Filosofía del Ser Humano: Cuerpo, Mente y Ética Universal

1. Cuerpo y alma

La primera tradición filosófica que vamos a estudiar es la que intenta comprender al ser humano desde dos dimensiones: la que denominamos cuerpo y otra que ha sido nombrada con términos como alma, espíritu o mente. La relación alma-cuerpo ha sido una de las cuestiones más debatidas a lo largo de la historia y se le han dado muchas respuestas.

1.1. Cerebro y mente

Sabemos que el cerebro es indispensable para explicar el funcionamiento del psiquismo humano.

  • Los avances de la inteligencia artificial comparan el cerebro humano con un ordenador potentísimo, que algún día seremos capaces de construir.
  • La ingeniería genética está abriendo la posibilidad de modificar la información contenida en las células embrionarias, lo cual implica poder programar cambios en las características de una persona antes de que nazca.
  • Las diferentes creencias, religiosas, agnósticas y ateas, siguen haciendo que nos preguntemos si es o no posible la existencia de un alma, una entidad independiente de nuestro cuerpo que sobreviva a la muerte de este.

1.2. Teorías sobre el cerebro y la mente

  • Las que explican el psiquismo humano como una consecuencia del cerebro tan desarrollado que tenemos los seres humanos.
  • Las que afirman que el ser humano, además de la materia de su cuerpo, posee un principio extracorporal e inmaterial, que comúnmente se denomina alma y sin la que no se puede explicar la acción humana.
  • Las teorías que intentan ir más allá de las explicaciones materialistas y dualistas.

Teorías monistas materialistas

Materialismo fisicalista o fisicalismo: Sostiene que las actividades mentales son meros procesos fisicoquímicos o neurofisiológicos. Esta concepción es compartida en el siglo XX por autores como José Ferrater Mora y Paul Feyerabend.

Materialismo emergentista: Otros investigadores, como Mario Bunge, consideran que lo mental no se reduce a lo físico, pero sí que emerge evolutivamente de lo físico.

Teorías dualistas

  • Dualismo platónico: Para Platón, el ser humano que vemos en este mundo es un compuesto de cuerpo y alma, pero tal unión es un mero accidente. En realidad, el alma es inmortal e inmaterial y ya existía antes de unirse al cuerpo, de modo que el verdadero ser humano es su alma.
  • Hilemorfismo: Frente al dualismo platónico, Aristóteles sostuvo que el alma y el cuerpo son dos principios o ingredientes complementarios e inseparables de una única realidad o sustancia, la del ser humano. La materia (hyle) no puede existir sin una forma (morphe) determinada, de ahí el nombre de esta teoría: hilemorfismo. El cuerpo es la base material y el alma es la forma sustancial del ser humano. Como alma y cuerpo no pueden existir más que cuando están compuestos uno con otro, resulta muy difícil mantener que el alma es inmortal.
  • Dualismo cartesiano: El influyente filósofo francés René Descartes (1596-1650) sostuvo un dualismo radical a partir de los conocimientos científicos del Renacimiento y de una confianza absoluta en la capacidad de la razón humana. Descartes afirma que el ser humano se halla compuesto por la unión de dos sustancias completamente distintas: el cuerpo, sustancia extensa, y el alma, sustancia pensante.

2. Razón y sentimientos

Otra de las grandes tradiciones filosóficas sobre el ser humano es la que nos considera como una síntesis especial entre razón y sentimiento.

2.1. El animal que tiene logos

  • Poseer logos puede entenderse como tener capacidad de decir de forma inteligible, esto es, tener la facultad de usar un lenguaje conceptual para referirse a la realidad, para comprenderla y explicarla.
  • Pero el animal que tiene logos es también un ser capaz de vivir en sociedad, precisamente porque comparte un lenguaje con sus semejantes.
  • Finalmente, tener logos está también en relación con la capacidad de llevar a cabo un pensar razonable.

2.2. Razón y racionalidades

Se trata, más bien, de un conjunto de capacidades que los seres humanos podemos ejercer de maneras muy diferentes. Como decía Kant, existen diversos usos de la razón.

Razón teórica y razón práctica

Los seres humanos podemos usar nuestra capacidad racional (logos) de dos formas: para alcanzar la verdad y para lograr la felicidad.

Según Aristóteles, la razón teórica se ocupa de aquello que no puede ser de otra manera. Esta expresión se refiere a aquellos objetos o acontecimientos que son necesariamente; por ejemplo, mientras el humo asciende en el aire, una piedra cae al suelo.

