filosofia

LA CONCEPCIÓN ANTROPOLÓGICA

Platón afirma un dualismo antropológico desde el momento en que representa el ser humano como un compuesto de dos partes diferenciadas y unidas de manera accidental: el cuerpo y alma. La parte corporal es la que nos pone en contacto con el mundo visible,

con lo sensible nos ata a nuestras necesidades animales y encadena el alma por estas necesidades; sin embargo, en el ser humano hay otro elemento, el alma (la psiqué) que tiene una naturaleza espiritual y actúa como el aliento que da vida al cuerpo, el principio de vida, en este caso, de vida humana. Platón intuye que somos algo más que una pura corporeidad que funciona mecánicamente, y que la vida humana no se reduce a esa corporeidad. Por ello dice que el psiquismo humano (el alma) es de una naturaleza distinta al cuerpo y, para ello, la sitúa originariamente en un mundo también diferente al de las cosas visibles y materiales: en el mundo de las ideas, siendo además inmortal. Esta preexistencia es la que le permite conocer las ideas en esa existencia anterior, solo que al entrar en el cuerpo y contaminarse de la materia, las olvida. De ahí la necesidad del esfuerzo dialéctico para recordar las ideas olvidadas.

HILEMORFISMO

Es la doctrina que defiende que las cosas están compuestas de materia prima y forma sustancial.

Observemos un cambio cualquiera, por ejemplo, la transformación que se produce a lo largo del año en un chopo de un parque cercano: tiene hojas o no dependiendo de la estación. Ha permanecido el mismo árbol y han cambiado sus hojas; ha permanecido la misma sustancia y han cambiado sus accidentes, es decir, que se ha producido un cambio accidental. Así pues, pueden reconocerse los tres factores de todo cambio: algo permanece para que podamos decir que es el mismo árbol; algo desaparece en el cambio, las hojas de un año; algo sustituye a lo que desaparece, las hojas nuevas. Continuamos nuestra observación. Comprobamos que los alimentos que conocemos se transforman en nuestro estómago. Ha habido un cambio de sustancia, un cambio sustancial. En este caso al sustrato común a todas las sustancias se le llama materia (en griego, hylé) prima. Es un componente completamente indeterminado puesto que puede ser cualquier cosa. Al componente determinante, que hace que cada cosa sea lo que es y que sea distinta de los individuos de otras especies, se le llama forma (en griego, morphé) sustancial. Coloca a cada cosa en su clase específica. 


• Los antidialécticos o místicos. Con san Bernardo (1090-1153) como principal valedor, reaccionaron contra los anteriores porque consideraron que la dialéctica congelaba odesfiguraba las verdades de fe. La vida cristiana se asentaba en la revelación y no en los argumentos. La uníón con Dios no será una uníón intelectual, sino mística.

• La doctrina de la doble verdad. Según ella, una proposición puede ser, al mismo tiempo, verdadera en filosofa y falsa en teología, porque el origen de las verdades es diferente.

Esta doctrina surgíó como consecuencia de la recepción de los escritos de Aristóteles en el Occidente cristiano y la interpretación de Averroes, que era contraria a la doctrina bíblica.

La gran autoridad del estagirita no se quería empanar declarando erróneas algunas de sus tesis por el hecho de entrar en conflicto con verdades reveladas. Se atribuye esta doctrina a los averroistas Latinos y, sobre todo, al canónigo y profesor de universidad Siger de Brabante (1235 1284).

·San Anselmo es el autor del famoso argumento ontológico sobre la existencia de Dios. Este argumento se puede describir así: todos (incluso los ateos) entienden por Dios un ser mayor (más perfecto) que cualquier otro que se puede pensar; ahora bien, este ser mayor que cualquier otro que se pueda pensar tiene que existir porque, de lo contrario, no seria el mayorconcebible (se podría concebir otro mayor que además existiera); luego Dios existe.

La corriente agustiniana suele interpretar que este argumento solo vale para reforzar la fe de los ya creyentes. Ya se ha dicho que las relaciones entre fe y razón las resumía san Anselmo en la frase: Crede ut intelligas («cree para entender’).


ÉTICA Y POLÍTICA

El contenido de la ética y la política es lo que nos falta para completar el pensamiento aristotélico, y por ello atendemos actividad de los hombres para satisfacer su deseo y alcanzar su fin. Estos dos saberes no tratan sobre lo que es necesario, sino sobre lo contingente, la acción humana que puede dirigirse u orientarse de distintas maneras. Las conclusiones de la física y de la metafísica tienen especial aplicación para Aristóteles en el ámbito de las ciencias de la praxis (ética y política)
Porque el hombre es un ser natural y alcanzará su perfección cuando actúe conforme a su naturaleza.

