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El nacimiento de la Edad Moderna se suele asociar con el Renacimiento, en los siglos XV y XVI. Desde el punto de vista histórico, la Edad Moderna se caracteriza por la consolidación de los Estados nacionales y las monarquías absolutas, además del crecimiento de la burguésía y el capitalismo comercial.No obstante, tras las grandes esperanzas del Renacimiento, la época que vive Descartes, el Siglo XVII, el siglo del Barroco, es una época de crisis. La economía sigue siendo esencialmente agrícola, el hambre es una amenaza permanente y la población disminuye. Esta crisis generalizada supone la ruptura de la unidad de Europa, que pasa a ser un continente dividido y en guerra permanente. En el orden religioso la desintegración de la Iglesia culmina con la Reforma protestante en la primera mitad del Siglo XVI. Precisamente una de las guerras que devasta Europa en esta época y en la que participa Descartes siendo joven, la Guerra de los Treinta años, tiene un importante componente religioso. Desde el punto de vista cultural, la Edad Moderna es una época de grandes cambios, que se podrían resumir en tres hechos fundamentales:

1- En primer lugar, se produce una vuelta a los gustos y cánones clásicos en gran parte favorecida por la llegada a Occidente de textos clásicos griegos tras el Concilio de Florencia- Ferrara de 1432 y la caída de Constantinopla en 1453. Todo ello contribuye al desarrollo del pensamiento humanista.

2- En segundo lugar, la época moderna es la época de los descubrimientos. El desarrollo de la cartografía, las técnicas de navegación y la brújula hacen posible la expansión marítima y comercial, el descubrimiento de América y el acceso a zonas del globo hasta entonces desconocidas. El uso de la pólvora con fines bélicos y, sobre todo, el descubrimiento de la imprenta constituyen avances técnicos de enorme importancia.


3- En tercer lugar, quizás el factor que supone un mayor impulso del pensamiento europeo hacia la modernidad sea el desarrollo de la nueva ciencia, particularmente en el ámbito de las matemáticas, la física y la astronomía. Esta nueva ciencia revisa y refuta la física aristotélica y su imagen del universo, predominante durante toda la Edad Media. Copérnico, Galileo, Kepler y Newton son las figuras más relevantes de esta nueva ciencia, de modo que su obra no sólo supuso una revolución
en el campo científico, sino en la imagen misma del mundo. Desde el punto de vista filosófico, el Renacimiento supone, además de un aumento de la curiosidad y
el deseo de saber, una mayor confianza en las fuerzas del hombre para alcanzar respuestas a las preguntas que le interesan, además de un rechazo del criterio de autoridad. Todo ello contribuye al desarrollo del pensamiento humanista.

El humanismo es quizás el rasgo más destacado de toda la cultura moderna y supone un enfrentamiento a la cultura medieval que se caracterizaba por su teocentrismo. Frente al teocentrismo medieval, el humanismo supone una visión antropocéntrica y naturalista de la realidad. Se extiende la convicción del que el ser humano es dueño de su propio destino, que decide con autonomía y libremente su propia conducta. Frente al optimismo renacentista, la época en que vive Descartes, el Barroco, es una época de crisis, un periodo pesimista, donde todo es mudanza, movimiento y fugacidad. El tiempo se convierte en una obsesión y todo aparece, al menos inmediatamente, como contingente y azaroso, sin orden ni necesidad.



En este contexto hay que entender la filosofía de Descartes como búsqueda de la certeza en medio de la duda y las apariencias. El vacío dejado por la caída de la imagen medieval del mundo, intenta ser cubierto por el Racionalismo cartesiano que, frente al cristianismo y la filosofía aristotélica, intenta construir una nueva imagen de la realidad basada en la razón y la nueva ciencia. El Racionalismo concede una especial importancia a la razón y realiza una serie de afirmaciones a las que se opondrá la otra gran corriente de comienzos de la filosofía moderna, el Empirismo. La carácterística fundamental del Racionalismo es la autonomía de la razón, de modo que ésta no puede ser coartada ni regulada por nada exterior a ella misma, además de constituirse en el tribunal último que decide sobre lo que es verdadero y sobre la conducta más adecuada desde el punto de vista moral y político.