La razón práctica, en cambio, se ocupa de aquello que puede ser de otra manera, es decir, del estudio de realidades que pueden ser o no ser, o que pueden ser de muchas maneras diferentes. Aristóteles señala que la razón práctica se encarga de plantear qué fines debemos perseguir los seres humanos y entiende que cuando alguien realiza bien esta función es un hombre prudente.

2.3. El valor de los sentimientos

A lo largo de la historia, los filósofos han querido resaltar el papel de los sentimientos y en algunas ocasiones han contrapuesto los sentimientos a la razón. Aristóteles en la antigüedad ya destacó que los seres humanos somos «inteligencia deseosa». Con esta fórmula quería decir que la razón no hace más que dirigir la elección entre los diversos deseos que sentimos. De este modo, el intelecto solo se encarga de identificar en cada situación concreta en la que nos encontramos, cuál es el deseo recto, para a continuación disponerse a realizarlo. Este proceso se denomina deliberación.

La filosofía del cristianismo primitivo subrayó la importancia de los sentimientos amorosos, como muestra San Agustín de Hipona: «Ama y haz lo que quieras». Con ello quiere indicar que quien conozca el verdadero amor será incapaz de hacer lo contrario al amor. La filosofía agustiniana insiste en que lo importante para el ser humano no es tanto desarrollar la razón, sino esta pasión amorosa que parece ir ligada a ella.

En el siglo XVIII, destacaron los filósofos del sentimiento moral, entre ellos Adam Smith, por haber desarrollado una moral de simpatía. Afirmaba que los seres humanos experimentamos sentimientos muy semejantes cuando nos encontramos en situaciones parecidas. Entre los seres humanos se da una cierta comunidad de sentimientos que es la base de las valoraciones y juicios morales, pues nos informa de qué acciones son realmente buenas y cuáles no lo son.

David Hume sostiene que la razón es incapaz de motivar la conducta, y que son las pasiones las que mueven a las personas a actuar. Tendemos a creer que solo nos mueven las pasiones cuando sufrimos un arrebato emocional. Para Hume, la razón es «esclava de las pasiones» y solo a ellas ha de servir y obedecer.

Por su parte, Kant defiende que la razón es perfectamente capaz de mover a la voluntad para actuar, pero admite la existencia del respeto como sentimiento moral. Esa es la única respuesta al valor absoluto o dignidad que tienen las personas, en cuanto dotadas de razón y libertad.

En el siglo XX, Xavier Zubiri atribuye a los seres humanos una «inteligencia sentiente». Aunque sentir e inteligir se puedan tomar como dos operaciones diferentes, se encuentran unidas en la estructura de la inteligencia sentiente. La inteligencia no es independiente del sentir.

2.4. Por una razón cordial

Razón cordial es que los seres humanos descubrimos lo que es la verdad y la justicia mediante argumentaciones racionales, afectos y sentimientos. Nos relacionamos con las cosas y personas a través de la alegría o de la tristeza. Las emociones y los sentimientos seleccionan información que es interesante e importante para nuestras vidas. El corazón no es simplemente una fuerza ciega que se mueve a impulsos ciegos o corazonadas. El corazón, los afectos y las emociones, no son lo opuesto a la razón matemática pura. Una persona incapacitada para experimentar sentimientos y emociones estaría impedida para rechazar la injusticia. La oposición entre la razón y el corazón no está justificada, porque la razón es una facultad preparada para interpretar los proyectos del corazón.

3. Raíz ilustrada kantiana

Kant enriquece el concepto de «persona» al darle una connotación fundamentalmente moral. Persona es ser libre, y libre significa aquí autónomo, es decir, capaz de darse leyes a sí mismo, capaz de crear, junto al mundo de las leyes naturales. El hecho de poseer autonomía confiere dignidad a las personas, porque si un ser puede darse sus propias leyes nadie tiene derecho a instrumentalizarlo.

Para Kant, la persona tiene un valor absoluto: su valor no procede de resultar o no útil, sino que la persona es valiosa en sí misma. Es lo que Kant denomina un fin en sí mismo que no debe utilizarse como medio para otra cosa. De esta forma se establece un imperativo de respeto mutuo: lo propio de toda persona es respetar a los demás.

Los problemas de la felicidad

La felicidad plantea a la ética al menos tres problemas:

  • Los ideales de felicidad no son, pues, universalizables.
  • El bienestar se opone muchas veces a la justicia.
  • La felicidad es conquista y don.

Saber ser justo

Saber ser justo es ser capaz de tener en cuenta no solo el interés de un grupo o de algunos grupos, sino el interés de todos. Lo justo se refiere a aquello que es exigible a cualquier ser racional que quiera vivir moralmente, mientras que lo bueno, lo que proporciona felicidad, lo es solamente para un grupo de personas.

