Nietzsche, dionisíaco

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El arte trágico y lo dionisíaco

La filosofía del joven N tiene como conceptos centrales la pareja apolíneo-dionisíaco.
La tradición europea, según N., nos ha legado una imagen de la grecidad dominada por la idea de armónía, belleza, equilibrio, medida;
rasgos que pasan por clásicos, apolíneos en terminología de N. Bajo estos rasgos hay unas fuerzas vitales ocultas, lo que permite afirmar que además de lo apolíneo en la cultura griega estaba lo dionisíaco.

El mundo de los dioses olímpicos es el mundo producido por el impulso apolíneo, en cambio, la experiencia del caos que es la vida corresponde al impulso dionisíaco.
Lo apolíneo tiende a producir formas definidas, armoniosas, lo dionisíaco no solo es sensibilidad ante el caos de la existencia, sino también instigación a sumergirse en dicho caos.

Esta relación entre lo apolíneo y lo dionisíaco es, una relación de fuerzas que se da tanto en el interior del individuo, como en el desarrollo de una lucha representada por la tragedia griega, síntesis perfecta de los dos impulsos.

La tragedia nace en Grecia cuando la vida, que es creación y destrucción cíclicas, es afirmada como tal sirviéndose de bellas imágenes.
El arte trágico, acepta que no hay más mundo que este, cruel y contradictorio, y que para vivir en él se necesita fuerza y capacidad de sobreponerse, de mentir incluso, pues las mentiras forman parte de la vida ya que permiten sobrellevar la existencia. Mentiras, como la metafísica, la moral y la religión niegan la vida, en cambio el arte trágico, que también es mentira, la estimula, la hace soportable.
En su primer periodo, N. Cree posible el retorno a la cultura trágica a partir del drama musical wagneriano.
N. Considera que el Renacimiento de la cultura trágica está menos vinculado a un fenómeno como la música wagneriana, que al arte en general;
Si bien éste también le parecerá insuficiente debido a su inactualidad histórico-psicológica para el hombre moderno. En su último periodo, N.
volverá a reivindicar el arte trágico.
En definitiva, el arte trágico como modelo de voluntad de poder y el artista trágico como primera figura del superhombre.

Los sentidos y el cuerpo

Toda la filosofía occidental, según N., ha despreciado a la sensibilidad y al cuerpo.
Al hablar de la primera peculiaridad de los filósofos, este nos dice que los filósofos, se han refugiado en el mundo verdadero, al que sólo se puede acceder por medio de conceptos que no estén contaminados por la sensibilidad y por el cuerpo, pues ambos son fuente de engaños y de males morales. Es lo que ha planteado toda la filosofía occidental salvo Heráclito.

No así su coetáneo Parménides

Cuando N.
quiere sintetizar en cuatro tesis lo novedoso de su filosofía, nos dirá que el mundo aparente es el único real, pues es el que construimos con el lenguaje a partir del testimonio de los sentidos, y que los que niegan realidad a este mundo y se inventan otro, es porque tienen una enfermedad localizada en la sensibilidad.

En su filosofía de Zaratustra nos presenta al superhombre como un hombre fuerte, problemático pues es la exteriorización del cuerpo y su gran razón de ser, la vida.

Los conceptos supremos y el concepto de Dios
En sus crítica a los filósofos
, N. Dice que la segunda peculiaridad de estos es que confunden lo último con los primero, es decir, consideran que los conceptos supremos
Los existente, lo incondicionado, y la síntesis de todos ellos, el concepto de Dios-
han sido siempre así desde el comienzo de la humanidad, lo que significa que no han surgido en el transcurso del tiempo, en el devenir.
N. Dice que considerarlos supremos o superiores es una creencia de orden moral resultado de la desvalorización del mundo sensible, el mundo de la vida. En Cómo el mundo verdadero acabó convirtiéndose en una fábula N. Cuenta que estos conceptos supremos son reconocidos, finalmente, como errores insostenibles.
De entre ellos cabe mencionar el concepto de Dios, lo que en realidad se está anunciando es su muerte, la muerte de Dios, y con ella la subversión de todos los valores de la humanidad y la preparación de la venida del superhombre.
El error que se ha cometido con los conceptos supremos, es que con ellos también se ha caído en el fetichismo del lenguaje, trastorno psicológico consistente en creer que donde hay un concepto hay una realidad. Tales conceptos son meras fábulas a las que se ha confundido con la realidad. Esto es propio de una voluntad de poder decadente a la que la vida le parece poco.

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