Filosofía Moderna: Racionalismo, Empirismo y la Síntesis Kantiana
I. René Descartes y el Fundamento Racionalista
Descartes, fundador del Racionalismo, afirma que la razón es la única fuente de conocimiento verdadero. Con el objetivo de hallar un conocimiento cierto y seguro, establece un método para conducir la razón, en el cual distingue dos modos de conocimiento seguros:
- La intuición: captación de ideas simples de forma clara y distinta.
- La deducción: sucesión de intuiciones.
Este método consta de cuatro reglas fundamentales:
- Evidencia: No admitir nada que no sea claro y distinto.
- Análisis: Descomponer ideas complejas en simples.
- Síntesis: Recomponer ideas complejas a partir de ideas simples.
- Enumeración: Revisión del proceso realizado.
La Duda Metódica y el Cogito
Para aplicar este método a la metafísica, Descartes utiliza la duda metódica, la cual le permite rechazar cualquier verdad que no sea evidente. Esta duda abarca tres niveles:
- La información de los sentidos.
- La existencia de la realidad extramental (debido a la dificultad de distinguir la vigilia del sueño).
- Los propios razonamientos, para lo cual plantea la hipótesis del genio maligno.
De este escepticismo radical emerge una primera verdad indudable: la existencia del yo pensante («cogito ergo sum»), pues aunque el contenido del pensamiento sea falso, es innegable que dudo y, por tanto, existo.
Ideas y Demostraciones de Dios
Posteriormente, Descartes clasifica las ideas en:
- Adventicias: Parecen provenir del exterior.
- Facticias: Construidas por la mente.
- Innatas: Que la razón posee en sí misma.
Entre estas últimas destaca la idea de infinito, la cual identifica con Dios. Para demostrar la existencia de Dios, despliega tres argumentos distintos:
- El primero se basa en la causalidad de la idea, pues la idea de infinito requiere una causa real infinita que el yo no posee.
- El segundo apela a la contingencia del yo, el cual no puede ser causa de sí mismo y requiere una causa primera incausada.
- Finalmente, recurre al argumento ontológico, afirmando que la esencia de un Ser Perfecto implica necesariamente su existencia.
Conclusión Metafísica Cartesiana
Una vez demostrada la existencia de un Dios veraz, queda anulada la hipótesis del genio maligno, lo cual garantiza la validez de nuestros razonamientos y la existencia del mundo exterior. En conclusión, Descartes distingue tres sustancias (aquello que existe con independencia):
- El Yo (cogito).
- Dios (sustancia infinita).
- La Realidad Exterior (sustancia extensa).
Aunque estrictamente solo Dios es sustancia, el alma y el cuerpo lo son analógicamente, pues aunque dependen de Dios, son independientes entre sí.
II. David Hume y la Crítica Empirista
Hume, principal figura del Empirismo, afirma que todo conocimiento deriva de la experiencia, negando así las ideas innatas. Según su análisis, los elementos de la razón son las impresiones (percepciones inmediatas) y las ideas (recuerdos de aquellas, con menor viveza), las cuales dependen siempre de las primeras. Asimismo, distingue dos modos de conocimiento:
- Las relaciones entre las ideas (a priori, analíticas, propias de la lógica y matemáticas).
- Las cuestiones de hecho (a posteriori y sintéticas).
Todo saber sobre la realidad pertenece a este segundo tipo, pues su verdad depende de la experiencia.
Crítica a la Causalidad y las Sustancias
A partir de aquí, Hume critica el principio de causalidad, rechazando la supuesta «conexión necesaria» entre causa y efecto, pues no existe impresión sensible de ella. Tal conexión es fruto del hábito de proyectar el pasado en el futuro, lo que convierte a la ciencia en un saber de mera probabilidad, aunque esta creencia sea de gran utilidad para la vida.
Esta postura conduce a la crítica de las tres sustancias:
- Niega el Yo, pues es imposible tener intuición de un sujeto permanente; es solo la memoria la que unifica el flujo de percepciones.
- Cuestiona la Realidad Exterior, ya que no tenemos impresión de la causa de nuestras sensaciones, sino solo de las impresiones mismas.
- Finalmente, rechaza a Dios, pues no hay experiencia alguna que lo sustente.
