Descartes chuleta

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1-El método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad.
Descartes define la razón como la capacidad de juzgar bien y de distinguir lo verdadero de lo falso, es naturalmente igual en todos los hombres. No obstante, la diversidad de nuestras opiniones no se debe a que existan diferencias en cuanto a la razón entre unos y otros, sino a que conducimos nuestros pensamientos por distintos caminos y no consideramos las mismas cosas. De esta concepción unitaria de la razón, se deriva que todas las ciencias no son otra cosa que la sabiduría humana, una e idéntica. Así pues, el problema que encara Descartes es el de dirigir bien la razón, ya que no basta con tener buen ingenio, lo principal es aplicarlo bien. La solución a este problema vendrá, por un lado, de descubrir los modos de conocer la razón y las consecuencias de éstos, y por otro lado, de elaborar el método adecuado a estos modos para dirigirla correctamente, y así alcanzar la verdad. Si se consigue esto, se abrirá la puerta del conocimiento, como ya había ocurrido en las matemáticas, su modelo a seguir. Los modos de conocer la razón son la intuición y la deducción. La intuición es tener certeza, “la concepción de una mente pura y atenta tan fácil y distinta, que en absoluto queda duda alguna sobre aquello que entendemos”. La intuición es una especie de luz natural por medio de la cual captamos de manera inmediata y sin posibilidad alguna de duda o error, ideas simples, verdaderas, evidentes de por sí. Estas ideas son claras y distintas, y también se denominan naturalezas simples. A partir de las naturalezas simples se desarrolla el conocimiento a partir del segundo modo, la deducción, la cual define como “toda inferencia necesaria a partir de otros hechos que son conocidos con certeza”. La inteligencia descubre conexiones entre las intuiciones y recorre estas conexiones por medio de la deducción. Como el punto de partida es una naturaleza simple, el razonamiento deductivo será una sucesión ordenada de evidencias, de tal manera que la conclusión será tan evidente como las mismas ideas claras y distintas de las que parte. Para Descartes la única garantía de verdad es el método, y solo encuentra verdad en las matemáticas. Para Descartes, lo que hace que las matemáticas obtengan conocimientos verdaderos es el método empleado para conseguirlos. Por eso se inspira en la lógica y en el análisis matemático. La idea de un único método es la idea central del sistema cartesiano. Las matemáticas no son un saber especial, lo único que las diferencia es la utilización de un método que si se extendiese a otras ciencias lograría los mismos resultados. Descartes nos afirma que la razón es única, de ahí que el saber sea único, y por tanto, un único método para alcanzar la sabiduría. Descartes defiende la idea de una ciencia unificada y universal, la “Mathesis universalis”, fundada en la razón y el método. Las cuatro reglas son: Los cuatro preceptos en los que ha resumido y reflexionado sobre el método de las matemáticas y su aplicabilidad en la filosofía, preceptos simples y universales para que puedan ser aplicables a cualquier ciencia, son los siguientes:
1- El primer precepto es el de la evidencia, no admitir ninguna cosa como verdadera que no se conozca con evidencia que lo es. Es por esto que hay que evitar la precipitación y la prevención, y considerar como verdadero solo lo claro y distinto. La precipitación y la prevención son causas de errores. La precipitación es aceptar como evidente lo que es confuso y oscuro, por otra parte, la prevención es no aceptar como evidente aquello que es claro y distinto, un exceso de desconfianza. Así también, el criterio de verdad está unido a claridad y distinción, es el hecho de estar perfectamente singularizado, separado de lo demás. 2- El segundo precepto es el análisis, el análisis minucioso de los problemas hasta reducirlos a las ideas simples y claras aprehensibles por la intuición. A partir de las ideas o naturalezas simples se levantará todo el edificio del conocimiento.
3- La tercera regla es la síntesis, que nos explícita con claridad la vía de la deducción. En este proceso interviene el segundo modo del conocimiento, la deducción, una cadena ordenada de evidencias que parte de las ideas claras y distintas para llegar al conocimiento de lo más complejo, con la misma claridad y distinción desde lo que se ha partido.
4- El cuarto precepto es la enumeración, mediante el recuento se hace la prueba del análisis, y mediante las revisiones, la de la síntesis. La pretensión final de estas enumeraciones es extender la evidencia de la intuición a la deducción.
