Proyecto cartesiano: unidad del saber
El proyecto cartesiano expuesto por René Descartes en el Discurso del método propone reconstruir todo el saber humano como un sistema unitario, comparable a un edificio nuevo y sólido, frente a la dispersión de los conocimientos heredados. Todas las ciencias forman una sola sabiduría guiada por una razón única y un método universal aplicable a todos los ámbitos del conocimiento, lo que garantiza la distinción entre lo verdadero y lo falso. Aunque existan ciencias diferentes, están orgánicamente unidas como un árbol: la metafísica es la raíz, la física es el tronco y de ella se derivan las demás ciencias, como la medicina y la moral.
Este proyecto incluye la formulación del método, una moral provisional y el desarrollo progresivo de las ciencias desde fundamentos metafísicos, lo que da coherencia y atractivo al sistema, pero también lo hace dependiente de los presupuestos metafísicos que constituyen su principal debilidad. El fragmento que vamos a analizar pertenece a la Parte II del Discurso del método, la obra fundacional del racionalismo moderno. El contexto es el de la búsqueda de una verdad indudable que recupere la certeza frente al escepticismo y a la crisis del saber del s. XVII. El autor se sitúa en el contexto de la filosofía moderna y es el principal representante del racionalismo.
Las cuatro reglas del método
En este fragmento, Descartes expone de forma clara las cuatro reglas del método, núcleo de su proyecto filosófico. El texto sostiene que la razón solo puede alcanzar un conocimiento verdadero y seguro si se guía por un método riguroso, compuesto por reglas claras que permiten evitar el error y fundamentar todas las ciencias. Descartes parte de la convicción de que el saber heredado de la tradición escolástica carece de solidez, ya que se apoya en la autoridad y no en la evidencia racional. Por ello propone la necesidad de un método universal que permita reconstruir el conocimiento desde fundamentos absolutamente ciertos.
- Primera regla: la evidencia. Solo debe admitirse como verdadero aquello que presente a la razón de forma clara y distinta. Esta regla expresa la confianza cartesiana en la razón como facultad capaz de captar la verdad mediante la intuición intelectual (líneas 9-13).
- Segunda regla: el análisis. Consiste en descomponer cada problema en tantas partes como sea posible hasta llegar a lo más simple, las llamadas «naturalezas simples».
- Tercera regla: la síntesis (o el orden y la deducción). Su síntesis consiste en recomponer el problema mediante un proceso ordenado y deductivo, avanzado desde lo más simple a lo más complejo. Este encadenamiento racional permite construir un conocimiento seguro, ya que cada paso se apoya en evidencias previamente establecidas (líneas 14-19).
- Cuarta regla: la comprobación. Garantiza la validez del conocimiento obtenido mediante revisiones completas del proceso racional. Con ello, Descartes asegura la coherencia del sistema y evita errores derivados de omisiones (líneas 20-21).
Críticas y limitaciones
El método expuesto aquí será la base de la duda metódica. En conclusión, el texto de Descartes defiende la necesidad de un método racional para alcanzar un conocimiento seguro, lo que supuso un avance importante frente al pensamiento escolástico basado en la autoridad. Su insistencia en la claridad, el orden y la deducción ha sido fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna. Sin embargo, puede criticarse que confíe casi exclusivamente en la razón y deje en un segundo plano la experiencia, lo que limita la aplicación de su método a las ciencias empíricas.
Influencias y modelo matemático
El método cartesiano está influido principalmente por las matemáticas, en especial por el método geométrico de Euclides, del que Descartes toma la idea de un conocimiento deductivo basado en principios claros y evidentes. También recibe la influencia del método de resolución y composición de la escuela de Padua, que explica la relación entre el análisis y la síntesis. Frente a ello, el texto supone una ruptura con la escolástica aristotélica.
