Fundamentos del Racionalismo Moderno: Método y Certezas en Descartes

Cuestión I

Introducción al Discurso del Método

Este texto pertenece a la obra Discurso del método, la más importante de Descartes, pues en ella presenta su enfoque para alcanzar el verdadero conocimiento y sienta las bases del racionalismo moderno. El objetivo del autor no es otro que compartir el método que ha desarrollado para dirigir la razón de manera adecuada y buscar la verdad en las ciencias. Dicho método se caracteriza por su simplicidad y sencillez, ya que está compuesto por cuatro reglas o preceptos.

En este fragmento del texto, Descartes…

Introducción a las Meditaciones Metafísicas

Este texto pertenece a la obra Meditaciones metafísicas, en la que Descartes reflexiona sobre la naturaleza del conocimiento, la existencia de Dios y la relación entre la mente y el cuerpo. Se compone de seis meditaciones y a lo largo de todas ellas, partiendo de su famosa duda metódica, irá adquiriendo las certezas necesarias que actuarán como pilares para la construcción del edificio del conocimiento.

Este fragmento corresponde a la meditación…

Cuestión II

Introducción al Discurso del Método

El tema tratado en este texto es la necesidad de elaborar un nuevo método para la filosofía que le permita progresar en la adquisición de conocimientos firmes y seguros, ya que el método escolástico que se había estado usando en los últimos siglos era inadecuado y estéril. La creación de este método basado en el modelo matemático es la clave de su aportación a la historia del pensamiento, pues con él se inaugura una nueva etapa: la modernidad.

Introducción a las Meditaciones Metafísicas

El tema tratado en este texto no es otro que la posibilidad por parte del ser humano de adquirir un conocimiento firme y seguro del que no se pueda dudar y que garantice el progreso en las ciencias. Toda la filosofía de Descartes gira en torno a estas cuestiones epistemológicas, pues su obsesión era alcanzar verdades claras y distintas, o lo que es lo mismo, certezas, inaugurando una nueva etapa en la filosofía: la modernidad.

El Paradigma Racionalista Cartesiano

El pensamiento filosófico moderno encuentra uno de sus puntos de partida fundamentales en la obra de René Descartes quien, mediante el racionalismo, establece un nuevo paradigma epistemológico basado en la razón como vía privilegiada para alcanzar el conocimiento verdadero. En oposición a las formas tradicionales del saber, fundadas en la autoridad o en la experiencia sensible, Descartes propone una reconstrucción radical del saber humano a partir de principios firmes e indudables.

El Método Cartesiano: Reglas y Fundamentos

El eje central del nuevo método que propone reside en la convicción de que la razón humana opera de dos modos complementarios:

  • La intuición: entendida como una aprehensión directa e inmediata del objeto.
  • La deducción: concebida como el proceso mediante el cual se extraen consecuencias necesarias a partir de principios conocidos.

Estos dos modos fundamentan las cuatro reglas metodológicas que Descartes expone en su obra Discurso del método:

  1. La evidencia: núcleo del método, exige aceptar como verdadero solo aquello que se presenta a la mente con absoluta claridad y distinción, evitando así los juicios precipitados.
  2. El análisis.
  3. La síntesis.
  4. La enumeración.

Las reglas restantes orientan el modo en que deben organizarse y verificarse los razonamientos.

La Duda Metódica y el Cogito

Una pieza clave del método cartesiano es la duda metódica. A diferencia del escepticismo, cuyo objetivo es la suspensión del juicio, la duda cartesiana tiene una finalidad constructiva: destruir todo conocimiento dudoso para encontrar una primera verdad indubitable que sirva de fundamento al saber. Descartes articula esta duda en tres niveles:

  1. Cuestiona la fiabilidad de los sentidos, alegando que estos pueden engañar.
  2. Extiende esta duda al mundo exterior, dado que no existe una distinción nítida entre la vigilia y el sueño.
  3. Incluso las verdades matemáticas se tornan inciertas bajo la hipótesis del genio maligno, una entidad que podría estar engañándolo.

Esta radicalización de la duda desemboca en un punto de inflexión: Descartes reconoce que aunque aparentemente todo puede ser objeto de duda, no puede dudar del hecho mismo de que está dudando o pensando. De esta intuición se deriva la primera verdad indubitable: cogito, ergo sum (“pienso, luego existo”).

