Razon vital y razon historica ortega y gasset

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TEMA:TRADICIÓN MODERNA Y RAZÓN VITAL

La razón vital, que es la propuesta de Ortega, consiste en la necesidad de superar la oposición entre racionalismo y vitalismo.
Precisamente, el tema filosófico de “El tema de nuestro tiempo” es la superación de esa oposición, de manera que razón y vida puedan quedar integradas en un solo concepto.
Con todo esto nos centraremos en la comparación entre el racionalismo, como el de Descartes, frente al vitalismo, como el de Nietzsche. La razón se opone a la vida y parece difícil encontrar un punto intermedio. Esta es precisamente la tarea que se propone el filósofo español que critica ambas teorías. El análisis orteguiano del vitalismo y del racionalismo se realiza en el artículo «Ni vitalismo ni racionalismo», publicado en 1924 en la Revista de Occidente.

La oposición que va a tratar de superar Ortega tiene un origen histórico. En lo que conocemos como tradición moderna, ha dominado la razón pura, razón que ha creído necesario prescindir de las peculiaridades de cada cultura, de cada sujeto. Su pretensión era alcanzar un conocimiento que sirviese para todos los tiempos y todos los hombres. Se trata del racionalismo, corriente dominante en Europa durante los siglos XVII y XVIII. El racionalismo es demasiado abstracto, y por ello es incapaz de captar la vida. La razón construye conceptos, ideas permanentes y estáticas, muy alejadas del constante cambio al que está sometida la vida. Además, Ortega recuerda la dependencia de la razón respecto a la vida. La razón, en realidad, no es más que una más de las funciones o posibilidades que tiene el ser humano para proyectarse a sí mismo en la vida, para construir su vida. Ortega crítica el racionalismo tradicional,  la razón concebida por Platón o Aristóteles, entre otros, así como los sistemas racionales de los pensadores más contemporáneos, Para ortega están enormemente sobreestimados y critica concretamente el concepto de Verdad inmutable y la realidad  como cognoscible sólo por el componente racional del ser humano.

El Vitalismo apuesta por la irracionalidad y el relativismo, afirma que la razón es una desviación de la vida y que la búsqueda de la certeza es un síntoma de decadencia, la vida debe estar por encima de cualquier otro valor. El relativismo Nietzscheano niega cualquier tipo de conceptos pues “momifican” el cambio y el devenir de la vida, reprimiéndola. Distingue Ortega varias acepciones del término vitalismo, unas pertenecientes al ámbito de lo biológico, otras al filosófico. En este último distingue aún dos posiciones distintas; en primer lugar, la de quienes consideran que los procesos de conocimiento se pueden reducir a procesos biológicos explicables, sin que sea necesario recurrir a principios filosóficos especiales. En segundo lugar se refiere al vitalismo de H. Bergson, que sitúa en un segundo plano el papel de la razón en el conocimiento, privilegiando la intuición que se produce en la vivencia interna de las cosas, verdadera fuente de conocimiento.

Ortega piensa que por un lado no podemos poner la razón por encima de la vida, pues dejamos de lado algo esencial y anterior a la razón misma, la razón es abstracta y escapa al fluir permanente de la vida. Sin embargo, tampoco podemos ceder al predominio de la vida sobre la razón, pues renunciaríamos de este modo a la razón misma, uno de los más importantes atributos definitorios del ser humano. Ortega expone su propia posición: la razón se da «en» la vida y desarrolla el concepto de razón vital, un concepto intermedio entre razón y vida. Ortega argumenta que no hay razón sin vida, pero tampoco vida sin razón. No existe una razón autónoma, por eso no es correcto hablar de la razón como algo totalmente independiente de la vida. Ortega y Gasset llamó racio-vitalismo a su sistema filosófico. El raciovitalismo es la madurez filosófica de Ortega. Es el intento de superar el irracionalismo al que conduce el vitalismo y de corregir la ceguera intelectual que significa el racionalismo. Pretende básicamente asumir lo positivo que hay en el vitalismo sin renunciar al valioso uso teórico de la razón.

El raciovitalismo se caracteriza por los siguientes aspectos:

Tiende a una comprensión sistemática de la realidad, porque integra en una teoría general todos los caracteres que se advierten en esta: su estructura racional, su expansión biológica, su progresión histórica, su condición espacio-temporal, su formalización cultural, etc.

