Lacan y Descartes

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EL DISCURSO DEL MÉTODO:


Se considera el Discurso del método como la obra que inicia la filosofía moderna porque marca una nueva actitud en el pensamiento europeo. Se trata de un ensayo personal alejado de la rigidez del sistema filosófico escolástico. Descartes expone en él el método racionalista, y cómo llegó a confeccionarlo. Bien es cierto que en Las Reglas ya se ocupa, y con mucho mayor detalle, del problema metódico, pero en el Discurso sintetiza esas reglas, y en todas sus demás obras no hace más que desarrollar las ideas contenidas aquí. Así, puede tomarse el Discurso como la expresión de la totalidad del pensamiento cartesiano. Los aportes de esta obra y de todo Descartes pueden resumirse en dos: la razón como exclusivo criterio de verdad y fuente principal de conocimiento;
Y, por otro lado, la conciencia como realidad primera y punto de partida de toda filosofía.

Racionalismo:


Los máximos representantes de la corriente racionalista son Descartes (su “fundador”), Malebranche, Spinoza y Leibniz. Los puntos doctrinales racionalistas pueden resumirse en: a) Exaltación de la razón humana como facultad cognoscitiva (de conocimiento), por lo que el único conocimiento válido es el obtenido por medio de la razón. B) Devaluación del conocimiento sensible. Los conocimientos que proceden de los sentidos son, al menos, sospechosos, cuando no falsos. C) Afirmación e importancia de la existencia de las ideas innatas. No quiere decir que nazcamos con ellas en acto, sino que surgen en el entendimiento, en la razón, con independencia de lo sensible y que la validez de estas ideas no descansa en lo sensible. D) Admiración por la matemática: disciplina científica que pasa a ser el arquetipo de la sabiduría humana. Destaca por ser una ciencia segura, exacta, progresiva y universalmente válida. De ahí el deseo de los racionalistas de edificar una filosofía con una estructura similar.


Empirismo MODERNO:


Dentro del Empirismo moderno sobresalen los nombres de su precursor Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke, Berkeley y el de su máximo exponente: David Hume (1711-1776), estos dos últimos autores ya del Siglo XVIII. El término de empirista procede del griego (empiria), que significa experiencia. Se dice, en general, de toda filosofía que sostiene que el origen y el valor de nuestros conocimientos depende de la experiencia. Visto así, el Empirismo es una constante en la historia del pensamiento. Sin embargo, ahora nos referimos al Empirismo moderno, de los siglos XVII y XVIII, que, al contrario de lo que asegura el Racionalismo, se caracteriza por lo siguiente: a) En nuestro entendimiento no hay ideas ni principios innatos, ni, por tanto, conocimiento de procedencia innata. Con anterioridad a la experiencia, nuestro entendimiento es como una página en blanco o una tabula rasa donde no hay nada escrito. B) Todo conocimiento proviene de la experiencia, que es la única fuente del conocimiento. Con independencia de la experiencia no es posible conocimiento alguno. Así que toda idea es una experiencia directa o derivada de la experiencia. C) La ciencia que servirá como modelo para los empiristas será la física (o las ciencias experimentales, en general), que recurre a la observación y a la experimentación.

LAS TEORÍAS DEL CONTRATO SOCIAL:

La teoría del contrato social fue un modo extendido con el que se trató de legitimar el origen meramente humano del poder. Recrea una metáfora filosófica que no se refiere a un acontecimiento histórico real. Existen varias teorías contractualistas, y difieren mucho en la defensa de un tipo de Estado u otro (pueden ir de la democracia al Estado absolutista). Esta teoría del contrato social se sostiene, en todos los casos, sobre tres etapas escalonadas: a) El estado de naturaleza: Es la situación original, la metáfora de partida. En esta etapa, el hombre no viviría en sociedad ni tendría ley u obligación de cumplirla. Ej.: el ser humano puede ser egoísta y completamente libre e igual al resto; o podría poseer derechos naturales como la propiedad o la integridad; o podría ser bueno y feliz por naturaleza y no necesitar la vida en sociedad… B) El pacto: Sea cual sea la concepción que se tenga del hombre en estado de naturaleza, esa primera etapa tendrá como consecuencia la conveniencia voluntaria de un pacto para regir la convivencia entre humanos. En definitiva, el estado de naturaleza resulta insatisfactorio para el ser humano, y casi siempre por desprotección. Es en este momento cuando se deciden las condiciones y objetivos de una futura sociedad. Ej.: se renuncian a ciertas libertades para ganar en seguridad; se preservan derechos naturales instituyendo un órgano superior protector; se protegen de la vida en sociedad innecesaria pero atractiva… C) El Estado: Del pacto surge el Estado que tomará la forma de un sistema de gobierno u otro dependiendo de los dos pasos anteriores. Ej.: absolutismo; Estado liberal representativo; Republicanismo… 