IV.1- Razón y método


1-

La unidad del saber y la razón

La estructura de la razón y el método para Descartes, las distintas ciencias y saberes son manifestaciones de un saber único. Esta concepción unitaria del saber proviene de una concepción unitaria de la razón, es decir, el saber es único porque la razón es única.
Puesto que la razón es única, interesa conocer su estructura y funcionamiento para poder aplicarla correctamente. De ahí la importancia que Descartes le concede al método, pues a través de él se llega a la verdad al aplicar correctamente la razón. En la búsqueda de ese método, Descartes analiza la estructura del conocimiento humano y llega a la conclusión de que existen dos tipos fundamentales de conocimiento:
1- La intuición, que tiene por objeto las naturalezas simples. Por medio de la intuición se captan inmediatamente conceptos simples que vienen de la razón, sin posibilidad alguna de error.
2- La deducción que consiste en llegar a conocimientos complejos a partir de las naturalezas simples o intuiciones, estableciendo conexiones a través de la razón.
Partiendo de la intuición y la deducción como formas básicas de conocimiento, expone Descartes en la parte II del Discurso del método, un método basado en la razón, que consta de las siguientes cuatro reglas:


1- La primera regla es la regla del análisis, que supone que hay que empezar por descomponer cualquier problema o cuestión hasta llegar a sus elementos más simples. Esta regla tendría que ver con el descubrimiento de las intuiciones.
2- La segunda regla proporciona un criterio de verdad, es decir, sólo se considera como verdadero aquello que es evidente y algo es evidente cuando es percibido por la razón con total claridad y distinción.
3- En tercer lugar, hay que aplicar la regla de la síntesis, a partir de la cual se construyen verdades más complejas a partir de las naturalezas simples. Esta regla tiene que ver con la deducción.
4- La cuarta regla recomienda hacer enumeraciones y revisiones contantemente en nuestro razonamiento y seguir un orden riguroso.Según Descartes, este método basado en la estructura de la razón, sólo se ha aplicado con éxito hasta ahora en el campo de las matemáticas, proporcionando importantes resultados. Nada impide que se puede aplicar en otros ámbitos del saber, como por ejemplo la filosofía, esperando obtener también resultadosimportantes.

2-

La duda metódica, la primera verdad y el criterio de certeza

Al aplicar el método a la filosofía, habrá que empezar por el análisis de nuestros conocimientos, con el
objetivo de llegar a una verdad o intuición que sea absolutamente cierta y que sirva de fundamento para el resto de nuestros conocimientos. Esta verdad no puede ofrecer el más mínimo motivo de duda, pues de lo contrario no sería un fundamento sólido para otros conocimientos. De aquí se sigue que el primer paso del método aplicado a la filosofía consistiría en la duda metódica, es decir, hay que eliminar de nuestro conocimiento todo aquello de lo que sea posible dudar.
Descartes propone tres motivos para dudar:
1- En primer lugar, podemos dudar del conocimiento que proviene de los sentidos. Según Descartes, los sentidos a veces nos engañan, de modo que, ¿cómo puedo estar seguro de que no me engañan siempre? Esta es la llamada falacia de los sentidos.


2- Se puede dudar de que las cosas sean tal y como las percibimos, pero eso no significa que esas cosas no sean reales. Sin embargo, Descartes considera que de esto tampoco podemos estar seguros. Aquí plantea su hipótesis de la imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño, es decir, cómo podemos estar seguros de que lo que consideramos real no es en realidad parte de un sueño.

3- Aunque se dude del testimonio de los sentidos y de la existencia de las cosas y del mundo, parece que esto no afecta a ciertas verdades como son las verdades matemáticas. Sin emabrgo, Descartes considera que también podemos dudar de esto y para ello formula su hipótesis del genio maligno, en la que se plantea que tal vez exista un espíritu maligno de enorme poder e inteligencia que ponda todo su empeño en inducirme a error. En el fondo, esta hipótesis equivale a suponer que el entendimiento humano puede ser de tal naturaleza que se equivoca siempre cuando cree estar en la verdad. La duda llevada hasta este extremo parece conducir al escepticismo. Esto pensó Descarte durante algún tiempo, hasta que encontró una verdad absolutamente cierta de la que era imposible dudar. Esta verdad es mi propia existencia como sujeto que duda y piensa. Podemos dudar de todo menos de que nosotros dudamos; por tanto, si dudo, pienso y si pienso, existo. Dicho de otro modo, pienso, luego existo (cogito,ergo sum). Esta sería la primera verdad, que serviría de base para extraer otras verdades. En primer lugar, a partir de esta primera verdad se puede extraer un criterio de certeza. La pregunta es ¿por qué “pienso, luego existo” es verdad? Según Descartes, esta afirmación es verdadera porque es evidente, es decir, nuestro entendimiento la percibe con total claridad y distinción. Por tanto, éste sería el criterio de certeza, es decir, sería verdadero todo aquello que sea percibido por el entendimiento de forma evidente, con total claridad y distinción.


