El problema filosófico del conocimiento
Concepto y grados de conocimiento
El conocimiento se define como la aprehensión consciente de un objeto. No hay conocimiento sin la relación entre dos elementos: alguien que conoce (el sujeto) y algo que es conocido o se pretende conocer (el objeto). En el proceso del conocimiento, el sujeto sale de sí para captar el objeto y este, por su parte, se instala en la conciencia del sujeto.
Ya desde la Antigüedad, los filósofos distinguieron tres grados básicos de conocimiento:
- La opinión: Es un grado de conocimiento en que el sujeto considera algo como verdadero, pero sin tener una seguridad objetiva (no puede demostrar objetivamente que lo que opina es verdad) ni subjetiva (tampoco tiene total certeza, por lo cual no se atreve a afirmar con rotundidad su convencimiento).
- La creencia: Es un grado de conocimiento en que el sujeto está plenamente convencido de que lo que piensa es verdad, pero no puede aducir una justificación objetiva que pueda ser aceptada por los demás.
- El saber o conocimiento verdadero: Es un grado de conocimiento fundamentado tanto subjetiva como objetivamente. Es decir, una persona sabe o tiene conocimiento verdadero de algo cuando:
- La persona tiene la creencia de que ese algo es cierto.
- Realmente es verdad eso que cree.
- Su creencia se apoya en una buena justificación, de modo que tiene motivos racionales para sustentarla.
El proceso de abstracción. Racionalismo, empirismo y apriorismo
La abstracción es un proceso mental que nos permite construir conceptos. Al abstraer, tomamos como punto de partida casos particulares y nos quedamos únicamente con lo que tienen en común todos ellos. Por ejemplo, el concepto de árbol lo construimos recogiendo lo que tienen en común todos los árboles y eliminando o dejando de lado (abstrayendo) sus diferencias individuales (que tengan las hojas de una forma o de otra, que sean más o menos altos, con el tronco de un color o de otro, etc.).
Los árboles individuales (este sauce, esta palmera, este roble, etc.) podemos captarlos mediante los órganos sensoriales, mientras que los conceptos son captados por nuestra razón o inteligencia (no podemos verlos, tocarlos, olerlos, etc.). Por eso, se dice que la abstracción nos permite pasar del conocimiento sensible al conocimiento intelectual.
A lo largo de la historia de la filosofía, los pensadores han discutido acerca de la importancia relativa de los sentidos y de la razón en el conocimiento. Esta discusión alcanzó especial relevancia en la Modernidad, cuando la revolución científica sustituyó la antigua concepción geocéntrica del cosmos por otra nueva heliocéntrica: mis sentidos me dicen que la Tierra no se mueve y que el Sol sí lo hace, pero la ciencia (conocimiento racional) me dice que es justo a la inversa.
Corrientes filosóficas de la Modernidad
Vamos a estudiar las posturas sostenidas por las tres corrientes filosóficas más importantes de la Modernidad:
- Racionalismo: Se desarrolló en la Europa continental. Su principal representante es René Descartes (1596-1650). Según el racionalismo, el origen del conocimiento está en la razón. Los racionalistas oponen la razón a los sentidos, que son considerados por ellos como engañosos. La razón está dotada de ideas innatas (contenidos mentales que no proceden de la experiencia sensible), como los principios matemáticos, y a partir de ellas podemos construir nuestro conocimiento de la realidad. Su modelo de ciencia son las matemáticas. Otros racionalistas: Baruch Spinoza y Gottfried Leibniz.
- Empirismo: Se desarrolló en Gran Bretaña. Su principal representante es David Hume (1711-1776). Según los empiristas, todo nuestro conocimiento tiene su origen en la experiencia sensible. Cuando nacemos, nuestra mente es como un papel en blanco. Con el paso del tiempo, vamos teniendo ideas en nuestra mente, pero todas ellas provienen de datos sensoriales. No existen, por tanto, las ideas innatas. Su modelo de ciencia es la física. Otros empiristas: John Locke y George Berkeley.
- Apriorismo: Su representante es el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804). El apriorismo kantiano es una postura intermedia entre el racionalismo y el empirismo. Kant sostiene que en nuestro conocimiento hay elementos que no proceden de la experiencia, sino que son puestos a priori (con independencia de la experiencia) por nuestra razón. Se trata de formas o estructuras cognitivas (el espacio, el tiempo, categorías como la sustancia o la causalidad, etc.) que son parte de nuestra mente. Sin embargo, esas formas no pueden ser identificadas con las ideas innatas de los racionalistas, ya que tienen que ser rellenadas con datos aportados por la experiencia para que haya conocimiento.