LAS REGLAS DE MÉTODO:


La causa del fracaso ha sido el uso de un método inadecuado. El método por tanto ha de ser cambiado. En la búsqueda de ese nuevo método, Descartes centrará su atención en el método matemático, visto en su época como un saber paradigmático, modélico, en el que no caben pluralismos ni disparidad de ideas. Este método matemático, diseñado por Euclides tres siglos antes de nuestra era, consiste en el uso de la intuición y de la deducción. Esto es, las matemáticas avanzan sobre verdades evidentes como los axiomas y verdades que se deducen a partir de los axiomas como los teoremas. Así que, armado Descartes de este método, tan fecundo en las matemáticas, intentará edificar una filosofía a modo de ciencia universal. En la segunda parte del Discurso del método describe las cuatro reglas que sigue el método cartesiano: a) Evidencia como criterio de verdad. O sea, en primer lugar, sólo se tendrá por verdadero aquello que se presente como evidente. La evidencia se define por dos carácterísticas esenciales: la claridad y la distinción. Lo claro y distinto es aquello que no puede ponerse en duda, y, por lo tanto, su verdad aparece y es aceptada inmediatamente por la razón. Esta primera regla también apunta que hay que evitar dos vicios fundamentales: la precipitación y la prevención. B) Análisis. «Dividir cada una de las dificultades que se examinan en cuantas partes fuese posible y en cuantas requiere una mejor solución». Esto es, Descartes pide que las ideas complejas se subdividan hasta alcanzar una idea simple o varias ideas simples. C) Síntesis. «…Conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo, poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más complejos». Esto es, proceder de forma ordenada en el camino de vuelta, yendo de la idea más simple a la idea compleja, resultado de la suma de ideas simples. D) Enumeración. Comprobación de los análisis y las síntesis ya realizadas. «Hacer en todos los casos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada».


LA DUDA METÓDICA:


Para comprobar si el viejo edificio del saber tradicional es o no consistente, Descartes utiliza la duda metódica, que se trata de un cuestionamiento absoluto y minucioso de todos los conocimientos heredados para, a continuación, ir en busca de verdades indudables. Se trataría de establecer a su vez un punto de partida en el camino hacia la verdad, o sea, se trataría de establecer una primera piedra firme sobre la que edificar un saber nuevo, evitando los errores del pasado. Por lo tanto, la duda cartesiana es metódica pero no escéptica, es decir, es una duda provisional, no una duda permanente, absoluta y radical. De hecho, sirve precisamente para combatir el escepticismo. El escepticismo, en su sentido más amplio, es el recelo, la incredulidad o la falta de confianza en la verdad o eficacia de una cosa. En su sentido filosófico, se trata de la postura filosófica que considera que no hay ningún saber firme, ni puede encontrarse ninguna opinión segura. A) En primer lugar, habla de la incertidumbre de los datos sensoriales. B) Por otro lado, tenemos dificultad para distinguir el sueño de la vigilia. C) Descartes también llama la atención sobre los errores de razonamiento, que, a fin de cuentas, son cometidos a menudo. Más concretamente, duda del poder discursivo de la razón, ya que con facilidad caemos en paralogismos, o sea, en razonamientos erróneos que aparentemente son válidos. D) Y, por último, para asegurarse de que la duda metódica es universal, llegando a dudar incluso de proposiciones matemáticas, Descartes plantea la existencia de un genio maligno que, astutamente, nos pudiera engañar considerando nosotros evidentes cosas que no lo son. 

LA DEMOSTRACIÓN DE LA EXISTENCIA DE LAS TRES SUSTANCIAS CARTESIANAS:


Una vez establecida una evidencia, el yo pensante, Descartes construirá un sistema complejo de verdades demostradas a partir de ella ¿Qué cosas existen y cómo se relacionan entre ellas? Descartes dirá que existen tres sustancias: el yo pensante, Dios y el mundo. Descartes entiende por sustancia (o res en latín) aquella «realidad que existe de tal manera que no necesita de ninguna otra realidad», o que se distingue clara y distintamente de otra realidad.


