Teoría del conocimiento de Platón
Introducción y contexto
Platón (427 a. C. – 347 a. C.) recibió a lo largo de su vida influencias de muchos pensadores de la Grecia clásica, como Parménides, Heráclito, autores pitagóricos y el más importante de todos, Sócrates. Aunque se nutrió de todos ellos para desarrollar sus teorías, fue de Sócrates de quien tomó la mayoría de las ideas, perfilándolas con su pensamiento propio. Debido a su estrecha relación con él y por la condena que le impuso el gobierno de los Treinta Tiranos, su filosofía se basa en la defensa de Sócrates y en la crítica a los sofistas.
Dualismo epistemológico y ontológico
A la hora de hablar del conocimiento, Platón concentra todas sus influencias y desarrolla un dualismo epistemológico: la verdad se puede alcanzar mediante los sentidos o por la razón. Esta teoría está estrechamente relacionada con su dualismo ontológico.
El discípulo de Sócrates establece que existen dos mundos: el inteligible y el sensible. En el primero se encuentran las ideas, las cuales se conocen por la razón; en el segundo están las cosas, que percibimos por los sentidos. Ambos mundos no tienen la misma importancia y, por tanto, el conocimiento que se alcanza en cada uno de ellos también tiene una jerarquía.
La línea dividida: grados del conocimiento
Para explicar esa jerarquía, Platón utiliza el símil de la línea dividida: se dibuja una raya y se divide a la mitad; cada parte a su vez se divide en otras dos. Desde lo más bajo hasta lo más alto, la estructura es la siguiente:
- Eikasia — imágenes (sombra, reflejos).
- Pistis — cosas (objetos sensibles).
- Dianoia — pensamiento discursivo, donde reconocemos las ideas mediante razonamientos y matemáticas.
- Noesis — entendimiento directo de las ideas, la forma más elevada del conocimiento.
Las dos primeras (eikasia y pistis) están englobadas dentro del concepto de doxa, es decir, todo aquello que percibimos por los sentidos: conocimientos particulares y contingentes. Esta esfera está separada por un abismo —o jórismos (separación)— de la epistéme, el conocimiento inteligible por el que se alcanza la verdadera realidad, el saber universal y necesario.
Mito de la caverna
El autor de La República destaca la importancia de la razón y del intelecto por encima de los sentidos. Para explicar este proceso, Platón se sirve del mito de la caverna:
Un grupo de hombres está dentro de una cueva, encadenados a un muro; detrás de ellos, y un poco por encima de sus cabezas, hay una hoguera. Entre los hombres y la hoguera hay un muro que Platón relaciona con las artimañas y trampas de los embaucadores (los sofistas). En ese muro hay otras personas que manipulan figuras y siluetas que simulan la realidad, de modo que lo único que pueden ver los encadenados son las sombras proyectadas.
Si un día uno de los hombres se soltara y mirara hacia atrás, al principio quedaría cegado por la luz de la hoguera; las imágenes borrosas que vería le parecerían menos reales que las sombras que ha estado observando toda su vida, y querría volver a la oscuridad. Para observar y conocer la verdadera realidad tendría que invertir tiempo y esfuerzo en acostumbrarse a ver las cosas tal y como son. Si desistiera y volviera a la oscuridad de la cueva, quedaría cegado para siempre y todo lo que le contaran sería recibido con burlas y desprecio.
Paideia y la formación del filósofo
Por ello, Platón defiende la paideia, la formación integral de la persona. Hay que educar a los hombres para que sean capaces de librarse de las cadenas, atravesar el jórismos y llegar al mundo de las ideas, y así no caer en los engaños de los sofistas.
Como medio para conseguir esto, establece la dialéctica, que, al igual que la mayéutica de Sócrates, comienza con la ironía socrática —destruir los conocimientos falsos mediante el diálogo— y termina con la definición y la comprensión de los conocimientos verdaderos. La diferencia entre ambos sistemas es la naturaleza del conocimiento: mientras que para Sócrates es intrasubjetiva («Conócete a ti mismo»), para Platón es extrasubjetiva y se encuentra en nuestra memoria.
Anámnesis, catarsis y la noesis
Lo que pretende el autor del mito de la caverna es hacernos recordar (anámnesis) aquello que vivimos cuando estábamos en el mundo de las ideas antes de caer a este mundo imperfecto. Según Platón, mediante esta reminiscencia conseguiremos purificarnos (katharsis) y alcanzar el mayor grado del conocimiento: la noesis, llegando así a la felicidad plena.
Legado y valoración
Esta teoría constituye una de las principales aportaciones de Platón a la filosofía: fue el primer pensador que empezó a relacionar realidad y conocimiento. Alfred North Whitehead llegó a afirmar que «toda la filosofía occidental no es más que una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica». Este viejo pensador griego, cuyas teorías a veces pueden parecer un relato ficticio, fue uno de los determinantes para que el mundo sea tal y como lo conocemos hoy.