Contexto histórico y objetivo filosófico
Descartes vivió en un momento de profunda transformación cultural e intelectual: el paso de la Edad Media a la Modernidad. Su pensamiento se desarrolla en el contexto de la crisis del saber escolástico, basado en Aristóteles y en la autoridad de la tradición, que ya no ofrecía certezas firmes. Al mismo tiempo, el avance de la nueva ciencia moderna exigía un fundamento filosófico seguro para el conocimiento. Descartes pretende reconstruir todo el saber desde bases absolutamente seguras, tomando como modelo el método matemático. Por ello sitúa la metafísica como raíz de la ciencia, encargada de proporcionar principios indudables.
Meditación Segunda y el descubrimiento del cogito
El fragmento: El fragmento que presentamos pertenece a la Meditación Segunda de la obra Meditaciones Metafísicas; concretamente al pasaje conocido como el ‘cogito’, que Descartes descubre como la primera verdad absolutamente cierta tras la duda metódica. En este texto, Descartes reflexiona sobre la posibilidad de alcanzar una verdad absolutamente cierta mediante la duda. Para ello lleva la duda hasta el extremo, suponiendo que todo aquello que percibe es falso, incluidos los sentidos, el cuerpo y el mundo exterior, e incluso introduce la hipótesis de la existencia de ‘un burlador muy poderoso y astuto que dedica su industria a engañarme siempre’, con el fin de cuestionar cualquier posible conocimiento.
Sin embargo, en el mismo acto de dudar descubre una verdad que no puede ser puesta en cuestión, ya que incluso el engaño presupone su existencia como sujeto pensante (línea 19-20). Esta afirmación no es una deducción lógica, sino una intuición evidente del entendimiento, pues se impone de manera inmediata y clara a la razón. La duda cartesiana es un método radical y provisional que Descartes utiliza para poner en cuestión todo aquello que puede ser falso. Al dudar de los sentidos, del mundo externo e incluso de las verdades matemáticas, busca encontrar una verdad absolutamente indudable. Esta verdad será el cogito, fundamento seguro del conocimiento.
La naturaleza del yo
A partir de esta certeza, Descartes se pregunta qué es ese yo cuya existencia ha quedado demostrada. Tras rechazar que sea el cuerpo o los sentidos, concluye que el yo es una sustancia pensante, es decir, una res cogitans, cuya esencia es el pensamiento. Este texto es fundamental porque establece el primer principio de la filosofía cartesiana. A partir del cogito, Descartes construirá todo su sistema: desarrollará la metafísica, demostrará la existencia de Dios, garantizará la verdad de las ideas claras y distintas y afirmará la existencia del mundo exterior. El cogito marca así el inicio de la filosofía moderna, al situar el sujeto pensante como fundamento del conocimiento.
Relaciones e influencias
Descartes dialoga críticamente con los filósofos escolásticos al rechazar la autoridad de la tradición y basar el conocimiento en la razón. Frente al escepticismo antiguo (como el de Pirrón), lo utiliza como método, pero lo supera con la certeza del cogito. Se relaciona con Agustín de Hipona en la idea de que la autoconciencia es fuente de verdad. A su vez, influirá en racionalistas posteriores como Spinoza y Leibniz, que desarrollan su confianza en la razón.
Conclusión: legado y aportación
Descartes vivió en un momento de profunda transformación cultural e intelectual: el paso de la Edad Media a la Modernidad. Su pensamiento se desarrolla en el contexto de la crisis del saber escolástico, que ya no ofrecía certezas firmes. Al mismo tiempo, el avance de la nueva ciencia moderna exigía un fundamento filosófico seguro para el conocimiento. Frente al escepticismo, propone la duda metódica como instrumento racional para alcanzar la verdad. En este contexto surge el cogito, primera verdad evidente, que inaugura el racionalismo moderno. Su filosofía marca el inicio del sujeto moderno como fundamento del conocimiento y abre una nueva etapa en la historia del pensamiento occidental.
Observación final
El proyecto cartesiano, con su énfasis en la claridad, el orden y la deducción, sigue siendo un punto de referencia obligatorio para comprender la transición hacia la ciencia moderna y la centralidad del sujeto en la epistemología contemporánea.