Esta proposición no solo constituye la piedra fundacional del edificio cartesiano del saber, sino que se convierte también en criterio de verdad: solo será verdadero todo aquello que se presente a la mente con la misma claridad y distinción que el cogito. En este punto, Descartes establece una separación fundamental entre el alma (res cogitans), entendida como sustancia pensante e inmaterial, y el cuerpo (res extensa), que aún permanece en la duda. Yo soy, dice Descartes, una cosa que piensa.

Superación del Solipsismo: Dios y el Mundo Exterior

Sin embargo, esta certeza conduce a un solipsismo inicial: si la única verdad indubitable es la existencia del yo pensante, ¿cómo se puede justificar la existencia de otros seres? La estrategia cartesiana consiste en analizar las ideas que habitan su mente. Las clasifica en tres tipos:

  • Adventicias (procedentes de una supuesta realidad exterior).
  • Facticias (construidas por el pensamiento a partir de las adventicias).
  • Innatas (presentes en la mente de forma originaria).

Entre estas últimas se encuentra la idea de Dios, concebido como un ser perfecto, eterno e infinito.

La Demostración de la Existencia de Dios

La demostración cartesiana de la existencia de Dios es central para superar el solipsismo. Descartes recurre a tres argumentos principales:

  1. Sostiene que la idea de un ser perfecto no puede proceder de un ser imperfecto como él, por lo que debe haber sido puesta en su mente por el propio Dios.
  2. Retoma el argumento ontológico de San Anselmo, según el cual la existencia pertenece a la esencia del ser más perfecto concebible.
  3. Afirma que así como la esencia del triángulo implica tener tres lados, la esencia de Dios implica existir.

A partir de esta segunda certeza —la existencia de Dios— se restablece la confianza en las percepciones y en la razón y en las verdades matemáticas, ya que un Dios perfecto y veraz no permitiría que el ser humano fuera engañado sistemáticamente. Además, esta garantía divina permite alcanzar una tercera certeza: la existencia del mundo exterior como sustancia material. Descartes define esta sustancia por su atributo esencial, la extensión, de la cual se derivan cualidades primarias como la figura y el movimiento, que son objetivas y matematizables. Estas características permiten una concepción mecanicista del universo, entendido como una máquina regida por leyes físicas precisas. Esta visión la extiende incluso a los animales, considerándolos meros autómatas carentes de alma o pensamiento.

El Dualismo Cartesiano y el Problema de la Interacción

El dualismo cartesiano alcanza su máxima expresión en la concepción del ser humano como la única criatura donde confluyen las dos sustancias: pensamiento y extensión. El problema que plantea esta dualidad es el de la interacción entre ambas sustancias radicalmente distintas. Aunque Descartes señala la glándula pineal como el punto de unión, su explicación no logra resolver satisfactoriamente la cuestión, lo que ha generado críticas posteriores. No obstante, este dualismo ha perdurado en diversas corrientes filosóficas y científicas hasta nuestros días, influyendo profundamente en la concepción moderna del sujeto.

Cuestión III

Crítica al Racionalismo: El Raciovitalismo

La historia de la filosofía ha estado marcada por una persistente reflexión sobre la realidad y el conocimiento, aunque el enfoque de estas cuestiones ha variado con el tiempo. En la Edad Contemporánea surge el raciovitalismo, una corriente muy crítica con el racionalismo cartesiano. El raciovitalismo parte de una visión unitaria y dinámica del ser, según la cual no existen sustancias fijas, sino una realidad en continuo devenir donde la vida constituye su fundamento último, de forma que la razón no sería algo separado de la vida, sino una función de ella, una herramienta más para orientarse en el mundo. Según esto, desconfía del predominio de la razón abstracta cartesiana y sostiene que el conocimiento se lleva a cabo por una inteligencia que siempre está situada en un contexto histórico y que interpreta y se adapta a las circunstancias concretas de la existencia.

El precursor de esta corriente fue José Ortega y Gasset, uno de los pensadores españoles más originales y reconocidos, cuya obra puede entenderse como una réplica al pensamiento de Descartes.

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