Ortega Gasset circunstancia

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Los primeros pasos de Ortega en la filosofía están dominados por un planteamiento “objetivista” de su pensamiento. Al español, sumido en el individualismo y la subjetividad, se le escapan la ciencia, el rigor y el método. Es necesario sacarle de esa pesadilla mediante la exigencia de objetividad. El significado del objetivismo del filósofo madrileño es, como se ve, la valoración extrema de la ciencia, que es lo que diferencia a los europeos de los españoles.

El objetivismo de la primera fase filosófica de Ortega será modificado a partir del descubrimiento de la circunstancialidad. Esta etapa se conoce con el nombre de perspectivismo y viene determinada por su famosa frase: “yo soy yo y mis circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Un yo como expresión de la personalidad final de un individuo es fruto de la combinación necesaria de un yo previo y original y la circunstancia personal de cada uno, que participa por derecho propio en la configuración de la persona. El Racionalismo pretendía obtener el conocimiento de una verdad eterna e inmutable que nos ofreciera la esencia de la realidad, proponiendo un claro alejamiento de lo concreto, de lo personal, de lo vital. El escepticismo, por su parte, niega la posibilidad de conocer la verdad.

El perspectivismo pretende resolver el conflicto, admitiendo el carácter múltiple y cambiante de la realidad de la que es posible tener, pues, múltiples perspectivas, pero considerando también que esa multiplicidad puede ser “unificada” mediante algún principio rector, al que se refiere Ortega al hablar de la complementariedad de las perspectivas. La verdad será, pues, el resultado progresivo de la unificación de las perspectivas.

Ortega no abandonará su posición perspectivistica en su período de madurez filosófica, conocido con el nombre de raciovitalismo, sino que se puede considerar más bien como el desarrollo consecuente de aquél.

Las tesis básicas del raciovitalismo son las siguientes:

• La realidad y, dentro de la realidad, la vida como su faceta más significativa, estaba ahí con anterioridad a que ningún filósofo diera cuenta de ella. El pensamiento viene después (pienso porque vivo, y no: pienso luego existo).

• Hay que atender entonces a la vida porque se necesita la razón para vivir.

• Esta precariedad de la vida humana hace que el pensamiento y la conquista del conocimiento sea igualmente algo laborioso, precario y volátil, nunca definitivo. Se trata de una conquista que tiene que hacer cada hombre y en cada época. Esa es la grandeza y la miseria de la vida humana, tiene que adquirir con esfuerzo lo que debe saber sobre sí mismo y sobre las cosas

• Vivir es un saberse y comprenderse. Los objetos meramente físicos no tienen una noticia de sí mismos, nosotros sí. Y en este darse cuenta de nosotros mismos, nos damos cuenta también del no-yo, de las personas y cosas que nos rodean, del mundo circundante. La vida y el conocimiento se necesitan.

• Vivir es encontrarse en el mundo; papel de la circunstancia. El mundo es un elemento fundamental de la vida y junto con el yo forma los dos ingredientes inseparables de la vida. Además, el vivir es siempre ocuparse con las cosas del mundo (amarlas, odiarlas, desearlas, pensarlas, percibirlas, …), es convivir con una circunstancia; en ese encuentro con lo otro distinto a uno mismo se va formando nuestro yo. El mundo o circunstancia al que se refiere Ortega es también el mundo de los valores, de los objetos de la religión y en definitiva “todo aquello que nos afecta”; es el mundo físico, el mundo de la cultura, la realidad histórica y social e incluso el cuerpo y la propia mente. Cuando Ortega insiste en la circunstancia termina hablando también de la perspectiva, y ello porque el hombre es un ser circunstanciado, no se puede entender el yo sin el mundo o circunstancia, pero tampoco se puede entender el mundo sin el yo o subjetividad puesto que lo que sea el mundo depende de las peculiaridades, creencias y sensibilidad de cada uno.

• La vida es fatalidad y libertad. El mundo que nos ha tocado vivir, nuestra circunstancia (la época, la sociedad, nuestro cuerpo o los rasgos básicos de nuestra personalidad) no es algo que podamos elegir; la circunstancia en la que estamos instalados y en la que se desenvuelve nuestra vida, determina nuestro yo y no está en nuestra mano su modificación. La fatalidad de nuestra vida no es completa, existe la libertad: no sentimos que nuestra vida esté prefijada totalmente pues la circunstancia nos permite un cierto margen de posibilidades y, en la misma medida, nos exige decidir. Por esta razón, la vida es libertad, y debe ser responsabilidad.