RES COGITANS:


Según lo visto anteriormente, la evidencia a la que se llega es la de que existo como ser pensante o, en latín, como res cogitans

Lo único absolutamente cierto es que yo pienso que el mundo
existe. Esto nos deja ante dos elementos necesarios: el pensamiento como actividad y, por otro lado, su contenido. El contenido del pensamiento son las ideas, que son las que piensa el yo. Si seguimos con el ejemplo, tenemos: a) Un yo o sujeto que piensa, y que es de indudable existencia; b) el mundo como realidad exterior al pensamiento, de existencia dudosa y problemática; c) y las ideas de mundo y de existencia que indudablemente también poseo, ya que, de no tenerlas, no podría pensar que el mundo existe. Resumiendo, Descartes deduce que el pensamiento piensa siempre ideas, pero se pregunta de dónde proceden. Al analizarlas, las logra clasificar en tres tipos según su origen: a) Ideas adventicias o adquiridas: provenientes en apariencia de nuestra experiencia externa. Decimos “en apariencia” porque Descartes, en su puesta en práctica del método, aún no ha demostrado la existencia real del mundo exterior. B) Ideas facticias o artificiales: construidas en el pensamiento a partir de otras ideas: Caballo +Alas=Pegaso. De este tipo de ideas no puede deducirse la existencia extra mental o real de nada (la idea de unicornio o de Pegaso son ideas, en definitiva, que no tienen por qué coincidir con la realidad). C) Ideas innatas: que proceden del mismo pensamiento; esto es, el pensamiento las posee en sí mismo. Ideas innatas serían, según Descartes, ideas como pensamiento o como existencia, que no parecen proceder del exterior ni son construidas por mí, sino que me las encuentro en la percepción misma del «pienso, luego existo». Otras ideas innatas serían la de número, de causa, de sustancia o de Dios.

RES INFINITA. LA EXISTENCIA DE Dios:

Prosiguiendo estos razonamientos, Descartes parte de la constatación de que tenemos la idea de tener una naturaleza imperfecta y finita. Si tenemos estas ideas, dice, ha de ser porque sabemos en qué consiste una naturaleza perfecta e infinita y nos comparamos con ella. Por tanto, tenemos las ideas de perfección e infinitud, que Descartes se apresura a identificarlas con Dios. Al no tener experiencia directa de Dios, estas ideas no pueden ser adventicias. A sus ojos, un yo pensante, que es imperfecto y finito, y que sólo ve cosas imperfectas y finitas, tampoco puede producir por sí mismo esas dos ideas. Se desecha así también que sean ideas facticias. Por lo tanto, han de ser ideas innatas, que se suman a las mencionadas en el apartado anterior.


RES EXTENSA. LA EXISTENCIA DEL MUNDO:


Hasta el momento presente del razonamiento no tenemos más que la probabilidad de que exista el mundo material o mi propio cuerpo. A pesar de tener plena conciencia de la diferencia entre la idea de cuerpo extenso y la de yo pensante, no debo apresurarme a afirmar su existencia. Ahora bien, habiendo demostrado ya la existencia de Dios, y debido a su infinita bondad, debo deducir que es imposible que Él me engañe respecto a algo que percibo tan clara y distintamente. Por lo tanto, puedo concluir que esas ideas que se originan fuera de mí proceden efectivamente de una sustancia con carácterísticas diferentes a la sustancia pensante. A esa sustancia la llama Descartes la res extensa o el mundo. Se trata de una sustancia finita, creada (como la res cogitans) y la compone toda realidad material, incluido mi propio cuerpo. Su atributo fundamental es la extensión. Por lo tanto, tiene partes y es divisible, mientras que la res cogitans es indivisible y no tiene partes.

DUALISMO ANTROPOLÓGICO CARTESIANO:

Así, la res extensa es descrita por Descartes con las carácterísticas propias de un cuerpo inanimado, como si fuese materia pura. En consecuencia, el cuerpo, como toda otra cosa extensa, está gobernado por leyes mecánicas. De hecho, Descartes propone que la materia ha sido creada inerte y Dios inyecta en ella una cantidad de movimiento que, gracias a la inmutabilidad divina, permanece siempre constante, como el funcionamiento de un reloj. Este funcionamiento y esta estructura de los cuerpos puede explicarse según tres leyes del movimiento (que derivan de la inmutabilidad de Dios): a) El principio de inercia; b) La ley de tendencia al movimiento rectilíneo; y c) El principio de conservación del movimiento. /Por lo tanto, existe un determinismo en toda la sustancia extensa. El único ser no divino que se salva de esta condición será el ser humano porque es el único compuesto de dos sustancias independientes: la sustancia pensante, que será el alma, y la sustancia extensa, que será el cuerpo. Debido a esta independencia, Descartes asegura que el
alma podrá existir sin el cuerpo; esto es: de la muerte del cuerpo no se sigue la muerte del alma. Obtenemos de este modo dos consecuencias del dualismo antropológico cartesiano: a) Gracias al alma somos seres con independencia y voluntad libre, alejándonos del mecanicismo y la determinación propios de los cuerpos; b) por otro lado, Descartes afirma la inmortalidad del alma individual.
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