El objetivo de Descartes es encontrar verdades absolutamente ciertas, y para ello utiliza la duda metódica. Se trata de encontrar verdades mediante la imposibilidad de dudar lógicamente, que permitan fundamentar el conocimiento verdadero. Exigir un punto de partida verdadero implica un largo proceso de eliminación de todas las ideas que hasta el momento habían sido consideradas como verdaderas, pero que no poseen una certeza absoluta. Hay que dudar de todo y rechazar todo aquello de lo que se puede dudar mínimamente. Esto es lo que se llama duda metódica, y corresponde con el primer precepto del método. No debe ser considerado como real, sino como un instrumento metódico para alcanzar su objetivo. Los motivos de duda son tres:
1- La duda sobre la fiabilidad de los sentidos. Los sentidos nos proporcionan un conocimiento que solemos considerar como verdadero, pero a veces nos engañan y las experiencias de engaño nos llevan a considerar que los sentidos nos proporcionan un conocimiento probable, y lo probable no es absolutamente verdadero. Es dudoso y por tanto ha de ser rechazado.
2- La dificultad de distinguir la vigilia del sueño. Cuando dormimos, solemos representar en sueños las mismas cosas que en la realidad.
Es por esto que a veces tenemos dificultad para distinguir el sueño de la vigilia. Tenemos sueños que solo al despertar descubrimos que eran sueños. Esto nos lleva a pensar que podemos estar dormidos y
que las percepciones sobre nuestro propio cuerpo no son más que representaciones del sueño. Además, no solo debemos dudar de que las cosas sean como la vemos, sino de la misma existencia de las cosas. Este motivo de duda nos lleva a rechazar la seguridad sobre la existencia de nuestro propio cuerpo y del mundo material.

3- La hipótesis del Genio Maligno. Descartes añade un tercer motivo de duda, la Duda Hiperbólica, la hipótesis del Genio Maligno. Un Dios que se dedica a engañarnos. Nada le impide pensar que haya sido creado por un genio maligno de tal manera que su entendimiento se equivoca necesariamente cuando piensa que ha alcanzado la verdad. Esta duda es improbable pero no imposible, y afecta a las matemáticas, verdades evidentes y absolutamente ciertas.
Así pues, la duda exigida por el método ha llevado a Descartes a rechazar todo el conocimiento. No obstante, esta duda es provisional, un camino para obtener la verdad absoluta.
No obstante, será de esta duda radical de donde extraerá la primera certeza absoluta, la existencia del sujeto que piensa. Pienso, luego existo. Esta verdad es inmune a la hipótesis del Genio Maligno ya que el propio hecho de dudar o ser engañado es prueba de su verdad. En resumen, todo lo que pienso puede ser falso, incluso las verdades matemáticas son errores de mi entendimiento, fruto del genio maligno. Pero de lo que no hay duda es del hecho de que yo dudo. Mi existencia como sujeto pensante esta fuera de cualquier duda, y por tanto es la primera verdad. “Cogito, ergo sum”, conocida por la intuición. Es la primera verdad por que es resultado de la intuición y por que posee las dos carácterísticas esenciales, la claridad y la distinción. Cumple las exigencias del primer precepto y es el punto de apoyo firme a partir del cual iniciar la reconstrucción de filosofía como ciencia. Esta verdad, nos informa de la existencia del sujeto, y nos aporta conocimiento sobre qué es ese yo, es pensamiento. Sujeto pensante Pero el cogito es más que una primera verdad, es el modelo de toda la verdad, el criterio general de certeza.
Descartes extrae de esta idea verdadera que todo lo que se perciba con claridad y distinción será verdadero, sin embargo, esto hay que probarlo. Hasta el momento, la hipótesis del genio Maligno sigue vigente y todos los conocimientos de mi pensamiento pueden ser erróneos, por tanto se centrará en probar la existencia de Dios, ya que un Dios no podría consentir el engaño permanente. Probará la existencia de Dios partiendo de la idea que tenemos de él, clara y distinta.
DUALISMO ANTROPOLÓGICO. MECANISMO Y LIBERTAD
El desarrollo del Método Cartesiano, ya nos permite afirmar con seguridad la existencia de tres tipos de realidades: la razón o el yo pensante; el ser infinito o Dios; y la realidad extensa.