En conclusión, su filosofía desemboca en el Fenomenismo y el Escepticismo, negando cualquier certeza más allá de los hechos mentales.
III. Immanuel Kant: La Revolución Copernicana en la Epistemología
El Conocimiento como Síntesis de Experiencia y Razón
“No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento…
En el texto propuesto, perteneciente a su obra Crítica de la razón pura, Kant trata el tema del conocimiento, planteándose la posibilidad de que exista el conocimiento “a priori” y el propósito de estudiarlo. La tesis que el autor presenta en este fragmento es la afirmación de que en la construcción del conocimiento (incluso del empírico) intervienen conjuntamente la experiencia y la razón (“lo producido por nuestra facultad de conocer”); tal como podemos leer en “todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia. (…) Pero (…) no por eso procede todo él de la experiencia”. A partir de esta tesis, concluye el autor señalando la necesidad de estudiar la existencia del conocimiento a priori, lo cual constituirá la empresa que desarrolle a lo largo de la obra de cuya Introducción forma parte el presente fragmento.
Comparación con Descartes y Hume
Compararlo con Descartes: La tesis del texto coincide parcialmente con el racionalismo y con la afirmación cartesiana sobre el origen del conocimiento en la razón, pues Kant está de acuerdo con el racionalismo al considerar que la razón, como facultad de conocer, aporta a priori algo necesario para que se dé el conocimiento (las condiciones trascendentales de la sensibilidad y del entendimiento). Sin embargo Kant difiere de Descartes en tanto que ni afirma que todo nuestro conocimiento verdadero proceda de la razón, pues el conocimiento ha de comenzar, según Kant, con la experiencia, ni está de acuerdo con el racionalista en la existencia de ideas innatas con las que la razón comienza el proceso del conocimiento, puesto que Kant considera que lo que aporta la razón a priori no son contenidos, sino estructuras para aplicar a los contenidos, llamadas por él “condiciones trascendentales” de la sensibilidad (espacio y tiempo) y del entendimiento (categorías), que solo nos aportan conocimiento cuando son aplicadas a la experiencia, pero no cuando pretendemos aplicarlas más allá de la experiencia.
Compararlo con Hume: La tesis del texto coincide con el empirismo de Hume en tanto que afirma que el conocimiento comienza con la experiencia y no puede darse sin esta. Sin embargo se diferencia en que Kant añade que no todo en el conocimiento procede de la experiencia, tal como pensaba Hume (recordemos que Hume afirmaba que para determinar si una idea es o no verdadera basta con indicar de qué impresión es copia dicha idea); pues según Kant nuestra razón, como facultad de conocer que incluye a la sensibilidad y al entendimiento, impone a la experiencia previamente, esto es “a priori” las condiciones bajo las cuales es posible para nosotros el conocimiento.
Universalidad y Necesidad del Juicio a Priori
“En lo que sigue entenderemos, pues, por conocimiento…
En este texto de la Introducción a la Crítica de la razón pura, que trata sobre la diferencia entre el conocimiento “a posteriori” o empírico y el conocimiento o juicio “a priori”, Kant se pregunta cuáles son las características distintivas de este último, respondiendo con la tesis de que el juicio a priori es aquel que, a diferencia del a posteriori, es necesario y absolutamente universal y, por lo tanto, no procede de la experiencia, sino de “una facultad de conocimiento a priori”; tal como dice en “la experiencia nunca otorga a sus juicios una universalidad verdadera o estricta (…). Por consiguiente, si se piensa un juicio con estricta universalidad, (…) no deriva de la experiencia (…), en un juicio que posee esencialmente universalidad estricta esta apunta a una especial fuente de conocimiento, es decir, a una facultad de conocimiento a priori”.
Esta tesis kantiana sobre la estricta universalidad y necesidad del conocimiento a priori contrasta con la tesis empirista de Hume, según la cual el conocimiento científico acerca de hechos nunca podrá ser estrictamente universal y necesario, sino únicamente probable, pues se apoya en el principio de causalidad, cuya validez pone en cuestión por no proceder este de la experiencia. Kant hace referencia a esta dificultad de la epistemología empirista cuando en este fragmento dice “la experiencia nunca otorga a sus juicios una universalidad verdadera y estricta, sino simplemente supuesta o comparativa (inducción)“ y a continuación el autor del texto añade lo que él considera que es la solución para poder atribuir verdadera universalidad y necesidad al conocimiento científico: Sus juicios no proceden de la experiencia, es cierto, pero proceden de otra fuente de conocimiento que les otorga universalidad y necesidad a priori. Es decir, frente al empirismo, que únicamente considera como fuente válida de conocimiento la experiencia, afirma Kant la existencia de otra fuente de conocimiento (la razón) que aporta a éste algo con independencia de la experiencia.