Expresa una teoría de la realidad de largo alcance metafísico en la que es posible rastrear diversos elementos propios de la filosofía contemporánea, en particular del vitalismo, del historicismo, de la fenomenología y de la hermenéutica.

La primera tesis del raciovitalismo afirma que la realidad, la vida tiene primacía ontológica. El pensamiento viene después y debe abordar la realidad ya existente. La radicalidad de la vida para el hombre es la de la vida de quien tiene conciencia para dar cuenta de ella. Esta perspectiva característica de la vida humana plena, que permite al hombre saberse en sus circunstancias, viene proporcionada por el pensamiento.

El reconocimiento que Ortega atribuye a la razón no le convierte en racionalista, es más, critica duramente que muchos filósofos conciban que la razón no tenga límites pretendiendo llegar con la misma donde es imposible hacerlo. Ortega no rechaza la razón como instrumento de conocimiento, sino la pretensión que se le ha otorgado de conocerlo todo. Tampoco es vitalista aunque defienda la vida, ya que según Ortega, el vitalismo se olvida de la dimensión futura del hombre. Si todos somos un proyecto, un quehacer cotidiano, no podemos vivir a expensas de un caprichoso presente que dirija nuestros pasos. Ese es el tipo de vida del animal, que no toma decisiones.

Con esta teoría además de resolver la polarización razón-vida, Ortega consigue desarrollar una filosofía pegada a la realidad cotidiana, a todo aquello que afecta a la persona, lo que le rodea. Todo proyecto vital, se enmarca en una situación histórica, es decir, una serie de circunstancias que acompañarán a la persona toda su vida y con las que habrá que contar siempre. Así, cada ser humano elabora su proyecto vital desde la perspectiva de la situación histórica en la que le toca vivir. Ortega rechaza la visión de una razón ahistórica y transpersonal y desarrollará el concepto “razón histórica”; para salvar el error de pensar que los métodos filosóficos pueden ser válidos siempre. Esto no significa que no exista una verdad absoluta sino que esa verdad integral sólo se puede obtener uniendo todos los puntos de vista de las diferentes personas a lo largo de la historia.

Ortega propone una nueva forma de conocer la realidad y es recurriendo a la razón vital y a la razón histórica. La razón vital es distinta de la razón pura del racionalismo ya que puede recoger las peculiaridades propias de la vida como puede ser la perspectiva, la individualidad, la historia… “El hombre no tiene naturaleza, sino historia”, la razón vital conduce inevitablemente a la razón histórica, pues la vida es cambio e historia. por lo que la razón histórica es el instrumento adecuado para comprender el carácter histórico y cambiante, tanto del individuo como de la sociedad en la que se inserta. La “razón histórica” no es una razón diferente a la “razón vital”, sino que es el resultado de aplicar la misma razón a esa esfera particular de la vida humana: el tiempo y la historia. La razón histórica tiene como objetivo permitirnos comprender la realidad humana a partir de su construcción histórica y de las categorías de la vida; con ella podemos superar las graves limitaciones de la razón fisico-matemática propuesta en la modernidad, esta idea de racionalidad típica de la Edad Moderna es adecuada para las cosas, pero no para la realidad humana, pues el hombre no es una cosa más del mundo, ni tiene naturaleza ni un ser estático, sino temporalidad e historia. Ortega describe dos formas de dar cuenta de la realidad: explicamos una cosa cuando descubrimos las leyes cuantitativas a las que se somete; esta forma de comprensión es legítima cuando se aplica a los hechos y a las cosas, pero no cuando intentamos dar cuenta de los asuntos humanos. Entendemos algo cuando captamos el sentido presente en dicha realidad, y es esta la forma de comprensión adecuada  para dar cuenta del mundo humano: el mundo humano no consta de hechos sino de sentidos. El sentido de una acción humana se hace inteligible cuando lo relacionamos con las creencias, valoraciones, sentimientos y proyectos del individuo, grupo o comunidad en el que aparece dicha acción o asunto; la razón histórica es precisamente el instrumento que debemos utilizar para comprender los sentidos de la existencia humana.

La razón no es para Ortega algo opuesto a la vida sino el modo en que la vida humana se desarrolla en una determinada circunstancia. Razón vida e historia son inseparables porque en el caso del hombre vienen a ser una misma cosa.  

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