1. Empirismo: Impresiones e ideas
La idea principal de esta teoría es que todo conocimiento procede de la experiencia. Hume rechaza la existencia de ideas innatas defendida por los racionalistas y sostiene que la mente humana es una «tabula rasa» que se llena mediante la experiencia sensible. Por ello, todo contenido de la mente recibe el nombre de percepción.
Hume distingue dos tipos de percepciones:
- Impresiones: Percepciones directas, vivas e intensas que obtenemos a través de los sentidos, las emociones o las pasiones.
- Ideas: Recuerdos de esas impresiones que poseen menor fuerza y vivacidad.
Esta diferencia permite justificar el principio de copia, según el cual toda idea válida debe proceder de una impresión previa. Cuando no podemos encontrar la impresión de la que proviene una idea, no podemos considerarla un conocimiento seguro. De este modo, Hume fundamenta el empirismo y establece la experiencia como criterio de verdad.
2. Cuestiones de hecho y relaciones de ideas
Hume intenta determinar cómo es posible construir conocimiento seguro. Para ello, distingue dos formas legítimas de conocimiento:
- Cuestiones de hecho: Se basan en la experiencia y permiten obtener conocimiento nuevo sobre la realidad. Son conocimientos a posteriori, particulares y contingentes. Por ejemplo, afirmar que una mesa es marrón requiere comprobarlo mediante la experiencia.
- Relaciones de ideas: Corresponden a las matemáticas y la lógica. Son conocimientos universales, necesarios y a priori, ya que no dependen de la experiencia. Por ejemplo, afirmar que un triángulo tiene tres ángulos es una verdad lógica.
Sin embargo, Hume observa que las Cuestiones de Hecho generan conocimiento nuevo pero no universal, mientras que las Relaciones de Ideas son universales pero no aportan información nueva sobre la realidad. Por ello, concluye que no es posible construir un conocimiento universal nuevo completamente seguro.
3. Crítica de la ciencia y de la causalidad
La idea principal de esta teoría es que las leyes científicas no pueden justificarse racionalmente. Desde Aristóteles, se había considerado que la ciencia obtenía leyes universales mediante la inducción, es decir, pasando de observaciones particulares a conclusiones generales.
Hume critica este procedimiento porque, aunque observemos repetidamente que un fenómeno sigue a otro, nunca percibimos una conexión necesaria entre ambos. Únicamente observamos una sucesión constante de acontecimientos. Por ejemplo, vemos que el fuego suele producir calor, pero nunca percibimos directamente que exista una relación necesaria entre ambos fenómenos.
Las conclusiones obtenidas mediante la causalidad reciben el nombre de inferencias causales. Según Hume, estas inferencias no proporcionan certeza, sino probabilidad. La razón por la que creemos en ellas es el hábito o la costumbre, ya que la repetición nos lleva a esperar que el futuro sea igual que el pasado. Por ello, la ciencia funciona, pero no posee una fundamentación racional absoluta.
4. Hábito o costumbre
Esta teoría explica por qué confiamos en las leyes científicas a pesar de que no pueden demostrarse racionalmente. Según Hume, cuando observamos muchas veces la misma sucesión de acontecimientos, desarrollamos una expectativa psicológica que nos lleva a creer que seguirá ocurriendo igual.
Esta expectativa no surge de la razón, sino del hábito o la costumbre. Por ejemplo, después de ver miles de veces que el fuego quema, creemos que siempre lo hará. Sin embargo, esta creencia no puede justificarse lógicamente, ya que el futuro todavía no ha ocurrido. Por ello, Hume afirma que la causalidad y las leyes científicas se apoyan en una creencia basada en la costumbre y no en una demostración racional.
5. Crítica de la sustancia
Hume critica la idea tradicional de sustancia defendida por Aristóteles, Santo Tomás y Descartes. Estos filósofos afirmaban que detrás de las cualidades que percibimos existe una realidad permanente denominada sustancia.
Sin embargo, Hume sostiene que sólo tenemos experiencia de percepciones concretas (colores, sonidos, olores o formas). Nunca percibimos directamente la sustancia que supuestamente se encuentra detrás de ellas. Esta posición recibe el nombre de fenomenismo: sólo podemos conocer los fenómenos, es decir, aquello que aparece en nuestra experiencia. La realidad última o sustancia no puede demostrarse racionalmente.
6. Crítica del yo
Hume también critica la existencia de un yo permanente e inmutable. Tradicionalmente, se había considerado que existía una sustancia personal que permanecía idéntica a lo largo del tiempo.
Sin embargo, al examinar nuestra experiencia interna sólo encontramos percepciones cambiantes: sensaciones, emociones, recuerdos o pensamientos. Nunca encontramos una impresión constante que corresponda al yo. Por ello, Hume concluye que lo que llamamos «yo» es simplemente un conjunto de percepciones unidas por la memoria. Tendemos a creer que existe una identidad estable porque recordamos nuestras experiencias pasadas, pero esa identidad no puede demostrarse empíricamente.
7. Crítica de Dios
Hume aplica los principios del empirismo a la idea de Dios. Según su teoría, toda idea válida debe proceder de una impresión sensible previa.
Sin embargo, no existe ninguna impresión directa de Dios. Por ello, la existencia divina no puede demostrarse mediante la experiencia ni mediante la razón, ya que la idea de Dios no constituye una Relación de Ideas. Hume concluye que las pruebas tradicionales sobre la existencia de Dios no son válidas; la existencia de Dios puede ser objeto de creencia, pero no de conocimiento seguro» } .