• La vida es un proyecto de futuro. Ortega considera al futuro como lo más importante para caracterizar al hombre: nuestro presente está condicionado por nuestro futuro, pues hacemos lo que hacemos para ser lo que queremos ser.


será modificado a partir del descubrimiento de la circunstancialidad. Esta etapa se conoce con el nombre de perspectivismo y viene determinada por su famosa frase: “yo soy yo y mis circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Un yo como expresión de la personalidad final de un individuo es fruto de la combinación necesaria de un yo previo y original y la circunstancia personal de cada uno, que participa por derecho propio en la configuración de la persona. El Racionalismo pretendía obtener el conocimiento de una verdad eterna e inmutable que nos ofreciera la esencia de la realidad, proponiendo un claro alejamiento de lo concreto, de lo personal, de lo vital. El escepticismo, por su parte, niega la posibilidad de conocer la verdad.

El perspectivismo pretende resolver el conflicto, admitiendo el carácter múltiple y cambiante de la realidad de la que es posible tener, pues, múltiples perspectivas, pero considerando también que esa multiplicidad puede ser “unificada” mediante algún principio rector, al que se refiere Ortega al hablar de la complementariedad de las perspectivas. La verdad será, pues, el resultado progresivo de la unificación de las perspectivas.

Ortega no abandonará su posición perspectivistica en su período de madurez filosófica, conocido con el nombre de raciovitalismo, sino que se puede considerar más bien como el desarrollo consecuente de aquél.

Las tesis básicas del raciovitalismo son las siguientes:

• La realidad y, dentro de la realidad, la vida como su faceta más significativa, estaba ahí con anterioridad a que ningún filósofo diera cuenta de ella. El pensamiento viene después (pienso porque vivo, y no: pienso luego existo).

• Hay que atender entonces a la vida porque se necesita la razón para vivir.

• Esta precariedad de la vida humana hace que el pensamiento y la conquista del conocimiento sea igualmente algo laborioso, precario y volátil, nunca definitivo. Se trata de una conquista que tiene que hacer cada hombre y en cada época. Esa es la grandeza y la miseria de la vida humana, tiene que adquirir con esfuerzo lo que debe saber sobre sí mismo y sobre las cosas

• Vivir es un saberse y comprenderse. Los objetos meramente físicos no tienen una noticia de sí mismos, nosotros sí. Y en este darse cuenta de nosotros mismos, nos damos cuenta también del no-yo, de las personas y cosas que nos rodean, del mundo circundante. La vida y el conocimiento se necesitan.

• Vivir es encontrarse en el mundo; papel de la circunstancia. El mundo es un elemento fundamental de la vida y junto con el yo forma los dos ingredientes inseparables de la vida. Además, el vivir es siempre ocuparse con las cosas del mundo (amarlas, odiarlas, desearlas, pensarlas, percibirlas, …), es convivir con una circunstancia; en ese encuentro con lo otro distinto a uno mismo se va formando nuestro yo. El mundo o circunstancia al que se refiere Ortega es también el mundo de los valores, de los objetos de la religión y en definitiva “todo aquello que nos afecta”; es el mundo físico, el mundo de la cultura, la realidad histórica y social e incluso el cuerpo y la propia mente. Cuando Ortega insiste en la circunstancia termina hablando también de la perspectiva, y ello porque el hombre es un ser circunstanciado, no se puede entender el yo sin el mundo o circunstancia, pero tampoco se puede entender el mundo sin el yo o subjetividad puesto que lo que sea el mundo depende de las peculiaridades, creencias y sensibilidad de cada uno.

• La vida es fatalidad y libertad. El mundo que nos ha tocado vivir, nuestra circunstancia (la época, la sociedad, nuestro cuerpo o los rasgos básicos de nuestra personalidad) no es algo que podamos elegir; la circunstancia en la que estamos instalados y en la que se desenvuelve nuestra vida, determina nuestro yo y no está en nuestra mano su modificación. La fatalidad de nuestra vida no es completa, existe la libertad: no sentimos que nuestra vida esté prefijada totalmente pues la circunstancia nos permite un cierto margen de posibilidades y, en la misma medida, nos exige decidir. Por esta razón, la vida es libertad, y debe ser responsabilidad.

• La vida es un proyecto de futuro. Ortega considera al futuro como lo más importante para caracterizar al hombre: nuestro presente está condicionado por nuestro futuro, pues hacemos lo que hacemos para ser lo que queremos ser.


conocimiento de una verdad eterna e inmutable que nos ofreciera la esencia de la realidad, proponiendo un claro alejamiento de lo concreto, de lo personal, de lo vital. El escepticismo, por su parte, niega la posibilidad de conocer la verdad.

El perspectivismo pretende resolver el conflicto, admitiendo el carácter múltiple y cambiante de la realidad de la que es posible tener, pues, múltiples perspectivas, pero considerando también que esa multiplicidad puede ser “unificada” mediante algún principio rector, al que se refiere


Ortega al hablar de la complementariedad de las perspectivas. La verdad será, pues, el resultado progresivo de la unificación de las perspectivas.

Ortega no abandonará su posición perspectivistica en su período de madurez filosófica, conocido con el nombre de raciovitalismo, sino que se puede considerar más bien como el desarrollo consecuente de aquél.

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