Grados de conocimiento Aristóteles

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Historia Antiguas formas de Empirismo incluyen las labores epistemológicas de Buda en Oriente.[2] Sin embargo, aquí se considera la evolución de las actitudes filosóficas occidentales.
Trata del saber de las últimas causas y de los primeros principios, lo que hoy se entendería como el fundamento de la realidad, la metafísica.[4] La praxis: Como ideal del conocimiento práctico[5] que dirige la acción hacia el logro del bien y la felicidad, que a su vez se desenvuelve en dos ámbitos: La consecución del bien individual, la felicidad como Ética La consecución del bien común social, la política.
La máxima expresión como conocimiento de la verdad, como ciencia, es la Metafísica[7] y el modelo ideal de vida el más cercano posible a la felicidad, como ética, constituyen el ideal del sabio.
Esta separación del conocimiento y la acción práctica respecto a la producción de bienes materiales responde a una tradición aristocrática y guerrera de la nobleza o clase dominante.
En la Atenas clásica ya aparecíó una doble actitud de pensamiento que se va a mantener a lo largo de toda la Historia de la filosofía en Occidente y que hoy caracterizamos básicamente como Racionalismo y Empirismo.
Los primeros en mantener una actitud claramente empirista fueron los sofistas quienes negaron las especulaciones racionalistas sobre el mundo natural común a sus predecesores, presocráticos y, sobre todo, Platón;
por el contrario se preocuparon «en tan relativas entidades como el hombre y la sociedad».[9] [10] El valor de la verdad queda restringido al valor concreto de la experiencia y el ejercicio del poder, bien sea individual (moral) o social (política).
Este Empirismo se interesa por la retórica en el dominio del lenguaje como instrumento esencial para la vida política ateniense y el ejercicio del poder.[11]  
lo que hoy denominaríamos técnicos (médicos, arquitectos, estrategas, etc.) La perfección de la función racional humana se manifiesta en la suprema facultad de elevarse a los fundamentos de dichos conocimientos a través de las causas hasta los primeros principios;
Esto solo es posible en la medida en que una sociedad tiene asegurados los bienes materiales, y por tanto puede dedicar a los «hombres libres» a la «inutilidad» del pensamiento en búsqueda de la verdad de la ciencia.[12] De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en busca del conocimiento, y no por ninguna utilidad.
es el fundador de un sistema lógico que garantiza que, si se parte de verdades y se razona correctamente, se llegará a nuevas verdades,[13] tal como define la forma argumentativa por excelencia, el silogismo, partiendo de la capacidad del entendimiento para llegar al conocimiento verdadero e intuitivo de los principios y la intuición de las esencias como formas sustanciales de las cosas.
Sin embargo, Aristóteles también es el primero que reflexiona sobre el valor del conocimiento por la experiencia y los razonamientos inductivos, es decir al conocimiento científico como «observación de la naturaleza»: biología, medicina, etc.[14]  
Helenismo greco-romano La influencia de los artesanos en la elaboración de teorías, o mejor dicho normas generales, más o menos científicas para la práctica de la construcción, la agricultura, la navegación, la medicina, etc., siempre estuvo presente, sobre todo en el helenismo, Alejandría y durante el Imperio romano donde las «artes» tuvieron una importancia enorme en las construcciones civiles, no solo en las ciudades, sino en la construcción de carreteras, puentes y obras hidráulicas.
Son nombres relevantes de la cultura clásica, además de los citados: Arquímedes, siglo III a. C., un auténtico teórico y práctico de la lógica empírica,[15] Vitruvio, siglo I a. C., el primero en hacer un tratado de arquitectura y urbanismo y en medicina Galeno, siglo II d. C.
Los griegos separaron el conocimiento de la razón, que conoce por conceptos aplicables a multitud de objetos como conocimiento universal, del mero conocimiento de la experiencia que conoce por los sentidos únicamente lo individual y concreto.
En la medida en que tales conceptos representan la «esencia» inmutable de las cosas, las formas de la sustancia, el conocimiento adquiere un sentido Universal y necesario, y por ello es un conocimiento objetivo y hace posible el conocimiento científico.
El lenguaje, entonces, en la medida en que es capaz de representar los conceptos como verdaderos en un lenguaje “apofántico”, como decía Aristóteles, manifiesta en su contenido fielmente la realidad como verdad.
En la medida en que el concepto esté más cercano y dependa más de la experiencia sensible, el conocimiento ofrece únicamente un conocimiento cuya verdad descansa en el caso individual y concreto y está sujeta a la subjetividad del individuo que tiene la experiencia.
Los conceptos y su referente en el lenguaje, las palabras, son algo convencional, generalizaciones de la experiencia individual compartida con los miembros de una sociedad cultural que hace posible la comunicación mediante el lenguaje.
Los conceptos para el Empirismo no son una garantía de conocimiento objetivo y por tanto la ciencia tiene solamente un valor relativo y justificado en la generalización de las experiencias comunes, convencionalmente representadas en los conceptos y el lenguaje.