IV. Comparativa de Argumentos Fundamentales
Crítica Humeana a la Causalidad vs. Metafísica Racionalista
“Toda idea es copia de alguna impresión” (HUMME)
En este texto, Hume lleva a cabo la crítica del principio de causalidad, basándose para ello en su criterio de verdad empirista, según el cual constituyen ideas verdaderas aquellas que son copias de alguna impresión. El autor se plantea aquí cuál es el origen de la idea de conexión necesaria entre fenómenos (en el texto “objeto”, “evento”), mediante la cual nuestra mente establece la relación causal entre los mismos.
Partiendo de la afirmación con la que comienza el texto, que constituye el criterio de verdad empirista de Hume: “Toda idea es copia de alguna impresión o sentimiento precedente; y donde no podamos encontrar ninguna impresión, podemos estar seguros de que no hay ninguna idea”, el filósofo analiza cuál puede ser la procedencia de la idea de conexión entre fenómenos, llegando a la conclusión, que es la tesis de este fragmento, de que dicha idea no procede de ninguna impresión, sino de la costumbre de haber percibido habitualmente juntos determinados fenómenos (“objetos”).
2. La reducción de la idea de conexión necesaria a una idea ficticia, sin base empírica, lleva consigo el rechazo de la validez del principio de causalidad como instrumento para ampliar nuestro conocimiento de la realidad (salvando su utilidad dentro de las ciencias que tratan de hechos y dentro de la vida cotidiana), lo cual contrasta claramente con el uso que de dicho principio se había hecho en la filosofía anterior, en particular en la metafísica racionalista de Descartes, quien considera que el principio de causalidad es uno de los principios del pensamiento, evidente para nuestra razón, haciendo uso del mismo para demostrar la existencia de Dios a partir de la idea de infinito y encontrando la causa de la misma en Dios.
Podemos añadir que, además de en las consecuencias derivadas de la tesis que hemos expuesto, Hume se opone a Descartes en la base misma de su teoría del conocimiento, expresada en la primera frase del texto que comentamos; pues mientras que Descartes considera que en nuestra razón existen ideas innatas y que estas son el punto de partida seguro para nuestro conocimiento de la realidad, el cual puede extenderse más allá de la experiencia, Hume niega rotundamente la validez de cualquier idea que no sea copia de una impresión para aumentar nuestro conocimiento, quedando restringido este, por lo tanto, al ámbito de la experiencia.
El Yo Pensante: Certeza Cartesiana vs. Escepticismo Humeano
“Cerraré ahora los ojos, me taparé los oídos” (DESCARTES)
En este texto, Descartes establece la tesis que expresa la definición del “yo” como sustancia pensante, pues afirma que, con independencia de los sentidos y basándose en el análisis de su mente (“en coloquio conmigo y examinando mis adentros”), descubre que él es un ser pensante (“Soy una cosa que piensa”), sin llegar por ello a determinar si a los contenidos de su pensamiento les corresponde o no una realidad exterior.
Recordaremos cuáles son, según Hume, los dos elementos del conocimiento (impresiones e ideas), así como la relación que hay entre ambos y cuál es el criterio humeano para decidir acerca de la verdad o la falsedad de nuestras ideas (que estas procedan, o no, de alguna impresión). En el texto, Descartes afirma que la idea del yo pensante es indudablemente cierta y que esto lo ha descubierto sin atender para ello a los sentidos. Hume, sin embargo, solo admitirá como verdaderas las ideas que procedan de alguna impresión sensible.
También podemos enfocar la comparación con Hume recurriendo a su crítica de la idea del “Yo” como sustancia o cosa pensante, por las mismas razones antes aducidas, añadiendo que, según Hume, no es posible la existencia de impresiones continuas, sino que todas son discretas, mientras que la idea del “Yo” nos parece ser continua o permanente, por lo que esta no puede provenir de ninguna impresión.