A cada una de estas clases de realidad, Descartes la denomina sustancia , “Aquella realidad que existe por si misma y no necesita de las demás realidades para existir.” “Aquella que solo necesita de Dios para existir”. Descartes quiere recalcar que los conceptos de estas tres realidades “se explican por sí mismos, sin necesidad de apoyarse en las otras realidades, y no se puede dar el paso de un ser desde una sustancia a otra”.
Cada sustancia está caracterizada por una serie de atributos (esencia de la sustancia) que pueden manifestarse bajo diferentes modos.
Tras esto Descartes da una nueva definición de sustancia: “aquello que solo necesita de Dios para existir”.
En su ontología de la teoría de la realidad lo divide en:
1. Sustancia infinita o Dios, el atributo que mejor distingue a Dios es la infinitud: Dios es el ser infinito, posee todas as cualidades posibles sin limitación alguna. Tampoco se dan en Dios modos ya que “Dios es el ser único que agota toda la sustancia, y no puede darse otro Dios”.
1. Sustancia pensante, consiste en la actividad mental. Se puede decir que la Sustancia pensante es la conciencia, el yo o el alma.
Esto, hace referencia a una misma realidad. La sustancia pensante es la primera verdad firme e indudable que halló Descartes, ya que entiende que el pensamiento es diferente al propio hombre. El atributo es el pensamiento, la racionalidad, la cual comprende a la inteligencia y voluntad. El modo es el
entendimiento, la racionalidad concreta que posee cada ser. En esta sustancia Descartes llega a la conclusión “El alma existe por sí misma y no necesita del cuerpo para existir”.
1. La sustancia extensa o mundo, se identifica con la materia. El atributo es la extensión, puesto que todo lo que es material ocupa algún ligar en el espacio. Los modos son la forma y figura, la extensión concreta de cada ser material.
El hombre es un ser compuesto de dos sustancias diferentes, autónomas e independientes entre sí, el cuerpo y el alma, la red extensa y la red cógnita. Se trata de una antropología claramente dualista que le servirá para hablar de libertad.
El mecanismo determista de Descartes se extiende a todas las cosas materiales: las leyes fijas y necesarias determinadas por la naturaleza de forma que no hay libertad. De ahí Descartes opta por dividir al ser humano en dos sustancias donde el pensamiento tendría libertad defendiendo una razón universal autónoma (independiente). O creía que los animales tuvieran conciencia, alma o sentimientos, son únicamente complejos sistemas mecánicos formados exclusivamente por materia.
Descartes era partidario del dualismo antropológico, porque consideraba que en el ser humano están presentes dos realidades completamente distintas que se corresponderían a dos sustancias.
La parte material del ser humano es el cuerpo, que es la sustancia extensa. Al estar formado de materia, el cuerpo obedece las leyes de la física y está sujeto al determinismo.
Pero la realidad humana no se agota en lo material, ya que en nosotros también hay un principio inmaterial que es la actividad mental consciente, a la que también podemos llamar alma. Como el alma no es materia, no está sujeta al mecanismo determinista. Descartes creía que el alma humana es la dimensión espiritual de la persona, por lo que goza de libre albedrío y puede continuar extendiendo tras la muerte del cuerpo. Si la materia está sometida a las leyes mecánicas, la libertad debe residir en el alma. Como el alma cuenta con dos facultades, el entendimiento y la voluntad, y el entendimiento es la facultad de pensar, la voluntad es la capacidad de afirmar o negar, de querer o no querer, y Descartes la identifica con la libertad. Descartes dice que la existencia de la libertad es algo evidente, y es además la máxima perfección del ser humano: “La principal perfección del hombre consiste en tener libre albedrío, y que es lo que le hace digno de alabanza o censura” (Principios de Filosofía). La libertad es básicamente la capacidad de elegir entre diversas opciones que se nos presentan, pero es una elección sobre aquello que el entendimiento le presenta con
claridad y distinción como lo bueno y verdadero, no es la total indiferencia ante las diversas opciones (la indiferencia se debe a la ignorancia del entendimiento). Esta es la base de la ética cartesiana. El objetivo último de Descartes al afirmar que el alma y el cuerpo son sustancias distintas es salvaguardar la autonomía del alma con respecto a la materia. La ciencia del momento, cuya concepción sobre la materia compartía Descartes, impónía una concepción mecanicista y determinista del mundo material, en el cual no queda lugar para la libertad. Salvaguardar la libertad requería situar el alma en una esfera de la realidad autónoma e independiente de la materia.
