La coherencia entre los principios del conocimiento, los instrumentos del conocimiento y el resultado de conocimiento del proceso de conocimiento

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La época clásica de la filosofía griega

Platón (427-347 a.C) realizó el primer planteamiento racional y sistemático de la filosofía con las ideas de conceptos tan básicos como los de ciencia, moral, belleza o política. Platón defendíó la necesidad de establecer las condiciones del saber científico como un saber seguro e indiscutible. Solo sobre este tipo de saber le parecía posible basar los criterios éticos de la acción correcta y virtuosa. Además, también para la acción política era necesario el conocimiento científico. Con el fin de difundir estas doctrinas, Platón fundó la Academia, en Atenas, institución que se puede considerar la primera universidad de la historia, y desarrolló su importantísima teoría de las ideas, entidades que concibió como modelos intelectuales, reales, eternos y no perceptibles por los sentidos que explican toda la realidad material. Uno de los discípulos de Platón en la Academia, Aristóteles (384-332 a. C.), llegó a ser considerado durante muchos siglos el sabio más importante de la historia. Asumiendo algunas teorías de su maestro, pero también rechazando otras, Aristóteles fue el iniciador de muchas de nuestras actuales ciencias. La biología, la física, la astronomía, la lógica, la ética, la política, etc., fueron algunos de los ámbitos del saber en los que investigo. No obstante, por su importancia en la historia de la filosofía, destaca su concepción de lo que denominó la ciencia primera que posteriormente se ha conocido como metafísica. Aristóteles fue el encargado de educar al joven príncipe macedonio Alejandro, que luego fue Alejandro Magno. También fundó una escuela de filosofía en Atenas, conocida como el Liceo.

La filosofía moderna

La fusión del pensamiento griego con el monoteísmo judeo-cristiano durante la Edad Media consolidó las bases de lo que hoy conocemos como civilización occidental, e hizo surgir cuestiones filosóficas muy importantes.  Sin embargo, a partir del Renacimiento, la filosofía se desarrolló ya de manera independiente de los intereses religiosos. Este esfuerzo culminó en la obra de René Descartes (1596-1650), iniciador de la filosofía moderna, que intentó liberar a la filosofía de la tradición medieval y también de la tradición griega. Con este fin busco un nuevo punto de partida para la reflexión filosófica, un punto de partida radical accesible solo mediante el ejercicio individual, autónomo y crítico de la propia razón. Su pretensión fue diseñar un método científico universal con el que comprender y dominar las leyes que regulan el mundo y la existencia humana. Pero sobre todo fue Kant (1724-1804) quien renovó la concepción de la filosofía, impulsando su evolución hasta que ha llegado a ser tal como la conocemos hoy. Kant demostró, en su obra Crítica de la razón pura, que la metafísica, entendida como saber sobre la totalidad de lo real, no es una ciencia, y obligó a que la filosofía se concibiese como un conjunto de tareas con pretensiones más modestas, aunque todavía fundamentales. Con este nuevo planteamiento terminó la filosofía moderna y comenzó la filosofía contemporánea, que llega hasta nuestros días.

La propuesta unificadora de Kant

El gran genio de Kant consiguió, hacer compatibles estas dos posturas y ofrecer una explicación convincente. Para él, el conocimiento objetivo, es el resultado de dos procesos de síntesis.
1. Por el primer proceso, los datos que, a través de la percepción, proporcionan los sentidos, son(elaborados y articulados), con lo que Kant denomina las formas a priori de la sensibilidad (el espacio y el tiempo), dando lugar a los fenómenos.
2. Por el segundo proceso de síntesis, el entendimiento elabora esos fenómenos con otros esquemas a priori, las categorías dando lugar al conocimiento objetivo.
Tanto el espacio y el tiempo (formas a priori de la sensibilidad) como las categorías (esquemas a priori del entendimiento) son funciones innatas de la mente humana como tal, iguales en todos los individuos y que, al actuar sobre el material cambiante de las sensaciones que aporta la experiencia, proporcionan el conocimiento objetivo. Sin sensaciones dice Kant que ningún objeto nos seria perceptible, y sin entendimiento ninguno seria pensado. Los pensamientos sin contenido,
son vacíos, las intuiciones sin conceptos son ciegas. Kant establece desde un principio, la distinción básica entre conocimiento sensible y el conocimiento intelectual.
1. El conocimiento sensible es la simple recepción pasiva de los datos sensoriales procedentes de la experiencia externa e interna a través de las sensaciones. Estos datos sensoriales son luego configurados por las formas a priori del espacio y del tiempo que tiene el sujeto para formar las percepciones.
Perciben tanto los animales como los seres humanos, pero con la diferencia de que la percepción humana está directamente relacionada con el pensamiento.
2. El conocimiento intelectual es la captación del objeto mediante un esquema mental, o categoría, llamado concepto.
Las percepciones elaboradas antes a partir de los estímulos de los sentidos son ahora reelaboradas de manera activa por el entendimiento y filtradas u organizadas por sus conceptos. Así se produce el conocimiento objetivo.

Carácterísticas del conocimiento científico


Las principales carácterísticas del conocimiento científico son:
1. Es racional y objetivo: sus enunciados se refieren a hechos, cuyas regularidades quiere explicar y predecir, que pueden ser verificados o refutados mediante 
procedimientos específicos, por lo que su carácter de verdad y validez puede demostrarse y controlarse.
2. Es experimental: se obtiene mediante un método del que forman parte la observación, la experimentación y las inferencias. Los resultados alcanzados se contrastan con los hechos.
3. Es sistemático: se organiza mediante hipótesis, leyes y teorías. No se reduce, por tanto, a un mero conocimiento de hechos, sino que aspira a formular predicciones y teorías cuya validez tenga un carácter general.
4. Es público: pretende ser aceptado por todos como verdadero y obtener un consenso universal. Para ello, hace público el proceso por el que se ha obtenido, de modo que cualquiera pueda comprobarlo él mismo. Está abierto a la critica e incluso a la refutación, y se considera siempre un saber mejorable.
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