La tradición más racionalista está representada por el pensamiento metafísico griego y la tradición más ligada a la tradición cristiana en Occidente: los presocráticos, Pitágoras, Platón y Aristóteles y sobre todo el platonismo y el neoplatonismo, pues en último término este pensamiento remite a un primer principio, que los cristianos refieren a Dios.
La tradición más empirista está representada por los sofistas y los escépticos, pero cada escuela (Estoicismo, Cinismo, Epicureísmo, Pirronismo) y cada momento histórico tiene sus respectivos representantes con diversos matices más o menos cercanos al Empirismo o al Racionalismo.
Su trabajo consistíó en estudiar la gran cantidad de datos existentes sobre el movimiento de los planetas con el fin de construir un modelo geométrico que explicase dichas posiciones en el pasado y fuese capaz de predecir sus posiciones futuras.
El pensamiento cristiano adoptó durante la antigüedad y toda la Alta Edad Media el platonismo y neoplatonismo por ser el pensamiento que mejor se adaptaba a su creencia en un Dios único y creador del mundo conforme a unas Ideas (Divina Providencia), y concedía un sentido trascendente a la vida del ser humano, con otra vida que ha de ser juzgada por Dios.
La polémica suscitada en la Universidad de París por Roscelino y Pedro Abelardo sobre la realidad de los conceptos universales supuso un nuevo interés por las cuestiones lógicas y en lo que va a constituir el nominalismo, una de las cuestiones que mayor influencia va a tener en la «valoración de la experiencia».
Los franciscanos subrayan la importancia de lo individual, y valoran la experiencia del mundo como valor del conocimiento en cuanto tal, que no impide sino que ilumina y acerca el sentido de la vida hacia Dios reconociendo el valor del conocimiento de la Naturaleza como obra de Dios.
Frente a los argumentos aristotélicos clásicos «cualitativos» o esenciales, y el mundo de las «entidades» que se introducen como conceptos en dichos argumentos,[22] Ockham establece un principio que ha pasado a la historia como la navaja de Ockham o principio de parsimonia: «Non sunt multiplicanda entia sine necessitate» (no se han de multiplicar las entidades sin necesidad), o lo que equivale a valorar las explicaciones más sencillas y cercanas a la experiencia, antes que recurrir a especulaciones arbitrarias e imaginativas.
Por otro lado, en París, Nícolás de Oresme critica la teoría del movimiento aristotélica y mediante relación de cantidades mediante tablas,[23] se estudia el movimiento relacionando los espacios recorridos y el tiempo que se tarda en recorrer dicho espacio, intuyendo el concepto de velocidad y aceleración, tan importante para establecer las condiciones experimentales del movimiento;
Y es el antecedente más próximo al estudio del movimiento mediante «cantidades relacionadas matemáticamente», fundamento del progreso de la ciencia del Siglo XVI y XVII y del concepto de análisis matemático.
Jean Buridan y su «teoría del impetus» analiza el «momentum» o permanencia del movimiento después de que haya actuado la causa que lo produce, como ocurre en el caso de los proyectiles.[24] Es el antecedente más importante de lo que en la ciencia moderna va a ser el principio de inercia.
El paso al heliocentrismo por la revolución de Copérnico fue determinante para desplazar definitivamente la física «cualitativa» aristotélica y avanzar hacia una ciencia física «cuantitativa», fuertemente apoyada en la medición y las matemáticas.
Los grandes descubrimientos, (brújula, pólvora, imprenta, las Indias occidentales), han ensanchado enormemente el mundo conocido hasta entonces y los modos de organización social y la transmisión de la cultura a través de los libros.
Este proceso renovador avanza de manera espectacular en el Renacimiento, siendo de especial importancia la sustitución del ábaco por el algoritmo en las operaciones esenciales para el cálculo.
Esto se hace posible tras la aportación árabe del sistema de numeración decimal, introduciendo el cero, ya conocido en la India y por los mayas, y los grafos numéricos actuales, que hicieron posible confeccionar tablas de operaciones aritméticas y sobre todo ampliar los campos del cálculo, esencial para el comercio que en esta época cultiva la burguésía de las ciudades.[25]  
El saber se independiza en las ciudades del control de la Iglesia y a través de la influencia de artistas y artesanos, sobre todo la arquitectura para las nuevas construcciones de las ciudades y la metalurgia esencial para las nuevas «artes de la guerra» por la aplicación de la pólvora.
El cambio de mentalidad que supuso el Renacimiento, el Humanismo, no acepta el «argumento de autoridad», y tanto los artistas como los investigadores y pensadores reclaman libertad, lo que facilitó en gran manera el hecho de valorar la experiencia y la experimentación como fuente de conocimiento.
La filosofía aristotélica tradicional entra profundamente en crisis a partir de la teoría heliocéntrica del universo y de los progresos que la ciencia está obteniendo aplicando métodos nuevos de investigación.