La división que establece Descartes entre nuestra dimensión material y nuestra dimensión espiritual plantea un grave problema de aclara cuál es la interacción que existe entre estos dos principios.
El problema de la relación entre las sustancias nunca encontró una respuesta satisfactoria dentro del pensamiento cartesiano. En ocasiones. Descartes llega a afirmar que nuestra auténtica y verdadera realidad es la conciencia, y el cuerpo es un instrumento a nuestro servicio.
En otras ocasiones, Descartes piensa en dos realidades separadas que podrían conectarse a través de la glándula pineal.
MORAL PROVISIONAL
Descartes era partidario del dualismo antropológico, porque consideraba que en el ser humano están presentes dos realidades completamente distintas que se corresponderían a dos sustancias.
La parte material del ser humano es el cuerpo, que es la sustancia extensa. Al estar formado por materia, el cuerpo obedece las leyes de la física y está sujeto al determinismo.
Pero la realidad humana no se agota en lo material, ya que en nosotros también hay un principio inmaterial que es la actividad mental consciente, a la que también podemos llamar alma. Como el alma no es material, no está sujeta al mecanismo determinista. Descartes creía que el alma humana es la dimensión espiritual de la persona, por lo que goza de libre albedrío y puede continuar existiendo tras la muerte del cuerpo.
La división que establece Descartes entre nuestra dimensión material y nuestra dimensión espiritual plantea un grave problema de aclarar cuál es la interacción que existe entre estos dos principios.
El problema de la relación entre las sustancias nunca encontró una respuesta satisfactoria dentro del pensamiento cartesiano. En ocasiones, Descartes llega a afirmar que nuestra auténtica y verdadera realidad es la conciencia, y el cuerpo es un instrumento a nuestro servicio.
En otras ocasiones, Descartes piensa en dos realidades separadas que podrían conectarse a través de la glándula pineal (inventada).
Descartes apoyaba esta teoría del dualismo antropológico ya que si no hay libertad no hay moral; si no hubiera libertad todo sería determinismo. La moral implica libertad.
La importancia que, a pesar de todo, la moral tiene para Descartes queda de manifiesto en su concepción de la libertad. La libertad, idea rectora en el ámbito moral, es una idea innata, según Descartes, y además, probablemente la más importante de todas, porque es el reflejo del sometimiento del cuerpo al alma, de las pasiones irracionales e involuntarias a la Voluntad del sujeto.
En la justificación de por qué investigar la moral, en este punto, Descartes razona del siguiente modo: si debo someter todos mis conocimientos a un proceso de análisis, de
duda, de clarificación, no resolviendo precipitadamente sobre su verdad, sino esperando al dictamen de la razón conducida por el método, y si este proceso de “suspensión del juicio” debe afectar también a las normas y principios morales, entonces, dado que la tarea puede tomar un largo tiempo durante el cual es necesario convivir en sociedad, es preciso proveerse de algunos principios básicos para garantizar esa convivencia.
Descartes no tiene una filosofía moral excesivamente elaborada. En el Discurso del Método nos provee, de unas normas morales o máximas de comportamiento que sugieren que siguió las opiniones comúnmente aceptadas en este ámbito.
Las máximas de la moral provisional de Descartes son las siguientes:
1. “Obedecer las leyes y las costumbres de mi propio país, conservando con constancia la religión en la que Dios me ha dado la gracia de ser instruido desde mi infancia, y rigiéndome en todo lo demás con arreglo a las opiniones más moderadas y más alejadas del exceso que fuesen aprobadas comúnmente en la práctica por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir”. Esta norma se corresponde con la moderación. En un contexto donde se desvanecen las creencias no se puede aceptar que todo sea válido. Hasta que se encuentren los preceptos hay que seguir lo establecido, seguir a los “más sensatos”, a quienes puede interpretarse como los de mejor juicio. Considera un exceso los votos religiosos (pobreza, castidad y obediencia).
2. “Ser decidido y resuelto en las acciones, manteniendo con firmeza la decisiones adoptadas”. Esta norma se corresponde con la constancia. Defiende el vivir de forma práctica, la duda para la teoría. En cuestiones de moral no se puede dudar. Descartes utiliza la metáfora de un bosque para explicar esta máxima. No debemos vagar de un lugar a otro, o detenernos, o rectificar constantemente nuestro criterio, sino que, una vez resueltos a caminar en una dirección, hacelo siempre así a pesar de las dificultades.