Éticas de justicia y éticas de felicidad

Las éticas de justicia o éticas de mínimos se ocupan solo de la dimensión universalizable del fenómeno moral, mientras que las éticas de felicidad intentan ofrecer ideales de vida buena, en los que se incluye el conjunto de bienes de que las personas podamos gozar.

¿Quién está en forma?

Reconocer en la moral la doble faceta de lo justo y lo bueno nos permite explicar dos fenómenos:

  • La existencia de contenidos morales diversos.
  • El pluralismo de las sociedades democráticas, que consiste en compartir unos mínimos de justicia.

3. El ámbito de la ética

Los seres humanos, a diferencia de los animales, tenemos libertad, es decir, tenemos capacidad de elegir lo que vamos a hacer y cómo vamos a hacerlo.

3.1. Moral y ética

El término ética procede del griego ethos, que significa modo de ser o carácter, y moral procede del latín mos, que significa costumbre, modo de vivir o carácter. Ambos términos se refieren a la manera de ser que adquiere un ser humano a lo largo del tiempo. En el lenguaje filosófico no tienen el mismo significado, se distingue entre:

  • La moral: como una dimensión de la vida humana, relacionada con la libertad de elegir y con la capacidad de reconocer que hay modos de ser y de vivir más propios de seres humanos que otros. La moral se sitúa en el plano de lo vivido.
  • La ética: es la reflexión filosófica acerca de lo moral. Se sitúa en el plano de lo pensado.

Moral como estructura: Todas las personas tenemos una estructura moral, porque a la hora de actuar hemos de elegir entre distintas posibilidades y justificar aquella que hemos elegido.

Moral como contenido: Las personas elegimos en relación con un conjunto de normas, valores y principios que orientan la conducta y configuran un modo de vivir. La ética ayuda a distinguirlos.

3.2. Moral, inmoral y amoral

En relación con la distinción que acabamos de hacer, todavía conviene aclarar dos pares de conceptos:

  • Moral como opuesto a inmoral: Podemos decir que una conducta es moral o inmoral en relación con un determinado contenido, es decir, si se ajusta o no al contenido que se considera moralmente correcto.
  • Moral como opuesto a amoral: Un ser moral es aquel que tiene una estructura moral, es decir, la necesidad de elegir entre distintas posibilidades y justificar sus elecciones. Mientras que un ser amoral es el que carece de esta capacidad. Los seres humanos somos morales y los animales y robots son amorales.

3.3. Moral, derecho y religión

  • Religión: Dios promulga el mandato a través de la revelación y el magisterio; todas las personas son las destinatarias del mandato; se responde ante Dios; se puede esperar obediencia de los creyentes.
  • Derecho: Promulga el mandato el poder legislativo legitimado para ello; los destinatarios del mandato son los miembros de la comunidad política; se responde ante los tribunales; se puede esperar obediencia de los obligados por el pacto político.
  • Moral: El mandato lo promulga la persona misma; los destinatarios del mandato son la persona de cada cual; se responde ante sí mismo; se puede esperar obediencia de todas las personas.

3.5. ¿Hay valores morales universales?

Hay posiciones que niegan la posibilidad de encontrar unos valores universalmente compartidos:

  • El relativismo moral: Consiste en afirmar que los principios de lo justo y de lo bueno solo podemos encontrarlos en el interior de cada grupo determinado y solo valen para él, pero no para todos los seres humanos, ya que cada grupo tiene sus costumbres y tradiciones. Lo bueno y lo malo son siempre relativos a algún grupo. El relativismo nació en Grecia con los sofistas (siglo V a.C.), especialmente con Protágoras. Hoy el relativismo sigue presente en:
    • El relativismo cultural, según el cual los criterios morales dependen exclusivamente de las distintas culturas.
    • El contextualismo, según el cual solo podemos saber si una propuesta moral es correcta o incorrecta si la consideramos dentro de cada contexto de acción.
    • El etnocentrismo, que afirma la imposibilidad de justificar la bondad de una opción teniendo por interlocutor a cualquier ser humano.
  • El escepticismo: El relativismo ha conducido frecuentemente al escepticismo, que iniciaron Pirrón y su escuela en el siglo III a.C. Afirma el escepticismo que, puesto que no podemos encontrar ningún criterio para preferir unas opciones u otras, ninguna es mejor y es imposible distinguir realmente entre lo justo y lo injusto, entre lo bueno y lo malo.
  • El subjetivismo: En el subjetivismo, las cuestiones morales, a diferencia de las científicas, son subjetivas. Según Max Weber, el subjetivismo moral se ha extendido en el mundo moderno en virtud de un proceso de racionalización que ha dado lugar al triunfo de la llamada racionalidad instrumental.

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