Moral y religión de Hume

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HOMBRE


Hume no puede aplicar aquí su crítica de la idea de causa, ya que la existencia del yo no fue considerada por sus predecesores como resultado de una inferencia causal, sino como objeto de una intuición inmediata (“pienso, luego existo”).

Hume establece  que la existencia del yo  no puede justificarse apelando a una pretendida intuición del yo no puede justificarse apelando a una pretendida intuición de mí mismo, puesto que solo tenemos intuición de nuestras ideas e impresiones, y ninguna impresión es permanente, sino que unas suceden a otras de manera interrumpida.

No cabe, pues, afirmar la existencia del yo como sustancia distinta de las impresiones y de las ideas, como sujeto permanente de los actos psíquicos. Esta afirmación tajante de Hume dificulta explicar la conciencia que todos tenemos de nuestra identidad personal: en efecto, cada sujeto se reconoce él mismo a través de sus distintas y sucesivas ideas e impresiones. Para explicar la conciencia de la propia identidad, Hume recurre a la memoria: gracias a ella reconocemos la conexión que existe entre las distintas impresiones que se suceden. El error consiste en que confundimos la sucesión con la identidad. A pesar de que los principios de que parte le obligan a llegar a esta conclusión, Hume se dio cuenta de que su explicación no era plenamente satisfactoria lo que le condujo al escepticismo.

El conocimiento humano es un entramado de impresiones e ideas que se asocian unas con otras:

                · Por lo que se refiere a las impresiones, se trata de elementos últimos para los cuales no nos es posible encontrar ya explicación.

                · Por lo que se refiere a las percepciones, no es posible descubrir conexiones reales entre ellas, sino solamente su sucesión o contigüidad. No conocemos ni una realidad exterior distinta de las percepciones que les sirva de causa n i tampoco un yo que les sirva de sujeto.

La realidad conocida queda reducida a meras percepciones, a meros “fenómenos”, en el sentido etimológico de esta palabra. Este es el fenomenismo de Hume, que concluye en una actitud escéptica.

MORAL


La teoría del conocimiento de Hume solo constituye una parte de su proyecto general de fundar y desarrollar una ciencia del hombre, una ciencia basada en el método experimental, similar a  la propuesta por Newton.

Un código moral es un conjunto de juicios a través de los cuales se expresa la aprobación o reprobación de ciertas conductas y actitudes.

La mayoría de los filósofos que se han ocupado de la moral se han preguntado por el origen y el fundamento de estos juicios morales. La distinción entre lo bueno y lo malo moralmente se basa en la razón: esta puede conocer el orden natural y, a partir de este conocimiento, puede determinar qué conductas y actitudes son acordes con él. De esa manera, la aprobación moral de ciertas conductas nos inclina a realizarlas, la reprobación de otras conductas nos impide realizarlas.

Hume, por el contrario, considera que el conocimiento intelectual no es ni puede ser el fundamento de nuestros juicios morales, pues, para él, la razón no puede determinar ni impedir nuestro comportamiento, pero como los juicios morales determinan e impiden nuestro comportamiento, llega a la conclusión de que los juicios morales no provienen de la razón.

El conocimiento es, o bien de relaciones entre ideas, o bien de hechos, y en ninguno de los casos el conocimiento determina nuestra forma de actuar:

                · El conocimiento de las relaciones entre ideas no nos determina a ningún comportamiento práctico.

                · El conocimiento fáctico, por su parte, se limita a mostrarnos hechos, y los hechos no son juicios morales.

El conocimiento de los hechos nos muestra cómo son las cosas, no cómo deben ser. Por tanto, si pretendemos deducir normas morales a partir de hechos cometeremos una falacia, pues trataremos de pasar del ámbito del ser al ámbito del deber ser.

Los juicios morales, por tanto, desde el punto de vista de Hume, se basan en el sentimiento.
La razón es incapaz de determinar la conducta; los sentimientos son las fuerzas que realmente nos impulsan a obrar. El sentimiento moral, por su parte, es un sentimiento de aprobación o reprobación que experimentamos con respecto a ciertas acciones y maneras de ser de los seres humanos. Es natural y desinteresado. Al proponer esta teoría, Hume recoge la doctrina denominada “emotivismo moral”.

Hume critica de forma corrosiva la teoría de la religión natural. Hume niega el deísmo y la religión natural y con ello propone una nueva actitud ante el problema de Dios y ofrece una nueva explicación del hecho religioso. Para Hume la supuesta naturaleza humana racional no existe. Lo que se ha venido considerando como tal no es, en último término, sino un complejo de impulsos, instintos y pasiones, ordenados y fijados de cierta manera por unos principios cuya naturaleza es, en definitiva, inexplicable.

Al igual que ocurre con la moral, la religión surge de los sentimientos, y se alimenta del temor, de la ignorancia y del miedo a lo desconocido.

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