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Comentario

Las ideas fundamentales son, que la Razón miente, y que los sentidos nos dicen la
verdad, que solo hay un mundo:
El que se nos presenta a través de los sentidos. Creer

en transmundos  es falsear la realidad. Por lo tanto, toda la tradición occidental
estaba equivocada, todos menos -según Nietzsche- Heráclito, que sí que confiaba en los
sentidos.
Si se nos manda relacionar el texto con el concepto “inocencia del devenir”, entonces tenemos que
poner énfasis en el hecho de que el Camello, como figura, requiere necesariamente de la metafísica
que afirma que la Razón dice la verdad, pues esta es la Razón que crea la culpa, que crea el Paraíso,
y otras ideas similares. Así, para el niño todo es superficialidad, todo es lo que hay, y por lo tanto no

puede haber culpa, sino un puro habitar lo que se nos presenta. Al niño, por así decirlo, todavía no
le han comido la cabeza con ideas absurdas como Dios, la Razón, la Moral; el niño está más allá del
bien y el mal.
Y después, para la conclusión personal, habrá que meditar: ¿estás de acuerdo con Nietzsche? ¿Crees
que solo hay un mundo, el de los sentidos? ¿No crees que tenía razón Platón o Kant cuando
afirmaban que habían verdades universales y necesarias, un ámbito puro -como el matemático- que
es pura unidad? ¿No tiene razón Descartes al dudar de todo y buscar la certeza en el ámbito de las
ideas racionales? ¿Realmente no tienen ningún sentido nuestras normas morales? En fin, con estas
preguntas se puede llegar a hacer una buena conclusión.

Nietzsche-HERÁCLITO

Nietzsche consideraba que Heráclito, Maquiavelo y Spinoza eran tres filósofos excepcionales porque los tres negaban un mundo transcendente y negaban la moral. Parménides, consideraba que el mundo se halla en continuo movimiento incesante. Dicho con otras palabras, el mundo no es una unidad fija, inamovible y sustancial . Que las cosas no tengan «esencia» significa que todo puede cambiar, que el mundo es un baile de máscaras, donde unas apariencias dejan paso a otras apariencias, sin que nada sea algo definitivamente. Nietzsche, para el cual «no hay hechos, sino solo interpretaciones».


Nietzsche-SIMONE DE BEAUVOIR

Simone de Beauvoir es conocida por su obra El segundo sexo, escrito en 1949, después de la
Segunda Guerra Mundial. Es uno de los iconos del feminismo, por lo que parece algo increíble que
se haya apoyado en Nietzsche, uno de los filósofos más misóginos de la historia, para desarrollar su
propia filosofía.
En primer lugar, Simone de Beauvoir decía que la mujer no nace mujer, sino que se hace mujer. Es
decir, que la “existencia del ser humano precede a su esencia”, que nos hacemos, que no nacemos
siendo lo que somos. Esta idea es anti-esencialistas, y está en deuda ciertamente con la idea de
Nietzsche del ser. Para Nietzsche, ser es devenir inocente, creador, trágico hasta cierto punto. Nada
es algo definitivamente, sino que todo puede cambiar. La esencia del mundo es el cambio mismo, la
lucha misma. Además, Simone de Beauvoir critica la situación de la mujer sumisa de su tiempo y la
relaciona con la idea de “Moral de esclavos”. Así, propone una mujer liberada, individualista, que
no sea simplemente un objeto de deseo, sino un sujeto con deseos, inquietudes, capaz de ser dueña
de su propio destino, etc.

Nietzsche-PLATÓN

La profunda animadversión que procesaba Nietzsche hacia Platón orienta y fundamenta la mayor
parte de la obra del alemán. Ve en Platón y su mentor (Sócrates) la cuna de los valores
judeocristianos que Nietzsche considera que van en contra de la naturaleza humana. Nietzsche se
muestra contrario al dualismo platónico: rechaza la existencia de un mundo ininteligible perfecto y
reclama el caótico mundo sensible como único verdadero. Además, Nietzsche niega también la
existencia de un alma inmortal, y afirma que no hay que vivir como si tu alma fuese ir a otro
mundo, sino como si la vida se fuese a repetir eternamente (pero como pura ficción, siendo
conscientes en todo momento de que vida solo hay una y que hay que vivirla) La pretensión
platónica de dotar al mundo caótico de armónía, serenidad, equilibrio y racionalidad forja el ideal
apolíneo en el que basan los valores judeocristianos que rigen a la sociedad actual. Frente a lo

Además, ambos creían en sociedades altamente jerarquizadas, si bien para Platón el líder debía ser el «filósofo-rey» y para Nietzsche el líder tenía que ser un líder-creador, o un artista político.