4.1_El fin supremo del ser humano consiste en la felicidad

El obrar humano tiende hacia el bien, pero como hay muchos, es necesario una jerarquía entre ellos. Todos los seres humanos están de acuerdo en denominar felicidad a ese bien supremo, siendo aquel bien que se desea por sí mismo y que es suficiente por sí mismo.

4.2_La felicidad consiste en la contemplación

¿En qué consiste la felicidad? Aristóteles tuvo en cuenta las respuestas que se suelen dar a esta pregunta: el placer, los honores y el dinero. Pero entendíó que, puesto que la felicidad es el bien supremo, ninguna de estas respuestas pueden convencerle. Si uno desea los honores es para convencerse de su propia valía. Así pues, los honores, lo mismo que el dinero, no son un fin en sí mismos, sino un medio para otro u otros bienes. Tampoco puede consistir en el placer, porque la felicidad consistirá en ejecutar las actividades para las que se está dotado por naturaleza. Pues bien, el placer no es una actividad, sino un sentimiento que acompaña a cada actividad. La respuesta de Aristóteles siguió el camino trazado por el carácter teleológico de todo ser natural. Por otra parte, en ese buen ejercicio de su actividad consiste su excelencia (areté) o virtud.
Aristóteles dijo que «el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud [su excelencia] y, si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera». Como la actividad más excelente y propia del ser humano es el entendimiento o razón, la felicidad consistirá en el ejercicio de esta razón, es decir, en la contemplación. La contemplación es la actividad o praxis teorética de encuentro con la verdad en donde el saber se basta a sí mismo. La vida contemplativa no necesita de nada para ejercerse. En la contemplación, el ser humano se asemeja al motor inmóvil, cuya actividad consiste en la contemplación de sí mismo sin necesitar de más. Además, es la actividad más permanente y, por ello, cumple el requisito de ser la virtud que puede ejercerse «en una vida entera», al poderse actualizar en cualquier momento. En este sentido, el buen ejercicio de la contemplación constituye la actividad de las virtudes intelectuales. 


4.3_Felicidad y virtud

El ser humano ejerce otras actividades vegetativas que no se sienten afectadas por nuestras decisiones, pero otras humanas sí. Por ello, Aristóteles tiene que determinar el bien y la virtud de aquellas actividades que pueden obedecer a los dictados de la razón.

Son las facultades humanas las que permiten satisfacer las necesidades vitales en sociedad como la amistad, la justicia…

De las tendencias creadas surge el carácter que consiste la consolidación del modo de vida de cada uno.

El ejercicio de las virtudes teoréticas conforma la vida contemplativa; y el de las virtudes morales, la vida activa. El que se dedique a la contemplación tendrá que dejar de lado la vida ética porque se realiza en sociedad.

Quienes interpretan que Aristóteles priorizaba la vida contemplativa, tendrán que dedicarse a la vida activa aquellos que no se encuentren con fuerzas para aspirar a la vida contemplativa. Sin embargo, otros interpretan que solo una buena vida activa hace feliz al hombre. Con esta tesis, se puede deducir que Aristóteles dedicó menos tiempo a describir el ideal contemplativo que a analizar los medios para suplir ese ideal a través de las virtudes.

Entre las virtudes teoréticas y las morales se encuentra la prudencia («haz el bien y evita el mal») y determina qué es lo bueno y lo malo para cada persona en cada momento.

Las virtudes morales disponen al ser humano a seguir el plan de la prudencia, ya que no son facultades innatas, porque si lo fueran, todos las tendríamos y seríamos igualmente felices. Son algo natural, porque permiten que la naturaleza humana consiga la felicidad, sin tratarse de un sentimiento.

Las virtudes:

– Son hábitos y disposiciones adquiridas. Se obtienen con esfuerzo y repetición de actos.

– Son hábitos voluntarios o deliberados. Aristóteles dice que la virtud no se identifica con la ciencia, sino con el entendimiento y la voluntad.

– Consisten en un término medio respecto de nosotros, porque son pasiones que están sujetas a excesos y defectos, y la virtud que las perfecciona se encontrará equidistante de ambos. La equidistancia depende de las circunstancias, pero estará de acuerdo con una regla determinada por el hombre prudente. Esta prudencia es la que está presente en el hombre sabio por el que es conveniente dejarse aconsejar.

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