3

– Las ideas. Clases de ideas

Siguiendo el método indicado por Descartes, el siguiente paso consistiría en aplicar la regla de la síntesis, es decir, deducir a partir de la primera verdad, “pienso, luego existo”, otras verdades y conocimiento más complejos.
La primera verdad consiste en la afirmación de la existencia del sujeto que piensa. El pensamiento es una actividad que realiza el sujeto. Ahora bien, esa actividad recae sobre un objeto; frente a la filosofía antigua, Descartes afirma que el objeto del pensamiento no es la realidad, sino las ideas. Dicho de otro modo, el pensamiento siempre piensa ideas. En cuanto a su contenido, no todas las ideas son iguales. Según Descartes, hay al menos tres tipos de ideas según su contenido:
1- Ideas adventicias: son aquellas que parecen provenir de la experiencia externa, como por ejemplo, la idea de “caballo” o de “silla”.
2- Ideas facticias: son aquellas ideas que nuestra mente, a través de la imaginación, construye a partir de otras ideas, como por ejemplo, la idea de “unicornio”.
3- Ideas innata: son aquellas que, ni provienen de la experiencia ni las construye nuestra imaginación, sino que están en nuestra razón desde siempre, como por ejemplo, la idea de “infinito”.

4- La existencia de Dios y el Mundo
Descartes considera que la idea de “infinito” es una idea innata y laa identifica con la idea de“perfección” y, por tanto, con la idea de Dios. Descartes demuestra con argumentos convincentes que la idea de infinito no es una idea adventincia y con argumentos no tan convincentes que no es una idea facticia. Concluye entonces que la idea de infinito es innata. En esto último, hay muchos autores, como por ejemplo los filósofos empiristas, que no están de acuerdo, pues consideran que la idea de infinito
procede, por negación de los límites, de la idea de finito y que, por tanto, es facticia. Descartes se opone a esta afirmación, argumentando que lo más grande es siempre anterior a lo más pequeño y que, por tanto, la idea de infinito es lógicamente anterior a la de finito y que ésta presupone a aquélla.


Una vez estable que la idea de infinito o Dios es innata, Descartes intenta demostrar la existencia real del infinito o Dios y para ello utiliza dos argumentos:
1- Argumento basado en la idea de causalidad: según Descartes, la idea como realidad objetiva necesita una causa real proporcionada. Esto quiere decir que la idea de un ser infinito requiere una causa infinita, es decir, no puede haber sido producida por un ser finito. Por tanto, si existe en nuestra mente la idea de un ser infinito es porque la ha puesto allí un ser realmente infinito. En conclusión, ese ser infinito o Dios existe realmente.
2- Argumento ontológico: es un argumento utilizado por otros autores antes que Descartes, siendo el primero de ellos san Anselmo. Este argumento parte de la idea o definición que todos tenemos de Dios. Dios por definición es un ser perfecto y un ser perfecto es aquel que posee todas las perfecciones. Esto supone que el ser perfecto es inmortal, omnipotente, omnisciente, etc. Esto lleva a la aceptación de que Dios tiene que existir porque, si no existiera, le faltaría una perfección y esto constituiría una
contradicción con respecto a la definición de Dios como ser perfecto. En conclusión, Dios o el ser perfecto existe realmente. Una vez demostrada la existencia de Dios se puede demostrar la existencia del Mundo. El argumento de Descartes es el siguiente: puesto que Dios existe y es perfecto, Dios es bueno y veraz. Esto quiere decir
que Dios no va a permitir que yo me engañe al creer que el Mundo existe. Por tanto, el Mundo existe realmente y no es parte de un sueño o de mi fantasía. Dios es la garantía de que el mundo que nos rodea es real, de que existe una realidad extramental. Sin embargo, Dios no garantiza que todas nuestras ideas sean reales, sino sólo lo que Descartes denomina cualidades primarias del Mundo, que son la extensión y el movimiento. En ningún caso podemos estar seguros de las cualidades secundarias, es decir, de los colores, sonidos, etc.


