen


En este Fragmento el autor hace un símil entre el hombre masa y un camello. El hombre masa es para el autor, aquel que ante la muerte de los valores absolutos de Occidente se refugia en el Nihilismo y vive dentro de un rebaño con miedo a salir. Es un hombre sin afán de transformación q culpa al resto de su desgracia y no hace nada pa solucionarlo.


Parte 2: El león

Gran dragón


Nietzsche compara los valores y normas impulsados en Occidente con el dragón del ¨tú debes¨. Este dragón es el denominado por Nietzsche como ¨mundo verdadero¨ que se puede definir como una representación estática y superior de del espíritu apolíneo, es decir, de la razón que comienza con el dualismo platónico y perdura en el cristianismo y en la filosofía moderna y se ha impuesto en Occidente como modo de actuar ejemplar, lo que me separa de mi fuente de la verdad.

Crearse libertad para un nuevo crear


En esta expresión Nietzsche habla de la actitud nihilista del hombre, es decir, un modo en el que el hombre vaga sin objetivos Sin plantearse metas ideales pero que reconoce que todo lo anterior ha sido destruido y desde el no deja espacio a la creación de nuevos valores más en relación con su modo de entender la realidad

Resumen


En este texto, Nietzsche habla sobre las 3  metamorfosis del hombre centrándose en león como representación del Nihilismo que trae consigo al positivismo que pasa afrontar cuestiones que no le pertenecen coma la metafísica, cuestión que trae consigo la muerte de Dios que la base para construir el hombre masa o superhombre.


Parte 3 El niño

Para ese robo se precisa el león


En este Fragmento Nictesche habla del superhombre, al cual compara con un niño que representa la libertad verdadera que no consiste solo en reaccionar ante un estímulo sino que es creadora y espontánea, consiste en aceptar la vida como juego y crear valores nuevos fundamentando estos en el mundo terrenal nue fundamentando estas en el mundo teatral. El sí del niño es libre y a diferencia del León no nace de la respuesta sino de una voluntad creadora. 

Para el juego del crear se precisa un santo decir si


 Nietzsche habla sobre como la actitud del niño consiste en dar un sincero sí a la vida retomando la importancia del espíritu dionisíaco que había sido apartado por lo mentalidad accidental. Por ello, el niño para construir valores y una sociedad nueva debe decir sí, a la verdad que es el impulso vital y la aceptación de la vida como una obra trágica, donde la mejor actitud es el sí, que te hace salir del rebaño de hombres masa

Resumen


En este texto Nietzsche nos habla del superhombre representado en el niño. Una de las carácterísticas de este es el abandono del resentimiento logrando no perpetuar en el presente lo que ocurríó en el pasado ya con la carga de resentimiento no puedes crear o acceder a valore nuevos que es el objetivo del niño.


La obra de Nietzsche «El origen de la tragedia» contiene el núcleo de su filosofía: el reconocimiento de la vida como valor fundamental y la convicción de que la cultura occidental ha rechazado la vida o le ha tenido miedo. El filósofo afirma que es la tragedia griega la que nos muestra los dos principios que componen la realidad, ya que en la tragedia clásica griega la realidad está formada por un equilibrio entre 2 dioses: Apolo y Dionisio. Apolo representa los valores de la razón; es la divinidad de la luz, la proporción, la justa medida, el equilibrio, la claridad, la individuación, y la forma. Dionisio representa los valores de la vida; así como la confusión, el caos, el descontrol, la deformidad y la irracionalidad, es la divinidad del vino y de la fecundidad. Nietzsche considera que la tragedia clásica de la Grecia presocrática no olvidó a ninguno de los dos Dioses: en el equilibrio apolíneo se halla la pasión dionisíaca. De esta forma, la tragedia griega representa lo más profundo de la existencia humana con la armónía entre ambos tipos de valores y diciéndole sí a la vida. Con esta base, Nietzsche defiende el valor del arte que expresa toda una concepción del mundo y de la existencia. El sentido del mundo se puede describir racionalmente, en conceptos precisos y argumentaciones rigurosas, pero también mediante la metáfora y los recursos estéticos que permiten la depuración de la sensibilidad para aprehender intuitivamente la realidad y comunicarla mediante la sugerencia, la belleza y el símbolo. Resumiendo, es necesario conjugar el espíritu apolíneo y el dionisíaco para alcanzar una vida plena. Es así como Nietzsche es partidario del vitalismo, ya que, en su opinión, la vida no tiene un fundamento exterior a ella, tiene valor en sí misma. De modo que Dionisio y Apolo son las dos categorías estéticas con las que Nietzsche interpreta la realidad: dos fuerzas operantes, el hombre y la cultura. Sin embargo, con la irrupción de Sócrates primero y de Platón después, comenzó la decadencia y el error. Los elementos morales e intelectuales se impusieron y empezó el predominio del espíritu apolíneo, de todo aquello que es lógico y racional. Estos dos filósofos dividieron la realidad en mundo sensible y mundo inteligible, siendo la preferencia de este último el gran error de la filosofía occidental para Nietzsche. Para él, el mundo inteligible (de las ideas) es un mundo perfecto, pero ficticio, creado por el ser humano como válvula de escape del mundo sensible e imperfecto. De este modo, Nietzsche se convirtió en el gran defensor de la actitud dionisíaca, de la aceptación de la vida tal como es, con el dolor y la muerte que comporta. Esta decadencia de lo sensible culmina con el nacimiento y desarrollo del cristianismo o «platonismo para el pueblo”. Con él, la razón se debilita en beneficio de la fe, que pasa a ser la que sustenta la relación del hombre con el mundo “verdadero”. De esta forma, el mundo de las ideas solo será accesible para los virtuosos, para los cristianos.  


