Dios, conocimiento y ética en Descartes y Santo Tomás: metafísica y antropología

Dios en Descartes

En la Edad Moderna, Descartes busca superar la inseguridad del saber tradicional mediante un método racional que permita alcanzar verdades indudables. Dentro de su metafísica, la demostración de la existencia de Dios ocupa un lugar central, ya que garantiza la validez del conocimiento y posibilita el paso desde el yo pensante hacia la realidad exterior.

La duda metódica y el cogito

El punto de partida es la duda metódica: Descartes pone en cuestión los sentidos, el mundo exterior e incluso su propio entendimiento. En medio de esta duda radical descubre una certeza absoluta: mientras duda, piensa, y mientras piensa, existe. «Pienso, luego existo» afirma la existencia del yo como sustancia pensante, cuya esencia es el pensamiento, y se convierte en el fundamento desde el cual analizar las ideas.

Tipos de ideas

A partir del análisis del pensamiento, distingue tres tipos de ideas:

  • Adventicias: procedentes de la experiencia.
  • Facticias: creadas por la imaginación.
  • Innatas: propias de la razón.

Entre las innatas destaca la idea de infinito o perfección. Según el argumento causal, un ser limitado e imperfecto como el yo no puede haber producido por sí mismo la idea de un ser infinito y perfecto; esta solo puede proceder de Dios. Este razonamiento constituye la primera demostración de su existencia.

Demostraciones de la existencia de Dios

Además, Descartes recurre al argumento ontológico: la existencia pertenece necesariamente a la esencia de un ser absolutamente perfecto. Igual que no se puede concebir un triángulo sin tres lados, no se puede pensar a Dios sin existencia, pues la perfección implica existir.

Consecuencias epistemológicas

Demostrada la existencia de Dios, este se convierte en sustancia infinita y perfecta, y en garantía de que las ideas claras y distintas son verdaderas. Así se elimina la hipótesis del genio maligno y se asegura la posibilidad del conocimiento. Gracias a esta garantía divina, Descartes afirma la existencia del mundo como sustancia extensa, cuya esencia es la extensión y que puede conocerse mediante las matemáticas. Junto a ella se encuentra la sustancia pensante, el alma, distinta del cuerpo.

Conclusión sobre Dios en Descartes

En conclusión, Dios ocupa un lugar fundamental en la filosofía cartesiana: es la garantía última del conocimiento verdadero. Desde la certeza del yo, Descartes demuestra racionalmente la existencia de Dios mediante el análisis de las ideas innatas y el argumento ontológico, y con ello fundamenta la verdad del mundo y la distinción de las tres sustancias: Dios, el alma y el mundo.

Epistemología de Santo Tomás

En la Edad Media, Santo Tomás de Aquino elaboró una teoría del conocimiento que busca armonizar la razón y la fe, mostrando sus ámbitos propios y su colaboración. Para él, la razón humana es capaz de alcanzar por sí misma verdades naturales, mientras que la fe, basada en la revelación divina, accede a verdades sobrenaturales. Entre ambas existen los llamados preámbulos de la fe, como la existencia de Dios, que pueden conocerse tanto filosófica como teológicamente y fundamentan la teología natural.

Orígenes del conocimiento y abstracción

Tomás adopta la teoría aristotélica del conocimiento, de carácter empírico. Todo saber comienza en los sentidos, que captan lo particular y generan imágenes en la memoria. A partir de estas, el entendimiento agente abstrae los conceptos universales, permitiendo el conocimiento intelectual. Así, aunque el origen del conocimiento es sensible, la razón puede elevarse a lo universal.

Esencia y existencia

Introduce además una distinción metafísica decisiva: en los seres creados, esencia y existencia no coinciden. Su existencia es contingente y depende de una causa externa. Solo en Dios, Ser Necesario, esencia y existencia se identifican plenamente.

La demostración de Dios y la revelación

A partir de la contingencia del mundo, la razón puede inferir la existencia de un Ser Necesario como causa primera. De este modo, la razón humana puede demostrar racionalmente que Dios existe y conocer algunos de sus atributos, aunque su esencia última solo sea accesible mediante la revelación.

Resumen de la epistemología tomista

En conjunto, Santo Tomás construye una epistemología que integra el empirismo aristotélico con la metafísica del ser, conciliando la autonomía de la razón con la complementariedad de la fe. Su sistema explica cómo conocemos el mundo natural y cómo la razón puede acceder a Dios, mostrando que fe y razón convergen en la búsqueda de la verdad.

Antropología en Descartes

En la Edad Moderna, Descartes desarrolla una concepción dualista del ser humano que marca un giro decisivo respecto a la tradición aristotélica. Según su filosofía, la persona está compuesta por dos sustancias completamente distintas: el cuerpo y el alma. El cuerpo, la res extensa, es material, ocupa espacio y funciona según leyes mecánicas y deterministas, comparable al funcionamiento de una máquina. El alma, la res cogitans, es una sustancia inmaterial, consciente y pensante, cuya esencia es el pensamiento.