3. “Procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna y modificar mis deseos antes que el orden del mundo”. Esta norma se corresponde con el dominio de los deseos. Se basa en la idea de que “no hay nada que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros pensamientos”. Descartes se presenta como un hombre dispuesto a cambiar interiormente antes que promover un cambio en los usos y normas habituales en la sociedad en la que vive. Afirma que es más feliz quien sabe controlar lo que desea que quien vive constantemente pendiente de deseos que no dependen de él.
1. Como conclusión de esta moral, Descartes propone cultivar la razón por encima de todo y aprender constantemente. Este intelectualismo moral es herencia de Sócrates. Es la razón las que da la medida del bien y del mal. En sus palabras: “pensé que no podía
hacer nada mejor que emplear toda mi vida en cultivar mi razón y avanzar, tanto como pudiese, en el conocimiento de la verdad, siguiendo el método que me había prescrito”. La razón es el criterio que nos lleva a la verdad y justicia. El conocimiento es la libertad.
CONCEPTO DE IDEA EN Descartes Y SUS TIPOS
La aplicación del primer principio del método y el uso de la intuición han dado como resultado la primera verdad. A partir de ella, Descartes deberá enfrentarse al problema de deducir la existencia de la realidad material. El problema lo podemos formular de la siguiente manera: ¿cómo demostrar la existencia del mundo material partiendo exclusivamente de la existencia del pensamiento? La respuesta a este problema es mediante su teoría de las ideas. En primer lugar, Descartes cambia el concepto de “idea” respecto a la filosofía anterior y afirma que el pensamiento recae directamente sobre las ideas, no sobre las cosas. Las ideas son como una representación gráfica de las cosas, y esta representación es la que contempla el pensamiento. La filosofía anterior, al considerar que la idea es como una especie de cristal transparente a través del cual el pensamiento se vuelca sobre las cosas, no tiene ningún problema sobre la existencia de estas cosas, pues, al no haber aportación del pensamiento, el hecho de pensarlas ya es prueba suficiente. Pero Descartes, al haber colocado la idea como objeto del pensamiento, sólo tiene la certeza de la existencia mental de esa idea, pero no tiene ninguna certeza de que el contenido de esa idea tenga realidad material. Entonces, ¿cómo demostrar que mi idea del mundo pertenece a un mundo material? Para dar respuesta a este interrogante, Descartes procede a analizar la naturaleza de las ideas, y distingue en ella un doble aspecto: a) Las ideas en tanto que modos de pensamiento, esto es, actos mentales. B) Las ideas en tanto imágenes que representan algo, esto es, en tanto que poseen un contenido representativo o contenido objetivo, contenido que Descartes denomina “Realidad objetiva de las ideas”. Las ideas en tanto que modelos de pensamientos son todos iguales, sin embargo, en su contenido son diferentes, pues unas representan unas cosas y otras, otras cosas. El paso siguiente que dará Descartes es analizar aquello que la ideas son diferentes; esto es, procederá a un análisis del contendido, pues, según nos dice, unas poseen más realidad que otras. Las ideas que representan cosas materiales, por ejemplo, como una piedra, poseen más realidad objetiva que aquellas otras que representan cualidades de las cosas, como el color. En este análisis se distingue tres tipos de ideas:
1. Ideas adventicias: son las representaciones mentales elaboradas a partir de lo que mis sentidos perciben de lo que creo que es el mundo exterior, sin embargo, como no me puedo fiar de mis sentidos y tampoco tengo garantías de no estar soñando, no queda mas remedio que reconocer mi incapacidad para afirmar algo seguro sobre las ideas adventicias.
2. Ideas facticias: son las que mi mente ha elaborado por sí misma, es decir, son frutos de imaginación como por ejemplo un dragón o un hada, estas son cosas que no he
visto en mi vida, pero las he fabricado en mi interior combinando en mi conciencia varios elementos procedentes de origen distintos. Por este motivo, las ideas facticias tampoco pueden proporcionarnos verdades firmes e indudables que nos permitan avanzar en la búsqueda de la verdad.