LA MUERTE DE Dios Para nuestro filósofo la expresión “Dios ha muerto” es más que un simple ateísmo. Para él, expresa la muerte de las verdades absolutas y de las ideas inmutables, el fin de los ideales que guiaban la vida humana. Nietzsche dice que los ideales ya no impulsan las vidas de las personas, el mundo suprasensible ha perdido toda la fuerza. Dios ha muerto. Con la muerte de Dios se desmorona nuestra civilización, los valores supremos ya no tienen validez y el sentido del mundo ya no se busca fuera de este. APARICIÓN DEL SUPERHOMBRE El asesinato de Dios inaugura un tiempo nuevo donde no hay ideales, normas, principios ni valores por encima de nosotros. Ante esto solo cabe la posibilidad de adoptar dos posiciones, la del último hombre (el que vive el fin de la civilización) o la del superhombre (el nuevo Dios terrenal que dice sí a la vida). Para Nietzsche, él vive en la época del último hombre, donde este se rinde al Nihilismo. El Nihilismo o negación absoluta es el estado del hombre carente de objetivos por los que valga la pena luchar. Es el estado del hombre transformado en vegetal. Este hombre solo busca placer y comodidad sin plantearse ninguna meta. Sin embargo, la negación absoluta de antiguos valores abre la posibilidad de afirmar unos totalmente nuevos. Aquí aparece el superhombre. Este es capaz de estar a la altura del asesinato de Dios; este pasará a ser el nuevo Dios, un Dios terrenal. El superhombre da otro sentido a la realidad y crea valores que se fundamentarán en este mundo. Crea así el sentido de la Tierra, él mismo será el sentido de la Tierra. Nietzsche no caracteriza con precisión al superhombre, sólo dice que será un espíritu libre que no cederá ante nada. En una de sus obras, Nietzsche describe las tres transformaciones del hombre antes de convertirse en superhombre: – El camello: representa al hombre capaz de soportar el peso de la ley moral y de la trascendencia. Simboliza al espíritu que se inclina ante lo sublime de la ley moral; su máxima es el deber kantiano. – El león: en esta metamorfosis, este animal lucha contra su último Dios: la moral y los valores. Crea su libertad aprendiendo a decir que no y finalmente diciendo “yo quiero”. – El niño: representa la voluntad creadora y espontánea, la libertad verdadera. El niño simboliza la existencia como aventura y juego; consiste en un natural y sincero decir sí a la vida.  LA VOLUNTAD DE PODER Para sustituir los antiguos valores y crear unos nuevos, el superhombre sólo cuenta con la voluntad de poder. Es preciso crear nuevas formas de vida y esto 