Es importante mencionar que ambos autores pertenecen a la época moderna, si bien cada uno de ellos representa a una de las dos corrientes enfrentadas entre sí en dicha época: Descartes, a la corriente racionalista y Hume, a la empirista.
La Idea de Dios: Racionalismo vs. Escolástica
“Así pues, solo queda la idea de Dios” (DESCARTES)
En este texto, Descartes trata el tema de la idea de infinito para, a partir de su análisis, demostrar la existencia de Dios. Descartes se plantea la cuestión de cuál puede ser la procedencia de la idea que tiene el yo (sustancia pensante, cuya existencia el autor había descubierto como evidente, siendo la primera verdad de su metafísica) de un ser infinito, es decir de Dios. Y, analizando lo que él entiende por “Dios” (“una substancia infinita, eterna, inmutable, …”), llega a la conclusión de que, aunque la idea de substancia podría haber sido causada por él mismo, por ser él también una sustancia, no podría ser, sin embargo, la causa de la idea de un ser infinito y, en consecuencia, concluye afirmando que la causa de dicha idea es el mismo Dios, que, por lo tanto, existe.
Podemos comparar la tesis contenida en este texto, que, como hemos explicado, es el resultado de una de las demostraciones de la existencia de Dios propias de Descartes, con la demostración de la existencia de Dios elaborada por Sto. Tomás de Aquino a través de las “cinco vías”.
Ambos autores coinciden en recurrir al principio de causalidad para demostrar la existencia de Dios y en desarrollar demostraciones “a posteriori” (que van desde el efecto hasta la causa). No obstante, el punto de partida de dichas demostraciones es diferente, pues mientras que Sto. Tomás, por ser realista, parte de la constatación de aspectos observables en la Naturaleza, como son el movimiento, la causalidad eficiente, la contingencia, los grados de perfección y el orden teleológico (es decir, hechos de experiencia, exteriores a la mente pensante), para los cuales busca una causa, que será Dios; Descartes, por ser racionalista, partirá de un contenido del pensamiento, la idea de un ser infinito (pues se plantea la duda acerca de la existencia de la realidad exterior al propio pensamiento), cuya causa encontrará, a su vez, en Dios.
V. La Ética del Deber en Kant
Kant analiza el uso de la razón práctica, la cual no se orienta al conocimiento de hechos, sino a determinar la voluntad respondiendo a la pregunta «¿Qué debo hacer?». Para el filósofo, la moralidad no nace de las inclinaciones o deseos, sino de la conciencia de obligación y del respeto a la ley racional. Así, lo único incondicionalmente bueno es la buena voluntad, aquella que actúa no por interés, sino estrictamente por deber. En este sentido, Kant distingue tres tipos de acciones:
- Las contrarias al deber.
- Las conformes al deber (movidas por un fin egoísta).
- Las hechas por deber, siendo estas las únicas que poseen valor moral genuino, pues las demás carecen de mérito ético al ser interesadas.
Ética Formal y el Imperativo Categórico
Kant rechaza las éticas materiales, las cuales son empíricas y establecen contenidos concretos (como la felicidad). Sus normas son hipotéticas y heterónomas, ya que la obligación depende de un fin externo a la propia razón. Frente a ellas, propone una ética formal, universal, a priori y autónoma, donde la ley moral proviene de la propia voluntad racional. Sus mandatos son imperativos categóricos, que obligan sin condición alguna. El imperativo categórico exige:
- Obrar según una máxima que pueda convertirse en ley universal.
- Tratar a la humanidad siempre como un fin en sí mismo, nunca como medio, fundamentando así el ideal del Reino de los Fines.
Postulados de la Razón Práctica
Finalmente, establece los postulados de la razón práctica, creencias indemostrables científicamente pero necesarias para la moral. El primero es la libertad, demostrada por la propia ley moral, sin la cual no existiría la responsabilidad ni el deber; el segundo es la inmortalidad del alma, exigida por la infinitud del deber, pues la perfección moral requiere un progreso eterno inalcanzable en una vida finita; y el tercero es la existencia de Dios, quien garantiza la unión final entre Virtud y Felicidad (el Sumo Bien), dando sentido completo al esfuerzo ético.
