Inmortalidad del alma en filosofia

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La afirmación del alma

Platón, Aristóteles, Agustín, Tomás de Aquino, Descartes

El conocimiento de lo inmaterial

Conocemos objetos inmateriales, como:

  • los conceptos de raíz cuadrada : conocemos conceptos
  • los juicios que unen esos conceptos;
  • los razo­namientos que enlazan esos juicios (incluso la «consecuencia» -o sea, el enlace de las premisas para originar la conclusión- es algo no material).

Ahora bien, no podríamos conocer objetos inmateriales si no tuviéramos en noso­tros algo inmaterial, (para que la captación sea posible, el sujeto que capta debe estar por lo menos a la misma altura que el objeto captado, o sea, debe hallarse en su misma «dimensión»).

Luego hay en nosotros, además del cuerpo material, otro principio activo de orden no material, al que llamamos mente o alma.

El libre albedrío

Tenemos libre albedrío para elegir entre varias posibles alternativas.

Lo sa­bemos:

  • por evidencia íntima
  • a partir de la evidencia del orden jurídico y moral:;
  • por la estructura del acto de la voluntad,

Ahora bien, si el hombre estuviera hecho sólo de materia, no tendría libre albe­drío Luego el hombre no está hecho sólo de materia, sino también de otra realidad, que es el principio activo de su acción libre, a la que llamamos alma.

La conciencia de identidad personal

Tenemos conciencia reflexiva de nuestra propia identidad personal (este razo­namiento es más sutil que los anteriores): En el acto de reflexión me doy perfecta cuenta de que «yo soy yo mismo», y de que sigo siendo el mismo yo a través de los cambios y de los distintos actos: yo veo, yo oigo, yo pienso, yo decido, yo siento tristeza… pero permanezco siempre el mismo yo.

Hay aquí una plena conciencia de identidad, una reflexión perfecta de la mente, una total coincidencia del objeto con el sujeto, una total transparencia del yo al yo.

Ahora bien, si yo fuera sólo materia, eso no sería posible. La materia es esen­cialmente extensa y está hecha de partes extensas Luego tengo mente o alma porque no soy sólo ma­teria extensa.

Naturaleza del alma humana

Afirmar el alma humana es afirmar que es espiritual,  lo que significa que:

a) Es racional (capaz de pensar con su razón la realidad; abierta, en principio, a toda realidad [en esto consiste la «libertad ontológica»] ) y libre (capaz de decir «sí»… y de decir «no» a la realidad).

B) Es inmaterial, como acabamos de ver

Por eso el hombre puede: – crear cultura  , reflexionar  y objetivar

  El problema de la relación entre el alma y el cuerpo

No hay relación

Leibniz

Si yo decido mover mi mano y ésta se mueve, no es porque realmente mi alma influya sobre mi cuerpo, sino que lo que ocurre es que Dios, sabiendo desde la eternidad que yo iba a tomar la decisión de mover la mano, dispuso las mònadas de ésta de tal modo que en ese momento se movieran. Esta teoría se conoce con el nombre de teoría de la armonía preestablecida, y ha sido estudiada ya a propósito de la libertad.

Malebranche

 

 se afirma que cada vez que una sustancia creada actúa, es Dios quien produce el resultado. Es Dios quien lo hace todo, y el único que actúa en realidad, con ocasión de las acciones de las criaturas. Se llama a esta teoría ocasionalismo.

Hay relación

a) Unión accidental, con relación débil, como la del piloto con la nave o el jinete con el caballo:

Platón y Descartes

B) Unión sustancial, con relación profunda:

Aristóteles

Tomás de Aquino


Para estos filósofos, todas  las cosas materiales están compuestas de materia y forma. La materia es el elemento determinable, igual en todos los cuerpos, y la forma es el elemento determinante, lo que hace que tal cosa sea tal cosa (por ejemplo, lo que hace que el agua sea agua, o el azufre sea azufre). Esta doctrina se llama hilemorfismo.

En los seres vivos, el cuerpo es la materia y el alma es la forma.  El alma es la forma del cuerpo de un viviente; es decir, aquello que hace que aquel cuerpo sea un cuerpo vivo, y con aquella clase de vida precisamente.

  El problema de la inmortalidad del alma

Ya en la Filosofía Antigua, el filósofo y científico Pitágoras  sostiene que el alma humana es inmortal. En Platón esta doctrina es uno de los elementos esenciales de su filosofía; y lo vuelve a ser, muchos siglos más tarde, ya después de Cristo, en el neoplatonismo del filósofo pagano Plotino

El tema pasa luego a la Filosofía Medieval (Agustín
 Tomás de Aquino)
, en que se discute la relación entre lo que a los hombres de aquella época les dicta su razón y lo que les dice su fe.

También Descartes, filósofo francés, padre de la Filosofía Moderna, lo considera una cuestión capital: una de sus principales obras, conocida como Meditaciones metafísicas, en las que se demuestran la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Y hasta Kant, considera que todo lo relacionado con el alma es inabordable por el camino de la «razón pura» especulativa (o sea, de la razón que reflexiona sobre lo que es), le abre luego otro camino, en un sentido distinto, y afirma que, a partir del hecho del deber moral, la inmortalidad del alma resulta ser una exigencia (un «postulado») de la «razón práctica» (o sea, de la razón que reflexiona sobre lo que la persona debe hacer).

Reflexión filosófica:


Que el alma espiritual pueda ser naturalmente inmortal es un problema que sólo se plantean quienes afirman su existencia (los que la niegan podrán tener otros problemas, pero no éste). Los argumentos sobre esto son los siguientes

1) A partir de la inmaterialidad y simplicidad del alma


El alma humana es inmaterial, por tanto, es simple , por tanto, es indescomponiblepor tanto, es naturalmente inmortal

2) A partir del hecho del deber moral y la necesidad de una sanción ultraterrena


Hay otro razonamiento complementario, que concordaría con una respuesta positiva al problema de la existencia de Dios. Sería el siguiente: Yo sé que tengo deberes morales, o sea, que hay cosas que debo y otras que no debo hacer, cosas que están bien y cosas que están mal. Yo comprendo que obrar bien hace de mí una persona buena, y obrar mal, en cambio, me hace malo.  En este sentido se expresa Kant , que afirma que la inmortalidad del alma es un postulado (o sea, una exigencia) del hecho del deber moral hecho que para Kant constituye una verdad indudable y un punto de partida absoluto de su reflexión filosófica.


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