Según Descartes el entendimiento se funda en intuiciones evidentes puestas por Dios en la naturaleza humana, como ideas innatas o principios del pensar,[31] a partir de las cuales es posible establecer unas relaciones lógicas entre las ideas recibidas de la experiencia.[32]  
Este modo de pensar relacionando ideas mediante el análisis ha dado enormes frutos en el progreso habido durante los últimos años en el cálculo matemático para el descubrimiento y descripción de las leyes de la naturaleza y sus aplicaciones a la ciencia empírica, la Física como ciencia moderna y la astronomía sobre todo.
Estos dos últimos, con el descubrimiento del cálculo infinitesimal, abrieron enormes perspectivas en la matematización y cálculo de funciones continuas aplicables a tantos procesos de cambio continuo en la naturaleza, siendo finalmente la obra de Newton todo un compendio de lo que vino a significar la ciencia física durante los siguientes siglos.
Estas verdades así establecidas se corresponden con la realidad del mundo porque una de las principales ideas innatas es la idea de Dios como ser Perfecto y Bueno, que no puede engañarse ni engañarnos.[34]  
Es famosa su proposición de que la mente humana es una Tabula rasa u hoja en blanco, en la cual se escriben las experiencias derivadas de impresiones sensoriales a medida que la vida de una persona prosigue.
Hay dos fuentes de nuestras ideas: sensación (provenientes de los sentidos) y reflexión (provenientes de las operaciones mentales: pensamientos, memorias…), en ambas se hace una distinción entre ideas simples y complejas.
Por ejemplo la idea de un cuerno al igual que la de un caballo son ambas ideas simples, pero al juntarse para representar a un unicornio se convierten en una idea compleja.[36] De acuerdo con Locke, nuestro conocimiento de las cosas es una percepción de ideas, que están en acuerdo o desacuerdo unas con otras según unas leyes de asociación de ideas.
Pero considerar la idea de «sustancia» o la idea de «causa» como una «idea compleja» modifica completamente el fundamento de toda la filosofía tradicional basada en la «sustancia» como «sujeto» y la «causalidad» como «explicación del cambio o movimiento»[37]  
Por otra parte, David Hume reduce todo conocimiento, en cuanto tal, a «impresiones» e «ideas».[41] Admite dos tipos de verdades: «verdades de hecho»[42] y «relación de ideas»[43] Toda idea ha de poder ser reducida a una impresión correspondiente.
Un asesinato, por ejemplo, no es ni puede ser reducido a una impresión[45] Es una relación de ideas: La idea del hecho de matar a un hombre (recuerdo de una impresión) junto con la idea del «desagrado que produce» en la conciencia como impresión interna queda asociada en una nueva idea: «asesinato» como idea que expresa un juicio moral relativo al rechazo de la asociación de las dos impresiones: El asesinato es algo «malo» como apreciación subjetiva moral pero no tiene contenido de conocimiento verdadero o falso.
Para Hume es evidente que la relación causal se establece bajo el punto de vista de «una sucesión constante de impresiones» que generan en el hombre un «hábito» o «costumbre».
Esta asociación constituye una nueva idea, la idea de causa, cuyo fundamento es la expectativa de que «el hecho de que hasta ahora me ha sucedido que siempre que pongo un cacharro con agua al fuego ésta se calienta» me permite afirmar: «El fuego calienta el agua»;
Lo analítico y lo sintético, lo a priori y a posteriori Las consecuencias que se derivan del concepto de causa, tal como lo concibe Hume, respecto a un conocimiento que pretenda ser científico no puede ser más destructivo.
Por otro lado la ciencia del Siglo XVII está mostrando unos éxitos indudables en el conocimiento de las leyes de la naturaleza, así como en el dominio de la misma en sus aplicaciones técnicas.
El objeto universal de la investigación científica en la ciencia tradicional aristotélica Siempre que perciba en la experiencia un «gato» dicho objeto de experiencia tendrá todas las notas propias de la esencia de gato, como cualidades esenciales de «los gatos» en sentido universal, porque «este gato» de la experiencia participa de la cualidad esencial de la «gatidad»;
si el gato corre o deja de correr, es porque accidentalmente el gato puede adquirir y perder (participar y dejar de participar) la forma de la cualidad universal de «ser corredor», etc.
El conocimiento verdadero es posible porque el objeto de experiencia se considera dado como realidad objetiva[47] origen y causa de la afección sensible que conduce al conocimiento de la experiencia.
y la razón, aplicando las leyes del pensar, la Lógica, por medio de los silogismos, obtiene conclusiones que son aplicables a los objetos reales con garantía de verdad científica.
La ciencia así concebida es universal por tratar de conceptos universales que abarcan a todo un universo de objetos, y necesaria porque se basa en las intuiciones verdaderas de las cualidades de los objetos.
El entendimiento opera con ideas.[51] Al no haber intuición de realidad en lo sensible percibido no hay garantía de que la relación entre idea – objeto tenga fundamento en lo realmente objetivo.
El Racionalismo presenta una justificación de la ciencia, mediante las ideas innatas, a partir de la idea de Dios, pero el argumento no resulta convincente.[52]  
Una ciencia basada en la “cantidad” y la “medida” y en las relaciones matemáticas que permiten establecer “hipótesis explicativas” que se confirman en la experiencia mediante los experimentos.
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