Dionisíaco

Por definición, dionisíaco es lo relativo al Dioniso, Dios de la antigua mitología. Conocido por ser el Dios del vino, representaba también la fuerza vital, el ímpetu, el instinto «irracional», etc. En la filosofía de Nietzsche, lo dionisíaco cumple un papel crucial a la hora de interpretar el saber que albergaban las obras de arte griegas, en especial las tragedias, que eran las más elevadas de todas. Para Nietzsche, en las tragedias se podían observar dos «principios» que actuaban complementariamente, lo dionisíaco y lo apolíneo. Apolíneo y Dionisíaco derivan de los dioses griegos Apolo y, como ya se ha dicho, Dionisio , a los que Nietzsche contrapone como facetas distintas del espíritu humano.

El espíritu dionisíaco, en suma, impulsa a gozar de la vida, de la sensualidad, del placer carnal. Para Nietzsche su ideal es el del ser humano que sabe vivir combinando ambos espíritus. Un ser humano exclusivamente dionisíaco perdería su identidad y se acabaría aniquilando, un ser exclusivamente apolíneo sería excesivamente racional, ordenado, y perdería tanto el instinto como las ganas de vivir. De hecho, el problema de la cultura occidental, según Nietzsche, es que por culpa de Sócrates, Platón y el cristianismo, se fue perdiendo el sustrato dionisíaco y trágico de la vida.

Si vamos al libro donde se expone esta teoría, El nacimiento de la tragedia, de 1872, Nietzsche nos dice que en la tragedia griega , el espíritu griego supo equilibrar las tendencias apolínea y dionisíaca. Es decir, partiendo del hecho de que el Universo era un caos dionisíaco y que la vida dependía del azar y carecía de sentido, los griegos supieron anteponerse heroicamente creando la belleza, la armónía y siendo conscientes de que ellos eran los dueños de su destino. Los primeros dualistas, como Platón, ante el «miedo a la vida y a la muerte», negaron el carácter dionisíaco del mundo.

INOCENCIA DEL DEVENIR

Nietzsche nos habla en su filosofía de las tres transformaciones del espíritu.
Primeramente se es CAMELLO, un animal noble que sin embargo soporta una gran carga. Esa
carga es la de la tradición filosófica, moral y religiosa de Occidente, que nos dice básicamente que
tenemos que sentirnos culpables por existir, que estamos siendo injustos, y que tenemos que andar
por esta vida en una actitud de renuncia constante. Esto empezó siendo así desde Anaximandro, que
afirmaba en su sentencia que existir es ya un acto insolente y que acabaremos “pagando por


nuestras culpas”. La segunda fase es el LEÓN, que trata de luchar contra esa herencia, pero sin
llegar a librarse enteramente de ella. Finalmente, se llega a la tercera fase, donde el espíritu se
vuelve inocente, artista y creador. La metáfora que escoge Nietzsche para esta tercera fase es la del

niño, un vitalista que no se preocupa ni entiende que existir sea ya una culpa, que no carga con
nada, sino “que juega”. En la metáfora de las tres transformaciones del espíritu la figura del niño
representa, por tanto, al súper-hombre, el artista que juega inocentemente, sin atender valores
morales preestablecidos. Así, inocencia del devenir alude también a la concepción de la vida que
tenía Nietzsche, como pura fuerza creadora (voluntad de poder) que afirma y destruye, que se recrea
en el devenir, un devenir que está abierto a la experimentación y la creación y no limitado por
norma moral alguna.

Nihilismo


No es una teoría filosófica, sino la consecuencia de la historia de nuestra cultura occidental una vez que aparece en escena la lógica de la metafísica platónica .
Platón. El problema es el siguiente: en la época moderna hay un auténticamente crepúsculo de los ídolos, «Dios ha muerto» como afirma Nietzsche, y por lo tanto ninguna transcendencia es capaz de explicar o dar fundamento a un «mundo sensible» que no descansa sino en sí mismo, sobre «nada».
Nietzsche suele expresar esto con una frase: «El desierto crece».

Ante la aceptación radical del Nihilismo caben dos posturas:

Nihilismo pasivo: desprecio del mundo, la decadencia, el abandono; una huida hacia atrás. Esta es tanto la postura de Arthur Schopenhauer, el filósofo pesimista que abrazaba el suicidio, como la tendencia de la cultura occidental, que se ha abandonado a la superficialidad, al egocentrismo, al narcisismo, a los productos culturales basura, al consumismo, etc.

Nihilismo activo: negar el Nihilismo y buscar un nuevo sentido a la vida. Esta «aceptación» no es ya resignación, sino una alegría de la vida tal y como es. Esta aceptación de la vida es su apuesta, un Nihilismo activo.

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