IV.2- Teoría de la sustancia


1- La teoría de las tres sustancias


Descartes distingue tres ámbitos o partes de la realidad. En primer lugar, estaría el yo pensante que Descartes denomina sustancia pensante (res cogitans); en segundo lugar, estaría Dios o la sustancia infinita (res infinita) , y, en tercer lugar, el Mundo físico o sustancia extensa (res extensa). Sustancia en Descartes es todo aquello que existe de tal modo que no necesita de ninguna otra cosa para existir. Tomada esta definición en sentido literal, sólo podría ser aplicada a Dios, puesto que es el único que en su ser no depende de otro. Sin embargo, al aplicar el concepto de sustancia al pensamiento y al mundo, lo que quiere indicar Descartes es que se trata de dos cosas diferentes y que no se necesitan la una a la otra para existir. El objetivo de Descartes al afirmar que el pensamiento y la materia, el alma y el cuerpo son sustancias diferentes, es salvaguardar la autonomía del alma con respecto a la materia. En último término, se trata de encontrar un lugar en la realidad para la libertad. El mundo material está dominado por leyes mecanicistas y deterministas y, sólo situando la libertad en el ámbito del pensamiento y separando a éste de la materia, se puede encontrar un lugar en la realidad para la libertad humana.

2- Raíces antropológicas de la filosofía cartesiana
La motivación última de la filosofía cartesiana no se halla tanto en su interés por el conocimiento de la realidad, como en su preocupación por el hombre. El objetivo último de Descartes es encontrar un fundamento a la libertad humana, libertad que deberá fundarse en la razón como único medio para alcanzar la felicidad y la perfección humana.Descartes separa alma y cuerpo de una forma aún más radical que Platón, considerando a ambas como sustancias autónomas y autosuficientes. De este modo, se plantea en Descartes el mismo problema que en Platón acerca de la relación entre las partes inferiores del alma y la razón. Descartes denomina a las partes inferiores del alma pasiones. Las pasiones para Descartes son percepciones o sentimientos que hay en nosotros y que afectan al alma o razón, sin tener su origen en ella, pues su verdadero origen está en las fuerzas que actúan en el cuerpo.


Por tanto, las pasiones se caracterizan porque son:
1- Involuntarias, es decir, su aparición escapa al control de la razón.
2- Inmediatas, puesto que surgen de forma espontánea.
3- No son siempre racionales, porque no coinciden siempre con la razón. Descartes considera que, en caso de conflicto, hay que seguir a la razón y que, por tanto, el hombre tiene que cultivar el autodominio y el autocontrol.
En definitiva, la voluntad humana se caracteriza por ser libre. Para Descartes esta es una verdad evidente. La libertad es además la perfección fundamental del hombre y nos permite ser dueños, tanto de la naturaleza como de nuestras propias acciones. Para Descartes, la libertad no es ni indiferencia ni arbitrariedad, sino sometimiento positivo de la voluntad a la razón.

Relación con Platón

Voy a relacionar a Descartes con Platón, un filósofo de la antigüedad.

Tanto Platón como Descartes defienden que el conocimiento es innato, aunque para Platón eso significa que las ideas las conoce el alma desde antes de estar unida al cuerpo, mientras que para Descartes significa que las ideas verdaderas son connaturales a la Razón, y por tanto por el mero hecho de usarla, van a surgir en mi entendimiento.

Ambos defienden la dualidad del hombre, constituido por dos sustancias absolutamente heterogéneas, alma y cuerpo, y para ambos, el alma es el lugar donde “reside” la verdad y el cuerpo la fuente de nuestros errores; aunque difieren en la explicación que dan de ambos conceptos. El alma de Platón preexiste a su uníón con el cuerpo en el mundo de las Ideas.


Platón con su dualismo lo que pretende es subrayar la existencia de dos ámbitos ontológicos diferentes; por eso, el alma es definida como una Idea que, tras la muerte, se une al mundo de las Ideas al que pertenece. Descartes lo que intenta sobre todo es señalar la independencia de la razón respecto a la materia, para encontrar así un lugar en su filosofía para la libertad. En definitiva, la motivación platónica es más ontológica o metafísica y la cartesiana más antropológica e incluso moral.

Existen unas realidades psíquicas intermedias a las que Platón denomina partes inferiores del alma (ánimo y apetito) y Descartes pasiones. Estas realidades surgen por el contacto entre lo puramente racional y lo físico, de modo que, aunque no tienen su origen en la razón pueden llegar a afectarla. Los dos coinciden en que la tarea del hombre sabio y prudente es dominar y someter estas partes inferiores del alma o pasiones a la razón.