3. Ideas innatas: son muy distintas a las otras ideas, ya que no pueden percibirse por los sentidos, y tampoco han sido elaboradas por uno mismo. Se trata de ideas claras y distintas que pueden captarse de manera intuitiva, como sucede con la idea del cogito, que es la primera y más evidente idea innata. Pero, además, Descartes cree que existen otras ideas innatas de gran importancia, que es la idea de Dios. Descartes descubre la idea de perfección-infinito, que identifica inmediatamente con la idea de Dios, para demostrar que la idea de infinito es innata, desecha la posibilidad de que sea adventicia (no podemos tener experiencia sensible de la infinitud) ni facticia. La idea de infinito debe ser, por tanto, una idea innata; y si la idea de infinito es la idea de Dios, pues es el único ser del que se puede concebir tal hecho. En resumen, la idea de Dios es una idea innata a partir de la cual Descartes desarrollara tres argumentos para confirmar su tesis.
LA SUSTANCIA LA DEMOSTRACIÓN DE LA EXISTENCIA DE Dios Y DEL MUNDO
A partir de la duda metódica cartesiana, Descartes desarrolla un método, un sistema de dudas para examinar y analizar todos los saberes y creencias y eliminar los que tengan la más mínima posibilidad de ser falsos. En este método se otorga al sujeto como punto de partida para la reflexión filosófica, adquiriendo un papel activo en el conocimiento.
La idea de Dios, según Descartes, corresponde a la de ser un ser infinito. No es una idea adventicia, ya que no es posible captar dicho ser por medio de los sentidos. Pero, tampoco se trata de una idea facticia, puesto que a mi me habría sido imposible crear por mi mismo la idea de un ser infinito. Para Descartes, Dios es una idea innata de la razón. Con esto podemos relacionar a Dios con la sustancia infinita, cuyo atributo sería la infinitud y no presentaría modos ya que al ser perfectos no presenta cambios.
Para justificar la existencia de Dios, Descartes nos propone tres argumentos:
• 1º argumento: Descartes supone que hay una proporción entre las ideas y las causas, yo, que soy finito, imperfecto y limitado (porque dudo), jamás habría podido producir la idea de un ser infinito y perfecto. Yo tengo la idea de perfección y no soy perfecto porque dudo, por lo que tiene que existir alguien que ponga en mi la perfección, y ese ser es Dios.
• 2º argumento: “Yo existo, de eso no cabe duda: pero lo que no está tan claro es quién me ha creado a mi”. ¿Acaso me he creado yo a mi mismo? Evidentemente no, porque si hubiera tenido el poder de crearme a mi mismo me habría dotado de mayores perfecciones. Me ha tenido que crear alguien mucho más poderoso que yo, Dios.
• 3º argumento: Si definimos a Dios como el ser más grande que puede pensarse, indudablemente Dios tiene que existir, porque de lo contrario sería posible imaginar un ser aún más grande, que tuviera existencia real. Yo tengo la idea de perfección donde está la existencia, porque si eso perfecto no existe no es perfecto. La idea de ser perfecto implica que tal ser ha de existir pues en la misma idea de perfección está la existencia.
Será en el hecho de dudar donde surgirá la primera verdad: “Si yo estoy dudando, si me estoy haciendo estas preguntas y si estoy tratando de encontrarles respuesta, entonces, al menos, puedo estar absolutamente seguro de que yo existo”. Descartes formuló esta primera verdad con la frase: “Pienso luego existo”, el llamado Cogito Cartesiano, se presenta como la primera evidencia. Es una verdad intuida. Para Descartes el cogito
puede proporcionarnos un criterio de verdad para determinar cuando una afirmación puede considerarse segura.
Esto se correspondería a la sustancia pensante, consiste en la actividad mental, También puede decirse que es la conciencia, el yo o el alma. Todos estos términos hacen referencia a una misma realidad, que es mi capacidad para pensar, imaginar, sentir o dudar. Con esa información podemos afirmar que el alma existe por si misma y no necesita del cuerpo para existir. El atributo que caracteriza a esta sustancia es el pensamiento, la racionalidad, y de modos el entendimiento y la voluntad.
Descartes afirma su propia existencia como sujeto pensante, pero no pudiendo garantizar que ni su cuerpo ni el resto de lo que ve, toca o piensa corresponde a algo auténticamente real, esto es lo conocido como solipsismo, posición según la cual lo único que existe verdaderamente es la propia conciencia.
