Filosofía método cartesiano

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1 Meditación   POSICIÓN PERSONAL SOBRE EL ESCEPTICISMO METÓDICO CARTESIANO


1ªversión

El ideal cartesiano de alcanzar la «episteme»no parece que pueda ser alcanzado.Posiblemente la filosofía deba contentarse en alentar con sus preguntas nuestra búsqueda incesante de respuestas.Obrando de este modo ha posibilitado el desarrollo científico que tampoco parece hoy poder librarse de la crítica en su pretensión de abrazar la verdad. El miedo parece haber impulsado a algunos, Platón y Descartes entre ellos, a combatir el relativismo y el escepticismo, por considerar que nos condenarían a la apatía y la desidia intelectual. El hecho de suscribir que el amor verdadero no existe o no está en nuestra mano poder alcanzarlo no implica que desdeñemos poner todo nuestro interés en materia tan trascendental. Por otra parte, aboliendo el ídolo de la certeza, se desmoronará uno de los baluartes del oscurantismo que obstaculiza el avance científico al limitar la audacia en la investigación y el rigor y la honestidad de nuestras contrastaciones. No olvidemos que lo que distingue al filósofo y al hombre de ciencia no es tanto el caudal de conocimientos atesorados como la búsqueda persistente y crítica de la verdad. Por todo lo dicho, considero que la aportación fundamental de Descartes a la historia del pensamiento occidental es la recomendación que hace de la práctica de ese escepticismo antecedente de todo estudio y filosofía como medio de evitar toda manifestación de fanatismo e intolerancia al someternos voluntariamente a los dictados de la razón.Claro que una duda universal sería insuperable, al no poder hallar verdad alguna o, en todo caso, nos veríamos condenados al solipsismo psicológico -porque legitimar la correspondencia entre el orden del pensamiento y el de la realidad por medio de Dios es insostenible. Pero ese escepticismo recomendado por Descartes, aplicado con moderación, es muy razonable y constituye un preparativo necesario para el estudio de la filosofía preservando la adecuada imparcialidad de nuestros juicios y apartando de nuestras mentes todos aquellos prejuicios promovidos por la educación recibida o por la opinión prematura o acrítica. El método cartesiano de empezar con principios claros, avanzar con pasos cautos y seguros, revisar frecuentemente nuestras conclusiones y examinar detenidamente todas sus consecuencias, si no permite alcanzar verdades absolutas, sí nos proporcionará una cierta y necesaria estabilidad y certeza en nuestras determinaciones.2ºversión.El ideal cartesiano de alcanzar un conocimiento universal y necesario ha mostrado ser un ídolo con pies de barro. Posiblemente la filosofía deba contentarse con alentar, por medio de preguntas, una búsqueda incesante de respuestas. Comportamiento éste que, sin duda, ha posibilitado el desarrollo científico. Pero tampoco la ciencia – parece hoy poder librarse de la crítica –
cuando pretende abrazar la verdad. Pienso, en la línea de Popper, que abolíéndose el ídolo de la certeza se desmoronará uno de los baluartes del oscurantismo que obstaculizan el paso al avance científico porque la adoración de este ídolo obstaculiza la audacia de nuestras preguntas y, también, el rigor y la integridad de nuestras contrastaciones.
La ciencia también se ha equivocado en su afán de tener razón porque lo que distingue al hombre de ciencia no es su posesión de conocimientos, de la verdad irrefutable, sino su investigación persistente y su actitud crítica. Ésta es la función que la filosofía ha venido desempeñando desde sus comienzos y que, hoy día, sigue siendo tan necesaria. Por ello, considero que la aportación fundamental de Descartes a la historia del pensamiento occidental-es ese escepticismo antecedente de todo estudio y filosofía, como medio de evitar el error y el juicio precipitado para no caer en el fanatismo y la intolerancia al someternos voluntariamente a los dictados de la razón. Claro que una duda universal es insuperable al no poder hallar verdad alguna o, en el mejor de los casos, supone una condena al solipsismo psicológico. Pero este escepticismo, aplicado con moderación, es razonable y constituye un preparativo necesario para el estudio de la filosofía preservando la adecuada imparcialidad de nuestros juicios y apartando de nuestra mente todos aquellos prejuicios promovidos por la educación recibida o por la opinión prematura o acrítica – dogmática -. El método cartesiano que recomienda empezar con principios claros, avanzar con pasos cautos y seguros, revisar frecuentemente todas nuestras conclusiones y examinar detenidamente sus consecuencias, si no permite alcanzar verdades absolutas, sí proporcionará una cierta y necesaria estabilidad en nuestras determinaciones y, posiblemente, ante la incapacidad humana de alcanzar la verdad, pueda convertir la utopía en realidad logrando, por medio de la realización personal, el mayor acuerdo social posible bajo el mando único de la razón.


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