Concepto sustancia para Hume

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El problema de la causalidad


La conexión causa-efecto, además de una ley de asociación de ideas, es una relación que atribuimos a los acontecimientos del mundo.
Hume, que no acepta las posiciones dogmáticas, quiere examinar la legitimidad de esta idea, aplicando el principio empirista de “copia”: para toda idea o creencia se ha de comprobar de qué impresión es copia. En caso de no encontrarla, se rechazará como ilegítima.Hume recurre al principio de “copia” para validar este supuesto conocimiento, y no encuentra ninguna impresión de necesidad entre el fenómeno A (causa) y el fenómeno B (efecto). Lo único que observamos en este proceso es que un hecho va seguido de otro fenómeno, pero ninguna conexión necesaria entre ambos.Hume, tras este análisis, concluye que la idea de conexión necesaria es fruto de nuestra imaginación.
Después de observar numerosas veces como un fenómeno va seguido de otro, considerar que siempre sucederá así se convierte en una costumbre o hábito. Esta proyección del pasado hacia el futuro resulta muy útil para vivir, ya que, sin ella, el mundo se volvería caótico e imprevisible. Ahora bien, a pesar de la utilidad que Hume le reconoce, deja bien claro que una costumbre sólo puede proporcionar creencias, pero no un conocimiento universal y necesario.

La probabilidad de la ciencia


La sospecha que afecta a la relación de causalidad implica un cuestionamiento de la ciencia. Muchas de las explicaciones y descripciones de la naturaleza que realiza la ciencia, como también predicciones, se basan en la relación de causalidad. En consecuencia, al ser cuestionado su fundamento, el edificio de la ciencia queda afectado seriamente. Si la relación de causalidad no es una ley universal, sino más bien una costumbre de nuestro entendimiento, que tiende a relacionar ideas de una determinada forma, toda disciplina que se base en esta costumbre no pasa de la categoría de creencia. Los enunciados científicos no son leyes universales, válidas en cualquier momento y circunstancia. En realidad, son simplemente creencias apoyadas en la costumbre y en la tradición. La comprobación repetida de un fenómeno da a nuestro entendimiento la confianza para creer que se dará en el futuro. Pero no se puede olvidar que sólo se tratan de creencias y que las creencias no son universales ni necesarias: como mucho son probables.

Crítica a la idea sustancia


La metafísica, sobre todo desde Descartes, se ocupa básicamente de la idea de sustancia, ya sea la sustancia extensa (mundo), sustancia infinita (Dios) o sustancia pensante (alma). Hume volverá a aplicar su criterio de verdad para cuestionar el panorama filosófico tradicional.

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Critica a la idea de sustancia extensa

Locke había constatado el carácter incognoscible de la sustancia. Berkeley va más lejos y niega la existencia de la materia. ¿Qué dice Hume? En principio, la idea que tenemos de sustancia es la de una realidad objetiva que es el soporte de las cualidades que causan nuestras impresiones, y que tiene una permanencia que



supera la de éstas. Pero, ¿de qué impresión proviene esta idea? Nos damos cuenta de que, salvo de las impresiones particulares de olor, color, figura…, no tenemos impresión alguna de la supuesta entidad que subyace como soporte de estas cualidades. Si somos coherentes con los principios empiristas, hemos de concluir que, como no hay impresión alguna de la que provenga la idea de sustancia, ésta no puede ser considerada válida. Es una ilusión, una invención de nuestra imaginación, dirá Hume. Además, todas nuestras impresiones son puntuales y discontinuas, duran momento y después desaparecen para dar paso a otras. En cambio, de la sustancia tenemos impresiones continuas y estables. Cierro los ojos y la impresión que tengo de la rosa, se desvanece; los vuelvo a abrir y vuelvo a encontrarla… Esto me hace pensar en la existencia continua de la rosa. Pero, ¿qué impresión lo fundamenta?

Ninguna impresión tiene la continuidad que atribuimos a la sustancia

No nos queda otro remedio que suponer que se trata de una creación de nuestra imaginación., que agrupa bajo un mismo nombre (rosa) diversas impresiones puntuales (el olor, la figura, el color…). Sin embargo, la idea de sustancia es una invención o creencia que nos es extremadamente útil.
La creencia en un mundo real diferente de nuestras percepciones, aunque es una creencia injustificada, sirve para vivir con normalidad. ¿Cómo podríamos, si no fura así, dar un solo paso? Si tuviéramos que dudar de la permanencia de las cosas que nos rodean (las casas, las personas, la calle…., ¿qué clase de existencia viviríamos?

2.Crítica a la idea de sustancia infinita

La idea que poseemos de Dios es la de una sustancia infinita que posee todas las perfecciones: omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, etc. Ahora bien, si aplicamos el criterio de validez, nos hemos de preguntar por las impresiones de las que deriva. Según Hume, es evidente que, siendo nuestras impresiones puntuales y concretas, resulta difícil que podamos tener una impresión de infinito, ya que ella misma habría de serlo. Por tanto, la idea de sustancia infinitamente perfecta se queda sin impresión que la fundamente, y hay que concluir que no existe conocimiento alguno, teológico o metafísico, de Dios. Aunque Hume reconoce que la religión y la creencia en Dios son naturales y necesarias entre los seres humanos.

3.Crítica a la idea de sustancia pensante

La idea del “yo” todavía no había sido cuestionada por filósofo alguno. Hume arremete contra esta idea. Tradicionalmente, el “yo” es el sujeto que tiene las percepciones, y que es diferente de éstas. ¿De qué impresión deriva? De ninguna. Bajo todas estas percepciones cambiantes, se supone que el yo permanece estable e idéntico, como núcleo de nuestra personalidad. Hume lo cuestionará. La idea del yo es como cualquier otra idea de sustancia: una creencia fruto de nuestra imaginación que da permanencia y continuidad a algo que no la tiene.

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