Esta visión rompe con la concepción unitaria de Aristóteles, que entendía al ser humano como una única sustancia compuesta de materia y forma. Para Descartes, en cambio, cuerpo y alma son realidades heterogéneas unidas accidentalmente en el individuo. A pesar de esta diferencia radical, ambas interactúan en la vida humana. Descartes sitúa esta interacción en la glándula pineal, desde donde el alma influye en los movimientos corporales y el cuerpo afecta a los estados anímicos, permitiendo la experiencia unitaria de la persona.

En suma, la antropología cartesiana implica comprender cómo esta dualidad condiciona la existencia humana. El cuerpo y el entorno influyen en la vida psíquica, mientras que la razón y la voluntad del alma orientan y dan sentido a la acción corporal. Esta relación entre lo físico y lo mental es fundamental para entender la naturaleza humana en el pensamiento de Descartes y explica tanto el comportamiento como la dimensión espiritual del ser humano.

Ética en Descartes

En la Edad Moderna, Descartes desarrolla una concepción ética que se apoya en su antropología dualista y en su teoría del conocimiento. Para él, el ser humano está compuesto por dos sustancias distintas: el alma o res cogitans, inmaterial y pensante, y el cuerpo o res extensa, material y sometido a leyes mecánicas. Esta distinción permite comprender la relación entre pensamiento y acción, y fundamenta una ética centrada en la libertad y la responsabilidad.

Libertad y voluntad

El alma, cuya esencia es el pensamiento, es libre y no está determinada por las leyes físicas que rigen el cuerpo. Aunque ambas sustancias son radicalmente diferentes, interactúan en la vida humana, lo que explica que las decisiones de la mente influyan en la conducta corporal y que los estados del cuerpo afecten a la vida psíquica. Esta interacción es clave para entender la dimensión moral del ser humano.

La libertad ocupa un lugar central en la ética cartesiana. Descartes distingue entre entendimiento y voluntad: el entendimiento es limitado, pues solo puede captar con claridad aquello que conoce adecuadamente; la voluntad, en cambio, es ilimitada y puede afirmar o negar incluso más allá de lo que el entendimiento comprende. La libertad consiste precisamente en la capacidad de la voluntad para decidir, y es el fundamento de la responsabilidad moral.

Moral provisional y práctica

Descartes no elabora un sistema moral completo, pero sí propone una moral provisional y unos principios prácticos destinados a guiar la conducta mientras se alcanza un conocimiento más firme. La moral consiste en actuar con decisión, seguir normas claras y gobernar la voluntad conforme a lo que se reconoce como verdadero y bueno. La firmeza en la acción y el autocontrol son elementos esenciales de esta ética.

En conjunto, la ética cartesiana se apoya en la dualidad entre cuerpo y alma y en la libertad de la voluntad. La interacción entre ambas sustancias hace posible la acción moral, y la libertad permite al ser humano ser responsable de sus decisiones. Así, antropología y ética se complementan en el pensamiento de Descartes, subrayando que la autonomía de la voluntad es el fundamento de la vida moral.

Ética de Santo Tomás (Medieval)

Santo Tomás de Aquino, principal representante de la Escolástica medieval, desarrolla una ética de inspiración aristotélica, de carácter eudemonista y teleológico, ya que considera que todas las acciones humanas tienden a un fin y que el fin último del ser humano es la felicidad. Sin embargo, a diferencia de Aristóteles, sostiene que la felicidad perfecta no se alcanza en esta vida, sino en la vida futura, y consiste en la visión de Dios.

Las virtudes son hábitos que permiten al hombre actuar correctamente. Santo Tomás distingue, siguiendo a Aristóteles, entre virtudes intelectuales y morales, y añade las virtudes teologales —fe, esperanza y caridad—, que tienen a Dios como objeto y son infundidas por Él. El fin último del hombre es vivir virtuosamente para llegar a gozar de Dios. Para alcanzar este fin no basta la ley humana, sino que es necesaria la ley divina, que orienta al ser humano hacia su destino sobrenatural y cuya guía corresponde a Cristo y a la Iglesia. Por ello, el poder político debe promover la vida virtuosa, aunque subordinado al fin sobrenatural del ser humano.

Ley natural y fundamentos morales

El bien moral es aquello que está de acuerdo con la naturaleza humana. De esta naturaleza derivan las inclinaciones fundamentales del ser humano:

  • la conservación de la vida,
  • la reproducción y educación de los hijos,
  • la búsqueda de la verdad,
  • la vida en sociedad.

De ellas surge la ley natural, que es universal, evidente e inmutable.

La ley natural es participación de la ley eterna, entendida como la razón divina que gobierna el universo. La ley positiva del Estado debe expresar la ley natural, y el legislador no puede establecer leyes contrarias a ella, ya que toda autoridad procede de Dios. Así, Santo Tomás integra la ética aristotélica en una visión cristiana donde Dios es el fundamento último de la moral y la política.

En suma, la ética de Santo Tomás integra la tradición aristotélica con la visión cristiana, mostrando que el ser humano alcanza su plenitud viviendo conforme a la virtud y orientando su vida hacia Dios. La ley natural, las virtudes y la subordinación del poder político al fin sobrenatural expresan una concepción moral en la que razón y fe se complementan en la búsqueda del bien y de la felicidad última.

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