Aquí llegaríamos a la sustancia extensa o mundo que se identificaría con la materia y cuyo atributo es la extensión, puesto que a todo lo material ocupa algún lugar en el espacio. Los modos que presenta son la forma y la figura que nos presentan las figuras del mundo material.
La existencia de Dios ofrece a Descartes un medio de escape para su problema. Su efectivamente existe un Dios perfecto, entonces esta claro que es bueno y no va a permitir que yo viva engañado. Esto permite a Descartes rechazar la hipótesis del Genio Maligno y afirmar que el mundo exterior no es un sueño. También elimina el argumento de las matemáticas, ya que Dios no va a poner en nosotros algo erróneo.
LAS SUSTANCIAS Y SUS TIPOS
Hasta el momento, Descartes ha descubierto tres ámbitos de realidad: Dios o el ser infinito y veraz, el yo o cosa pensante, y las cosas materiales o corpóreas, es decir, el mundo al que mi cuerpo también pertenece como una cosa más. Para referirse a esos tres ámbitos Descartes utiliza el término de sustancia. El elemento central de la metafísica cartesiana es el concepto de sustancias. En un primer momento, Descartes define la sustancia como “aquello que existe por si mismo y no necesita de nada más para existir”. De acuerdo con esta definición, Descartes identifico tres tipos de sustancias completamente diferentes entre sí. Cada sustancia está caracterizada por una serie de propiedades o atributos. Además, estos atributos pueden manifestarse bajo la forma de diversas cualidades cambiantes o modos, que son la forma en la que se representan las sustancias. Los atributos son cualidades propiedades de sustancias que no pueden existir por si mismos y cada sustancia tiene un atributo propio que constituye su esencia o naturaleza, conocer este atributo esencial será necesario y suficiente para conocer la sustancia.
En primer lugar, tenemos la sustancia infinita (red infinita) si aplicamos la definición cartesiana con total rigor, nos daremos cuenta de que Dios es el único ser que existe por si mismo y no necesita a nadie para existir. Por eso Dios es, para Descartes, la sustancia infinita. El atributo de esta sustancia es la infinitud, y debido a que Dios es un ser perfecto que no experimenta cambios, se puede afirmar que la sustancia infinita no presenta modos.
Como Dios es la única sustancia verdadera en sentido estricto, para identificar a otros tipos de sustancia que existen, Descartes modifica la definición de sustancia, así pues, sustancia es “aquello que existe por si mismo y que, aparte de Dios, no necesita de nada mas para existir”. Gracias a esta segunda definición puede distinguir dos nuevos tipos de sustancia, la sustancia pensante y la sustancia extensa.
La sustancia pensante (res cogita) consiste en la actividad mental, también puede decirse que es la conciencia, el yo o el alma. Asimismo, no hay que olvidar que la existencia de mi propio ser como sustancia pensante, y que por lo tanto duda, es la primera verdad firme e indudable que halló Descartes en su búsqueda de verdades absolutas. El hecho de yo sea una sustancia pensante, una realidad inmaterial independiente del cuerpo, permite asegurar que la conciencia es una actividad mental que existe separadamente de la dimensión material. En resumen, el alma existe por si misma y no necesita del cuerpo para existir. Asimismo. El atributo que caracteriza a este tipo de sustancia es el pensamiento que puede manifestarse de dos modos distintos: el entendimiento (conocimiento) y la voluntad (capacidad de elegir con libertad). En suma, esto permite a Descartes afirmar que el ser humano es libre, ya que no depende de la naturaleza ni sigue sus leyes.
Por último, el tercer tipo de sustancia es la sustancia extensa (res extensa) que se identifica con la materia. El atributo que caracteriza este tipo de sustancia es la extensión debido a que todo lo que es material ocupa algún lugar en el espacio. Asimismo, esta sustancia puede adoptar varios modos como la figura, la forma, el color o el olor; es decir, todo aquello captado a través de los sentidos y que por lo tanto será mera opinión. De esta manera, la sustancia extensa al ser materia esta sujeta a las leyes de la física, por lo que no hay libertad ya que todo esta sujeto a unas leyes.
Para sintetizar, con la definición de sustancia y explicación de los dos tipos Descartes aborda la pregunta sobre que es la realidad, la cual, a la larga, le servirá para su teoría del dualismo antropológico. Descartes define al hombre como alma y cuerpo, es decir, sustancia pensante y sustancia extensa, respectivamente
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