René Descartes: duda metódica, cogito y fundamento del conocimiento

René Descartes (1596–1650): inicio de la filosofía moderna

T1. Contexto y objetivo del proyecto cartesiano

René Descartes inaugura la filosofía moderna al situar al sujeto pensante como punto de partida del conocimiento. Su proyecto filosófico surge como reacción a la crisis del saber heredado y al escepticismo, y tiene como objetivo hallar una verdad absolutamente cierta sobre la que fundamentar la ciencia. Para ello desarrolla la duda metódica, entendida como un procedimiento racional y voluntario.

La duda cartesiana: características y finalidad

La duda cartesiana se caracteriza por ser:

  • Metódica, porque se emplea como medio para llegar al conocimiento.
  • Provisional, ya que no pretende destruir el conocimiento, sino poner a prueba las creencias.
  • Libre y voluntaria, ejercida por el sujeto como recurso crítico.
  • Ficticia e hiperbólica, al introducir hipótesis exageradas como la del genio maligno.
  • Teórica, porque se aplica a la investigación teórica y no a la vida práctica, las leyes ni la religión.
  • Universal y metafísica, ya que pone en cuestión todo el saber, incluidos los fundamentos últimos.

Esta duda conduce a una situación de incertidumbre total, cercana al nihilismo, aunque Descartes se distancia del escepticismo radical que más tarde representará Nietzsche.

Niveles de duda y el descubrimiento del cogito

Descartes distingue tres niveles de duda:

  • Los sentidos, que a veces engañan.
  • La razón, que puede cometer errores.
  • Las matemáticas, cuestionadas mediante la hipótesis del genio maligno.

Sin embargo, al dudar descubre una verdad indudable: «si dudo, pienso; y si pienso, existo». El cogito no se alcanza por deducción, sino por intuición intelectual, y constituye el primer principio de la filosofía cartesiana. A partir del cogito, Descartes examina las ideas que hay en la mente y distingue entre adventicias (procedentes aparentemente del exterior), ficticias (creadas por la imaginación) e innatas, entre las que destaca la idea de Dios.

T2. Realidad formal y realidad objetiva; demostración de la existencia de Dios

Introduce la distinción entre realidad formal (el acto de pensar) y realidad objetiva (el contenido de la idea). La idea de Dios, como ser infinito y perfecto, posee una realidad objetiva que no puede proceder de un ser finito como el hombre, por lo que su causa solo puede ser Dios mismo, según el principio de causalidad. Aquí se aprecian influencias platónicas y también el argumento ontológico de San Anselmo, que Descartes reformula.

Dualismo: sustancia pensante y sustancia extensa

El ser humano aparece como una sustancia pensante, distinta del cuerpo, que es una sustancia extensa sometida a leyes mecánicas. Alma y cuerpo son absolutamente distintos, aunque según Descartes interactúan a través de la glándula pineal. El yo es pensamiento y conciencia, independientemente del cuerpo.

La garantía divina y la teoría del error

La demostración de la existencia de Dios permite a Descartes salir del solipsismo. Dios, como ser perfecto, no puede ser engañador; por ello garantiza la verdad de las ideas claras y distintas. De aquí deriva la teoría del error: el error no procede de Dios, sino del uso incorrecto del libre albedrío, cuando la voluntad infinita se adelanta al entendimiento finito. El error sería evitable si se siguieran correctamente las reglas del método: evidencia, análisis, síntesis y enumeración.

Conclusión sobre la filosofía cartesiana

En conclusión, la filosofía cartesiana establece al cogito como fundamento del saber, a Dios como garante de la verdad y a la razón como vía privilegiada del conocimiento. Con ello, Descartes rompe con la filosofía medieval e inaugura el racionalismo moderno, situando al sujeto como principio de la filosofía.

Análisis del texto (TEX 1): planteamiento y conclusiones

Texto comentado

El texto plantea el problema filosófico de la búsqueda de un fundamento absolutamente cierto del conocimiento y del modo en que la razón puede alcanzar la verdad sin caer en el error. En concreto, Descartes se pregunta cómo es posible encontrar una certeza indudable en un contexto de desconfianza hacia los sentidos y la tradición.

El fragmento expone el uso de la duda metódica como procedimiento racional para alcanzar la verdad. La tesis que sostiene el texto es que, para llegar a un conocimiento firme, es necesario rechazar como verdadero aquello que admita la duda, limitando esta actitud al ámbito teórico y no a la vida práctica.

El argumento parte de la constatación de que muchas de nuestras creencias pueden ser erróneas. En primer lugar, Descartes duda de los sentidos, ya que a veces engañan. En segundo lugar, duda de los razonamientos, pues incluso en las matemáticas pueden cometerse errores. Finalmente, introduce la hipótesis del sueño, señalando que no existe un criterio seguro para distinguir el sueño de la vigilia. Por ello, decide poner en duda todos los conocimientos adquiridos hasta el momento.

De este modo, la duda cartesiana se caracteriza como universal, porque afecta a todos los saberes; metódica, porque se emplea como medio y no como fin; y teórica, ya que no se aplica a la acción práctica. Su objetivo no es el escepticismo, sino encontrar una verdad absolutamente indudable sobre la que reconstruir el conocimiento.

Este planteamiento se inserta en el racionalismo moderno del siglo XVII, en oposición a la escolástica medieval y al escepticismo radical. Descartes busca un método universal inspirado en el modelo matemático que garantice la certeza científica.

En conclusión, el texto muestra cómo la duda, lejos de destruir el conocimiento, se convierte en el camino necesario para alcanzar una verdad firme y segura, que servirá como fundamento de toda la filosofía cartesiana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *