Relación de Nietzsche con Kant

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Nietzsche es la intuición, el conocimiento individual y directo, inmediato, del sistema perceptivo
interno y externo. Y el lenguaje sirve para expresar el pensamiento y la intuición, pero Nietzsche se
pregunta si el lenguaje expresa correctamente las intuiciones, ya que lo que hace el lenguaje es crear
metáforas que intentan expresar nuestra relación con las cosas, porque la «cosa en sí», la esencia, es
inconcebible.
El primer falseamiento de la realidad se produce cuando se toma por realidad lo que sólo es
metáfora, figura; la palabra es una metáfora aceptada socialmente. Se entiende como verdadero lo
que es coincidente con la metáfora aceptada social y convencionalmente; y como falso lo que se
aparta de ella. La palabra se transforma en concepto para servir como instrumento de
comunicación, y el concepto provoca una comprensión del mundo en tanto que cosa humanizada. El
segundo falseamiento se produce con la elaboración de conceptos, la abstracción racional falsea la
metáfora al eliminar lo individual, lo instintivo.
El hombre ha olvidado el verdadero origen de los conceptos y las consecuencias son el falseamiento
de la realidad y la posibilidad de la Metafísica tradicional (Dios, Mundo, Yo, son abstracciones que
se toman como realidades primeras). El idealismo kantiano había admitido la importancia que el
fenómeno tenía en el conocimiento, sin embargo, Nietzsche duda de esto y atribuye más capacidad
al arte para expresar la realidad.
De este modo el conocimiento se convierte en perspectivismo porque los «hechos en sí» son
incognoscibles, sólo hay diversas interpretaciones. En este aspecto Nietzsche realiza una dura crítica
al positivismo al limitar el conocimiento a lo fenoménico: conocer es, por tanto, interpretar desde
múltiples perspectivas. El Mundo no es cognoscible, sólo interpretable. Nietzsche critica el
Idealismo porque el mundo de las esencias, de las ideas, de la Verdad, no es cognoscible porque es
falso; pero también el Realismo porque el mundo de los fenómenos no es cognoscible tampoco
porque el concepto falsea el fenómeno convirtiendo en un «en-sí» lo múltiple. El conocimiento es la
mayor fabulación ya que es un proceso de abstracción y simplificación que no está encaminado a
conocer sino al poder sobre las cosas. La «voluntad de poder está en el origen del conocimiento:
poder para conceptualizar, poder para imponer unos conceptos en lugar de otros, poder para
resolver las luchas entre distintas perspectivas. De esta teoría del conocimiento deriva la crítica a los
filósofos, científicos y teólogos, porque actúan de intermediarios entre el Mundo y nosotros.
La filosofía es criticada porque considera el «ser» como una realidad estática e inmutable. Nietzsche
opina que el «ser» metafísico es absurdo, ficticio, que no es posible conocerlo, ni demostrarlo. Sólo
existe el devenir, el mundo delimitado por el espacio y el tiempo, que puede ser experimentado por
los sentidos. Y este mundo tiene como principio del devenir la voluntad de poder. Todas las
acusaciones son una crítica al uso de la razón en el lenguaje y la Filosofía.
Para Nietzsche, la vida se manifiesta en la Naturaleza como instinto, fuerza, lucha constante de
energías contrarias en un proceso interminable en el que nada permanece estable, como devenir,
como acontecimiento trágico. Este proceso está regido por la dominación de unos sobre otros, por
la preeminencia de fuerzas espontáneas como el instinto, la «voluntad de poder». El hombre está
envuelto en una realidad trágica y regido por la voluntad de poder que le impulsa hacia el futuro.
Afirmar la vida es aceptarla como es: trágica, instintiva, creadora, proyectiva; es recuperar el espíritu
de la tragedia griega en la que Apolo y Dionisos simbolizan tuerzas contrarias, impulsos artísticos,
estados de ánimo vitales. Apolo es el Dios de la belleza, de las formas perfectas, la medida, la
proporción; se corresponde con las artes estáticas y espaciales. Dionisos es el Dios del vino, la
embriaguez, la exuberancia; se corresponde con las artes dinámicas y temporales. Lo apolíneo y lo dionisíaco son impulsos, instintos de desarrollo, dos formas de creatividad. Afirmar la vida
íntegramente, con todo lo doloroso e inexplicable, es realizar la síntesis de estas dos fuerzas
creadoras opuestas, ésta es la grandeza de la tragedia griega.
El socratismo es el primer síntoma de negación, de decadencia, ya que introduce la razón
oponiéndose a la espontaneidad del instinto; identifica razón, virtud y felicidad. Las consecuencias
del socratismo son la negación de los auténticos valores de la vida (el instinto, la fuerza), y la
transformación de felicidad y virtud en ideas, se inventa un mundo de ideas para escapar de éste.
Platón no sólo inventa el Mundo de las Ideas sino que lo propone como verdadero (el mundo
sensible depende de él). Posteriormente el cristianismo protege, exalta y continua esas ideas,
universalizando así la decadencia iniciada por Sócrates y Platón.
La inversión de los valores se produce a partir de Sócrates, es el resultado de una situación
paradójica: la moral de los esclavos se ha impuesto sobre la de los señores, los auténticos valores
morales han sido suplantados, invertidos. Por ello, la moral tradicional (cristiana) es antinatural
porque se opone a la vida con normas, leyes, aboga por el mundo del más allá y niega éste. El
resultado es la alienación del hombre. El inicio de esta inversión se produce con el Judaísmo, el
Cristianismo la universaliza e introduce el sentimiento de culpa cuando para redimirse es necesario el
ascetismo, el sacrificio, la abnegación.
Es en este sentido en el que la idea de Dios impide al hombre llegar a ser superhombre y la muerte
de Dios significa la caída de los cimientos (moral, religión y filosofía) de la civilización occidental, la
destrucción de los valores absolutos. La superación del Nihilismo se produce por la creación de
valores que den sentido al hombre y la vida, y por la transvaloración («transmutación») de los valores
que condujeron a la nada. La superación del Nihilismo no se produce por la reflexión de la razón,
sino por instinto, es la «voluntad de poder» del superhombre -un nuevo tipo humano que vive el
devenir y la voluntad de poder, que está más allá del bien y del mal- la que destruye y crea nuevos
valores.



  Kant parte de que en el hombre hay una conciencia moral, la ley moral, que le hace plantear cómo debe actuar, ¿ qué debo hacer? Es el plano de la razón práctica que se plantea no lo que las cosas son, que pertenece a la razón pura teórica, sino cómo deben ser. Ésta es la función práctica de la razón, preguntarse por los principios del obrar humano .Así como la razón pura formula juicios, como veremos, la razón práctica formula imperativos, mandamientos que deben ser universales, necesarios, sintéticos a priori. Estos son los imperativos categóricos. Este imperativo es además formal y autónomo, con lo que ya tenemos las carácterísticas de la ética kantiana. Kant propone una ética válida para todas las personas y para todos los tiempos, es decir una ética universal. Esta ética tiene que ser formal, no material, como han sido las anteriores. No contiene ningún contenido material, ni la felicidad, ni el placer como metas; no nos dice lo que tenemos que hacer, sino cómo debemos que obrar. Es autónoma, nadie fuera de nosotros puede decirnos cómo debemos comportarnos; en ese caso sería heterónoma, y es categórica, no parte de ninguna hipótesis: si quieres conseguir esto, tienes que hacer aquello, porque no sería universal, sino válida solo para los que quisieran conseguir ese objetivo.  Lo que determina que una acción sea buena es el sometimiento de la voluntad a la razón (buena voluntad). La forma de obrar éticamente es obrar por deber. El deber es el criterio de bondad o maldad de nuestras acciones. Kant distingue tres formas de obrar: Se puede obrar en contra del deber. Por ejemplo, un comerciante puede cobrar precios abusivos a los clientes. Esta acción sería contraria al deber. También podemos obrar conforme al deber. Por ejemplo ese mismo comerciante decide no cobrar precios abusivos para no perder la clientela. Una tercera forma de actuar es por deber. El comerciante no cobra precios abusivos porque es su deber. Esta forma de comportamiento es la única con valor ético, pues no se hace por motivos egoístas, sino por obedecer al deber. 

Cada persona tiene escrito dentro de sí, de su conciencia, cual es su deber

Kant nos da algunas formulaciones de su imperativo categórico: “Obra solo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se  torne en ley universal”. “ Obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona, como  en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio”.La experiencia moral de obrar por respeto al deber supone la libertad, como uno de los postulados de la ética. Si no fuéramos libres no habría conducta moral. El mundo y Dios son los otros dos postulados de razón práctica, como demostró en su teoría del conocimiento. El ser humano quiere, necesita saber. Kant se hace tres preguntas fundamentales: ¿Qué puedo conocer? A la que intenta responder en su obra “Crítica de la Razón Pura”, ¿Cómo debo obrar”, a la dará respuesta en la “Crítica de la Razón Práctica”, ¿qué puedo esperar”, en la “Crítica del Juicio”. Las tres se pueden reducir a una sola ¿qué es el hombre?. Kant trata de resolver el problema planteado por ambas corrientes filosóficas y dice que todo conocimiento tiene que provenir de la experiencia, de lo que percibimos por los sentidos, pero que no todo conocimiento se puede reducir a experiencia. No habría posibilidad de ciencia. El punto de partida es la validez de la ciencia, cuyo modelo es la física de Newton que se basaba en la experiencia (contingente y particular), y formula leyes con valor universal y necesario. Se pregunta por las condiciones que hacen posible la ciencia y comprueba que las leyes científicas son posibles cuando la razón y la experiencia funcionan conjuntamente. El conocimiento está formado por lo que recibimos de la experiencia, por nuestros sentidos, y por lo que aporta nuestra razón. La razón no es algo pasivo en el conocer, sino que tiene una tarea activa. El conocimiento basado en la experiencia es de cosas particulares: veo esta silla o este árbol, por lo que no se pueden obtener principios universales necesarios para la ciencia.  Además de la experiencia, como fuente de conocimiento, tenemos también el entendimiento, cuya función es producir espontáneamente los conceptos puros o categorías, que sirven para unificar las impresiones que recibimos de la experiencia y producir las leyes universales. Son doce. El concepto de naranja unifica las impresiones que recibimos cuando vemos una naranja: color, tamaño, forma, sabor, etc. Lo que percibimos por la experiencia es el fenómeno, y lo que está más allá de la experiencia es el noúmeno.
Solo podemos conocer los fenómenos, lo que proviene de la experiencia. Toda experiencia se nos da en un espacio y en un tiempo, que son algo vacío donde colocar lo percibido por los sentidos, son formas a priori, intuiciones puras, de la sensibilidad.  El noúmeno es desconocido. Todo lo percibimos en algún lugar y algún momento.
El objeto de la metafísica son las tres substancias de los racionalistas: Yo, mundo, Dios. Estas tres substancias son reales, pero no son objeto de conocimiento, porque no proceden de la experiencia; nadie percibe el yo, el mundo o a Dios, sino cosas particulares. Estas tres substancias son pensables, pero no cognoscibles.

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