comporta la destrucción de las formas ya agotadas y decadentes que se resisten a morir. La voluntad de poder es el poder de los creadores, un poder que sin ningún esfuerzo se adueña de la situación por su propia grandeza. La voluntad de poder se opone a la voluntad de igualdad. La voluntad de igualdad es el intento de reducir todo lo original y excepcional a ordinario y mediocre. Nietzsche lucha contra la identificación de igualdad con justicia. Encuentra esta identificación en el cristianismo, entre otros. Este afirma que todos somos iguales ante Dios. EL ETERNO RETORNO El eterno retorno quiere decir que los ciclos temporales comienzan y acaban constantemente y que se repiten de manera infinita. Cada ser humano está condenado a morir y a volver a vivir la misma vida, en la misma época, en los mismos lugares y con los mismos acontecimientos; y esto se producirá eternamente. Para Nietzsche esto le sirve de gran consuelo ya que el eterno retorno significa que todo lo desaparecido volverá a ser vida una vez más. El eterno retorno ha sido interpretado de diferentes maneras muy diversas. Una de ellas lo relaciona con el cristianismo y la resurrección, el retorno a la vida de algo que ya ha existido. El amor al destino de Nietzsche consiste en amar lo que es necesario; es la aceptación, por parte de la voluntad, del destino enigmático del mundo. TRANSMUTACIÓN DE LOS VALORES Nietzsche proclama la importancia de los valores dionisíacos y considera falsos todos los valores aceptados por la sociedad. Muchos de los escritos de Nietzsche están marcados por la idea de transmutación de todos los valores, queriendo destruir los viejos y crear los nuevos. Nietzsche distingue entre dos morales: – Moral del señor: En ella, es bueno todo lo que eleva al individuo, todo lo que se basa a en la afirmación y aceptación de la vida. – Moral del esclavo: Es la moral de la mediocridad, forjada en el instinto de venganza contra la vida superior. También es la moral de la democracia. Según Nietzsche, la primera moral que existíó fue la del señor. Ahora bien, como consecuencia de una rebelión de los esclavos se produce la inversión de los valores morales. En una de sus últimas obras, nuestro filósofo derriba todo tipo de ídolos y todo lo que considera falso y que el mundo toma por verdadero.


Sin embargo, Nietzsche critica la idea de un «orden moral del mundo», la existencia de principios y valores morales absolutos y universales. También critica la “trascendencia” de dicho orden, que afirma que hay “algo” en el “más allá” que impone leyes y normas que orientan y dan sentido a la vida humana. Para él, la “buena conducta” del hombre no debe estar motivada por la existencia de una vida mejor a la que aspirar tras la muerte. De esta forma, Nietzsche critica el carácter antinatural de la moral tradicional, que en virtud de normas, leyes e imperativos se opone a los instintos primordiales de la vida. Como ya se ha dicho, la base filosófica de esta moral es el platonismo. Así, el filósofo distinguíó entre 2 morales: la moral del señor, que es la noble y elevada que juzga por contraposición entre lo bueno y lo malo, siendo lo bueno todo aquello que eleva al individuo, que se basa en la afirmación y aceptación de la vida, y la moral del esclavo, que es la de la mediocridad, basada en el instinto de venganza contra la vida superior, de modo que ensalza todo aquello que hace llevadera la vida de los débiles. Según este filósofo, la primera moral que existíó fue la del señor, pero que, como consecuencia de una rebelión de los esclavos, se produce una inversión de los valores morales: el resentimiento de los oprimidos pasa a ser creador y genera valores que alaban la forma de ser de los débiles. (compasión, humildad, docilidad). Posteriormente, con la llegada de la Ilustración, el mundo inteligible continúa vigente en la razón práctica de Kant, en su imperativo moral; ya que la existencia de Dios es el mismo sol de Platón, que es el símbolo de la idea suprema. Se trata, según Nietzsche del «viejo sol», pero ahora difícil de demostrar, visto a través de la niebla, es decir, del escepticismo. Tomando como punto de partida el conocimiento de Kant, cuyo límite se encuentra en la experiencia sensible, el positivismo relega la razón práctica, la moral, atribuyéndola a simples prejuicios teológicos. Por lo tanto, «el mundo verdadero» es incognoscible y los sentidos son fuente de conocimiento. Es el primer bostezo de la razón. Comienza a despejarse la oscuridad creada por Platón, y la razón despierta de su sueño dogmático. Finalmente aparece el Nihilismo junto con las ideas de Nietzsche. Ante la inutilidad de la Idea, que ni siquiera obliga, la elimina. Este es el Nihilismo: la destrucción de todos los valores suprasensibles heredados de Platón. Vuelve la concepción de que el único mundo que hay es en el que vivimos y que el otro, mal llamado «verdadero», no era más que un mundo ficticio. Al eliminar este mundo de las ideas, desaparece el supuesto verdadero conocimiento, es decir, el conocimiento de las Ideas y la concepción de que el buen comportamiento era el afín a la Idea del Bien. Pero tras haber eliminado el mundo verdadero», se elimina también el aparente. Este es el final del error más largo, es el momento de la verdad. En este momento, surge la doctrina de Nietzsche del eterno retorno y el superhombre

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