Platón y Descartes se inspiran en las matemáticas para hacer su Filosofía, Para Platón, el conocimiento matemático o pensamiento discursivo estaba dentro de la episteme o verdadero conocimiento y era una especie de preparación para alcanzar la dialéctica o conocimiento supremo de la idea de Bien. Con las matemáticas el hombre sabio acostumbraba su razón a tratar con las ideas, preparándose así para acabar conociendo las ideas puras que era el objetivo último del verdadero sabio. Descartes también afirma en la parte II del Discurso del Método que tomó como modelo el método utilizado por los matemáticos para construir su propio método, de modo que éste en realidad es una imitación del método utilizado en lógica y matemáticas aunque superando sus posibles desventajas. Descartes afirma también que gracias al estudio de las matemáticas preparó su razón para conocer con posterioridad la verdad filosófica. 


Dentro de la filosofía tradicional, se pueden englobar los dos autores en el pensamiento idealista, dado que reservan a las ideas o conceptos el más alto grado de veracidad y certeza, entre los distintos tipos de conocimiento. Pero la concepción de “idea” que nos presentan es completamente diferente, sobre todo porque para Platón las Ideas, o formas, tienen una “realidad separada”, una existencia real fuera de mi, mientras que para Descartes son, fundamentalmente, contenidos mentales que están en el pensamiento.

En definitiva, ambos autores sostienen que es mediante la razón, y no los sentidos, como se puede llegar a alcanzar el conocimiento verdadero sin posibilidad de error.

IV.4- TEMÁTICA DEL TEXTO
El texto objeto de comentario pertenece a la obra de Descartes El Discurso del Método, publicada en1637. Este libro, históricamente, se ha considerado como el más representativo del llamado giro cartesiano en la historia de la filosofía, el giro antropocéntrico que caracteriza a la filosofía en la época moderna. A partir de Descartes, en la historia de la filosofía, hay que tener en cuenta al sujeto, al yo, en cualquier reflexión filosófica. En Descartes, el humanismo renacentista deja paso al Racionalismo, cuyo
centro es la razón, que es aplicada siguiendo el modelo deductivo de las matemáticas. En concreto vamos a comentar la parte segunda y cuarta de las seis que componen la obra. La segunda parte trata de las reglas del método que habrá de seguir el filósofo en su búsqueda de la verdad y la cuarta sobre las razones que permiten establecer la existencia de Dios y del alma humana como principios fundamentales de la metafísica.

(SÓLO SI EL TEXTO PERTENECE A LA SEGUNDA PARTE) En la segunda parte comienza
Descartes planteando la cuestión del método más adecuado para alcanzar la verdad. En primer lugar, considera que ese método ha de ser más simple que el de la lógica tradicional, más puro que el de la geometría y más puro que el del álgebra.
A continuación Descartes expone las que él considera que deben ser las cuatro reglas en que se basa el método:


1- El criterio de certeza basado en la evidencia.
2- Descubrimiento de las intuiciones simples a través del análisis.
3- Construcción de verdades más complejas a través de la síntesis.
4- Seguimiento de un orden riguroso en el razonamiento.
A renglón seguido, realiza Descartes algunas consideraciones sobre el modo en que él mismo ha aplicado el método:
1- El método es único y aplicable universalmente.
2- El método consiste básicamente en seguir el orden.
3- El método permite alcanzar la totalidad del conocimiento en cada caso.
Por último, Descartes concluye señalando la necesidad de aplicar el método a la filosofía, de cuyos principios depende todo el edificio de nuestros conocimientos.
(SÓLO SI EL TEXTO PERTENECE A LA CUARTA PARTE) En la cuarta parte comienza Descartesintroduciendo la duda metódica, que consiste en rechazar como falso todo aquello en que se pueda encontrar el más mínimo motivo para dudar y en ese sentido expone los tres motivos para dudar:
1- Falacia de los sentidos.
2- Imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño.
3- Error en las demostraciones lógicas y matemáticas. La famosa hipótesis del genio maligno no aparece en este texto sino en otras obras, como por ejemplo Las Meditaciones metafísicas. Evidentemente la hipótesis del genio maligno es más radical y profunda que la que aparece en este
texto. Después de la duda descubre Descartes la primera verdad o primer principio de la filosofía, “pienso, luego existo”. A partir de esta primera verdad extrae Descartes su criterio de certeza basado en la evidencia. Además considera que esta primera verdad es la fuente de todo conocimiento y que a partir de ella se puede deducir la sustancialidad del alma o pensamiento frente al cuerpo. A continuación Descartes intenta demostrar la existencia de Dios partiendo de la imperfección y finitud del yo y de la definición de Dios como ser infinito y perfecto. Expone entonces sus dos argumentos para demostrar la existencia de Dios:
1- El argumento basado en la idea de causalidad.
2- El argumento ontológico.

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